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Conviene aclarar el concepto de «civilización»
desde el principio, porque aunque este término se utiliza con mucha frecuencia,
no resulta fácil definirlo. Los investigadores aún disienten sobre cuándo debe
considerarse «civilizada» a una sociedad concreta. Sin embargo, hay un punto en
el que todos coinciden: la civilización es un estado
«avanzado» o «desarrollado» de la sociedad, algo que ha llegado a una
etapa superior en su evolución. Quizá no podamos precisar hasta dónde ha tenido
que avanzar una sociedad o cuánto ha tenido que desarrollarse para que la
consideremos civilizada, pero al menos sí podemos asegurar que es muy distinta
de cualquier otra que se denomine primitiva.
Algunos estudiosos han tratado de establecer datos
precisos para determinar cuándo podemos empezar a hablar de civilización; unos
dicen que aparece al mismo tiempo que la escritura. Según otros, viene
determinada por cierto tipo de tecnología, como las construcciones de piedra o
ladrillo y el empleo de estos materiales para erigir grandes edificios, los
monumentos, destinados a sobrevivir a quienes los construyeron y a cubrir algo
más que sus necesidades cotidianas.
Y en opinión de otros investigadores que han
estudiado estos temas se puede hablar de civilización cuando muchas personas
—alfareros, constructores, herreros, joyeros— realizan un trabajo especializado
y, por consiguiente, dependen para su sustento de otros especialistas, como
agricultores y pescadores.
El problema de todos estos rasgos, y de muchos
otros que se han apuntado, radica en que casi siempre se encuentra una sociedad
que podríamos calificar de «civilizada» y que, sin embargo, carece de uno de
estos factores. Por tanto, quizá debamos decir que una civilización puede
presentar muchas de estas características, pero que ninguna de ellas es
absolutamente esencial. Ninguna civilización es sencilla. En ella se
entremezclan actividades de todo tipo que se realizan a un nivel mucho más
elevado que en las sociedades primitivas.
La tecnología, por ejemplo, avanza con mucha mayor
rapidez en las comunidades civilizadas. Se alcanza la especialización y
cooperación que requieren muchas actividades gracias a la existencia de una
mayor riqueza, que se puede compartir entre más personas, y se producen más
alimentos para mantener al gran número de trabajadores que no se dedican a la
agricultura.
Naturalmente, ésta es la razón por la que la
aparición de la agricultura
supuso tal vez el cambio más importante de la historia humana hace sólo unos
cuantos siglos, gracias a la cual surgió la civilización.
En primer lugar, al haber más alimentos, la
población aumentaba. Sólo podemos realizar cálculos aproximados, pero se cree
que en el 4000 a.C. vivían en todo el mundo unos ochenta o noventa millones de
personas. En la actualidad, esta cifra no nos parece muy elevada, pues equivale
aproximadamente a la mitad de la población de la Unión Soviética, pero es enorme
si la comparamos con épocas anteriores. Tardaría otros cuatro mil años en llegar
a ciento treinta millones, un número tampoco excesivo para los valores modernos.
Sin embargo, representaba una tasa de crecimiento
mucho mayor que la de tiempos anteriores. Uno de los signos de civilización
consiste en que aumenta el número de personas que vive en las ciudades, factor
que también supone un cambio importante. El término «civilización» lo refleja
porque deriva del latín citis, que significa «ciudadano», es decir, el
que habita en una ciudad. Si las comparamos con las actuales, las primeras
ciudades no eran muy grandes, y la mayoría de las personas no vivía en ellas,
igual que ocurre hoy en día.
Sin embargo, la agrupación en mayor número de
ciudades, en las que podían aprender los unos de los otros y ver cosas nuevas y
desconocidas, facilitaba la civilización. Cuando aparece una civilización, ésta
ejerce una gran influencia sobre las personas. Hemos de recordar que durante la
mayor parte de la existencia de los seres humanos en la tierra, la inmensa
mayoría no ha tenido prácticamente elección sobre ningún asunto importante. En
un principio (y aún ocurre en ciertas zonas del mundo), la geografía y el clima
encorsetaban la vida humana dentro de unos moldes muy rígidos.
Cuando aparecieron la agricultura y la
civilización, se presentaron más oportunidades de elección para mayor número de
personas. Aun así, los jóvenes no tuvieron opción a decidir lo que harían cuando
fueran adultos durante la mayor parte de la historia de la humanidad. Si bien la
civilización liberó a los hombres en ciertos aspectos, también les impuso otras
restricciones.
Gracias a ella resultaba más fácil desarrollar técnicas y medios
para realizar determinadas actividades que les otorgaban poder sobre la
naturaleza, pero la civilización también reforzaba las tradiciones. La mayoría
de ellas se perpetuaron durante varios siglos, tiempo más que suficiente para
que, se afianzaran firmemente las formas de pensamiento y comportamiento y para
que no pudieran cambiarse fácilmente. Incluso hoy en día resulta difícil
comprender la forma de pensar de los pueblos con tradiciones diferentes a las
nuestras.
Una civilización es una cultura
compleja en la que un gran numero de personas comparte diversos elementos
comunes. Los historiadores han identificado algunas características básicas de
la civilización, la mayor parte de las cuales es evidente en las civilizaciones
de Mesopotamia y Egipto.
Éstas incluyen: 1) revolución
urbana (las ciudades se convierten en los puntos focales del desarrollo
político, económico, social, cultural y religioso; 2) estructura religiosa
característica (los dioses se consideran cruciales para el éxito de la
comunidad, y las clases sacerdotales profesionales —como administradoras de la
propiedad de los dioses— regulan las relaciones con los dioses; 3) nuevas
estructuras políticas y militares (surge una burocracia gubernamental organizada
para satisfacer las demandas administrativas de la creciente población, en tanto
que los ejércitos se organizan para adquirir dominios y poder); 4) una nueva
estructura social basada en el poder económico (al lado de los reyes y la clase
superior de los sacerdotes, de los líderes políticos y militares —que ejercen el
dominio—, existe también un gran contingente de hombres libres —agricultores y
artesanos— y de esclavos ubicados en la última escala social); 5) el desarrollo
de la escritura (reyes, sacerdotes, mercaderes y artesanos utilizan la escritura
para llevar registros); y 6) nuevas formas de significativa actividad artística
e intelectual (las estructuras arquitectónicas monumentales —a menudo
religiosas— ocupan un lugar prominente en los ambientes urbanos.
Fuentes: Historia Universal
Ilustrada Tomo I - Wikipedia - Artehistoria
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