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La física demuestra que el
calor no es otra cosa que el estado de agitación de las moléculas de un
cuerpo. Cuando éstas se mueven con gran energía, la temperatura aumenta;
cuando su velocidad disminuye, la temperatura desciende. Es lógico suponer
que cuando las moléculas queden inmóviles no se podrá lograr ya un trío
mayor. En otras palabras, el frío no es otra cosa que la ausencia de calor.
El
cero absoluto, es decir, la temperatura más baja posible, se encuentra a 273,16°
bajo cero. Hace ya casi dos siglos que los científicos saben que el cero
absoluto se halla cerca de los 273° bajo cero; en efecto, observaron que los
gases más livianos —como el helio y el hidrógeno, es decir, aquellos que más se
acercan a un ‘gas ideal” formado solamente por puntos, sin volumen, en
movimiento— disminuían 1/273 de su volumen a O °C. cada vez que la temperatura
bajaba en lo. Inversamente cuando la temperatura se elevaba su volumen crecía,
por cada grado, en 1/273 de su volumen a 0°C.

Esta
disminución, fija y constante, implicaba que el volumen de
un gas ideal llegaría a ser nulo cuando se llegara al cero absoluto. En otras
palabras, sus moléculas ya no chocarían
entre sí, y se reunirían inmóviles en un grupo, cuyo volumen seria cero si las
moléculas carecieran de extensión. Algo semejante ocurre cuando se calienta o
enfría un gas en un recipiente cerrado; como le es imposible aumentar o
disminuir de volumen, es su presión la que aumenta o disminuye 1/273 de la
presión a 0°C., por cada grado de variación de temperatura.
Esto
es lo que ilustra el diagrama de arriba sobre fondo amarillo. Kelvin estableció
una escala de temperaturas que arranca del cero absoluto, de modo que una
temperatura de 10 °C. de nuestra escala habitual corresponde a 283 °K ó
grados Kelvin.
Las temperaturas más bajas se han
obtenido en uno sal (alumbre) mediante helio liquido, dentro del campo magnético
de un electroimán. Cuando se anula el campo magnético la sal, que se encuentra
ya a muy baja temperatura, se enfrío aún más. La razón es que el campo magnético
eleva lo temperatura de la sal, y al suprimirlo se obtiene un enfriamiento
suplementario. La camisa de hidrógeno liquido mantiene el conjunto o unos pocos
grados sobre el cero
absoluto. (ver imagen izquierda)
El concepto de un cero absoluto de
temperatura surgió por vez primera en relación con experimentos con gases;
cuando se enfría un gas sin variar su volumen, su presión decrece con la
temperatura. Aunque este experimento no puede realizarse más allá del punto de
condensación del gas, la gráfica de los valores experimentales de presión frente
a temperatura se puede extrapolar hasta presión nula. La temperatura a la cual
la presión sería cero es el cero absoluto de temperatura.
CÓMO SE OBTIENEN TEMPERATURAS
BAJÍSIMAS :Jamás se alcanzó el cero
absoluto, pero se llega a unas pocas milésimas de grado de él. La razón es
simple: las disminuciones de temperatura suelen obtenerse igualando la
temperatura del cuerpo que se enfría con la de otro que está aún más frío, y es
bien sabido que, dividiendo una cantidad, aunque se repita la operación miles de
veces nunca se puede llegar al cero.
Así,
si se divide la cifra 1 en dos partes iguales y el resultado en otras dos y así
sucesivamente, se logran cifras extremadamente pequeñas pero nunca nulas. Antes
de explicar cómo se obtienen los fríos extremos, recordemos que las moléculas de
un gas son como pelotas que chocan contra las moléculas vibrantes del recipiente
hasta igualar su energía con las de éste. Como primera fase se comprime el gas
de manera que el mismo volumen esté ocupado por muchas moléculas y tenga mucha
más energía: el gas, entonces, se calienta, pues la temperatura expresa la
densidad de energía por volumen. Dicho gas caliente, se deja enfriar, y
sus moléculas pierden velocidad, una vez enfriado se dilata bruscamente y
entonces se pone muy frío, porque tiene pocas moléculas con poca energía
por unidad de volumen.
La temperatura mas baja posible es
273.15 grados bajo cero, que es lo que se conoce como cero absoluto.
Esta temperatura es imposible de alcanzar, pero los científicos están
investigando cuanto es posible acercarse.
Este
gas muy frío sé utiliza para enfriar otro gas a temperatura normal, el que luego
es, a su vez, dilatado y enfriado aún más, y sirve para enfriar a un terco gas
que también es dilatado, y así sucesivamente. Con este procedimiento se ha
logrado licuar todos los gases y solidificar todas las sustancias, menos el
helio (éste necesita una presión adicional para convertirse en sólido).
LOS SUPERCONDUCTORES: Kammerling
Onnes sumergió un anillo de mercurio solidificado en un baño de helio
líquido y comprobó que el metal perdía toda resistencia eléctrica. Si se inducía
una corriente en el anillo, ésta lo recorría indefinidamente: dos años después
de rotación ininterrumpida la intensidad de la corriente no había variado. El
metal se había convertido en superconductor. Lo mismo ocurre con la temperatura:
el helio líquido transmite el calor doscientas veces más rápidamente que el
cobre.
En 1933, W. Meissner y R.
Oschenfeld encontraron experimentalmente que un superconductor se comporta de
manera tal que nunca permite que exista un campo de inducción magnética en su
interior. En otras palabras, no permite que un campo magnético penetre en su
interior. El campo magnético en el interior de un superconductor no sólo está
congelado, sino que vale siempre cero.
DEL LABORATORIO A LA INDUSTRIA:
Las dimensiones de las calculadoras
electrónicas, que funcionan a temperaturas muy bajas, son asombrosamente
reducidas, debido a la gran conductibilidad que adquieren los metales, lo que
permite utilizar cantidades mucho menores; además, si la señal eléctrica sólo
necesita recorrer 5 cm. en lugar de 30 cm., como ocurre en una calculadora
común, el tiempo de transmisión de la señal se reducirá de un millonésimo de
segundo a la sexta parte, y la calculadora será seis veces más veloz.
La
potencia de un electroimán depende de la intensidad de la corriente que lo
recorre; pero a la temperatura normal ésta tiene un límite porque las espiras de
la bobina se fundirían. Con las aleaciones de niobio y estaño, y ahora de niobio
y circonio, se puede lograr, a muy bajas temperaturas(18°K ósea 255 °C bajo
cero) intensidades de 200.000 amperios por cm². Lo curioso es que la
aleación de este filamento (que costó mucho poner a punto por su fragilidad) es
asegurada por un metal común, porque la resistencia de la aleación es tan baja
que la corriente pasa por ella sin hacer uso del metal, habitualmente conductor.
VISIONES DEL FUTURO:
Además de obtenerse memorias electrónicas cada vez más pequeñas, existen otras
aplicaciones industriales en vías de realización. Sabemos que cuando se acerca
un imán a un conductor se genera una corriente eléctrica: si el conductor está
súper enfriado, la corriente es permanente y engendra, a su vez, un campo que
rechaza al imán, de manera que éste flota en el vacío. Aprovechando esta
propiedad se estudia la realización de un giróscopo que rotaría en el vacío,
funcionando, así, sin ninguna fricción y gozando de una excelente sensibilidad.
Un proyecto más atrevido es el de las corrientes en conserva.
En un
superconductor se puede generar una corriente que circule indefinidamente y
aprovecharla cuando se la necesita. Se calcula que una corriente de 100.000
amperios podría brindar una energía de unos 1.300 kilovatios/hora, suficiente
para la propulsión de un vehículo mediano, sobre un recorrido de unos cuantos
miles de kilómetros. La recarga del dispositivo se efectuaría en pocos segundos.
Además, se en-cara la utilización de los metales superconductores para
constituir reservas de energía eléctrica, a fin de distribuirlas en las redes
urbanas en los momentos de mayor consumo, sin tener que recurrir a máquinas
adicionales, a combustibles especiales o a reservas de agua a alto nivel.
LA SUPERFLUIDEZ O LA HEREJÍA DEL
HELIO: En el cero absoluto las
moléculas están inmóviles. Se explica fácilmente que una corriente eléctrica,
que consiste en electrones que traspasan y sortean las moléculas, atraviese más
fácilmente los cuerpos. Pero los átomos no están inmóviles. De allí que, para
lograr los máximos enfriamientos, se trate de orientar o frenar los átomos
mediante poderosos imanes, como muestra la ilustración. Cerca del cero absoluto
y a la presión normal el hidrógeno es sólido, porque los lazos entre sus átomos
son bastante fuertes. En cambio, el helio, gas noble sin afinidades químicas y
sin problemas electrónicos (su órbita periférica está completa), sigue en estado
liquido. Pero su viscosidad es 10.000 veces menor que la del hidrógeno gaseoso.
Este estado, denominado de superfluidez, da origen a una serie de
fenómenos realmente asombrosos.
Si se
toma un frasco con helio liquido y se lo sumerge parcialmente en otro baño de
helio líquido, se ve al helio que escala las paredes del vaso para ir hacia el
baño, o viceversa, hasta igualar los niveles, sin realizar, aparentemente,
ningún esfuerzo y como si desafiara las leyes de la gravedad. En cambio, si se
hace girar el vaso dentro del baño de helio, hay un frotamiento, y la viscosidad
que se mide corresponde a una cifra normal. Más aún, si un recipiente hermético
lleno de helio liquido y con una válvula inferior se calienta después de
sumergirlo en helio, la válvula se abre para dar
salida
al helio, pero el nivel no baja porque —como lo predijo
Euler hace ya doscientos años— la
viscosidad nula del liquido que entra no vuelve a cerrar la válvula, pues no
roza contra ella.
Esta
experiencia, y muchas otras, han sido explicadas por los grandes físicos
modernos, especialmente Lev Landau (imagen) , el primer sabio que recibió el
premio Nobel fuera de Suecia, mientras convalecía en un hospital de Moscú de un
gravísimo accidente, que obligó a mantenerlo con vida, durante meses, mediante
aparatos de circulación y respiración artificiales Después de llegar cuatro
veces a la muerte clínica, Landau está hoy salvado por la misma ciencia, que lo
recompensa como uno de sus más brillantes servidores.
Fuente Consultada: Tecnirama
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