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Los boxers enfrentan al enemigo

En 1900, la sublevación contra los extranjeros de una secta china llamada Yi He Tuan —«Puños de

 Justicia y Concordia», o «boxers», como les denominaron los ingleses— culminó en un absoluto desastre para China, lo que perjudicó su precaria soberanía y representó el  principio del fin para la dinastía Qing.

China estaba sumergida en una xenofobia profundamente arraigada, resultado de una larga historia de intervenciones extranjeras y, más recientemente, de condiciones sociales y económicas en decadencia.

La sociedad secreta de los boxers reforzaba sus campañas jurando que mataría a todos los extranjeros («hombres peludos primarios») y a sus simpatizantes chinos («hombres peludos secundarios»).

La cruzada fue instigada por Ci Xi, la emperatriz viuda, que ostentaba el poder desde 1898. Siguiendo la iniciativa de la emperatriz, varios gobernadores provinciales apoyaron la violenta resistencia de los boxers en sus jurisdicciones.

Fortalecidos de esta manera, los boxers saquearon el campo, destruyeron las estaciones de ferrocarril y las líneas de telégrafos y, finalmente, mataron a 231 extranjeros y á millares de chinos cristianos. El 21 de junio de 1900, la emperatriz, impulsada por su patriotismo, declaró la guerra a todas las potencias extranjeras que interferían en la vida política china por intereses egoístas. Los boxers iniciaron un asedio de dos meses a las embajadas en Pekín.

Las naciones que sufrieron el ataque, incluyendo Japón, Rusia, Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos, Austria-Hungría e Italia, rápidamente se agruparon en una fuerza internacional con la que llegaron a Pekín el 14 de agosto y vencieron fácilmente a los boxers.

Los términos del protocolo bóxer, el tratado de paz que finalizó con la rebelión, fueron extremadamente duros: China fue condenada a pagar una indemnización de 333 millones de dólares; las tropas extranjeras dejaron guarniciones desde Pekín hasta el mar; los exámenes del servicio civil fueron suspendidos durante cinco años; tres oficiales simpatizantes de los boxers fueron ejecutados, y un cuarto fue empujado al suicidio.

El kaiser Guillermo II, uno de cuyos ministros había sido asesinado por los boxers, proclamó triunfante: «Nunca más, ningún chino se atreverá a mirar con desdén a un alemán».

Internacionalmente el prestigio de China llegó a su punto más bajo. La indemnización consumía la mitad del producto nacional y debilitaba a la dinastía Qing. Además, la ocupación de Manchuria por Rusia había trasladado a miles de soldados a la región durante la rebelión. Tras la firma del protocolo bóxer en 1901, las tropas permanecieron allí. En tres años, su presencia provocó la guerra ruso japonesa.

Fuente Consultada: El Gran Libro del Siglo 20 (Clarín)