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La
primera gran innovación en la industria textil fue la lanzadera volante de
Kay (1733) , permitía tejer más rápidamente piezas más anchas. El
resultado
fue la falta de hilo y, por tanto, el inicio de mejoras en los métodos de hilar.
En 1767 la "Jenny" de Hargreaves, con un sistema sencillo de husos
múltiples, permitió hilar en gran cantidad.
El siguiente paso sería el telar
mecánico de Cartwright (1785), que volvió a equilibrar los dos procesos,
pero con un brutal aumento de la producción. Fue en Lancashire, una
región tradicionalmente textil, donde se concentró gran parte de esta industria
y Manchester se convirtió en la gran «ciudad del algodón», y donde nació
el primer industrial millonario de este rubro:
Robert Pell
Carbón y hierro; La industria textil era, no obstante, una industria de
bienes de consumo, que no proporcionaba ni energía ni instrumentos para otras
industrias. El segundo escalón de la industrialización en Gran Bretaña se situó
en el sector del carbón y la siderurgia. El carbón fue el combustible, el
»pan de la industria»,
del siglo XIX.
Con él se alimentaban las máquinas de vapor y era igualmente
necesario para la siderurgia, que se estaba desarrollando con fuerza para
proporcionar hierro para las nuevas máquinas.
Durante la primera mitad del sial: XVII la demanda creciente de hierro para
fabricar barcos, municiones y herramientas, proporcionó el estímulo necesario
para intentar encontrar un combustible menos costoso y mas efectivo para
la fundición del hierro en los altos hornos que el tradicional carbón vegetal.
La
sustitución del carbón vegetal por el carbón de coque, con mucho más poder
energético y su utilización en un alto horno, permitieron, por un lado un
extraordinario crecimiento del sector minero del carbón y por otro, la
producción de hierro en grandes cantidades
El
descubrimiento de Darby en 1732, que utilizó carbón de coque (hulla destilada de
sus elementos sulfurosos un alto horno, dio el primer impulso a la industria
siderurgica y unió indisolublemente el carbón y el hierro.
En 1783. la nueva
técnica del pudelaje y laminado (fundir y golpear el hierro para eliminar las
escorias), y en 1829, el horno de aire caliente de Neilson, que convertía
el hierro en acero, permitieron emplear este material en múltiples instrumentos:
utillaje agrícola, máquinas, vías férreas, locomotoras.
Fuente Consultada: HOBSBAWM, E. J.:
Industria e imperio
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