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Esta historia es imposible de contar
sin tener en cuenta cómo era el Sur en los años treinta. Era una época
diferente: Bonnie y Clyde no eran las únicas personas que rompían la ley y que
deparaban nuestra atención. Fue una época de depresión económica y frustración
que incrementó los delitos.
Bonnie
Parker y Clyde Barrow: (Texas, EE.UU.) Estos dos amantes del crimen
hicieron suyo aquel mandamiento utilizado en otros momentos por quienes adoraban
«vivir peligrosamente». Esta era la única meta, la única diversión de Bonnie y
Clyde.
Y así
lo admitieron ellos mismos —o, al menos, Bonnie Parker— cuando ella escribió una
especie de poema póstumo (para ser publicado tras su muerte) que un diario de
Dallas imprimió, efectivamente, bajo el título de Historia de Bonnie y de Clyde.
La publicación y, por lo tanto, la muerte de sus protagonistas ocurrió en la
primavera de 1934.
Y,
como toda historia, la de sus protagonistas se inició obviamente con su
nacimiento. Clyde Barrow había nacido en 1910. Sus primeros años fueron, sobre
todo a las puertas de la adolescencia, tan iguales a otros de idénticos
malhechores, que casi resultó aburrido sugerirlos: robos de coches, asaltos a
tiendas, peleas entre bandas, además de detenciones, correccionales y, después,
interrogatorios en comisarías. También como tantos otros, Clyde salió de cada
encierro con ambiciones más insoslayables y de mayor calado. Su siguiente
ascenso en la escala del delito lo llevó al atraco de oficinas bancarias, en un
puro ejercicio de «precalentamiento» para el crimen, ya que no vivía en una
miseria que justificara, en parte, sus latrocinios.
Clyde Barrow
nació el 24 de marzo de 1909, el cuarto de una familia de ocho hijos, en una
granja de las afueras de Teleco, en el sudeste de Dallas. Bonnie Parker nació el
primero de octubre de 1910, segunda de tres hijos; su padre era albañil.
Familias analfabetas, que vivían a los saltos, y que sufrieron el perjuicio de
una intensa depresión económica.
En
estas estaba, trabajando a su aire, cuando se cruzó en su camino Bonnie Parker,
una mujer nada corriente que llamaba la atención por un cierto
atractivo
descarado y una cabellera pelirroja espectacular. Era una mujer amante de las
sensaciones fuertes, con una necesidad constante de vivir en una alteración
emocional, y apasionada por los automóviles espectaculares (deportivos, de gran
cilindrada), mucho mejor si sus ocupantes —ella misma— manejaban también armas
rotundas y lo conducían personas, como ella, ávidas de violencia gratuita.
Curiosamente, la asociación entre ambos no se produjo por motivos sentimentales
o sexuales (quizás porque aun siendo ella una ninfómana, él sufría su impotencia
mezclada con cierta bisexualidad difusa en la que su pelirroja amiga apenas
tenía nada que hacer). Sin embargo, la simbiosis y las afinidades en cuanto a
una compartida idolatría para con las guerras urbanas, los disparos, las peleas
y la sangre, los uniría con lazos aún más fuertes que los del placer sexual.
En diciembre de 1926, Clyde fue
acusado por primera vez de haber robado un auto. Pero recién cuatro años
después, en marzo de 1930, fue condenado a cumplir 14 años de prisión, por
hurtos menores y robo de autos. Escapó de la cárcel con la ayuda de Bonnie, que
logró introducir armas en su celda; pero lo arrestaron poco tiempo después en
Ohio. No pasó más de dos años en prisión, siempre visitado por Bonnie. Consiguió
la libertad condicional en febrero de 1932.Clyde regresó a su casa en Dallas, y
se reunió con Bonnie. Su intención era abandonar la delincuencia, y vivir del
trabajo. Bonnie soñaba con ser cantante y poeta. Clyde viajó a Massachusetts
para trabajar en la construcción. Pero sólo aguantó unas pocas semanas. Su
suerte ya estaba echada, la delincuencia seria el camino.
Una
vez que comprobaron que habían nacido el uno para el otro, decidieron formar su
propia banda de malhechores; una banda que destacaba por un carácter casi
familiar, ya que estaba formada por el hermano de Clyde, Buck, la mujer de este,
Blanche, y otros tres individuos: Hamilton, Jones y Methvin. Con su flamante
organización a punto empezaron las acciones. Una de las más espectaculares tuvo
lugar en Joplin (Missouri) y, por primera vez, tuvieron que hacer frente a un
cerco de la policía del que, tras un diluvio de tiros, lograron escapar, con un
saldo de tres policías muertos. Durante el resto del año 1933, se sucedieron las
persecuciones y los delitos en diversos estados y ciudades de toda la Unión, no
siempre coronados con éxito. Porque, realmente, estos gángsters se diría que
trabajaban «artesanalmente», por el puro placer de delinquir, y no tenían ni la
influencia ni la sangre fría de los grandes prebostes mafiosos del país. Así, en
el mes de julio, nuevamente fueron cercados por la policía en el mismo estado,
ahora en Platte City. Así cayó herido el primer miembro de la banda, Buck Barrow.
Pero lograron huir hasta Iowa, donde, de nuevo, fueron asediados por unos
policías que parecían reproducirse como las setas.
En
esta ocasión Buck murió a causa de las heridas precedentes y su mujer, Blanche,
fue detenida. Entonces, tan sólo con la compañía de Jones, Bonny y Clyde
escaparon campo través perseguidos por una jauría de policías y de perros
policías. Los agentes consiguieron, al menos, la captura de Jones. Los dos
«amantes» se quedaron solos frente a todos y, como era de esperar, se
defendieron matando. En los primeros días de 1934, casualmente se cruzaron en
una carretera con un furgón policial donde iban cinco presos camino de una
penitenciaría. El furgón fue detenido, mataron al guardián y liberaron a los
cinco presos. Ebrios de velocidad y de sangre, asaltaron un banco cualquiera
(que no tenía fondos) y, en Texas, asesinaron a dos policías que les habían
solicitado la documentación. Otros dos agentes cayeron en Oklahoma, uno por
varios tiros a bocajarro, mientras su compañero fue secuestrado por los
malhechores como rehén.
Tras
un frustrado asilo en la casa de uno de sus chicos, Methvin (cuyo familiar acabó
llamando a la policía) huyeron a tiempo una vez más. Pero, sin saberlo, el 22 de
mayo de 1934 se toparon con una enésima persecución, un asedio y cerco, que
serían definitivos. Se les conminó a la rendición y la respuesta fue la
esperada: el plomo disparado a dos manos. Cayeron en plena carretera de
Acadie. Después, un periódico publicó el poema enviado por la poetisa Bonnie
Parker y que empezaba: «Un día de estos, caerán codo
con codo...»
"Un grupo de seis policías los
esperó durante dos días muy tensos, iban a matar a una de las parejas más
célebres de la delincuencia estadounidense.A las 9.15, el Ford V-8, conducido
por Clyde, apareció por la ruta. Sus ojos marrones escudriñaban el camino, pero
parecía confiado. La bella Bonnie masticaba un sándwich, recostada sobre el
asiento del coche. Los policías empezaron a disparar a quemarropa. Cuando los
dos cadáveres fueron examinados en Arcadia, 32 kilómetros al este de Gibsland,
el informe del forense precisó que cada uno de los cuerpos había recibido más de
50 balazos. El Ford tenía 167 orificios."
Uno de los policias Ted Hinton, escribió en su
libro "abrí la puerta
del auto, y ví a la muchacha en medio de la sangre, pero aún olía a perfume y su
peinado no se había arruinado. Sobre el piso del Ford estaban la pistola con la
que Bonnie había alcanzado a disparar, un mapa de carreteras de Louisiana, y el
sándwich a medio comer. En el auto se encontraron, también, muchas municiones,
algunos elementos de camping, el saxo de Clyde, y quinientos dólares. Había,
también, algunas patentes de autos falsificadas de Texas, Louisiana y Arkansas."
Fuente Consultada: Crónica Negra del Siglo XX- José María
López Ruiz
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