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La úlcera de Buruli (UB) es una de
las enfermedades tropicales más desatendidas, aunque tiene tratamiento. Su causa
es la infección por
Mycobacterium ulcerans, microorganismo que pertenece a la
familia de las bacterias causantes de la tuberculosis y la lepra. Los pacientes
que no reciben tratamiento rápidamente sufren a menudo discapacidades
funcionales, tales como limitación del movimiento articular, además de los
evidentes problemas cosméticos. Se han descrito casos de úlcera de Buruli en 30
países de África, las Américas, Asia y Pacífico Occidental, sobre todo en las
regiones tropicales y subtropicales.
Cuando los enormes esfuerzos
realizados por la
OMS para erradicar la
lepra
resultaron insuficientes, por la renovación permanente de brotes en diferentes
partes del mundo, un nuevo actor aparece en escena preocupando notablemente a la
comunidad científica internacional:
el Buruli.
Bautizado así por investigadores
ingleses en el año 1960, debe su nombre a la región ugandesa de Buruli. Otras
denominaciones de la enfermedad son: úlcera de la paratuberculosis,
micobacteriosis atípica, Kakerifu, Kasongo o úlceras
Bairnsdale. Se la llama también germen antropófago por las serias lesiones
que provoca en el hombre cuando lo infecta.
Fue detectada por primera vez en
tierras africanas, y se identificó el agente productor de la enfermeda como
Mycobacterium ulcerans. Todo parece indicar que la deforestación y
destrucción de la selva tropical realizarla por el hombre despertó a la bacteria
y atacó a la población con mucha virulencia, amenazando seriamente a todos los
habitantes de este continente así como también a gran parte de Asia, Oceanía,
América Central y Sudamérica (Bolivia, Perú y Brasil). Este terrible flagelo
parece ser pariente directo de la lepra y la tuberculosis.
Se convierte en una versión
virulenta que se conoció en diferentes centros hospitalarios de la región en la
década de 1990 y que ataca la epidermis y endodermis del individuo
provocando serias lesiones y creando un estado incipiente de gangrena. Emmanuel
Eben-Moussi, representante de la OMS en Costa de Marfil, afirmó con pesar que
“cuando todo parecía indicar que podíamos liberamos de la lepra, aparece este
nuevo y mortal enemigo para el nuevo milenio”.
En 1897, Sir Albert Cook,
médico británico que trabajaba en el Hospital Mengo de Kampala (Uganda),
describió úlceras cutáneas compatibles con la UB. En 1948, el profesor Peter
MacCallum y sus colaboradores hicieron una descripción detallada de la
enfermedad en seis pacientes de la zona de Bairnsdale, cercana a Melbourne
(Australia), y fueron los primeros que aislaron el microorganismo causante:
M. ulcerans.
Generalmente, las personas
afectadas mueren por las múltiples infecciones ocasionadas. Al principio, la
enfermedad se presenta como una leve inflamación de la zona afectada que luego
se transforma en una úlcera rodeada de anillos amarillos y negros, colores que
adopta el tejido necrosado y muerto. La terapia indicada para esta etapa
es la extirpación de la región comprometida, pero el avance de la enfermedad
concluye con la amputación del miembro como único medio de curación.
A pesar de que el total de casos
infectados es desconocido por la ciencia médica, los investigadores intentan que
la OMS catalogue el Buruli como una de las prioridades, colocándolo a la par de
la malaria y la fiebre amarilla. Voluntarios de Italia y Canadá dirigen centros
de salud similares a las colonias de leprosos establecidas por pioneros como
Albert Schweitzer a comienzos de siglo, pero dada la intensidad de los
casos, rápidamente se quedan sin fondos para continuar con su misión.
Fuente Consultada: Grandes Catástrofes de la
Historia - Educación Para La Salud
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