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Cuando Howard Carter comenzó a excavar en el Valle de los Reyes de Egipto, su
ambición era encontrar una tumba real completa, con todos sus tesoros. Muchos lo
habían intentado antes y habían fallado. Durante años, Carter trabajó
diligentemente bajo el sol abrasador. Entonces, en 1922, encontró un escalón en
el fondo del valle.
Las
colinas de caliza se yerguen áridas y resquebrajadas en el desierto. A sus pies,
las escombreras cubren el fondo del valle. Es este un lugar un tanto agobiante y
claustrofóbico, que parece una enorme cantera. Pero este vasto escorial esconde
secretos milenarios —es el cementerio de los amos del antiguo Egipto, El Valle
de los Reyes.
En
1891, Howard Carter, de 17 años de edad, llegó a Egipto desde Inglaterra para
trabajar como delineante arqueológico. Su trabajo consistía en bosquejar las
pinturas de las tumbas egipcias. Gracias a su gran precisión, Carter se hizo tan
imprescindible que pronto comenzó a ayudar en las excavaciones propiamente
dichas. Su pasión por la egiptología pronto se convirtió en su único interés y
en 1900 fue nombrado inspector en jefe de monumentos en el Alto Egipto y Nubia.
Gran parte de su trabajo se desarrolló en el Valle de los Reyes, donde se habían
excavado muchas, pero no todas las tumbas de los faraones egipcios.
Cuando Carter comenzó su labor, no se había hallado aún ninguna tumba completa.
Encontrar una tumba intacta con sus tesoros funerarios seguía siendo el sueño de
los arqueólogos. Pero, por ahora, el Valle de los Reyes guardaba sus secretos.
(Imagen: Lord Carnarvon y Horwar Carter)
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Una
Colaboración Histórica: |
A
principio de siglo Egipto era una destilación muy popular entre los turistas y
un balneario para los ricos. Entre los visitantes habituales se encontraba
George Herbert, conde de Carnarvon, que paso varios invierns en Egipto
recuperándose de un grave accidente de coche. Hasta ese momento se habia
dedicado a coleccionar antigüedades y acababa de comprar una concesión para
excavar en Tebas (ahora Luxor). Pero en 1907 se dio cuenta de que necesitaba un
ayudante y consejero. Ese año, le presentaron a Carter y lo invitó a unirse a su
empresa. Carnarvon era rico y generoso y a Carter, que acababa de abandonar su
cargo oficial, le debió parecer una excelente oportunidad. Así comenzó una
colaboración histórica.
Carter y Carnarvon querían excavar en el Valle de los Reyes, pero el dueño de la
concesión era Theodore Davis, un americano rico. Davis decía haber encontrado
pistas de la tumba del faraón Tutankamon, de dieciocho años de edad. Se creía
entonces que el jovén faraón había muerto, probablemente de tuberculosis, 3.300
años atrás. Pero Davis no había encontrado su tumba, como él creía. De hecho,
todas las tumbas encontradas hasta ese momento en el Valle de los Reves esiaban
vacías. Habían sido saqueadas por ladrones de tumbas.
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Un
acercamiento meticuloso |
No se
sabe a ciencia cierta cuándo Howard Carter se obsesionó con la idea de hallar la
tumba del joven monarca, pero el caso es que cuando Davis abandonó su concesión
en 1914, Carter y Carnarvon se apoderaron de ella al instante. Carter estaba
convencido de que en algún lugar de ese silencioso y rocoso valle, descansaba
Tutankamon.
Carter sabía que a no ser que organizara la búsqueda con seriedad científica,
sería como buscar una aguja en un pajar. Su meticuloso trabajo incluía técnicas
que ahora se consideran esenciales pero que, a principios del siglo veinte
parecían excesivas. Pero al poco tiempo de comenzar su trabajo, estalló la
Primera Guerra Mundial y tuvo que abandonar su tan esperada oportunidad.
En
1917, Carter pudo continuar su trabajo. Era un esfuerzo agotador ya que el Valle
de los Reyes estaba plagado de restos de arena y roca
removida en las primeras excavaciones, así como en otras más recientes. Además,
para confundir a los ladrones, los primeros constructores habían arrojado
montones de tierra en lugares alejados de la zona en que estaban trabajando.
Este sistema servía a su vez para confundir a los arqueólogos 3.000 años
después. Por otro lado, el calor estival era tan intenso que las excavaciones
podían realizarse tan sólo en los meses de invierno.
Año
tras año, Carter continuaba su búsqueda, vaciando el fondo del valle hasta
encontrar la roca. Después de cinco años de trabajo, los trabajadores habían
sacado 200.000 toneladas de arena y escombros usando herramientas manuales y
cestos, como habían hecho en el pasado los es laves del antiguo Egipto. En 1922
Carter según a sin encontrar nada verdaderamente importante. Lord Carnavon
decidió interrumpir su financiación y llamó a Carter al çastillo de
High-clere,,, en sus posesiones de Berkshire para comunicarle la mala noticia.
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Una
nueva oportunidad |
Anticipando la decisión de Carnarvon, Carter llegó a Highclere preparado con
todos los argumentos necesarios para continuar el trabajo. Según Carter, existía
una zona del valle que aún no habían investigado sistemáticamente. Estaba cerca
de la tumba de Ramsés VI, que había reinado poco después de Tutankamon, cerca de
la cual Davis había encontrado unos pocos e incomprensibles artefactos con el
nombre de Tutankamon grabado. Rogó a Carnarvon que le dejara continuar el
trabajo, diciendo que él mismo financiaría el resto de los hallazgos si no se
encontraba nada. Camarvon, impresionado por la decisión de Carter, accedió a
pagar un año mas.
Carter volvió a Egipto y se dispuso a limpiar la zona justo delante de la tumba
de Ramsés VI. Era el 4 de noviembre, justo antes de la llegada de los turistas y
Carter esperaba poder evitar sus interrupciones diarias. Inmediatamente, los
empleados de Carter encontraron algunas cabañas utilizadas por los obreros en la
época en que se construyó la tumba. El cuatro de noviembre ya habían retirado
todas las cabañas y los obreros comenzaron a excavar hasta la roca de fondo, un
metro más por debajo. Al llegar a la roca, encontraron un escalón cavado en
roca. Al día siguiente descu12 escalones más, asi como la parte superior de una
puerta, cubierta de yeso y cerrada con un antiguo precinto. Este mostraba al
zoomorfo dios Anubis, con cabeza de chacal, sobre un grupo de nueve cautivos
atadas: el precinto utilizado por guardianes de tumbas egipcios para sellar las
tumbas importantes. Carter estaba muy emocionado. ¿Podría ser esta la tumba que
llevaba tanto tiempo buscando la cámara funeraria de Tutankamon? Armado de
paciencia, Carter interrumpió la excavación y envió un cable a Carnarvon: «Por
fin he hecho un gran descubrimiento en el valle; una tumba magnífica con los
precintos intactos; lo he vuelto a cubrir esperando su llegada; enhorabuena.»
Durante tres semanas, Carter tuvo que contener su emoción.
La
tentación de romper las puertas y ver qué había en su interior debió ser enorme,
pero Carter decidió esperar hasta que su patrocinador llegara a Egipto.
Carnarvon y su hija, lady Eveivn Herbert, llegaron a Luxor el 23 de noviembre.
Al día siguiente presenciaron cómo volvían a descubrirse los 16 escalones que
conducían a la tumba.
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El
sello deTutankamon |
Una
vez descubierto el resto de la puerta, Carter y Carnarvon descubrieron el sello
de Tutankamon en su base. Por fin habían descubierto la tumba del esquivo
monarca. Pero los sellos y la puerta daban muestras de haber sido hollados miles
de años atrás. ¿No volverían a encontrar otra tumba vacía, con sus tesoros
expoliados? Sólo había una manera de descubrirlo. Cuando retiraron los bloques
que sellaban la entrada, encon
titron un túnel lleno de escombros. El 26 de noviembre por la tarde, ya habían
conseguido retirar los escombros y encontraron una nueva entrada bloqueada.
Temblando de emoción, Carter hizo un agujero en la esquina superior izquierda de
la puerta. Introdujo una vela y miró por el hueco. Al principio no podía ver
nada, pero a medida que sus ojos se adaptaban a la oscuridad, comenzó a
distinguir unas estatuas y el brillo del oro en la oscuridad. «Ve algo?»,
preguntó Carnarvon, sin poder contener su impaciencia. «Sí, cosas increíbles»,
contestó Carter.
Fue
el descubrimiento arqueológico del siglo. La prensa mundial se volcó sobre la
noticia y Carter, Carnarvon y Tutankamon se convirtieron en estrellas al
instante. Pero la emoción estaba cuajada de dificultades. Carter y Camarvon
otorgaron al Times de Londres la exclusiva absoluta sobre la noticia.
Inevitablemente, el resto de la prensa, frustrada por su exclusión, se dedicó a
fraguar historias contra los descubridores: diciendo que estaban vaciando la
tumba sin permiso; que se habían quedado varios objetos. Por otro lado, la gente
quería ver el increíble hallazgo.
Carter tenía mucho trabajo de carácter científico que realizar, pero era
interrumpido constantemente por la curiosidad de jefes de Estado y miembros de
la realeza. Bajo tanta presión, se enfrió la cordialidad entre Carter y
Camarvon. En la primavera de 1923, lord Carnarvon murió de neumonía, al
complicarse un envenenamiento de la sangre causado por la picadura de un
insecto. Carter se quedó solo para continuar el trabajo.
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El
trabajo de toda una vida |
El
trabajo tardó diez años en completarse. Gracias al carácter extremadamente
metódico de Carter, cada uno de los 4.000 objetos de la tumba fue fotografiado
in situ y registrado antes de retirarse. Se tardó dos meses en vaciar la
antecámara. El montón de carruajes, camas, tronos y cajas removidos por los
ladrones en la antigüedad, habían sido amontonados de cualquier manera por los
enterradores oficiales cuando volvieron a sellar la tumba. Carter se negaba a
entrar en la cámara funeraria hasta haber estudiado, restaurado y enviado a El
Cairo, todos los objetos de la antecámara.
Mascara mortuoria de oro macizo
encontrada sobre la monia de Tutankamon
Los
ataúdes que contenían el cuerpo momificado de Tutankamon no llegaron a abrirse
hasta 1925, descubriéndose entonces el ataúd y la máscara mortuoria, ambas de
oro macizo. Había más de 143 joyas de oro distribuidas alrededor del cuerpo. Dos
años más tarde, se retiraron los últimos objetos para ser restaurados, pero
¡hasta 1932 no se envió el último objeto de la tumba a El Cairo, después de
haber examinado las demás cámaras.
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Una
dedicación completa |
El
descubrimiento de la tumba de Tutankamon es uno de los hallazgos arqueológicos
más importantes de todos los tiempos, pero Carter y Carnarvon tuvieron que
dedicarse a él de pleno durante 15 años. Sin la generosidad de Carnarvon y la
obsesión y tenacidad de Carter, los fabulosos contenidos de la tumba jamás
habrían visto la luz. ¿Y Tutankamon? Continúa en el Valle de los Reyes, siendo
el único monarca del antiguo Egipto que permanece en su tumba.
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La Maldición de la Tumba de
Tutankamon |
Tras
la inesperada muerte de lord Carnarvon, surgió el rumor según el cual, todo
aquel que entrara en la tumba de Tutankamon sería víctima de una maldición. Los
periódicos de la época le dieron mucha importancia al rumor y se regocijaban en
la malicia y el melodrama. Es cierto que dos personas clave murieron durante la
excavación de la tumba: uno era Carnarvon y el otro, el arqueólogo Arthur Mace.
Todos los demás sobrevivieron y algunos su peroran los ochenta años de edad. Los
rumores eran tan persistentes que el propio Carter tuvo que defenderse de la
idea de una maldición: «... cualquier persona en su sano juicio haría caso omiso
de esta elucubración. Esta clase de maldiciones están completamente ausentes de
los rituales egipcios».
OTRO DESCUBRIMIENTO:
La momia de Hatshepsut fue
una de las dos momias femeninas halladas en 1903 por Howard Carter en una
pequeña tumba del Valle de los Reyes, denominada KV60. En el sepulcro, de unos
40 metros cuadrados, había dos momias, y desde entonces se pensó que una podía
ser de la reina y otra de su nodriza, Sitre In. Los investigadores califican el
descubrimiento como “el más importante en la egiptología desde 1922, fecha del
hallazgo de la tumba del faraón Tutankamón por el británico Howard Carter”. Hatshepsut
es una de las reinas más famosas del Egipto faraónico: ocupó el trono entre 1479
y 1458 a.C., y fue una de las “estrellas” de la pujante XVIII dinastía. A ella
está dedicado el famoso templo de Deir al Bahri, una de las atracciones más
visitadas de la ciudad de Luxor.
Aunque es verdad que en los años siguiente: al descubrimiento de la tumba de
Tutankamón se produjeron algunas muertes sorprendentes entre los miembros de la
expedición, también lo es que para casi todas ellas existe una explicación
lógica y sensata.
Así,
por ejemplo, la mayoría de la treintena de víctimas tenía entre 70 y 80 años de
edad en el momento de su muerte. Lord Carnarvon, por ejemplo, que había
financiado la expedición de Howard Cárter, falleció a causa de una septicemia
provocada por la infección de una picada de mosquito. Desde el punto de vista
científico, la teoría de la maldición del faraón se considera hoy día refutada
por completo. Lo más fácil es pensar que surgiera de la desbordante fantasía de
un periodista de tabloide británico.
En
1973, la ciencia creyó haber encontrado una explicación racional de las
numerosas muertes entre los miembros de la expedición. En la tumba de Tutankamón
se encontraron altas concentraciones de esporas del hongo Aspergíllus flavus.
Los
productos metabolizados de este hongo son muy venenosos y peligrosos para el
hombre, ya que el Aspergillus flavus puede causar reacciones alérgicas en
personas con un sistema inmunitario debilitado o atacar incluso determinados
órganos. En la actualidad, el hongo está considerado como el causante de las
enfermedades mortales que padecieron los miembros de la expedición.
Fuente Consultada: True Action Adventures
(BBC) - Atlas la Historia del Mundo -
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