|
Todos
hemos visto un diamante,. una mina de lápiz, un trozo de carbón. ¡Qué diferencia
hay entre ellos! El diamante es el más duro de los cuerpos; el grafito de la
mina es negro o gris como el plomo, y blando a tal punto que deja trazos sobré
una hoja de papel; el trozo de carbón es totalmente negro, friable y de forma
irregular.
Sin embargo, y pese a ser tan disímiles por su aspecto, valor y usos a que se
los destina, el diamante, el grafito y el carbón no. son sustancias diferentes,
sino tan sólo tres estados de una misma materia, así como el agua, el hielo y el
vapor de agua son un mismo cuerpo en estado líquido, sólido y gaseoso.
En
nuestro caso, se trata del carbono, sustancia muy común en la naturaleza,
elemento fundamental de todas las materias orgánicas, que se encuentra asimismo
en la base de la formación de todos los minerales. El carbono puro y
cristalizado constituye el diamante y el grafito que acabamos. de describir.
En
estado amorfo e impuro, constituye los carbonos fósiles: son las sustancias
compuestas principalmente de carbono, y que aparecen como residuos de la
descomposición . de materias orgánicas, sometidos a un largo proceso natural de
transformación. Para comprender con claridad este proceso, es necesario volver
hacia atrás, a una época de la que nos separan millones de años. Mucho antes- de
que el hombre hiciera su aparición sobre la tierra, existían. inmensos bosques
de helechos y asperillas, entre árboles de enormes troncos. Estas plantas
envejecieron, murieron y fueron enterrándose paulatinamente; grandes
cataclismos, hundimientos que ni la imaginación más fecunda puede concebir,
obligaron a los océanos a invadir las vastas extensiones otrora recubiertas de
bosques.
Al
cabo de otros muchos años, después de retirarse los mares, una lujuriosa
vegetación volvió a crecer sobre lo qúe había sido el suelo submarino, hasta que
nuevos plegamientos telúricos motivaron una nueva invasión de las aguas. Esta
sucesión de hundimientos y plegamientos, varias veces repetidos, está en el
origen del pro~SO de carbonización de los vegetales; éstos tnercn int~aAndose
progresivamente en las entrañas de la tierra, lejos del aire y de la luz.
Ocurrió pues lo siguiente: las sustancias vegetales, constituidas principalmente
por compuestos de carbono, de hidrógeno y de oxígeno, al no hallarse ya en
contacto con el aire, fueron perdiendo el oxígeno y el hidrógeno, y aumentaron
su tenor en carbono; pasaron por los estados sucesivos de turba, carbón de
tierra y antracita. El examen químico de los carbones y rocas que rodean estos
yacimientos nos ha permitido descubrir algunos secretos; podemos saber erv• la
actualidad la edad de los carbones guiándonos por el índice de carbono que
contienen, y fijamos, con bastante precisión, los límites que separan los
distintos tipos. Se han clasificado en cuatro categorías: el carbón, la hulla,
el lignito y la turba. La antracita es el más antiguo de los carbones fósiles.
Su
formación remonta a la época primaria o paleozoica, más exactamente a aquel
período que, debido justamente a los grandes yacimientos de carbón que en él se
formaron, es llamado período carbonífero. La antracita presenta un brillo casi
metálico; es pesada y compacta, y ya su estructura no revela la de la madera en
que tuvo su origen. Con una buena circulación de aire, arde totalmente y
constituye, por lo tanto, un excelente combustible. En América del Norte,
Francia, Gran Bretaña, Alemania y Rusia existen importantes yacimientos de
antracita; otros países también poseen hulla seca, pero en menor cantidad.
La
hulla, cuya formación remonta a la época paleozoica y mesozoica, contiene
aproximadamente 80 a 85 % de carbón. Es negra y opaca y, según la calidad, se
parece al lignito o a la antracita. Este carbón, graso y rico en sustancias
bituminosas, sirve para la fabricación del gas de alumbrado. El carbón “magro”
es el más usado en metalurgia. Se hallan grandes yacimientos de hulla en Estados
Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Rusia y China. Las regiones mineras de estos
países presentan un aspecto sombrío; las aglomeraciones que allí se forman
sugieren campamentos estables, y pareciera que una lluvia de cenizas hubiera
caído sobre el paisaje. La vida toda parece surgir de las entrañas de la tierra.
El
carbón, en todo otro lugar es esclavo; aquí es dueño, y causa de tanta riqueza y
miseria. El lignito se formó con la edad terciaria; es pues e] tipo de carbón
más reciente entre los que hemos enumerado; el porcentaje de carbono es también
inferior y oscila entre el 70 y el 80 %. El lignito conserva a veces estructura
de la madera de que proviene. Se encuentran minas importantes de lignito en
Alemania, Rusia, Checoslovaquia, Italia (especialmente Venecia, Toscana, Umbría)
y en Cerdeña.
La
turba es de la época cuaternaria y, contrariamente a los demás carbones, no está
formada por la carbonización de materias leñosas, sino por la acumulación de
musgos gigantes y plantas de los, pantanos, cuyo procese de carbonización no
está concluido. - Contiene una cantidad mucho menor de carbono (apenas 55 %) -
Tiene un color amarillo parduzco v en el momento de la extracción contiene aún
mucha agua. Por esta causa debe ser secada y comprimida antes de utilizársela
como combustible. Al arder despide mucho humo y deja un abundante residuo de
cenizas. ‘Se la emplea también para lecho de los animales.
De
ella se extrae por destilación distintos gases combustibles, como el. amoníaco’
y el ácido acético. Existen grandes ‘turberas en Alemania, Dinamarca, Holanda,
Rusia, Francia, Argentina, etcétera. Hemos ‘visto hasta qué punto el tiempo es
un factor importante en la formación del carbón. No es, sin embargo, el único;
otros factores decisivos han sido la presión y la temperatura, pues éstos pueden
favorecer o detener el proceso de carbonización. Efectivamente, en aquellas
regiones en que faltaron estos elementos, la carbonización de los vegetales
leñosos se ha visto entorpecida y apreciablemente - frenada. Este es el caso de
los yacimientos de Moscú, en que encontramos carbón del período carbonífero con
todas las características del lignito.
En
Pensilvania ‘existe un yacimiento de carbón que presenta una característica muy
curiosa: en las partes que han soportado fuertes plegamientos. (esto es, que
estuvieron durante más tiempo sometidas. a la presión y al calor) se extrae
antracita; en las que sufrieron menos el rigor de estos elementos sólo se
encuentra carbón de tierra. ‘ . Según las eras geológicas, varía el tipo de
plantas que suministraron la materia prima para la formación del carbón: la
antracita y la hulla derivan, por lo general, de los helechos y asperillas, y,
en menor proporción, de las cicadeas y de las coníferas.

(Imagen de:
http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Producci%C3%B3n_carb%C3%B3n_2007.png)
El
lignito deriva de las coníferas, de. las palmeras $~ de los plátanos. La turba,
que está aún en formación, proviene , de las gramíneas y, en general, de las
hierbas’ de los pantanos. En tanto la antracita y la hulla se presentan en forma
de capas superpuestas y alternadas con otras de consistencia pedregosa que miden
a veces más de 1.000 metros de profundidad, el lignito se presenta en pocas
capas y la turba en una sola. Se atribuye este hecho a la existencia de inmensos
bosques, que se extendían sobre las superficies pantanosas, a lo largo de las
costas marítimas y a orillas de los lagos, que las aguas cubrían con cierta
frecuencia. El material arcilloso y la arena fueron llevados a la depresión,
donde se formó la capa litoidea.
El
ciclo de la vegetación vuelve a empezar, y sigue un nuevo hundimiento y
rellenamiento, y así sucesiv5mente durante extensos períodos. Los usos del
carbón son innumerables; gran parte de él se utiliza para la producción de vapor
y de fuerza motriz, tanto en las industrias como en el transporte. Desde hace
siglos, el carbón fósil es el combustible más usado para la calefacción y para
la alimentación de los hornos y fundiciones. Además, permite obtener por
destilación gas de alumbrado y toda una gama de subproductos como el asfalto y
el amoníaco.
Se
calcula que para abastecer todos los mercados se extraen anualmente de las
entrañas de la tierra, aproximadamente 1.500 millones de toneladas de carbón
fósil. Los países más ricos en carbón son los Estados Unidos, Gran Bretaña,
Alemania y Rusia. Los yacimientos europeos más importantes se encuentran en el
País de Gales, en Polonia y en el Sarre, que fuera causa de largas discusiones
entre Francia y Alemania, territorio independiente desde 1947, unido a Alemania
en 1955. Los carbones que acabamos de mencionar son naturales, pero existen
carbones artificiales. Los más usuales son: el carbón de madera, el coque, el
negro de humo y el carbón animal.
El
carbón de madera se obtiene de la siguiente manera: se dispone un montón de
madera, recubriéndola luego con hojas y tierra. Se toma la precaución de
practicar un orificio que comunica con otras aberturas dé la base y que permite
encender el fuego, a la vez que sirve de conducto para el aire y el humo.
Durante la carbonización es necesario evitar todo contacto entre la madera y el
exterior, Con este procedimiento, mediante la descomposición de la celulosa y
otras sustancias, se obtiene el carbón de madera, que arde con mayor facilidad
que los otros y produce gran cantidad de calorías.
El
coque se obtiene como residuo de la destilación de la hulla; es muy usado
también como combustible. El carbón de retorta se forma sobre las paredes de las
retortas y otros recipientes que se utilizan para la destilación de la hulla; no
sirve como combustible, pero entra en gran parte en la preparación de carbones
para lámparas y pilas. El negro dé humo es un polvo ligero, que se emplea en la
preparación de barnices, tintas de imprenta y colorantes.
El
carbón animal es un polvo pesado, de color negro, y se lo obtiene por
calcinación de los huesos; se le da gran importancia en los procesos de
decoloración de sustancias orgánicas. Es interesante seguir paso a paso el
desarrollo bajo tierra de las numerosas galerías que van bordeando los filones
más ricos de este valioso mineral negro: una mina, en su aspecto más
esquemático, está formada por uno o varios pozos que penetran en la tierra a
cientos de metros de profundidad. De estos pozos salen como ramificaciones
numerosas galerías, orientadas hacia los filones localizados de antemano.
Las
grandes minas están provistas de varios pozos como el que acabamos de describir:
cada uno de ellos tiene un ascensor especial, que permite bajar y subir con
rapidez, y se utiliza tanto para los mineros como para el carbón y las
herramientas. El trabajo de las minas es de los más duros que pueda imaginarse.
En
épocas lejanas se empleaban para estos trabajos los esclavos más robustos, y
estaban destinados a no volver a ver la luz del día. A la fatiga propia del
trabajo, el calor excesivo, la humedad y falta de aire, se suma el grave peligro
que constituye la formación de grisú (mezcla explosiva del gas de extracción,
compuesta principalmente de hidrógeno carburado que se desprende en las minas de
hulla y hace explosión al encontrar un cuerpo inflamado), que suele provocar
catastróficos hundimientos. Lamentablemente, aún en nuestros días, las tragedias
en las minas son inevitables.
Cada
mañana el minero deja su familia para bajar a grandes profundidades, ignorando
si ha de volver. Pese a ello, los obreros de las minas prosiguen valientemente
su trabajo; perforan la tierra en corredores a menudo muy angostos y bajos, que
les obligan a arrastrarse, manejando pesados martillos neumáticos, con el fin de
proporcionar a las usinas, a los hogares y a la industria, el combustible
necesario para el funcionamiento de las máquinas y el mantenimiento del confort
moderno
|