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Arquitectura románica: ‘Un blanco
manto de iglesias”
Los
siglos XI y XII atestiguaron una explosión en la actividad constructora, tanto
pública como privada. La edificación de castillos y de iglesias absorbió la
mayor parte del excedente de los recursos de la sociedad medieval y, al mismo
tiempo, reflejó sus preocupaciones básicas: Dios y la guerra. Las iglesias
fueron, por mucho, los más conspicuos de los edificios públicos. Como un
cronista del siglo XI comentó:
Al acercarse el 1000, la gente de
todo el mundo, pero sobre todo de Italia y Francia, comenzó a reconstruir sus
iglesias. Aunque la mayor parte de ellas ya estaban construidas y no necesitaban
grandes cambios. Las naciones cristianas rivalizaban entre sí por tener los
edificios más bellos. Uno podría decir que el mundo estaba sacudiéndose,
deshaciéndose de sus viejas vestiduras y ataviándose con un blanco manto de
iglesia. Así, casi todas las catedrales y monasterios consagrados a diversos
santos —e, incluso, las pequeñas capillas de las villas— eran reconstruidas por
los fieles más hermosamente.
Bóveda
cilíndrica. Los siglos XI y XIII fueron testigos de una intensa actividad en la
construcción de iglesias. Al utilizar la forma de la basílica los maestros
constructores remplazaron los techos planos de madera por grandes cúpulas de
piedra conocidas como bóvedas de cañón o bóvedas cilíndricas. Corno esta
fotografía de una iglesia románica de Viena lo evidencia, la bóveda de cañón
limitaba el tamaño de una iglesia y dejaba poco espacio para las ventanas.
Cientos de nuevas catedrales, abadías e iglesias de peregrinación —así como
miles de iglesias parroquiales de las villas rurales— se construyeron en los
siglos XI y XII. La extraordinaria actividad
constructiva reflejó tanto la
cultura religiosa revivida como la riqueza incrementada de la época, gracias a
la agricultura, el comercio y el crecimiento de las ciudades.
Las
catedrales del siglo XI y XII se construyeron con un estilo verdaderamente
internacional: el estilo románico. La construcción de las iglesias exigió los
servicios de maestros constructores profesionales, cuya contratación a lo largo
de toda Europa garantizó una homogeneidad internacional de las características
básicas. Ejemplos sobresalientes de las iglesias románicas pueden encontrarse en
Alemania, Francia y España.
Las
iglesias románicas se construían normalmente en la forma de basílica
rectangular, utilizada en la construcción de iglesias durante el Imperio Romano
tardío. Los constructores románicos hicieron una importante innovación al
reemplazar el antiguo techo de madera plano por una enorme bóveda de piedra,
llamada bóveda de cañón o cilíndrica, o con una bóveda en cruz, en la que se
intersecaban dos bóvedas cilíndricas (una bóveda no es más que un techo curvo de
mampostería). Este último tipo de bóveda se utilizó al añadirse un brazo de
crucero para formar un plano de iglesia en forma de cruz. Aunque las bóvedas
cilíndricas y las de cruz eran difíciles de construir desde un punto de vista
técnico, se les consideró más agradables estéticamente y técnicamente más
eficientes, y tenían una fina acústica.
Debido a que las bóvedas de piedra eran sumamente pesadas, las iglesias
románicas exigían pilares y muros masivos para soportarlas. Esto dejaba poco
espacio para las ventanas, lo cual las hacía notoriamente oscuras en su
interior. Sus enormes muros y pilares confirieron a las iglesias románicas la
impresión de fortalezas. De hecho, los muros masivos y las estrechas ventanas
también fueron característicos de la arquitectura de los castillos de ese
periodo.
La Catedral Gótica
Comenzada
en el siglo XII y perfeccionada en el siglo XIII, la catedral gótica sigue
siendo uno de los grandes triunfos artísticos de la Alta Edad Media.
Encumbrándose casi como si fuese a tocar el cielo, fue un símbolo apropiado de
la preocupación de las gentes del medioevo respecto a Dios.
La catedral
gótica. La catedral gótica fue uno de los grandes triunfos artísticos de la Alta
Edad Media. Aquí se
muestra la
catedral
gótica de Burgos.
Dos
innovaciones fundamentales del siglo XII posibilitaron la existencia de las
catedrales góticas. La combinación de las bóvedas acanaladas y de los arcos
punteados reemplazaron las bóvedas cilíndricas de las iglesias románicas y
permitió a los constructores hacer que las iglesias góticas fuesen más altas que
sus contrapartes románicas. La utilización de los arcos punteados y de las
bóvedas acanaladas creó una sensación de movimiento ascendente, una sensación de
ingravidez vertical que implicaba la energía de Dios.
Otra innovación técnica
también resultó importante. El contrafuerte, básicamente un pilar de piedra muy
arqueado que se construía fuera de los muros, posibilitó la distribución del
peso de los techos abovedados de la iglesia en dirección hacia abajo y hacia
afuera, lo cual eliminaba los pesados muros utilizados en las iglesias
románicas, como soporte del peso de las enormes bóvedas cilíndricas. Por tanto,
las catedrales góticas se construyeron con muros delgados que se complementaban
con magníficos vitrales, lo cual creaba un juego de luces en su interior, que
variaba con el Sol en diferentes momentos del día.
Los
artesanos medievales de los siglos XII y XIII perfeccionaron en arte de los
vitrales. Pequeñas piezas de vidrio se teñían con brillantes colores como joyas.
Esta preocupación por la luz coloreada en las catedrales góticas no fue
accidental, sino que fue ejecutada por gente inspirada en la creencia de que la
luz natural era un símbolo de la divina luz de Dios. La luz es invisible, pero
permite a la gente ver; de esta misma forma, Dios es invisible, pero su
existencia permite que el mundo de la materia exista. Los que estaban anonadados
por el significado místico de la luz también estaban impresionados por el
significado místico del número. Las proporciones de las catedrales góticas se
basaron en razones matemáticas cuyos constructores creían que se derivaban de la
escuela antigua griega de Pitágoras, y que expresaban la armonía intrínseca del
mundo tal y como la estableció su creador.
La
primera catedral enteramente gótica fue la iglesia de la abadía de Saint-Denis,
cerca de París, surgida de la inspiración de Suger (el famoso abad del
monasterio que ejerció ese cargo de 1122 a 1151) y que se construyó entre 1os
años 1140 y 1150. A pesar de que el estilo gótico fue un producto del norte de
Francia, a mediados del siglo XIII la arquitectura gótica francesa se había
diseminado en Inglaterra, España y Alemania, de hecho a casi toda Europa. Este
estilo gótico francés tuvo sus expresiones más brillantes en las catedrales de
París (Notre Dame), Reims, Amiens y Chartres.
La
catedral gótica supuso el trabajo de una comunidad completa. Todas las clases
contribuían en su construcción. Se recolectaba dinero de la gente acaudalada de
la villa que había prosperado gracias al nuevo comercio y a las industrias
recientes, así como de los reyes y nobles. Los maestros albañiles, que eran
arquitectos e ingenieros, diseñaban las catedrales. Delineaban los planos y
supervisaban el trabajo de construcción. A los mamposteros y a otros artesanos
se les pagaba un salario diario y proporcionaban la mano de obra especializada
para construir las catedrales. De hecho, estas construcciones fueron las
primeras estructuras monumentales importantes construidas por una mano de obra
libre y asalariada.
La
construcción de las catedrale s
a menudo se convirtió en una competencia cerrada, en la medida en que las
comunidades rivalizaban
entre sí para tener una torre más alta; rivalidad que, en ocasiones, terminaba
en desastre.
La catedral de Beauvais, en el norte de Francia, se derrumbó en
1284 tras alcanzar una altura de ciento
cincuenta y siete pies. Las catedrales góticas también dependieron de la fe de
la comunidad. Después de todo, a menudo se necesitaban dos o más generaciones
para terminar una catedral; por lo que la
primera generación de constructores debía comenzar, a sabiendas de que tal vez
no vivirían para ver completado el
proyecto. Pero, lo más significativo de todo, es que una catedral gótica
simbolizaba la principal preocupación de una comunidad cristiana
medieval, su dedicación a un ideal espiritual.
Como hemos observado, el edificio
más grande de una era refleja los valores de su sociedad. La catedral gótica,
con sus torres que subían hacia el cielo,
dio testimonio de una era en la que el impulso espiritual aún subyacía en la
mayor parte de la existencia.
Los vitrales de las catedrales
góticas son notorios por la belleza y variedad de sus colores, Estos representan
un sorprendente número de escenas, como puede observarse en esta icografía.
Fuente Consultada: Civilizaciones del
Occidente- Volumen A Jackson Spielvogel
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