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EN BUSCA
DE CIUDADES PERDIDAS:
Schliemann y Evans, en busca del mito griego:
Las dos figuras más destacadas en los trabajos de excavación
arqueológica llevadas a cabo en Grecia componen dos tipos
muy diferenciados, unidos finalmente por una tarea común,
emprendida en diferentes épocas pero partiendo de
presupuestos similares: la demostración de la realidad del
mito griego. Tanto Heinrich Schliemann (imagen izq.) como
Arthur Evans estaban dispuestos a
poner
de manifiesto de forma palpable este hecho, convencidos como
estaban de la base histórica sobre la que descansaba una
literatura comúnmente identificada con el mito.
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ambos de fantasmas, el alemán y el inglés trabajarían sobre
el espacio heleno con la finalidad de aprehender lo que
hubiese de verídico en el fascinador mundo de la antigua
Grecia. Schliemann conseguiría demostrar la existencia de la
mítica Troya, y del conflicto que se produjo en torno a la
misma, cuya sola mención acabaría por alzarse como arquetipo
de enfrentamiento bélico.
Más tarde,
hallaría pruebas concluyentes de la realidad del esplendor
de Micenas. Las grandes figuras del pasado griego cuya
existencia había inspirado a los poetas, aquellos personajes
considerados hasta entonces como entes de ficción dramática,
bajaban de los escenarios para integrarse en el mundo de los
mortales. Evans lograría, por su parte, demostrar la
realidad de las leyendas de Creta, isla donde había nacido
Zeus, hijo de Rea, la madre tierra.
Schliemann
constituía un claro exponente de un proceso autodidacta,
hijo de familia privada de recursos económicos que le
permitiesen rea lizar los estudios hacia los que le empujaba
su vocación. Evans, por el contrario, había nacido en el
seno de una familia capaz de facilitarle el ingreso en las
mejores universidades de Inglaterra.
Ambos, por
diferentes caminos, alcanza rían la inmortalidad como
recuperadores de una historia fantástica pero real dotada de
todos los atributos necesarios para considerarla invento de
poetas pero susceptible también de haber tenido una
plasmación efectiva en el tiempo.
Los dos
devolvieron a la ciencia histórica lo que le era debido, y
supieron conservar junto a ello toda la fascinación con que
el misterio y el desconocimiento habían cubierto las
realidades que trataron.
La Ciudad Perdida de La Atlántida |