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El holocausto judío: El
antisemitismo no era un fenómeno exclusivamente alemán. El odio hacia los judíos
se había exacerbado entre algunos habitantes de otros países de Europa,
coincidiendo con el auge de las ideas nacionalistas y del expansionismo
colonialista. La idea de la superioridad racial ya había sido defendida por los
ingleses para justificar la dominación de pueblos africanos y asiáticos. Sin
embargo, el odio racista nunca antes se había llevado a la práctica de manera
tan sistemática y brutal.
El exterminio del pueblo judío fue
planeado por estado hitleriano. La eliminación de los judíos era parte de la
ideología nacionalsocialista y se sustentaba en el supuesto de que entre los
hombres existen razas superiores inferiores.
La persecución de los judíos
pasó por una serie de fases: en 1933 se inició una campaña de boicot contra ¡os
negocios judíos, en 1935 se promulgaron las Leyes de Nuremberg, por las cuales
fueron excluidos de la ciudadanía alemana, y en 1938 se obligó a los judíos a
llevar un distintivo mientras se hacían más frecuentes los «progroms».
El más dramático de estos «progroms»
tuvo lugar en la llamada «noche de cristal», en la cual fueron destruidos más de
7.000 comercios judíos, casi todas las sinagogas fueron incendiadas y muchos
judíos fueron asesinados impunemente, mientras más de 26.000 ingresaron en
campos de concentración. Pero, fue durante la guerra mundial cuando se produjo
el genocidio. En 1942 Goering encargó a las SS la «solución final» del
problema, es decir, la aniquilación de los judíos, tanto del Reich como de los
países ocupados.
De la
documentación y los estudios se deduce que tres objetivos se proponían los
campos:
a) Terror indiscriminado, para hacer
desaparecer a los enemigos políticos y someter al conjunto de los ciudadanos.
Entre los presos había muchas personas sin culpa objetiva, no habían hecho nada.
Respondía su internamiento a la concepción totalitaria del delito, sobre la que
escribió HANNA ARENDT, algo previsible, imaginario, o simplemente "ejemplar"
para otros.
b) Exterminio de los judíos. Y con ellos de
todos los seres con taras o pertenecientes a grupos considerados inferiores.
c) Experimentos médicos, en los que se
alcanzó una crueldad hasta entonces desconocida, como los que ensayó en
Auschwitz el doctor Mengele sobre sus cobayas humanas: «Hasta la ciencia era
mancillada», señaló con acierto L. Martín-Chauffier. «Si el eco de sus
voces se desvanece, pereceremos», escribió el poeta Paul Eluard. Los
historiadores no parecen dispuestos a permitir que se desvanezca el eco de las
voces de las victimas del horror nazi.
IDEOLOGÍA NAZI:
¿Qué dice Mein Kampf? Hitler puso por
escrito su profesión de fe política mientras se hallaba en prisión. Mein Kampf
(Mi lucha) es un breviario de toda la ideología nazi. En esta obra biográfica y
profética es posible leer con detalle los principales aspectos de la futura
política hitleriana. El nacionalismo es la espina dorsal de esta
ideología: muy contraído por el diktat (dictado) que en 1919 se impusiera a
Alemania, Hitler afirma la necesidad de un desquite, como también la de la
conquista del espacio vital, el Lebensraum necesario para el
desarrollo de Alemania.
Ya en
las páginas de Mein Kampf se afirma el racismo con toda claridad.
Inspirado en las tesis darwinianas de la evolución de las especies, en Gobineau
e incluso en Stewart Chamberlain, Hitler reclamaba para la raza aria, de
hombres robustos, rubios y dolicocéfalos, el derecho de dominar el mundo. La
jerarquía de las razas se encuentra en el centro vital de una doctrina que
considera al Estado ideal la institución encargada de preservar la pureza de la
raza. El antisemitismo, junto con la eutanasia y la eugenesia, son las
consecuencias de ese criterio.
“La antípoda del ario es el
judío. Es difícil que exista en el mundo nación alguna con el instinto de la
conservación tan desarrollado como en el ‘pueblo elegido’. La mejor prueba de
ello es que estal raza continúa existiendo. [...] Así, desde el momento en
que el judío no poseyó jamás una cultura propia, las bases de su actividad
intelectual fueron suministradas siempre por otros. La nación judía, con todas
sus actitudes intelectuales evidentes, no posee una cultura verdadera, por lo
menos una que le sea peculiar. Porque sea cual fuere la cultura que el judío
aparente poseer, ésta será hoy en lo principal, propiedad de otro pueblo,
corrompida, eso sí, gracias a sus manejos. [...] Para poder seguir subsistiendo
como un parásito dentro de la nación, el judío necesita consagrarse a la tarea
de negar su propia naturaleza íntima. Cuanto más inteligente sea individualmente
el judío, tanto más afortunado será su engaño, gracias al cual conseguirá que
una parte considerable de la población llegue a creer seriamente que él judío es
un legitimo francés, un legítimo inglés, un legítimo alemán o un legítimo
italiano, a quien no separa de sus compatriotas otra diferencia que la de la
religión.”
Adolf Hitler, en Mi Lucha
“Si envío a la flor y nata del
pueblo alemán a la guerra, sin lamentar en ningún momento el derramamiento de la
valiosa sangre alemana en el infierno de la guerra, también tengo el derecho de
destruir a millones de hombres de razas inferiores que se multiplican como
parásitos".
Adolf Hitler
LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN NAZI: Uno de los
aspectos más conocidos y a la vez más escalofriantes de la actuación nazi fue la
utilización de campos de concentración. La aplicación práctica de las doctrinas
sobre la superioridad de la raza o sobre el derecho de exterminar a los pueblos
considerados inferiores superó las predicciones más dantescas.
Y lo
más terrible fue que esta tarea no fue casual o improvisada, sino que fue
llevada a cabo con perfecta conciencia y estructurada bajo los principios de la
efectividad y la producti vidad.
Los primeros campos de concentración se abrieron en Alemania hacia 1933, pero
fue durante la Segunda Guerra Mundial cuando éstos se multiplicaron y acogieron
a millones de deportados de toda Europa.
Entre
ellos destacó Auschwitz, que fue creado para llevar a cabo el programa de
exterminio de judíos. Las palabras de Himmler a Hoss, comandante
del campo, en 1941 son muy reveladoras: «El Führer ha ordenado la solución
definitiva de la cuestión judía. Nosotros, la SS, hemos de cumplir esta orden.
Los lugares de matanza que existen en el este no dan abasto para llevar a cabo
esta tarea a gran escala. En consecuencia, se ha destinado para este fin el
campo de Auschwitz, tanto por su ventajosa situación desde el punto de vista de
las comunicaciones, como también porque este terreno puede ser fácilmente
aislado y camuflado...”
LA LLEGADA AL CAMPO DE CONCENTRACIÓN: La
distancia que separaba a ciertos prisioneros de Auschwitz podía llegar a ser de
2.400 km. Este largo trayecto lo hacían en vagones de mercancías cenados.
Mientras duraba el transporte no recibían ningún tipo de comida y, además, eran
privados de cualquier instalación sanitaria [...]. Las cerraduras de los vagones
se abrían por primera vez en la rampa de Birkenau, que acababa justo ante los
crematorios [...]. Una vez descargados los vagones, los pasajeros debían dejar
su equipaje y pasar una selección. Los judíos desfilaban uno a uno ante un
médico de las SS, que decidía su utilidad para el trabajo [...].
Después eran empujados en dirección al bloque 26, ante el cual les cortaban el
pelo y se les obligaba a entrar en los baños, donde se les remojaba con agua
hirviendo o helada y más adelante, sin tener en cuenta la estación del año, les
hacían salir desnudos al patio. Allí les daban los uniformes del campo,
generalmente demasiado pequeños o demasiado grandes, pero siempre rotos y
sucios. A continuación comenzaba el empadronamiento de los que acababan de
llegar. Una vez se había tomado nota de sus datos personales, se les asignaba un
número, que les tatuaban en el antebrazo izquierdo. El mismo número debía
llevarse en la ropa en un lugar bien visible [...].
Acabado el registro de los datos personales, el preso pasaba a la cuarentena,
donde permanecía de seis a ocho semanas [...]. Allí eran adiestrados
militarmente y los malos tratos físicos eran muy frecuentes. Además, como no
trabajaban, recibían una ración de comida más pequeña que el resto de los
prisioneros. La finalidad de la cuarentena era aterrorizar al preso, provocando
su hundimiento fisico y psíquico. Los presos que conseguían superar la
cuarentena eran destinados a una de las compañías de trabajo denominadas “Komando”.
Gula del Museo de Auschwitz.
Katowice, 1979.
Un día en Auschwitz:
El día del prisionero comenzaba y acababa con revistas [.1. La finalidad de
pasar revista consistía en controlar el número de presos que se presentaban
[...]. Mientras duraba la revista todos los deportados eran colocados en
columnas de 10 y tenían que mantener la posición de firmes [...]. En general las
revistas eran prolongadas voluntariamente por las SS y podían llegar a durar
horas [...]. Después comenzaba la jornada laboral. Los prisioneros eran
utilizados en los trabajos de las obras y en los de ampliación del campo, pero
también en tareas agrícolas, mineras e industriales [..]. El preso recibía
comida tres veces al día. En general el almuerzo consistía en medio litro de
café o de una infusion con 5 gramos de azúcar como máximo. La comida comprendía
una sopa que se componía en teoría de patatas, col, nabos y un pequeño trozo de
carne o grasa. Con frecuencia, sin embargo, la sopa se hacía con restos de
productos traídos en grandes camiones. Las sobras no se lavaban y a menudo en la
sopa flotaban trozos de periódico, botones, etc. Para cenar había solamente
medio litro de café o de infusión, un trozo de pan y un poco de embutido. [...]
Una vez acabado el trabajo se volvía a pasar revista y después venía el descanso
en unos barracones donde dormían cerca de 200 presos en un espacio preparado
para 40 6 50 personas. En cada lecho dormían 3 ó 4 personas, lo cual obligaba a
estar siempre de lado. En estas condiciones no se podía dormir, y la noche, en
vez de ser un tiempo de descanso, era una prolongación de las penurias del día.
Guja del Museo de Auschwitz.
Katowíce, 1979.
La utilización económica de los prisioneros:
La
gran industria alemana estaba bien representada en Auschwitz. Las fábricas
Krupp, Siemens, Unión, pero sobre todo la 1.0. Faber-industrie, que había
iniciado la construcción de una fábrica de caucho sintético, se aprovechaban del
trabajo de los prisioneros. El lugar había sido escogido por la gran reserva de
mano de obra disponible y también —se puede creer— por el buen precio de ésta.
Las empresas pagaban a las SS seis marcos diarios por cada obrero cualificado y
cuatro por los no cualificados. El coste de mantenimiento de cada prisionero no
llegaba a un marco diario. Así. desde el punto de vista financiero, las dos
partes contratantes conseguían un buen beneficio.
POLIAKOV, L.: Auschwitz.
Declaración de un miembro de
los SS ante el Tribunal Internacional de Nuremberg en 1947:
Era
el SS Pohl quien se encargaba [...] de convertir en dinero todo aquello que
había sido arrebatado a los prisioneros, es decir, joyas, dientes de oro,
petacas, vestidos, relojes, gafas, zapatos, etc. [...]. Pohl escribió el 6 de
agosto de 1942 a los mandos de 16 campos de concentración: «Los cabellos de las
víctimas han de ser cuidadosamente recogidos [...] para ser empleados en
nuestras industrias para la fabricación de zapatillas para la tripulación de
nuestros submarinos”.
Y, al final..., el
exterminio: Declaraciones del excomandante de Auschwitz, R. Hóss, en
el proceso de Nuremberg
"Dirigí el campo
de Auschwitz desde el 1 de septiembre de 1943 y calculo que, como mínimo, dos
millones y medio de personas fueron muertas en la cámara de gas y que medio
millón más murió de hambre y enfermedades [...]. Esta cifra representa del 70 al
80 % de todas las personas que fueron destinadas allí [...]. El comandante de
Treblinka [...] utilizaba gas monóxido, pero no estaba demasiado satisfecho del
resultado. Por eso, me decidí por el Zyklon B. Según la temperatura, las
víctimas tardaban de cinco a quince minutos en morir. Sabíamos que estaban
muertas cuando dejaban de gritar."
EXPERIMENTOS
ATROCES: Josef Mengele
llegó a Auschwitz en marzo 1943. Aquel siniestro investigador de tremo dos años
—condecorado con la Cruz de hierro apodado el “Ángel de la muerte”— torturó a
gran cantidad de prisioneros, sometiéndolos a los experimentos más terribles. Su
apellido quedó col sinónimo del honor que se vivió en aquel campo de exterminio.
Los pocos sobrevivientes de Auschwitz lo recordaron como el arquetipo del
oficial nazi: rubio de pelo corto, ojos azules, bien uniformado, botas
relucientes y una actitud altiva absoluto desprecio hacia los internos.
En
aquella tenebrosa instalación, los guardas arrancaban los dientes de oro de los
cadáveres para fundirlos y utilizarlos en la fabricación joyas. Nada debía
desperdiciarse. Ni siquiera el pelo de los prisioneros judíos, que se usaba p.
el revestimiento de algunas piezas de submarinos.
Se
examinaba todo, incluso la ropa interior. Los nazis encontraron diamantes, oro,
dólares y otras divisas europeas. Cuando la guerra final minutos antes de
ser ejecutado por los aliados el director de aquel infierno, Rudolf Hess, seguía
manteniendo, sin culpa, que el asesinato de judíos fue “una solución correcta”.
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