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Lewis Carroll: Un país
de maravillas
“O
el pozo era en verdad muy profundo, o ella caía muy despacio, porque
Alicia, mientras descendía, tuvo tiempo de sobra para mirar a su
alrededor y para preguntarse qué iba a suceder después…”
Así comienza la fantástica aventura de
Alicia en el País de las Maravillas, que por más de un siglo ha
sabido conservar su popularidad, y ha logrado influir en los autores
contemporáneos, artistas, músicos, llevando su figura y su magia a
un sinfín de adaptaciones.
Aquel personaje y aquella historia
maravillosa surgieron de la particular mezcla de creatividad,
fantasía, absurdo, sátira e ingenio que existían en la mente de sir
Charles Lutwidge Dodgson, más conocido como Lewis Carroll.
Había nacido el 27 de enero de 1832 en
la ciudad de Daresbury, en el norte de Inglaterra, siendo el tercer
hijo varón de una familia compuesta por siete mujeres y cuatro
niños, todos hijos del reverendo y profesor Charles Dodgson y su
mujer Frances Jane Lutwidge.
Durante su niñez, Lewis vivió con su
familia en una aldea rural aislada, por lo que no tenía demasiados
amigos, aunque aquello no fue motivo para que el pequeño hallara la
forma de pasar el tiempo. Y fue precisamente en la literatura donde
encontró su mayor hobbie de infancia, y su vocación adulta.
Ya a los 12 años de edad, Charles se
dedicaba a realizar los manuscritos de la “Rectory Magazine” de la
rectoría de Umbrella. En 1844 asistió a la escuela Richmond, en
Yorkshire y dos años después a la Escuela de Rugby, periodo en el
que debió enfrentarse a una serie de enfermedades que debilitaron su
salud, e incluso le dejaron como secuela la sordera de uno de sus
oídos. Ante esto, al finalizar sus estudios en Rugby estuvo un año
bajo la tutela educativa de su padre, durante lo cual se matriculó
en el Christ Church, en Oxford.
Destacado principalmente en los campos
de las matemáticas, en 1855 fue nombrado profesor de dicha cátedra.
Durante aquel período llevó a cabo una importante serie de trabajos
académicos, los cuales fueron firmados con el nombre de Charles L.
Dodgson.
La inspiración para su máxima
creación, estamos hablando de “Alicia en el País de las Maravillas”,
se le atribuye a un simple paseo que Lewis y sus hijos compartieron
junto a Henry George Liddell, el decano de Christ Church, y sus
hijas Lorina, Alice y Edith. Aquella tarde se dirigieron recorrer el
Támesis en barca, y los juegos entre los niños dispararon su gran
imaginación.
Se cuenta que durante un picnic que
realizaron esa tarde a orillas de aquel río, Lewis entretuvo a los
niños con una historia improvisada, cuyo personaje principal era
Alice. Luego de aquella excursión, la pequeña Alice Liddell le pidió
que escribiera la historia, dando lugar a que Carroll profundizara
sobre aquella narración.
Lo que en principio surgió como un
simple cuento manuscrito, cuyo título original había sido “Las
aventuras subterráneas de Alicia”, tiempo después se convirtió en la
máxima obra del autor.
Aquel primer manuscrito fue obsequiado
a Alice Liddell para Navidad, y por las vueltas del destino el
cuento llegó a manos del novelista Henry Kingsley, quien comenzó a
convencer al autor para su publicación.
Finalmente, en 1865 el libro fue
publicado bajo el título de “Las aventuras de Alicia en el país de
las maravillas”. Inmediatamente el libro fue un éxito, y al año
siguiente el autor comenzó a trabajar en la secuela de la historia.
Así fue que en 1872 se publicó “Alicia a través del espejo”,
continuando el relato de la primera novela, y considerado un trabajo
tan bueno o mejor que su predecesor.
Cabe destacar que luego de la muerte
de Carroll, se publicó una edición que contenía ambos volúmenes,
titulada “Alicia”, que se convirtió en el libro infantil más popular
en Inglaterra, y seguramente la obra literaria para niños más famosa
en el mundo.
Por supuesto que el autor produjo
otras obras, tales como “La caza del Snack”, “El juego de la
lógica”, “Un cuento enmarañado”, “Silvia y Bruno” y “Diario de un
viaje a Rusia”, entre otras publicaciones, pero lo cierto es que la
historia de Alicia siempre ha sido considerada su obra cumbre.
Al margen de la literatura, Lewis es
también recordado como un excelente fotógrafo de retratos, aunque
aquella afición fue abandonada por él para siempre en 1880. La
muerte lo alcanzó en Guildford, el 14 de enero de 1898. |