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En verdad uno piensa que el jet-lag (esa
diferencia horaria de los ejecutivos que viajan volando y sufren en su
cuerpo propio) es un fenómeno moderno, y la verdad es que lo es. Pero sin
embargo fue descubrieron hace nada menos que unos cuatrocientos años y
pico, Hubo un caso de jet-lag en pleno Renacimiento y esperen que les
cuente porque la historia vale la pena: fue cuando regresó la expedición
de Magallanes , y se llevaron la sorpresa de su vida al ver que les
faltaba un día.
Y es así: el
espesor de un papel común es más o menos un décimo de milímetro. Si uno lo
dobla en dos, el grosor se duplica, y se volverá a duplicar cada vez que
lo doblemos. Es difícil imaginarse con
qué pasmosa velocidad
aumentaría el espesor de papel silo siguiéramos doblando y doblando: cor
sólo 20 dobleces llegaría a tener cincuenta metros. Pero eso no es nada:
con 28 dobleces superaría los 8800 metros de altura del monte Everest y
con 38 dobleces los doce mil kilómetros que mide el diámetro de la Tierra.
Y eso tampoco es nada: si seguimos doblando e] papel, después de 43
dobleces el espesor superaría los 380 mil kilómetros que nos separan de la
Luna, y después de 52 dobleces, los ciento cincuenta millones de
kilómetros que nos separan del Sol.
Pero aun así, no estamos
más que al principio: después de haberlo doblado 58 veces, el espesor del
papel será superior al ancho del sistema solar (que es aproximadamente
doce mil millones de kilómetros) y con 70 dobleces llegaría más allá de
Alfa Centauro, que es la estrella más cercana a la Tierra y que se
encuentra a 4 años luz (un año luz, la distancia que la luz recorre en un
año, equivale a diez millones de millones de kilómetros). Con 86 dobleces
el papel sería más ancho que nuestra galaxia y con 90 dobleces alcanzaría
Andrómeda, la galaxia más cercana a la Tierra y que se encuentra a dos
millones de años luz. Con 100 dobleces, se encontraría a mitad de camino
de los objetos más lejanos observados en el universo, a diez mil millones
de años luz, y con un doblez más, sería más ancho que todo el universo
conocido.
Estos sorprendentes
resultados se deben al rápido crecimiento de las progresiones geométricas
(1, 2, 4,
8, 16, 32, etc.), que
aumentan a una velocidad pasmosa y anti
intuitiva: hay una leyenda que vincula este fenómeno al origen del
ajedrez. Según esta leyenda, cuando Sissa, el inventor hindú del gran
juego, se lo presentó al rey y éste le preguntó qué quería como
recompensa, Sissa pidió “algo muy simple: un grano de trigo en la primera
casilla, dos en la segunda, cuatro en la tercera, ocho en la cuarta y así
siguiendo hasta completar el tablero”. El rey se asombró por la modestia
de Sissa, accedió inmediatamente, ordenó que trajeran un poco de trigo y
se empezara a llenar las casillas.
Podemos (o tal vez no
podemos) imaginarnos la sorpresa del rey cuando comprobó que los granos se
consumían con pasmosa rapidez y que todo el trigo del reino era
insuficiente para satisfacer el pedido de Sissa. El rey había aprendido,
al mismo tiempo que el ajedrez, el fantástico crecimiento de una
progresión geométrica: los granos pedidos por Sissa crecen con la misma
rapidez que el espesor del papel doblado del que hablábamos al principio.
Puede ser
que a usted le parezca inverosímil, pero con un poco de paciencia puede
convencerse: si no quiere arriesgarse a doblar noventa veces un papel y
salirse de la galaxia, puede probar la “variante Sissa”. Consiga (o
dibuje) un tablero de ajedrez (64 casillas) y reemplace los granos de
trigo (difíciles de conseguir en nuestra cultura urbana) por granos de
arroz, que para el caso es lo mismo. Verá que empezando con un grano en la
primera y duplicando la cantidad de granos en cada casilla es insuficiente
todo el arroz existente en el mundo para llenar el tablero. Y comprobará,
de paso, que el arroz, para las progresiones geométricas, es mejor que el
trigo; cuando le resulte imposible seguir (o simplemente cuando se canse o
se aburra), puede usar el arroz para cocinarse una paella.
Arte Japonés: Figuras Con Papel Plegado |