No es que los bancos fueran a quebrar sin los pagos de 10.000 millones de dólares anuales de Brasil, pero las mayores deudores latinoamericanos (Brasil, México, Argentina y Venezuela) debían en total 285.000 millones de dólares. Si las otras naciones seguían el ejemplo de Brasil, las instituciones financieras serían gravemente perjudicadas. Varios bancos norteamericanos, obligados a desviar capital a sus reservas de deudas incobrables como precaución, anunciaron pérdidas para el año. Los brasileños culpaban a los acreedores. Durante veinte años, hasta 1985, Brasil había sido gobernada por gobiernos militares y los bancos extranjeros habían financiado sus programas monumentales. Los generales construyeron carreteras, represas, centrales nucleares y fábricas de armas, con lo que contribuyeron a transformar un reducto agrícola en la octava economía capitalista del mundo. Muchos proyectos no fueron terminados o no funcionaron bien. Para pagar su gran deuda, los dirigentes brasileños pensaron campañas de exportación, pero los beneficios no se correspondían con los pagos de intereses y el consumo nacional cayó en picada. Apesar de las riquezas del país, la desnutrición y el analfabetismo continuaban siendo endémicos. La inflación aumentaba. En 1986, Sarney intentó aliviar la mala situación de su pueblo congelando los precios, aumentando los salarios y los aportes de capital. La economía y la moral mejoraron. El partido de Sarney ganó las elecciones de noviembre, pero pronto y la inflación se disparó. Cuando el gobierno subió los precios de los bienes de consumo y de los servicios suministrados por el Estado, estallaron las protestas. A principios de 1987 no contaban con excedentes económicos y Sarney no podía hacer otra cosa que desafiar a los bancos. Como sus equivalentes peruano y ecuatoriano (ambos habían declarado una moratoria en los pagos), Sarney se dio cuenta de que era tan duro vivir con la banca internacional como sin ella. A medida que la economía empeoraba y las reformas agrarias se retrasaban, se intensificaba el descontento y el gobierno recurría cada vez más a la violencia. Febrero de 1988, Sarney cedió y finalizó la moratoria con un pago de 350 millones de dólares. |
|