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El
general Robert Stepbenson Smith BadenPowell (imagen izq.), comandante de
una división de caballería, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, fue uno de
los más brillantes oficiales que la reina Victoria envió a luchar contra
aquellos magníficos. guerrilleros que fueron. los “boers” de De Wet y de Botha,
y que decididamente enfrentaron a los ingleses durante la conquista de la región
de Transvaal y de Orange.
La
idea de los scouts inicia en el sitio a Mafeking, en África del sur, durante la
Guerra de los Bóer (1899 - 1902), donde Baden-Powell servía como el oficial en
jefe. Baden-Powell defendió el pueblo de los Boers holandeses (conocidos después
como Afrikaners), quienes superaban a sus tropas en proporción de 8 a 1. El
formó el "Cuerpo de Cadetes de Mafeking" para servir de soporte a sus tropas. El
cuerpo consistía completamente en chicos voluntarios. Baden-Powell entrenó a los
jóvenes en labores principalmente estratégicas más que bélicas, realizando
labores como centinelas, rastreadores, ordenanzas y mensajeros en forma
impecable, ayudando en la increíble defensa del pueblo durante varios meses.
Y fue durante la fatigosa campaña sudafricana, que
el valeroso general de caballería tuvo ocasión de mostrar los óptimos resultados
que se pueden obtener, cuando al dirigirse a los jóvenes se apela a su
instintiva generosidad y se demuestra tener absoluta fe en ellos, especialmente
en su lealtad.
Apenas terminó la guerra contra los “boers”,
Baden-Powell retornó a su patria, Inglaterra, donde luego de recibir muchos
honores, renunció a la vida militar y fundó, pocos años después, en 1907, un
campo experimental en la isla de Brownsea.
El núcleo de jóvenes que participaban en aquel
campo constituyó él grupo inicial de la organización. que debían integrar, en
poco tiempo, varios millones de jóvenes dispersos por todo el mundo. El mismo
Eduardo VII, flamante .rey de Inglaterra, había aconsejado al fiel oficial a
interrumpir la carrera militar y dedicarse totalmente a la organización de los “boy
scouts”, es decir de los “muchachos exploradores”, para quienes el mismo
Baden-Powell había dictado un reglamento en su libro Scouting for boys (Scoutismo
para muchachos).
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La ley
scout: |
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El Scout ama a Dios y vive
plenamente su fe.
El Scout es leal y digno
de toda confianza.
El Scout es generoso,
cortés y solidario.
El Scout respetuoso y
hermano de todos.
El Scout defiende y valora
la familia.
El Scout ama y defiende la
vida y la naturaleza.
El Scout sabe obedecer,
elige y actúa con responsabilidad.
El Scout es optimista, aún
en las dificultades.
El Scout es económico,
trabajador y respetuoso del bien ajeno.
El Scout es puro y lleva
una vida sana. |
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Las normas contenidas en aquel libro, que forma
parte de una obra más voluminosa intitulada Charlas de viva que, enseñan a los
muchachos las
reglas elementales para vivir alegre y gallardamente, en contacto
con sus compañeros, formando “un carácter recto y honesto, un cuerpo sano y una
conciencia siempre despierta”. Mientras los precedentes métodos de educación
tenían, cual más cual menos, una forma de coacción; esta vez surgía un sistema
con una base de voluntariedad por la educación, capaz de atraer a los jóvenes
fuera de cualquier escuela, habituándolos a no tener en consideración un interés
egoísta.
Todo “boy scout” es diestro en el
arte de hacer nudos, de cualquier clase que fueren. La tendencia a hacer
travesuras, instintiva en todo muchacho, está orientada por las normas del “boy
scout” hacia un fin de bien. Baden-Powell invita a los muchachos al gran fuego
por él creado con estas palabras: “La aventura os espera en vuestra puerta,
muchachos: no la dejéis escapar.”
Esta innovación educativa encontró el favor de una
gran cantidad de educadores, de pedagogos, de hombres políticos, y el cuerpo de
“boy scouts” se convirtió pronto en una realidad efectiva con
ramificaciones en Francia, Italia, Estados Unidos y otros países. En todas las
naciones las manifestaciones de agrupaciones de este tipo se sucedieron de
manera tal, que en poco tiempo los. “lobitos” (es decir, los niños de 8 a 12
años), los “exploradores” (los de 12 a 16 años) y los “pioneros” o rovers”
(los de 17 a 21 años), se esparcieron por todos los caminos del mundo,
instalando campamentos bajo la supervisión de instructores especializados que
adiestraban y ayudaban a poner en práctica la “ley del explorador” que se
compone de los siguientes diez artículos: 1°, el explorador considera un honor
inspirar fe; 2°, es leal con la patria, con sus padres, con sus jefes y. con sus
superiores en general; 3°, está siempre pronto a servir al prójimo; 4°, es amigo
de todos y hermano de cada explorador; 5°, es cortés y caballero; 6°, es
bondadoso con los animales; 7°, obedece inmediatamente las órdenes de sus padres
y de sus superiores; , sonríe y canta aún en medio de las dificultades; 9°, es
trabajador y económico; 10°, es puro de pensamientos, de palabras y de acciones.
Es fácil deducir que, debido al completo respeto
que se tiene por el decálogo, los exploradores formen un grupo homogéneo de
jóvenes, habituados a afrontar cualquier situación y a comportarse con valor en
cualquier momento por grave que fuere, y se comprende entonces el fervor que,
siguiendo el ejemplo de su fundador Baden-Powell, ha armado y anima a todos
aquellos que forman parte de esta hermosa realidad en el mundo entero.
El desarrollo de esta organización ha sido
maravilloso. Hoy en día, toda Europa, América y el Oriente cuentan con filiales
importantísimas de este interesante movimiento juvenil, y el total de los “boy
scouts” en todo el mundo llega a más de quince millones, quienes en el
momento de inscribirse pronuncian el siguiente juramento: “Prometo por mi honor
hacer todo cuanto esté a mi alcance:
1°, para cumplir mi deber para con Dios y
con la patria;
2°, para ayudar a los demás en cualquier circunstancia; y
3°
para observar fielmente la ley del explorador.
En el año 1957 se celebró el
centenario del nacimiento del general Baden-Powell.
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