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PROBLEMAS DE
LA UNIÓN SOVIÉTICA
Al morir
Breznev en 1982, la
Unión Soviética controlaba un imperio extendido por todos los continentes. Los
ejércitos Soviéticos vigilaban mediante una red de guarniciones las naciones del
Este de Europa. En América, Cuba era su principal cabeza de puente, y su
influencia se extendía a Nicaragua y algunas naciones pequeñas. En Africa, la
ayuda a Angola y Mozambique le había proporcionado posiciones estratégicas. En
Asia, Corea del Norte y Vietnam representaban otros dos puntos de apoyo de la
segunda potencia militar del mundo, y Yemen del Sur le deparaba un puesto de
vigilancia en la zona crucial del petróleo. Estamos hablando de un gigante, pero
de pies de barro, porque la asunción de responsabilidades planetarias lo había
debilitado y el nivel de vida de los ciudadanos rusos empeoraba de forma
inexorable:
a) Estancamiento económico. El
Instituto de Economía Mundial, de 1984, emitió un diagnóstico cruel sobre la
economía soviética. A partir de 1970 se produjo un freno del crecimiento, que
repercutió en el descenso de los niveles de vida. Con rendimientos decrecientes
en la agricultura, el antaño granero de Europa se vio obligado a importar trigo
de Estados Unidos y Canadá. Dotada de inmensos recursos energéticos, petróleo y
gas en primer lugar, el despilfarro era evidente, porque en Rusia se necesitaban
1.490 kg de carbón para producir mil dólares de productos, frente a los 820 de
Gran Bretaña o los 565 de Alemania Federal. Y su explotación produjo un inmenso
desastre ecológico
b) Atraso tecnológico.
A pesar
de sus éxitos en la carrera espacial, la URSS había terminado quedándose
rezagada en sectores de alta tecnología, como la robótica, telecomunicaciones,
fibra óptica, etc. Y la inferioridad de la técnica soviética tenía una inmediata
repercusión militar, como se comprendió en Washington cuando se elaboró el
programa denominado “Guerra de las Galaxias”. El atraso derivaba en gran medida
de su aislamiento de la comunidad científica internacional.
c) Deterioro de la calidad de
vida. Los índices demográficos. Los índices demográficos constituyen un
indicador inequívoco del descenso en la calidad de vida de un pueblo. Entre 1960
y 1985 la mortalidad en la URSS subió desde el 7,1%~ al 10,8%~. Desde finales de
la Segunda Guerra Mundial este índice había mejorado lentamente, pero a partir
del año 1960 se produjo un reflujo indicador de que los bienes sociales no se
destinaban al bienestar de la población, sino que se orientaban hacia el rearme.
La esperanza de vida descendió de los 70 a los 67,7 años. La mortalidad infantil
se encontraba en la tasa sorprendente del 25%~ frente a la de 6-7%~ de los
países desarrollados. Según los datos de 1989, la URSS, segunda potencia militar
del mundo, se situaba en el puesto 51 del ranking de la renta per cápita.
LA LUCHA POR
EL PODER
Como sucesor de Breznev fue
elegido en 1982 Andropov, jefe del KGB y en este puesto conocedor de la realidad
rusa, bien diferente de la presentada en la propaganda. Sus deseos de reforma se
quedaron en proyectos, ante su temprana muerte. El aparato impuso un
conservador, el mediocre Chernenko, que cayó gravemente enfermo poco después de
su elección. Y se repitió un nuevo dilema sucesorio en marzo de 1985. Los
ortodoxos, en torno al ideólogo Romanov, intentaban que nada cambiara. Pero en
el Politburó consiguieron imponerse los reformistas, con el apoyo del influyente
Gromiko. El 11 de marzo era elegido Secretario General Mijail Gorbachov,
discípulo político de Andropov.

Dos días después, en presencia
de muchos mandatarios occidentales, que habían acudido a las honras fúnebres de
Chernenko, habló sin papeles y sin recato de los problemas de la URSS. El
presidente francés Mitterrand comprendió que se hallaban ante un nuevo tipo de
líder.
FASES DE LA
“PERESTROIKA”
Entre 1985 y -1987 la anunciada
reestructuración o perestroika se movió en una fase de tanteos, con algunas
medidas económicas que enlazaban con las adoptadas por Andropov. El momento
crítico se produjo en el XXVII Congreso del PCUS, en el cual Gorbachov consiguió
arrinconar a la vieja guardia brezneviana. A partir de ese momento, se tomaron
las primeras medidas democratizadoras y se impulsaron iniciativas para la
distensión de la vida internacional. Incluso, el mandatario reformista se retiró
durante varias semanas en 1986 para escribir su libro Perestroika. Mi mensaje a
Rusia y al mundo entero (1987), en el que explicaba su programa.
El período 1987-1989
corresponde a la perestroika plena, con el desmontaje de las empresas estatales
y las sucesivas reformas democráticas, y, sobre todo, con el impulso de la
glasnost, que supuso la aparición de la palabra libre, de la crítica, por vez
primera en la historia del régimen. Al mismo tiempo, se modificaban las
relaciones con EE UU y las potencias occidentales para poner fin a la Guerra
Fría. Frente a la doctrina brezneviana de la “soberanía limitada” aplicada a los
países satélites, Gorbachov permitió la decisión libre de estos países para
elegir su destino, y esta política produjo la caída en cascada de los regímenes
comunistas en el otoño de 1989.
Los años 1990-91 fechan la
crisis de la perestroika. El fracaso de la reforma económica y el auge de los
nacionalismos debilitaron el proyecto de Gorbachov, ya que amenazaban la
cohesión de la URSS. La revolución de los ortodoxos (agosto de 1991) intentó
parar el proceso, pero, al fracasar, desató la revolución democrática,
provocando el final del régimen comunista y el estallido de la URSS.
LA URGENCIA
DE UN NUEVO MODELO ECONÓMICO
Era urgente el saneamiento de
una economía que se derrumbaba. Un economista soviético, Schmeliov, resumio en
un simposio en Barcelona los tres defectos principales: ‘primero, el dictat (es
decir, el monopolio) del productor en todas las esferas de la economía; segundo,
el interés muy débil de los trabajadores en un trabajo en alto rendimiento;
tercero, la insensibilidad de las empresas respecto al progreso
tecno-científico”.
En una economía dirigida, donde
los niveles de producción y los precios son fijados por el Estado, el mayor
inconveniente, como ha explicado en un libro fundamental el economista
Aganbegyan, asesor de Gorbachov, estriba en el divorcio entre producción y
consumo. Se fabrica lo que no se necesita y escasea lo que la población demanda.
Por otra parte, resultaba
imperativo —escribe Aganbegyan— reformar el sistema de precios. La subvención de
todos los artículos y su consiguiente baratura derivó en que las capas de la
población con mayores ingresos comprasen en grandes cantidades y se dificultase
su adquisición para el resto. Abanbegyan propuso trasvasar la
subvención a la población, en
forma de subida de salarios que generaran un mayor poder de compra.
Con la planificación
centralizada las empresas se habituaron a formular pedidos hinchados; pedían más
materias y máquinas de las que necesitaban porque suponían que, en todo caso,
sus pedidos iban a ser recortados. Así, se desembocó en una economía sumergida.
En una región determinada los koljoses y sovjoses construyeron edificios por un
total de 400 millones de rublos cuando sólo se les había asignado metal,
cemento, ladrillos, etc. por 60 millones, lo que quiere decir que los 5/6 de los
materiales fueron obtenidos de modo ilegal, mediante intercambio con empresas de
la construcción.
La URSS vivía en una dictadura
del productor. Al desconectarse producción y consumo también se prescindió del
ciclo vital de los artículos. Los productos soviéticos duran menos, son menos
útiles y se estropean más, y por añadidura no se contemplaba, como en Occidente,
su reparación, el seguimiento del ciclo de uso de cada artículo.
Se trataba de una economía
errática, en la que eran posibles las decisiones más absurdas. Así ocurrió con
la denominada “decisión del siglo”, el desvío de ríos siberianos hacia el Sur,
un proyecto de enorme coste y antiecológico, gestado y apoyado en instancias
burocráticas. A quienes se opusieron, como Aganbegyan, se les amenazó. Al
acceder Mijail Gorbachov al poder el proyecto fue revisado y desechado.
TRANSICION A
LA ECONOMIA DE MERCADO
La perestroika económica supuso
la sustitución del sistema de planificación centralizada. Se apoyó, en primer
lugar, en la primacía de las necesidades reales y, en segundo lugar, en el
estímulo al trabajador. En la agricultura se ensayó el sistema de arriendo a las
brigadas, que podían vender el excedente, un sistema copiado directamente de la
NEP del año 1921. Se inició la conversión de los obreros en accionistas de su
empresa y la posibilidad de adquirir obligaciones del Estado. El horizonte
último era la instauración de la economía de mercado en la cual la producción
respondería a la demanda y los precios reflejarían la realidad de los costes,
pero, por otra parte, se estimularía al trabajador para el aumento de la
producción. A pesar del entusiasmo del equipo económico que diseñó el programa,
los resultados de la transformación fueron desalentadores y sumieron a la
población en una situación de agobio que desacreditó el proyecto de Gorbachov.
Las reformas a medias se
convirtieron en el mayor problema. Por ejemplo, se intentaba que el campesino se
beneficiara de la cosecha, pero no se aceptaba la propiedad privada de la
tierra. En cuanto a las empresas, inseguras de los suministros, recurrieron a
subterfugios para conseguirlos. Los precios se siguieron fijando por el gobierno
durante algún tiempo. De momento habla desaparecido la economía planificada,
pero se temía la implantación del mercado En expresión de Angel Rojo, la Unión
Soviética se quedó “sin plan y sin mercado”.
Los problemas de
desabastecimiento de alimentos, ropa y medicinas fueron cada vez más
apremiantes. Para agravar la situación, la bajada de los precios internacionales
del petróleo y gas, con los que obtenía Moscú el 80% de sus divisas, mermó la
capacidad de importación. Las mafias económicas, que vivían en la mayor
clandestinidad, comenzaron a aprovecharse de la situación de escasez.
En el verano de 1990 los
problemas de desabastecimiento llegaron a ser tan graves que se intentó un
acuerdo entre Gorbachov y el presidente de Rusia, Yeltsin, recién elegido en la
primera consulta electoral con varias candidaturas.
Un equipo de economistas
presidido por Shatalin, asesor de Gorbachov, elaboró el “Plan de los quinientos
días”. En él se proponía: venta masiva de las propiedades del Estado, reducción
del déficit —eliminando cargas en el exterior, entre ellas las ayudas que se
prestaban a Cuba—, liberalización de los precios al consumo, convertibilidad del
rublo (para facilitar el comercio exterior). Con este plan se intentaba
convertir la economía rusa en una economía plena de mercado, pero los ortodoxos
comenzaron a sabotearlo, y las presiones políticas y militares sobre Gorbachov
se hicieron insistentes
La
perestroika económica
Aquí no se
puede eludir la reforma de los sistemas de formación de precios, abastecimientos
y venta, sin los cambios en la práctica de colocación de los pedidos estatales,
sin la creación de bolsas mercantiles, y posteriormente la bolsas de fondos.
Importante medida debe ser el paso al impuesto natural sobre ¡os tipos
principales de la producción agropecuaria y de materias primas en combinación
con el comercio libre de los excedentes de producción agropecuaria.
Hay que aprobar
urgentemente leyes y decisiones encaminadas a desmonopolizar la económía. Con la
existencia de un mercado pletórico, el Estado debe tener instrumentos seguros de
influencia en los procesos económicos. En primer lugar, se necesita un sistema
racional de impuestos sobre las utilidades de las empresas y de los ingresos de
la población, el control financiero, la regulación por el Banco Estatal de la
URSS de todo el movimiento de pagos como un todo único y una política crediticia
activa con el establecimiento de tasas de intereses acordes con la coyuntura
económica real.
Es
indispensable en un corto plazo llevar a cabo una considerable reducción de los
gastos del Estado con el fin de liquidar el déficit del presupuesto nacional y
hacer frente a la inflación. Al mismo tiempo hay que elaborar firmes garantías
sociales ara toda la población —en primer término para las capas de ajos
ingresos y menos favorecidas—, distintas medidas de de fensa social, incluido el
sistema de sobretasas compensatorias respecto a los ingresos debido a la subida
de los precios.
Los diputados
del agro, y todos los trabajadores del campo a quienes representan, deben saber
que para mí, como presidente, todos los problemas de la vida del campesino
soviético, el problema alimenticio, son problemas prioritarios.
La
responsabilidad principal de la realización práctica de todas estas medidas
recae, naturalmente, sobre el Gobierno. Al mismo tiempo se necesitará la
aprobación de decretos presidenciales sobre los problemas clave, señalando
claramente las tareas, los plazos y las personas concretas que respondan por
ello.
Hay que ser
sinceros hasta el fin: la realización de tan ingentes medidas pondrá a la
sociedad en nuevas condiciones y podrán ir acompañadas en los primeros tiempos
de fenómenos dolorosos y afectar los derechos de algunos. Por eso, en todos los
problemas cardinales hay que lograr la comprensión mutua y la concordia en la
sociedad.
El destino de
la perestroika dependerá en grado considerable de cómo se logre llevar a cabo la
transformación de nuestra Federación. Como presidente confirmo una vez más mi
fidelidad a ¡a integridad del país.
MIJAIL GORBACHOV:
Discurso de aceptación
de la Presidencia
de la URSS
(9 de marzo de
1990)
ALGUNOS
ERRORES
Parece existir cierto acuerdo
entre los observadores de la política rusa acerca de que el fracaso de la
perestroika se inició en el de la reforma de la economia. Aganbegyan ha apuntado
algunos errores que explicarían tal fracaso:
— Déficit e inflación.
Elevación del déficit del presupuesto, desde cifras del 4 al 10%, generándose
tensiones inflacionistas que hicieron perder poder adquisitivo a las capas
populares. A la inflación contribuyó el gobierno con la fabricación masiva de
rublos. En 1991 la inflación se desbocó hasta el 775%.
— Impopularidad y fracaso de
la campaña antialcohol. El gobierno quedó privado de los ingresos fiscales
que proporcionaba la venta de vodka, sin conseguir en cambio que descendiera su
consumo.
— Excesiva dependencia
de la importación de bienes de consumo, cuya producción dentro de la Unión
Soviética se había abandonado en beneficio de la fabricación de armas y los
programas espaciales.
— Falta de preparación
de los economistas rusos para desenvolverse dentro de los mecanismos de la
economía de mercado.
El problema fundamental fue de
carácter político. Los sectores contrarios a los cambios sabotearon todas las
medidas.
LA
“PERESTROIKA” POLÍTICA
ASPECTOS DE LA REFORMA POLÍTICA
Pasar de una sociedad cerrada,
totalitaria, a una sociedad abierta, democrática, éste fue el objetivo central
de Gorbachov, destacado en su libro, sus escritos posteriores y sus discursos:
“en suma, necesitamos una profunda democratización en todos los aspectos de la
sociedad”.
En el modelo cerrado del
comunismo, tal y como hemos estudiado anteriormente, no existía pluralidad de
partidos ni listas diferentes del Partido único. Por tanto supuso una revolución
la convocatoria en marzo de 1989 de elecciones para diputados de la URSS con
multiplicidad de candidaturas y propaganda en la campaña, incluyendo debates por
televisión. Con esta innovación fue posible la llegada al parlamento de no
comunistas y de disidentes, el más ilustre el físico Sajárov. En marzo de 1990
el Congreso elegía a Gorbachov presidente de la URSS.
En la vida social rusa la
perestroika significó, en primer lugar, una modificación de los comportamientos
del poder. Supuso la aceptación normal de la disidencia y de los disidentes,
capítulo en el que el regreso del físico Sajárov desde su residencia forzada en
Gorki (Nizhni Novgorod) a Moscú fue el ejemplo más destacado. Supuso, por
añadidura, una auténtica ruptura cultural, al aceptar
se que el poder político no
implica el monopolio infalible de la verdad, lo que exigió, en primer lugar, la
revisión de la Historia, que no se resume en un conjunto de dogmas explicados
por las instancias centrales del Partido, postura nueva que aconsejó la
supresión de los exámenes de la asignatura de Historia en los centros escolares,
en tanto se redactaban nuevos libros basados en la investigación historiográfica
y no en los dictados desde una mesa de despacho.
No menos trascendentales fueron
los cambios jurídicos, al garantizarse los derechos de los ciudadanos, tanto
tiempo constreñidos, entre ellos los de expresión, reunión o posibilidad de
salida y entrada al país.
El monopolio político del
Partido Comunista desapareció. El artículo 6 de la Constitución prohibía el
pluripartidismo, y en su defensa el Comité Central del PCUS se opuso al
reconocimiento de otros partidos, alegando el peligro de las fuerzas centrífugas
del nacionalismo. Pero en 1990 se anuló este artículo y se formó una coalición
de fuerzas en torno a Boris Yeltsin, con el nombre de “Rusia Democrática’, que
reclamó elecciones presidenciales en Rusia y colocó a su líder en la presidencia
en la convocatoria de la primavera de 1991. Esta elección constituyó un paso
adelante importante. Casi a continuación y en torno al ex ministro de Asuntos
Exteriores Shevarnadze se reunió una plataforma de personalidades denominada
“Movimiento por las Reformas Democráticas”, embrión de otro partido.
El último paso de Gorbachov, la
transformación de la naturaleza del PCUS, fue intentado en la reunión del pleno
del Comite Central de finales de julio de 1991, donde se adoptó la decisión
verdaderamente histórica de la renuncia a la ideología marxista-leninista. El
significado parecía claro: muerte del comunismo y sustitución como antes en
Italia por una fuerza socialdemócrata y tanto, la renuncia a la lucha de
clases y a la revoluciòn como instrumento de cambio, aceptándose la lucha
pacífica del juego democrático.
LA PUGNA CON
LOS ORTODOXOS
El Secretario General se rodeó
de políticos reformistas, entre los que destacaron Shevarnadze, en el ministerio
de Asuntos Exteriores, y Alexander Yakovlev como cerebro e inspirador de la
reforma. Pero se topó con fuerzas formidables de oposición, aglutinadas en torno
a Gorgachov, el ideólogo del Partido.
En la medida que avanzaban las
reformas democráticas, más fuerte era la oposición de los ortodoxos. Contemplada
la perestroika desde su final, hay que concluir que Gorbachov en ningún momento
contó para sus programas con los grupos más influyentes de la nomenklatura. La
contraofensiva de los conservadores se intensificó en momentos concretos. En
marzo de 1988 la revista “Sovietskaia Rossia” publicó una denuncia contra las
reforma firmada por una alta funcionaria del Partido poco conocida, Nina
Andreevna. El artículo resumía en cinco páginas un original de dieciocho.
Publicado íntegro en una revista italiana, el original diseñaba una auténtica
conspiración, al llamar a la resistencia invocando las enseñanzas de Stalin y
defendiendo con entusiasmo al “padrecito”.
Frente a esta ofensiva se
movilizaron ¡os reformistas en las páginas de “Pravda”, “lzvestia” y “Novedades
de Moscú” para denunciar los crímenes de Stalin. La preSión de los ortodoxos
consiguió que en la primavera de 1990 Gorbachov situara en los puestos más
relevantes a algunos nostálgicos, en uno de los vaivenes que desconcertaban a
los occidentales, si bien meses después reanudaba las reformas.
POLÍTICA
EXTERIOR: EL “NUEVO PENSAMIENTO”
En el momento de la llegada al
poder de Gorbachov, las relaciones internacionales pasaban por un estado de
tensión. El proyecto de Reagan de “Guerra de las Galaxias”, la instalación de
misiles en Europa (88-20 soviéticos frente a Pershing y Crucero americanos) y
focos de tensión en el Tercer Mundo (invasión vietnamita de Camboya, revolución
sandinista en Nicaragua, bombardeo de Kabul por los rebeldes afganos) dibujaban
un panorama sombrío. El nuevo dirigente se propuso aliviar las tensiones. En las
conversaciones de desarme de Ginebra se organizaron tres grupos de trabajo para
conseguir resultados concretos. En su libro, Gorbachov describió el peligro de
apocalipsis nuclear. Y en su primer año como mandatario se reunió en París con
Mitterrand y en Ginebra con Reagan, a quien propuso la reducción del 50% de las
fuerzas estratégicas de los dos bandos. Al año siguiente, sus propuestas de
desarme en el encuentro con Reagan en Rejkiavik no encontraron respuesta en su
interlocutor.
La tenacidad terminó por
conseguir resultados en medidas parciales de reducción de los arsenales atómicos
—en primer lugar, acuerdo de moratoria de pruebas nucleares— y en el freno al
programa de “Guerra de las Galaxias”.
La perestroika supuso el final
de un imperio. Frente a la soberanía limitada que Breznev había definido para
los Estados satélites europeos, Gorbachov prometió la soberanía plena. En Praga
habló de la “casa común” europea y se proclamó hijo de la Primavera de Praga de
1968. En Berlín forzó a dimitir a un ortodoxo duro, Honecker. Sin el apoyo a la
autonomía de los Estados satélites y sin la retirada de gran parte de las tropas
de guarnición rusas en el Este no se hubieran producido las revoluciones de
1989. El KGB, alarmado ante la pérdida de peso de la Unión Soviética como
potencia mundial, expresó su disconformidad en algunos informes.
Esta política de diálogo con
Washington y de permisividad con los países del Pacto de Varsovia fue denominada
“Nuevo Pensamiento”. Por su contribución a un mundo pacífico Gorbachov fue
galardonado con el Premio Nobel de la Paz, que recogió en Oslo el 5 de julio de
1991, a poco más de un mes de la revolución que pondría fin a su obra.
QUE ES EL
GLASNOT?
‘El pueblo debe saber qué anda
bien y qué anda mal, a fin de multiplicar lo bueno y combatir lo malo; así es
como deben ser las cosas en el socialismo” (Gorbachov). La transparencia
informativa fue el aspecto más renovador de la reforma. Después del XXVII
Congreso, la censura vio restringidas severamente sus facultades, la televisión
se abrió a los debates, informando de problemas reales, y se inició, al
principio con temor, la publicación de libros prohibidos. Por ejemplo El doctor
Zivago de Pasternak se anunció durante meses, demorando su salida, quizás porque
los editores no acababan de creer en la desaparición de la censura.
Después de una época tan larga
de vigilancia de la información, la sociedad tardó en responder al estímulo de
la palabra “libre”. La cabeza de lanza de la liberación informativa estuvo
representada por revistas: “Novedades de Moscú”, “Novi Mir”, “Ogoniok”, “El
Siglo XX y la Paz”. Destinadas a un público culto y crítico, sus tiradas eran
reducidas. Sólo cuando se sumaron a la reforma, aunque con titubeos, los grandes
diarios, ‘Pravda”, “lzvestia”, el viento de la libertad llegó hasta amplios
sectores del público.
PROYECCIóN
DE LA “GLASNOST”
La transparencia exigió en
primer término ¡a revisión de la historia. En este capítulo los líderes
reformistas tardaron en reaccionar. En 1987, con motivo del septuagésimo
aniversario de la Revolución, el discurso de Gorbachov resultó decepcionante
para los intelectuales, porque el Secretario General, ceñido a una línea de
elogio de Lenín, criticó los desviacionismos de Trotski y Bujarin, consideró la
colectivización forzada —sin nombrar a las víctimas— como un paso en la
consolidación del socialismo, y, omitiendo una exposición sobre las purgas de
Stalin, se limitó a calificarias de “grave error político”. Al mismo tiempo, las
encuestas entre estudiantes demostraban que los jóvenes carecían de la más
mínima formación histórica.
De aquí se llegó a la necesidad
de escribir nuevos libros, que exponían la historia soviética de 1917 con
criteríos académicos, no de propaganda. En un encuentro con intelectuales
norteamericanos en diciembre de 1987, un mes después de su frustrante discurso
de aniversario, Gorbachov reconocía que debía cambiarse la propia historia de la
Unión Soviética: “No siempre nos resulta fácil enjuiciar nuestro pasado
histórico. Tuvimos que llamar a muchas cosas por su nombre”.
Los intelectuales se
movilizaron. En “Sovetskaya Kultura” (Cultura Soviética) artistas y escritores
se expresaban sobre la censura y la libertad para crear, la injusticia social,
la democratización de la sociedad. Algunos de ellos consideraron que había
llegado el momento de irrumpir en el coto de la política. El físico Sajárov
llegó a diputado apoyado por un amplio movimiento popular. Los clubes ofrecieron
un cruce para los debates; en Moscú llegó a haber 500, en una floración que
recuerda el fenómeno de los clubes políticos de la Revolución Francesa de 1789.
Las letras rusas, herederas de
una tradición gloriosa, contemplaron una nueva aurora con la publicación de los
libros de los escritores malditos. En la revista “Neva” de Leningrado se publicó
por capítulos la novela Las túnicas blancas de Dudintsev, reconstrucción
histórica del sufrimiento de los intelectuales bajo Stalin.
Pero el impacto más hondo de
los lectores fue el producido por la novela Los hijos del Arbat de Anatoli
Ribakov, extraordinario fresco histórico, en la línea de la gran novelística
rusa, donde se relata el rumbo hacia los grandes procesos, tras el asesinato de
Kirov, jefe del Partido en Leningrado. El novelista traza un retrato sombrío del
dictador y proporciona claves para deducir que el “asesinato del siglo” pudo ser
instigado por Stalin.
EL PROBLEMA
NACIONAL
Más que una nación, la URSS era
un imperio inmenso, en cuyo territorio convivían más de 150 pueblos y lenguas.
Con la democratización, estos pueblos, antes severamente reprimidos, comenzaron
a expresarse. Y en las elecciones de 1989, ¡as primeras con candidatos
múltiples, sus lideres accedieron a los parlamentos. Por tratarse de líderes
reformistas, opuestos a la ortodoxia comunista, Gorbachov se apoyó en ellos en
algunos momentos, pero en otros, temiendo la desmembración de ¡a URSS, adoptó
posiciones más ambiguas.
Los primeros en movilizarse
fueron los pueblos bálticos que nunca habían aceptado su incorporación forzada a
la Unión Soviética. Y en seguida surgieron otros focos de inestabilidad.
Varios factores contribuyeron a
la difusión del nacionalismo:
Vacío ideológico.
Si no se era comunista había que ser otra cosa: lituano, georgiano o ruso,
porque uno de los nacionalismos más intensos fue el ruso.
Resurgimiento del
sentimiento religioso. Se abrieron de nuevo las
iglesias y asumieron nuevas funciones los popes. Pero las naciones profesaban
religiones diferentes: ortodoxos, católicos, islámicos.
Reaparición de
sentimientos étnicos. lnicialmente no desempeñaron un
papel, pero finalmente las repúblicas del Sur, islámicas y étnicamente
diferentes a las europeas, desearon emanciparse.
Precisamente, la firma de un
Nuevo Tratado de la Unión, que sustituiría al Estado fuertemente centralizado
comunista, provocó la revolución de los ortodoxos.
LA
REVOLUCIÓN DE AGOSTO EN LA UNIÓN SOVIÉTICA
Hundidos los regímenes
comunistas en Centroeuropa, sólo se mantenía en el Viejo Continente el modelo
del socialismo real en la Unión Soviética. La revolución de agosto de 1991
constituye el último y más importante episodio en la cadena de cambios. El
derrumbe del último bastión fue propiciado por el fracaso del golpe de Estado de
los ortodoxos.

El 19 de agosto, víspera de la
firma del nuevo Tratado de la Unión, que modificaría la estructura de la URSS,
los duros del Partido, entre ellos el vicepresidente Yanaev, el Primer Ministro
Paulov, el Ministro del Interior Pugo, el jefe del KGB Kruchkov, aislaron a
Gorbachov en Crimea, formaron un Comité de Emergencia y suspendieron todas las
libertades propiciadas por la perestroika. Quizás esperaban una aceptación
popular pasiva, como había ocurrido con la defenestración de Kruschev. Pero el
presidente ruso Yeltsin llamó a la desobediencia civil y el Parlamento ruso, la
“Casa Blanca”, se convirtió en el reducto de la resistencia. El mundo contuvo el
aliento durante las 60 horas que duró el golpe. Se temía el regreso a un régimen
totalitario y a los años tensos de la Guerra Fría. Pero el golpe fue
desarticulado y se inició una revolución de signo inverso.
El fracaso de los golpistas
se debió a varios factores

a)El heroísmo personal de
Yeltsin, respaldado por autoridades e instituciones democráticas. La Junta
golpista
cometió errores decisivos al no
tener en cuenta la existencia de estas personalidades e instituciones
b) La movilización popular en
Moscú en defensa dcl Parlamento, reacción impensable sin la forja previa
de una conciencia cívica
generada por la glasnost. Lii este sentido, el programa democratizador de
Gorvhachov obtuvo sus frutos.
c) La falta de apoyo del
ejército y de algunos sectores de la KGB, inclinados al respeto de la
Constitución.
Al fracasar el golpe se abrió
un proceso revolucionario de signo democrático con dos consecuencias
trascendentales: el fin del comunismo y el fin de la Unión Soviética. El PCUS
fue suspendido y clausurados sus centros. Al mismo tiempo, las repúblicas
iniciaron una imparable cadena de declaraciones de independencia. Las tres
Repúblicas Bálticas recuperaron la independencia perdida en 1940, las restantes
se plantearon la posibilidad de mantener un Estado de naturaleza distinta a la
URSS y, con excepción de Georgia, firmarían el 21 de diciembre el nacimiento de
la CEI.
LA RUSIA DE
YELTSIN. UNA “TRANSICIÓN ANÓMALA”
La historia de Rusia está
presidida por regimenes autocráticos. Nunca el pueblo ruso ha vivido la
experiencia de la democracia. En el trance decisivo de diciembre de 1991, al
producirse la explosión de la URSS, se esperaba de los nuevos dirigentes una
evolución rápida hacia un modelo democrático, pero la transición rusa se mostró
como un proceso difícil. Tres notas nos permiten afirmar que constituye una
transición anómala, bien diferente —por ejemplo— de la española: autoritarismo,
improvisación y mantenimiento del funcionariado comunista.
Entre 1991 y 1995 la Federación
Rusa contó con dos Parlamentos diferentes. El primero, elegido en 1990, durante
la perestroika, en condiciones semidemocráticas, cuando el Partido Comunista era
el único legal y las restantes formaciones tenían la condición de toleradas, no
era sin embargo un refugio de funcionarios del Partido. Recordemos que en el
golpe de agosto fue un reducto de oposición a los ortodoxos golpistas. Su primer
presidente, Yeltsin, fue sustituido por una personalidad ambigua, Jasbulatov.
Pronto chocó el autoritario Yeltsin con el Parlamento, que fue asaltado e
incendiado en octubre de 1993.
En el Parlamento elegido en las
elecciones de diciembre de 1993 se repartieron los escaños los partidos
centristas y los comunistas, aliados a los agrarios como formaciones más
nutridas, seguidos de cerca por nacionalistas radicales y reformistas radicales.
La presencia de casi un 20% de diputados de extrema derecha, de carácter
claramente fascista, seguidores del exaltado Zirinovski, fue la nota más
llamativa y alarmante de la primera convocatoria democrática a las urnas.
También en diciembre de 1993 se
refrendaba una nueva Constitución, que venía elaborándose a través de proyectos
cambiantes desde el año 1990. La Constitución estableció las competencias del
poder central, en Moscú, y los poderes regionales y locales de la Federación, y
para frenar las fuerzas centrífugas estableció una sola moneda, el rublo, y una
sola lengua oficial, el ruso, aunque cada república p’udiera fomentar el uso de
la lengua propia. En línea con la tradición rusa, los poderes del presidente son
casi omnímodos, lo que le permite esquivar o anular los acuerdos del Parlamento.
PROBLEMAS DE
LA RUSIA POSCOMUNISTA
En la Federación Rusa, formada
por Repúblicas y poderes locales, se han repetido algunos de los problemas de la
URSS y han surgido otros nuevos. Sólo como indicador seleccionamos tres.
Los nacionalismos que
implosionaron la URSS han tenido su réplica en Repúblicas que no desean
pertenecer a la Federación Rusa. El conflicto más grave de índole nacional ha
sido el de Chechenia, una de las repúblicas de! Cáucaso Norte. Al
triunfar en las elecciones el nacionalista Dudáyev, sin convocar siquiera un
referéndum, proclamó la separación de Rusia. La confrontación terminó en una
guerra cruenta que Moscú no pudo ganar, produciéndose una segunda edición del
síndrome de Afganistán, la imposibilidad de victoria militar de una gran
potencia, pero con la novedad de que, durante la guerra de Chechenia, la opinión
pública rusa tuvo la oportunidad de expresar su oposición a una solución bélica.
El problema de los refugiados e
inmigrantes se convirtió en otro desafío para los gobiernos democráticos.
Recordemos e! complejo tejido étnico de la URSS. Al desmembrarse, muchos
ciudadanos de repente se convirtieron en extranjeros en su lugar de residencia.
Y se produjo un gigantesco éxodo interior entre las Repúblicas. En 1994 se
evaluó en dos millones el número de personas procedentes sólo de Georgia,
Armenia y Azervbayán, que retornaban a repúblicas rusas. Muchos se encontraban
en tránsito, sin documentación, y eran considerados inmigrantes ilegales.
Con el hundimiento de la
economía estatal surgió el fenómeno de las mafias, ya existentes durante la
URSS, pero que ahora se organizaron en circuitos controlando parte de la nueva
economía. Las dimensiones de la mafia rusa han llegado a ser preocupantes y
constituyen un signo más de la desarticulación del aparato estatal. En febrero
de 1993 el presidente Yeltsin señaló que el 40% de los hombres de negocios y los
2/3 de las operaciones comerciales estaban vinculadas con el crimen organizado,
y sus prácticas se extendían a todo tipo de actividades.
El rumbo hacia la democracia
plena aparece incierto, tanto por la complejidad de los problemas como por e!
carácter autoritario de la mayoría de los dirigentes.
El proceso de paso del
comunismo a la democracia ha sido calificado en Rusia de “transición anómala”.
Parecen haberse mezclado viejos recuerdos de ¡a tradición zarista —en realidad
Yeltsin se ha convertido, como en su día Stalin, en otro “zar”—, con algunas
propuestas reformistas del comunismo diseñadas por Kruschev y en mayor medida
por Gorbachov, y notas liberales copiadas de Occidente. Con tal mezcla se ha
elaborado un cóctel difícil de entender para los occidentales y probablemente
para los mismos rusos, desconcertados por lo incierto del rumbo de su país y por
su falta de tradición democrática.
Una simple enumeración de
problemas dibuja un panorama inquietante: crisis económica interminable, a pesar
de las sucesivas ayudas de organismos internacionales; escasa participación
popular en la política; débil control del ejecutivo por el legislativo; incómoda
situación de las minorías.
La tesis de la presencia eterna
del zarismo en Rusia con diversas modalidades parece acreditarse en el caso de
Yeltsin. Una interpretación de la historia rusa afirma que tras el zar Nicolás
II surgió el “zar” Stalin. En los años finales de siglo aparecería el “zar”
Yeltsin.
Fuente Consultada: Cronos
Historia del Mundo Contemporáneo
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EL PODER RUSIA AL FINAL DE LA GUERRA FRIA
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