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¿Por qué se habla
de la vida media de un isótopo y no de su vida entera?
Hay átomos que son inestables. Abandonados a su suerte, tarde o temprano
experimentan espontáneamente un cambio. De su núcleo saldrá una partícula
energética o un fotón de rayos gamma y el átomo se convertirá en otro
diferente. (Los isótopos son tipos particulares de átomos.) Una serie de
átomos inestables agrupados en un lugar radiarán partículas o rayos gamma en
todas direcciones, por lo cual se dice que son radiactivos.
No hay ningún modo de predecir cuándo un átomo radiactivo va a experimentar
un cambio. Puede que sea al cabo de un segundo o de un año o de billones de
años. Por tanto, es imposible medir la «vida entera» de un átomo radiactivo,
es decir el tiempo que permanecerá inalterado. La «vida entera» puede tener
cualquier valor, y por consiguiente no tiene sentido hablar de ella.
Pero supongamos que lo que tenemos es una multitud de átomos de un
determinado isótopo radiactivo concentrados en un lugar. En cualquier
momento dado habrá algunos que estén experimentando un cambio. En esas
condiciones se comprueba que aunque es imposible saber cuándo va a cambiar
un átomo concreto, sí que se puede predecir que al cabo de tantos segundos
cambiarán tantos y tantos átomos de un total de un cuatrillón, pongamos por
caso.
Todo es cuestión de estadística. Es imposible saber si Fulanito de tal va a
morir o no en un accidente de coche en tal y tal año, pero sí se puede
predecir con bastante precisión cuántos habitantes del país van a morir en
carretera ese año.
Dado un número grande de átomos de un isótopo determinado, es posible medir
la cantidad de radiación en un momento dado y predecir la radiación (el
número de átomos que cambian) en cualquier tiempo futuro. Y se comprueba
que, en virtud de cómo se producen esos cambios, siempre hace falta el mismo
tiempo para que cambien 1/10 de todos los átomos, independientemente de
cuántos hubiese al principio. Es más, siempre hace falta el mismo tiempo
para que cambien 2/10 de ellos, ó 4/17, ó 19/573, o cualquier otra fracción,
independientemente del número inicial de átomos.
Así pues, en lugar de hablar de la «vida entera» de los átomos de un isótopo
particular —que carecería de sentido—, se suele hablar del tiempo que tarda
en cambiar una fracción determinada de los átomos, lo cual es muy fácil de
medir. La fracción más simple es 1/2, y por eso se suele hablar del tiempo
que tiene que pasar para que la mitad de los átomos de un isótopo
experimenten un cambio. Esa es la «vida media» del isótopo.
Cuanto más estable es un isótopo, menos probable es que sus átomos
experimenten un cambio y que un número dado de átomos experimenten un cambio
al cabo de una hora, por ejemplo, después de iniciar las observaciones. Esto
significa que hace falta más tiempo para que la mitad de los átomos cambien.
Con otras palabras: cuanto más larga es la vida media de un isótopo, tanto
más estable; cuanto más corta la vida media, menos estable.
Algunas vidas medias son verdaderamente grandes. El isótopo torio-232 tiene
una vida media de catorce mil millones de años. Haría falta todo ese tiempo
para que la mitad de cualquier cantidad de torio-232 se desintegrara. |