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Esta
clase social, cuyo origen se remonta a la Europa feudal, se convirtió en germen
de un nuevo mundo con el desarrollo del capitalismo. Dicha transformación
culminó entre los siglos XVII Y XIX, por medio de las revoluciones burguesas

Su Formación
Originalmente, el término burguesía calificaba tan sólo a los habitantes de las
ciudades (burgos) de la plena Edad Media, derivando más tarde hasta englobar a
una clase social caracterizada por su actividad económica no agrícola. Para los
marxistas, esta clase social era la dominante en el modo de producción
capitalista, poseedora de los medios de producción, gracias a lo cual podía
acumular las plusvalías generadas por el trabajo asalariado de los proletarios.
La teoría sociológica, desde M. Weber y W. Sombart, contempla a la burguesía
como la clase social que, animada de un espíritu nuevo, donde priman el
individualismo, el esfuerzo personal, la innovación y el afán de lucro,
transforma el mundo feudal en el que nace, hasta lograr la plena implantación
del capitalismo y el estado liberal.
De
todas formas, esta clase social no constituye un grupo homogéneo, sino se dan
grandes diferencias entre una alta burguesía, compuesta por los capitalismo
dueños de los medios de producción, que rigen la vida política y económica er
estados liberales, y una pequeña burguesía de profesionales liberales, funciona
empleados medios y pequeños propietarios y comerciantes que, aunque como muchos
rasgos ideológicos y culturales con la anterior, se encuentra mas cerca
proletariado por su renta y su posición social y política. El hecho es que el
cono de burguesía es muy amplio, y ha tenido distintos significados y matices a
lo largo de la historia, y según las perspectivas desde las que se ha analizado.
Nacimiento y consolidación de la
burguesía
Aunque ya en la Antigüedad existieron hombres de negocios dedicados a las,
actividades mercantiles y manufactureras y vinculados al mundo urbano, el
importante papel de los aparatos públicos en las actividades económicas no solía
mucho margen para la iniciativa privada, por lo que no podemos hablar de
burguesía propiamente dicha. En Europa occidental, el crecimiento económico y
demográfico experimentado a partir del siglo XI permite el asentamiento de una
población cada vez más numerosa en las ciudades, tanto antiguas como de reciente
fundación (burgos).
Estos burgueses se especializan en actividades artesanas y,
cantiles, que pronto les proporcionan una fuerza económica suficiente para
presionar sobre los señores feudales, de los que obtuvieron libertades
jurídicas, autonomía administrativa y protección para sus actividades. Sin
embargo, no consiguieron distinguirse jurídicamente de la mayoría campesina de
la población, y el esquema social feudal, basado en la división en tres órdenes
o estamentos (nobles, eclesiásticos y trabajadores o estado llano) se mantuvo
inalterado. Esto no impidió que dentro del mismo grupo burgués se produjera una
creciente estratificación, sobre todo Partir del siglo XIII, diferenciándose las
oligarquías de grandes comerciantes y banqueros que normalmente controlaban los
gobiernos municipales, del «común», integrado por artesanos, sirvientes y
pequeños comerciantes.
La oposición de intereses entre ambos grupos dio lugar a la aparición de
conflictos durante la baja Edad Media. Además, esa oligarquía
burguesa se asimila progresivamente a la nobleza terrateniente, cuyo estilo de
vida copia y cuyo estatus social codicia. Desde fines de la Edad Media y durante
toda la Edad Moderna, muchas familias burguesas entroncan con la nobleza
(mediante matrimonios con familias aristocráticas empobrecidas), o acceden a esa
condición mediante la compra de cargos o tierras vinculadas a títulos,
convirtiéndose en rentistas y asumiendo los valores conservadores de la clase
noble. otra forma de ascender socialmente era mediante el servicio en la
creciente burocracia estatal que las monarquías autoritarias de la Edad Moderna
estaban desarrollando Los monarcas preferían emplear en su administración a
letrados procedentes de la clase media burguesa, en lugar de a los miembros de
la alta nobleza, susceptibles de desafiar su poder.
De
todas formas, los burgueses no ennoblecidos siguieron perteneciendo estado
llano, y normalmente eran ellos los que acaparaban su representación Cortes y
otras instituciones representativas de origen medieval, a las que los rey
Antiguo Régimen recurrían lo menos posible, sólo cuando estaban necesitados
financiación extraordinaria.
La
expansión mercantil europea desarrollada a partir del siglo XVI, con el
descubrimiento y colonización de nuevos y vastos territorios ultramarinos y la
apertura nuevos mercados, proporcionó unas inmensas posibilidades de
enriquecimiento burguesía. Pero el mantenimiento de las estructuras
tradicionales le impedía un papel social y político acorde con su poder
económico.
A partir del siglo XVI sé
produjo también un cambio de mentalidad, con
la difusión de nuevas ideas: el humanismo, el racionalismo e incluso la ética
protestante (especialmente en su versión calvinista), transformaciones
ideológicas, filosóficas y culturales que encuentra culminación en la
Ilustración, que tuvo en la burguesía a su principal valedora beneficiaria. Se
santificó el afán de lucro y el éxito en los negocios, como signo del divino y
como contribución a la prosperidad general. El individualismo y la igualdad
entre los hombres se elevaron a la categoría de dogmas, contradiciendo el si de
privilegios estamentales que impedía a la burguesía desempeñar un pape destacado
en la vida pública.
Por último, el apoyo al progreso científico y técnicas a la
mentalidad racionalista, también en la economía, se oponían a las viejas
estructuras productivas (gremios) y comerciales (mercantilismo), que constituían
una para el pleno desarrollo del capitalismo, el nuevo sistema socioeconómico
que ido gestando con las actividades de la burguesía.
Las revoluciones burguesas
(más en este sitio)
Todas
esas estructuras económicas y sociales anticuadas encontraban su mar expresión
en el sistema político de las monarquías absolutistas. La burguesía utilizaba,
en su beneficio el descontento de gran parte del estado llano, el estamento no
privilegiado, que incluía desde los más pobres jornaleros hasta los banqueros o
comerciantes más ricos. La serie de revoluciones iniciada en Inglaterra (1642-48
y 1688) Norteamérica (1773-83) y Francia (1789), y extendida durante el siglo
XIX al re Europa, significó la abolición del Antiguo Régimen y la instauración
del estado General burgués, la sociedad de clases y el capitalismo industrial.
Esta
transformación social, económica y política sirvió especialmente a los intereses
de la gran burguesía capitalista, convertida en clase dominante. En efecto, la
revolución Industrial iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII en Inglaterra
había lugar al desarrollo de un nuevo sector económico. Los capitales acumulados
por ~ comercio fueron invertidos en las nuevas fábricas, donde se empleaba a la
mano de] que una transformación agraria orientada al mercado había dejado sin
tierras y si bajo. La nueva economía industrial, cuyos medios de producción
están en manos de la burguesía capitalista, se transforma en el motor del
desarrollo de los estados occidentales.
El poder económico se convierte en la
pauta que marca las divisiones y jerarquías de la nueva sociedad de clases. Se
produce entonces la clara separación la burguesía y las clases trabajadoras, que
no tienen acceso a los bienes de producción ni al reparto de la riqueza generada
por su trabajo. La recompensa que obtiene el proletariado por haber apoyado las
revoluciones burguesas es el pago de un salario por su trabajo, privado de voz
en los mecanismos económicos y políticos.
El fin de la burguesía
revolucionaria
A
partir de ese momento, la antigua burguesía revolucionaria se convierte en una
clase conservadora. Se priman los valores del orden (además de los de la
familia, el trabajo y el ahorro), se defiende a ultranza la propiedad privada, y
se intenta restringí acceso de las clases populares al poder político (sufragio
censatario). De vez en cuando, la presión popular en los movimientos
revolucionarios (Babeuf en 1797, las revoluciones de 1848, la Comuna de París de
1871), y corrientes como el socialismo intentan despertar la conciencia de clase
del proletariado y organizarlo para luchar por mejorar su posición.
Ante esto,
la burguesía responde con concesiones que intentan integrar a las clases
populares en el sistema, instaurando el sufragio universal, extendiendo su
ideología mediante la educación nacional, y creando el mito según el cual, en
una sociedad de clases «abierta», cualquier individuo es capaz, por mérito
esfuerzo, de mejorar su condición. En el siglo XX, la evolución económica y
social de los países más desarrollados ha dominado la aparición de una amplia
clase media o pequeña burguesía, que no está definida tanto por la propiedad de
los medios de producción como por su formación cultural y técnica, que le
permite desempeñar los puestos intermedios de la administración pública y
empresarial. Por otro lado, se ha producido también una elevación del nivel de
vida y formación de las clases trabajadoras, cuyos miembros más cualificados se
confunden con los estratos inferiores de la clase media («aburguesamiento»
de la clase obrera).
Al
mismo tiempo, la difusión de unos hábitos culturales y de consumo homogéneos por
parte de los medios de comunicación ha propiciado aparición de una «sociedad de
masas» o de consumidores, que pretende desdibujar las fronteras entre clases.
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