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En 2050, al menos el 70% de la población del planeta
vivirá en centros urbanos. ¿Cómo se prepara el mundo para enfrentar el desafío
de crear un hábitat más amigable, sustentable e inteligente?
Michael
Bloomberg se para frente a un auditorio de 500 lideres de 25 países. No está
dispuesto a ofrecer ningún discurso formal, de esos que se esperan del alcalde
de una ciudad icono, como Nueva York. Sólo hace un pequeño movimiento, y muestra
su teléfono. “Estoy marcando el 311”, dice,
mientras desliza sus dedos por la pantalla para mostrar cuánto ha avanzado la
urbe que gobierna, en su camino por ofrecer a sus habitantes una línea
telefónica y online web donde se es posible obtener
“información sobre el gobierno y sobre los servicios”,
siempre que no sean de emergencia.
El 311 abarca prestaciones que van desde la
identificación de objetos perdidos o encontrados en un taxi amarillo hasta
proporcionar información para realizar denuncias contra quienes no mantengan la
temperatura interior de los edificios en un mínimo de 55 grados Fahrenheit cada
vez que la temperatura exterior roce los 40 durante los fríos inviernos
neoyorquinos.
Michael Bloomberg fue el alcalde
de la ciudad de New York y fundador de la empresa de servicios e informaciones
financieras Bloomberg LP,' "Michael Bloomberg', quien obtuvo el primer lugar.
Todo muy bien, pero hay que decirlo:
Bloomberg ha llegado tarde al encuentro de líderes denominado Smarter
Cities, organizado por la compañía IBM, en colaboración con la
Universidad de Nueva York, la ONG Partnership for New York y
otras instituciones interesadas en “explorar cómo las ciudades pueden
volverse más amigables, sustentables e inteligentes”.
Es que la calle
está terrible hoy:
En los Estados Unidos, mientras el crecimiento de la población alcanzó
el 20% entre 1982 y 2001, el tráfico ascendió a 236 por ciento. Menudo
problema aquí, pero también en muchas otras ciudades del mundo. Excepto
en Estocolomo, por ejemplo, donde un sistema inteligente de peaje ya
logró reducir un 20% las congestiones en el tránsito y un 12% las
emisiones de dióxido de carbono. O en Singapur, donde un sistema es
capaz de predecir con un 90% de certeza la velocidad a la que se
desplaza el tráfico en la ciudad, un primer paso para reorganizar esa
urbe de inmensos edificios y movimiento constante.
¿Cómo puede una ciudad ser
sostenible? ¿Pueden incrementarse indefinidamente los recursos
destinados a satisfacer servicios o existe un límite?
G.S.: Las ciudades
actuales son claramente insostenibles y eso es un grave problema en la
medida en que las ciudades albergan en Europa ya a un 80% de la
población. El protocolo de Kyoto es muy duro con las industrias pero,
hoy por hoy, nuestra gran asignatura pendiente son las llamadas
emisiones difusas, que son principalmente las derivadas del confort
térmico y el transporte. Las ciudades son responsables del 75% de las
emisiones de CO2. Lo mismo podríamos decir del agua o la energía.
Nuestras ciudades generan productos e ideas, pero lo hacen de manera
tremendamente ineficiente en términos de sostenibilidad. Las
alternativas existen y yo soy un firme convencido de que la solución
vendrá de abajo a arriba, de la innovación a nivel urbano.
(Fuente Consultada: La Revolución
Urbana del Siglo XXI)
Las ciudades nos
devoran.
“En 2008, y por primera vez en la historia, la mayor parte de la población del
planeta vivía en las ciudades (3300 millones) y se calcula que en 2050 las
ciudades albergarán al menos un 70% (6400 millones) de la población mundial.
Algo muy significativo está ocurriendo, además: el mundo es más pequeño, está
más interconectado, posee más instrumentos, y los procesos y formas de trabajo
se vuelven más inteligentes. El poder «computacional» ya está ubicándose en
cosas que no reconocemos como computadoras. Todo funciona en red y puede ser
concebido digitalmente (cada organización, cada proceso, cada servicio). Es
necesario entender que las infraestructuras físicas y digitales del mundo están
convergiendo, y que las ciudades son los microcosmos con mayores posibilidades
de cambio, en tanto pueden fomentar un planeta más sustentable y amigable en el
transporte, el manejo del agua, la energía, la seguridad, los sistemas de salud
y los servicios de gobierno”, explica Sam Palmisano, CEO de IBM.
La
información digital crece a diario en una proporción que ocupa 350 veces el
volumen de información guardada en todas las bibliotecas de las universidades
norteamericanas. Sabemos cuánto importa la tecnología. Sabemos cuán importante
es la “nube” cuando un experto cirujano de San Pablo puede comunicarse a través
de su computadora personal con otro médico que trata de salvar la vida de un
paciente en un lugar inhóspito del Mato Grosso donde no hay cirujanos a la
vista. Pero sabemos, también, que hay que bajarle la temperatura al planeta,
levantar edificios sustentables, mejorar el tiempo que demoramos en llegar a la
oficina, hacer que los servicios de los gobiernos sean más accesibles a los
ciudadanos.
La pregunta es: ¿cómo hacerlo?
La buena noticia es que ya existen respuestas, y que esas respuestas están en
cada uno de los sistemas que pueden hacerse más amigables en esos núcleos de
desarrollo económico y de influencias que son las ciudades.
Hoy, no a todos los gigantes les va tan bien como uno imagina. Las ciudades del
mundo desarrollado tienen, en parte, problemas similares a los de los países
emergentes:
“Los
atrasos en los vuelos de aviones generan pérdidas por 2000 millones de dólares
al año en Nueva York. El sistema de control aéreo no se está actualizando, y
necesitamos un proyecto de ley para que esto ocurra”, dice Kathryn Wyide,
presidente de la asociación Partnership for New York City. Como si
hablara en argentino.
Pensar en esos cambios resulta básico, según los expertos, teniendo en cuenta el
crecimiento de las grandes urbes. Martín Chavez, el alcalde de Albuquerque
(Nuevo México), está convencido de trabajar para “las nuevas generaciones”. Su
ciudad tiene un ejemplo para ofrecer: logró que cada uno de los 7000 empleados
públicos de 20 departamentos pudieran acceder a un único archivo de información
de los datos de la ciudad con un sofisticado sistema inteligente, lo que
significó un descenso del 2000% en los costos del sistema.
Esta
última parece ser una palabra clave. La ciudad como. sistema. Un sistema de
sistemas, donde es imposible que un servicio de atención médica ofrecido por el
sistema de salud de una urbe tenga éxito si la gente no puede acceder a él por
deficiencias en otro sistema, como el de transportes. Sistemas que se
interconectan. Interactúan. Se nutren entre sí. Como el de los internautas, pero
con los pies en la tierra,
Incluir a todos
En el Metropolitan Museum o Art (MET), de Nueva York, 400 almas escuchan
una ópera. En Times Square hay otras 9000 disfrutando del mismo
espectáculo. Por obra y gracia del simulcast, el arte se expande. Una
ciudad que mira al futuro prioriza el entretenimiento, con una premisa: el
pluralismo. Eso dicen quienes trabajan en el ámbito de las artes.
No
importa lo que se haga, desde ir a una cancha de deportes hasta ver una
exposición de arte; lo importante es que eso que la ciudad ofrece esté
disponible para todos, en las mejores condiciones de acceso, de organización, de
seguridad.”La asistencia a los museos se cuadriplicó en los últimos 25 años. Y
muchos sitios se reinventaron gracias al arte, como ocurrió en North Adams,
donde funciona desde 1999 un maravilloso centro de arte contemporáneo, el MASS
MoCA”, afirma Glenn D. Lowry, director del inigualable MoMA, de Nueva
York. Hace unos meses, la institución neoyorquina instalé un sistema de
seguridad piloto.
“Nos
ayudó a ver que la gente toca las obras aunque esté prohibido. Cuando creen que
nadie los ve, sacan fotos. La tecnología nos permitió ver esto, pero también
concluir y aprender, más allá de los temas de seguridad, que en las grandes
ciudades a la gente le importa interactuar, estar más en contacto con el arte.”
Patrick “Pat” McCrory, que lleva 14 años y siete reelecciones como
alcalde de Charlotte, en Carolina del Norte, construyó una universidad en
el centro de la ciudad. Está convencido de que es necesario “crear una economía
basada en la educación”. Lo suyo es gobernar en el desierto, pero cuenta
entusiasmado: “Allí armamos un sistema de reciclaje inteligente de residuos,
construimos edificios sustentables y tenemos una buena red cloacal, además de
una de las ciudades más seguras de Estados Unidos”. En Alemania, el estado de
Brandeburgo está implementando sistemas para que los maestros y otros
expertos en educación del región puedan conectarse en forma sistemática.
Gente a salvo
El subterráneo de la ciudad de México transporta 5 millones de personas por día.
“Cómo no íbamos a detenerlo cuando nos encontramos con un virus hasta entonces
desconocido, que se contagia de persona a persona?” El que pregunta y explica es
el doctor José Armando Ahued Ortega, secretario de salud del DF, el hombre que
este año tuvo que lidiar con la gripe A (H1NI) cuando el virus era aún un
perfecto desconocido. “Cerrar el DF fue algo impresionante; se convirtió en una
ciudad fantasma. Sabíamos que las medidas que tomábamos iban a afectar la
economía, pero la gente se moría y había que protegerla” explica. Ortega recibió
algunas criticas por sus “medidas extremas”. Pero cuando se trata de destacar
ejemplos sobre tareas cumplidas por los gobiernos nacionales y locales, la
comunidad entera y las empresas privadas, se lo toma como caso testigo:
“Trabajamos codo a codo con el gobierno nacional, que es de un extracto político
opuesto al nuestro. La población nos acompañé. Tuvimos que gastar millones de
pesos, y mientras las demandas de llamadas aumentaban en más del 40 por ciento,
utilizamos un software que permitió el modelaje matemático de dispersión de
infecciosas y la posibilidad de sistematizar los resúmenes de las muestras
médicas y la información sobre cada paciente”.
En la
mayoría de las ciudades, también la infraestructura edilicia de los hospitales,
las casas y sobre todo las oficinas es un asunto por revisar. “Estamos
trabajando en edificios absolutamente estúpidos”, dispara Dian Grueneich, de la
Publio Utilities Comission, de California.
Las estadísticas indican que, en 2025, los edificios de oficinas serán los
mayores consumidores de energía. Sólo en Estados Unidos, hoy acaparan el 70% de
la electricidad. La otra cara de la moneda es que las construcciones
sustentables e inteligentes ya son una realidad, lo que implica una reducción
del consumo energético y de las emisiones contaminantes del 50%, el mismo
porcentaje en el que es posible reducir el uso de agua, un bien escaso para la
humanidad.
Cambiar el chip
Pero, al contrario de lo que suele creerse, resulta que la tecnología es apenas
una parte de la historia. “La calidad de la gobernabilidad es un asunto clave”,
dice Fareed Zakaria ante un auditorio colmado de líderes políticos,
educacionales, económicos y culturales de todo el mundo.
Sólo hay que ser racional, y salirse un poco de “la discusión política,”,
enfatiza el ingeniero Irving Wladawsky-Berger, fellow de la
American Academy of Arts and Sciences, profesor visitante del
MIT’s Sloan School of Management and Engineering Systems Division y uno de
los más reconocidos expertos en temas de innovación y tecnología. “Se trata de
mirar el problema desde el punto de vista de un sistema.
Y
entender que ser racional no es de tecnócratas. En la ingeniería “clásica” los
sistemas eran cosas físicas. Ahora hablamos de sistemas en los que las personas
son parte. No existe ningún sistema sin gente, y cuando hablamos de optimizarlo
pensamos en mejorar la calidad de vida de las personas. Se trata de cambiar el
chip. “Estamos ante cambios fundamentales. Y la ventaja que nos ha dado la
tecnología es que contamos con herramientas que nos ofrecen información concreta
y analizable. Sabemos lo que está ocurriendo, y sabemos que todos los problemas
van a pasar por las ciudades.”
¿Llegará?
Shirley Franklin (imagen) , alcaldesa de Atlanta desde 2002, y
alcaldesa de Atlanta desde 2002, y uno de los cinco mejores alcaldes de Estados
Unidos en 2005 según la revista Time, afirma que hay que ser enérgico en la
gestión, y evitar los compromisos. Impulsé un plan para el mejoramiento del
manejo de las redes cloacales y el alcantarillado cuando observó (como ocurre
con miles de ciudades) que “Atlanta crecía más rápido que su infraestructura”.
Enérgica, la llamada “alcaldesa de las alcantarillas” resume que lo que hay que
hacer no es dedicarse a las peleas de poder con los opositores, sino trabajar
por mejores ciudades: “Una cloaca es una cloaca, en cualquier parte. Tu
obligación es que el sistema de alcantarillado funcione. No importa si eres
demócrata o republicano”.
Un
periodo como el que vivimos, de discontinuidad y cambio, es “un período de
oportunidades”, dice Palmisano. La mayoría coincide: no es tan caro tener
ciudades inteligentes y sustentables. Sólo hay que entenderlas corno sistemas de
sistemas, porque no tiene sentido promocionar un show en un lugar público donde
el transporte público no llega? El principal escollo es impulsar nuevos hábitos,
mover el avispero de las prácticas culturales. Tener apertura mental para
entender que las salas de emergencias están en las ciudades, y que es
un portante que los ciudadanos puedan llegar hasta ellas cada vez que las
necesiten. Terminar con la lista eterna de formularios a la hora de hacer un
trámite. Pensar, y no olvidarse, que una de cada cinco personas no tiene acceso
al agua potable. Y dejar de apretar la bocina cuando se demora cinco minutos la
fila del peaje.
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