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El arribo de los europeos a las costas de China se inició hacia 1514, cuando navegantes portugueses llegan- a Cantón. Sin embargo, sus acciones obligan a los chinos a encarcelar a algunos de ellos y finalmente expulsarlos del país. Pese a esto, años más tarde, en 1537, los portugueses reciben autorización para establecerse en Macao y, en 1544, en Amoy.

Los países europeos aumentaron su penetración en el área china hacia 1565 y 1571, al radicarse los españoles en las islas Filipinas. Los holandeses, por su parte, lo hicieron en Formosa, en 1622. Hacia 1839 se produjo el primer enfrentamiento con una potencia extranjera. Efectivamente, los funcionarios chinos presentaron sus protestas por la importación de opio por parte' de los extranjeros y, de inmediato, exigieron a los ingleses la entrega del opio que almacenaban.

Como los británicos se negaran, los chinos sitiaron sus casas y se apoderaron de veinte mil sacos de opio, que fueron destruidos. A continuación, el comisario chino Lin Tze-su formuló nuevas exigencias y como consecuencia de las mismas, Inglaterra declaró la guerra a China en 1840. Finalmente en la noche del 11 de junio de 1842, el crucero británico "Némesis" ancló en la desembocadura del río Yang-tse, cañoneó los fuertes y desembarcó mil soldados.

Los chinos enfrentaron a los atacantes, sin poder detenerlos. Por último, en el mismo año de 1842, China pidió la paz, que fue firmada, con las siguientes condiciones: Hong Kong fue cedido a los ingleses, se autorizó la apertura al comercio inglés de los puertos de Cantón, Amoy, Fu-Chow, Ning-Po y Shanghai, se pagó una indemnización por los veinte mil sacos de opio destruidos y se concedió a los ingleses el privilegio de la extraterritorialidad.

Poco tiempo después, en 1843, se produjo el arribo a Shanghai del primer cónsul inglés. Era George Balfour.
Balfour decidió establecerse en un trozo dé territorio en el que los comerciantes extranjeros pudieran vivir y negociar sin hallarse sujetos a las leyes del país. Como consecuencia, gestionó y obtuvo la locación perpetua de una extensión de tierra junto al Wan-Pu, a pocos kilómetros del Yang-tse y en las proximidades de Sucho, centro de la seda. La extensión fue cedida a los británicos mediante el pago de 17.000 libras esterlinas.

Poco más tarde, comerciantes norteamericanos llegaron para establecerse en Shanghai, así como lo hicieron también los franceses. Todos, como en el caso de los británicos, gozaron del derecho de la extraterritorialidad.

En diciembre de 1857, Cantón fue tomado por los ingleses. En mayo de 1858 lo fueron del mismo modo los fuertes de Taku. Posteriormente, a raíz de los disparos hechos' por los chinos contra los barcos que escoltaban al embajador inglés, sir Frederick Bruce, Inglaterra envió a China a Lord Elgin, con plenos poderes y numerosas fuerzas. A ellas se unieron efectivos franceses, enviados con el objeto de obtener reparaciones como consecuencia del asesinato de un misionero francés.

La campaña comenzó el 1° de agosto de 1860 y concluyó en octubre del mismo año, con la derrota de los chinos. Estos se vieron obligados, por el tratado de paz firmado, a conceder a los europeos el derecho de viajar por el interior del país, permitir la libre predicación del cristianismo, pactar tarifas aduaneras que legalizaron la importación de opio y pagar una indemnización.

Hacia 1860, pacificada China, los nativos comenzaron a abandonar la Concesión. Como consecuencia, se produjo la quiebra de muchos de los comerciantes blancos. Seis bancos fueron clausurados y las actividades de los hombres de negocios descendieron notablemente. Había en esos momentos alrededor de 100.000 chinos en la Concesión.

A estos se agregaban unos 4.000 ingleses, varios cientos de franceses, 500 americanos, 300 alemanes y, además, españoles, portugueses, rusos, griegos y otros. Entre 1883 y 1884 se produjo un conflicto con Francia, provocado por este último país, que envió un cuerpo de tropas con el fin de proteger el tránsito y mantener el orden en la región bañada por el río Sonkoi o Rojo, que a la sazón se encontraba asolada por grupos de bandoleros. China, en su carácter de estado soberano, protestó y envió fuerzas con el objeto de oponerse a la penetración francesa.

Sin embargo, debió llegarse a un arreglo, consintiendo China en retirar sus efectivos. Rusia, más tarde, obtuvo permiso para hacer pasar su ferrocarril transiberiano por territorio chino, Alemania, por su parte, se apoderó en 1897 de la bahía de Kiaochen, en el Shantung, que poco después le fue cedida en arriendo, con facultades para levantar fortificaciones. Rusia imitó su ejemplo, enviando en el mismo año a su escuadra a invernar en Port Ar-tnur.

En seguida solicitó y obtuvo el arriendo del citado puerto. Con el objeto de compensar la influencia rusa, Inglaterra pidió en arriendo Wei-hai-wei y tomó posesión del mismo en 1898. Por ese entonces, el gobierno chino decidió permitir la construcción de vías férreas con capital extranjero. Esta medida originó una enconada competencia entre las diversas naciones interesadas en China. Este último país, como consecuencia, dio término a la disputa atribuyendo a cada nación una esfera de influencia; es decir, que cada nación extranjera poseía una porción de territorio chino, en el cual ningún otro país podía solicitar y obtener concesiones ni privilegios. Entretanto, la corrupción administrativa reinante provocó la animadversión del país contra la emperatriz y en las clases ilustradas principalmente, se creó un deseo general de reformas.

PERDIDA DE HONG KONG: El primer episodio que muestra claramente el crecimiento de la tensión interna y el profundo resentimiento que los chinos experimentaban por los extranjeros se produjo a fines de 1899. En ese entonces era emperatriz del Celeste Imperio Tsu Tsi, la "emperatriz viuda" que gobernó a China durante casi medio siglo.

El siglo XX se inició, como consecuencia, con un movimiento popular que alcanzó celebridad bajo el nombre de "insurrección de los boxers". El nombre les fue dado por los extranjeros, que los llamaron boxeadores, justamente porque los miembros de la sociedad practicaban ejercicios gimnásticos y se denominaban a sí mismos "puños justos y armoniosos".

Los boxers se lanzaron a la lucha contra los extranjeros bajo el lema: "defendamos al país y destruyamos al extranjero". Los episodios se precipitaron y, finalmente, la muerte de un misionero inglés provocó la inmediata intervención de Gran Bretaña. Otras potencias, paralelamente, siguieron su ejemplo. Poco más tarde, los contingentes extranjeros en China estaban integrados por 3.000 hindúes, 10.000 japoneses, 2.500 norteamericanos, 7.000 alemanes y, además, franceses, rusos y austríacos.

En total, un ejército de más de veinte mil hombres se puso en marcha hacia Pekín. La lucha fue despiadada y se caracterizó por los desmanes de todo tipo que se cometieron. Finalmente, los gobiernos extranjeros obligaron a las autoridades chinas a pagar una indemnización de alrededor de trescientos millones de dólares, a la que se sumaron garantías aduaneras y la obligación de destinar zonas reservadas a los extranjeros, en la ciudad de Pekín; las zonas quedarían bajo la vigilancia de soldados de los respectivos países. Finalmente, con el comienzo del siglo XX, la situación en China hizo crisis. La anarquía reinaba en el país y un vasto movimiento de reforma comenzó a tratar de concretar sus aspiraciones, que se limitaban a la transformación de la estructura política y administrativa del país, sobre bases occidentales, a la lucha contra la creciente penetración extranjera y el derrocamiento de la decadente dinastía manchú que, durante dos siglos, había gobernado al país.