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¿Qué es el efecto Coriolis?
Moverse por un objeto que sea estacionario o que se desplace a velocidad
constante
con respecto a un punto fijo no representa ningún problema. Si
queremos desplazarnos desde el punto A en uno de los extremos hasta el punto
B en el extremo contrario, lo podremos hacer sin experimentar ninguna
dificultad.
Pero la situación cambia cuando, las distintas partes del objeto llevan una
velocidad diferente. Pensemos en un tiovivo o cualquier otro objeto plano y
grande que gire alrededor de su centro. El objeto entero gira de una pieza,
pero lo cierto es que cualquier punto cercano al centro describe un círculo
pequeño y se mueve despacio mientras que los puntos próximos al borde
exterior describen círculos grandes y se mueven, por tanto, muy deprisa.
Imagina que estás en un punto próximo al centro y que quieres dirigirte a
otro cerca del borde exterior, siguiendo una línea recta que arranque del
centro. En el punto de salida, cerca del centro, participas de la velocidad
de dicho punto y, por tanto, te mueves despacio. Sin embargo, a medida que
avanzas hacia afuera el efecto de la inercia tiende a que sigas moviéndote
despacio mientras que el suelo que pisas va cada vez más rápido. La
combinación de tu lentitud y la rapidez del suelo hacen que te sientas
empujado en la dirección opuesta a la del movimiento de giro. Si el tiovivo
gira en dirección contraria a la de las manillas del reloj, comprobarás que
tu trayectoria se curva cada vez, más en el sentido de las manillas del
reloj a medida que avanzas.
Si empiezas en un punto próximo al borde exterior y avanzas hacia el centro,
retendrás la rapidez de dicho punto al tiempo que el suelo irá moviéndose
cada vez más despacio debajo de tus pies. Por consiguiente, te sentirás
empujado cada vez más en la dirección de giro. Sí el tiovivo se mueve en
dirección contraria a la de las manillas del reloj, tu trayectoria se
curvará cada vez más en el sentido de las agujas del reloj.
Saliendo de un punto próximo al centro, desplazándote hasta un punto cercano
al borde exterior y volviendo luego al centro, comprobarás —si sigues
siempre el camino de menor resistencia— que has descrito una trayectoria más
o menos circular.
Este fenómeno fue estudiado por primera vez con detalle en 1835 por el
físico francés Gaspard de Coriolis, y en honor suyo se llama «efecto
Coriolis». A veces se denomina «fuerza de Coriolis», pero en realidad no es
una fuerza, sino simplemente el resultado de la inercia.
La consecuencia más importante del efecto Coriolis para los asuntos
cotidianos tiene que ver con la rotación de la Tierra. Los puntos de la
superficie terrestre cercanos al ecuador describen en el lapso de
veinticuatro horas un gran círculo y, por tanto, se mueven muy deprisa.
Cuanto más al norte (o al sur) nos movamos, menor es el círculo descrito por
un punto de la superficie y más despacio se mueve.
Los vientos y corrientes oceánicas que corren hacía el norte desde los
trópicos llevan desde el principio, por la misma rotación terrestre, un
rápido movimiento de oeste a este. Al desplazarse hacia el norte conservan
su velocidad, pero como resulta que la superficie de la Tierra se mueve cada
vez más despacio, el viento o la corriente se adelanta y empieza a curvarse
hacia el este. Al final acaban por moverse en grandes círculos: a derechas
en el hemisferio norte y a izquierdas en el hemisferio sur.
Es, precisamente el efecto Coriolis el que inicia ese movimiento circular
que, concentrado en mayor grado (y, por tanto, más energéticamente) da
origen a los huracanes, y en grado aún mayor, a los tornados. |