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¿Qué tienen de noble los gases nobles?
Los elementos que reaccionan difícilmente o que no reaccionan en absoluto
con otros elementos se denominan «inertes». El nitrógeno y el platino son
ejemplos de elementos inertes.
En la última década del siglo pasado se descubrieron en la atmósfera una
serie de gases que no parecían intervenir en ninguna reacción química. Estos
nuevos gases —helio, neón, argón, criptón, xenón y radón— son más inertes
que cualquier otro elemento y se agrupan bajo el nombre de «gases inertes».
Los elementos inertes reciben a veces el calificativo de «nobles» porque esa
resistencia a reaccionar con otros elementos recordaba un poco a la
altanería de la aristocracia. El oro y el platino son ejemplo de «metales
nobles», y por la misma razón se llamaba a veces «gases nobles» a los gases
inertes. Hasta 1962 el nombre más común era el de «gases inertes», quizá
porque lo de nobles parecía poco apropiado en sociedades democráticas.
La razón de que los gases inertes sean inertes es que el conjunto de
electrones de cada uno de sus átomos está distribuido en capas especialmente
estables. La más exterior, en concreto, tiene ocho electrones. Así la
distribución electrónica del neón es (2, 8) y la del argón (2, 8, 8). Como
la adición o sustracción de electrones rompe esta distribución estable, no
pueden producirse cambios electrónicos. Lo cual significa que no se pueden
producir reacciones químicas y que esos elementos son inertes.
Ahora bien, el grado de inercia depende de la fuerza con que el núcleo,
cargado positivamente y situado en el centro del átomo, sujeta a los ocho
electrones de la capa exterior. Cuantas más capas electrónicas haya entre la
exterior y el centro, más débil será la atracción del núcleo central.
Quiere esto decir que el gas inerte más complejo es también el menos inerte.
El gas inerte de estructura atómica más complicada es el radón. Sus átomos
tienen una distribución electrónica de (2, 8, 18, 32, 18, 8). El radón, sin
embargo, está sólo constituido por, isótopos radiactivos y es un elemento
con el que difícilmente se pueden hacer experimentos químicos. El siguiente
en orden de complejidad es el xenón, que es estable. Sus átomos tienen una
distribución electrónica de (2, 8, 18, 18, 8).
Los electrones más exteriores de los átomos de xenón y radón están bastante
alejados del núcleo y, por consiguiente, muy sueltos. En presencia de átomos
que tienen una gran apetencia de electrones, son cedidos rápidamente. El
átomo con mayor apetencia de electrones es el flúor, y así fue como en 1962
el químico canadiense Neil Bartlett consiguió formar compuestos de xenón y
flúor.
Desde entonces se ha conseguido formar también compuestos de radón y
criptón. Por eso los químicos rehuyen el nombre de «gases inertes», porque,
a fin de cuentas, esos átomos no son completamente inertes. Hoy día se ha
impuesto la denominación de «gases nobles» y existe toda una rama de la
química que se ocupa de los «compuestos de gases nobles». |