LA FORMACIÓN DE LA  CLASE OBRERA

LAS ASOCIACIONES INTENCIONALES OBRERAS (AIT) - NACE LA CLASE OBRERA

 

 

 

 

Revolución Industrial

La Ilustración

Revoluciones Burguesas

El Movimiento Obrero

El Capitalismo en 1850

El Anarquismo Que es el Pueblo?

La Comuna de París Revoluciones Liberales El Cartismo Inglés Revolución de 1830

LA FORMACIÓN DE LA CLASE OBRERA:

El desarrollo de la urbanización, y también de la industrialización, en Europa, en la primera mitad del siglo XIX, tuvo consecuencias sobre las condiciones de vida de los trabajadores. La gran mayoría de éstos apenas lograban subsistir, acosados por el hambre y las epidemias. Muchos de estos trabajadores pobres eran artesanos que ejercían su oficio de manera independiente, trabajadores domiciliarios o empleados en pequeños talleres. Pero a medida que avanzó la industrialización creció el número de obreros empleados en las fábricas mecanizadas. Este proletariado

 industrial se fue transformando en el sector más numeroso entre los trabajadores urbanos. La vida miserable que llevaba la mayoría de ellos se agravaba ante la amenaza permanente de la desocupación.

Las calles de las ciudades inglesas se poblaban de trabajadores en busca de ocupación para subsistir, a causa del desempleo o empleo temporario. Por esta razón nacieron las casas de empeño, que fue creciendo en número a medida que se incrementaba la desocupación.

Los trabajadores empobrecidos, que no lograban satisfacer sus necesidades básicas, comenzaron a buscar formas para mejorar su vida cotidiana. Sobre todo en los primeros tiempos, buscaron soluciones en forma individual. Pero, al poco tiempo, empezaron a organizarse tras una solución colectiva.

Una salida de tipo individual consistió en tratar de ascender socialmente, tomando como ideal el modo de vida de la burguesía. Algunos trabajadores pensaron que una vida austera y el esfuerzo personal era la forma de mejorar su posición social. Sin embargo, el camino del progreso económico era muy difícil de transitar para quien no contaba con un mínimo de capital para invertir. Fuera de Inglaterra las posibilidades de progreso económico eran aun menores.

Otros trabajadores pensaron que una acción colectiva, como las rebeliones, podía ser una solución mucho más efectiva. Aunque las rebeliones fueron derrotadas, a partir de estos movimientos de protesta fueron surgiendo las primeras asociaciones de trabajadores que se organizaron para luchar colectivamente.

Los trabajadores europeos, especialmente los ingleses y franceses, comenzaron a tomar conciencia de que su situación de miseria era un hecho social que los afectaba a todos. El origen de sus problemas y su posible solución no eran de tipo individual. Los trabajadores que más posibilidades tenían de comprender su situación eran los obreros industriales. La reunión de un gran número de ellos en fábricas sirvió para que desarrollaran una conciencia de pertenecer a una clase social y, además, para que se organizaran y actuaran de manera solidaría.

El Desempleo en la ciudad de Boston (Inglaterra)
  Actividad Obreros en 1836   Obreros en 1836  
Textiles 8124   1036
Herreros 2110   1325
Carpinteros 150   24
Enladrilladores 120   16
Albañiles 150   50
Sastres 500   250
Zapateros 80   40

HACIA LA ORGANIZACIÓN DEL MOVIMIENTO OBRERO

Durante la primera mitad del siglo XIX los trabajadores ingleses y franceses, y en menor medida los de otros países europeos, desarrollaron una gran actividad organizativa. La creación de sindicatos, cooperativas, grupos de agitación y periódicos fueron dando forma a una resistencia organizada frente a la explotación. Así fue surgiendo el movimiento obrero.

Con estas acciones, la clase obrera europea fue desarrollando un conjunto de nuevos valores que la identificaban, diferenciándola de los ideales burgueses. Frente al liberalismo individualista de la burguesía, los obreros, para defender sus propios intereses, opusieron la lucha por una sociedad basada en la cooperación y en el beneficio colectivo.

Desde la Revolución Francesa y durante el ciclo de las revoluciones burguesas, los trabajadores se habían movilizado y luchado junto a la burguesía, en contra de los privilegios de la aristocracia. Pero a medida que comprendieron que la situación de explotación que sufrían era resultado de la industrialización, comenzaron a plantear sus propias demandas, a elaborar sus propias ideas. El movimiento obrero, poco a poco, se fue alejando de su alianza con la burguesía.

Los métodos de lucha de estas primeras organizaciones obreras eran similares a los que la pequeña burguesía radicalizada y los sans-culottes habían empleado durante la Revolución Francesa: agitación callejera, publicación de periódicos y panfletos, motines e insurrecciones. Además de utilizar estos métodos jacobinos, los obreros encontraron una forma novedosa de lucha: la huelga. La huelga era una acción más apropiada para luchar contra los dueños de las fábricas. Era un medio de presión directa que disminuía la ganancia de los empresarios y permitía a los sindicatos discutir mejores condiciones de trabajo, aumento de salarios o reducción de la jornada laboral.

EL MOVIMIENTO OBRERO EN INGLATERRA

A fines del siglo XVIII los trabajadores ingleses comenzaron a organizarse en clubes y en asociaciones, para acompañar las luchas de los sectores más radicalizados de la burguesía. La Corresponding Society fue una de estas agrupaciones. Sus principales demandas eran que el Parlamento se reuniera anualmente y que existieran garantías democráticas. La reacción de las fuerzas conservadoras, que pretendían mantener el poder en manos de una minoría privilegiada, impuso leyes represivas, y persiguió y encarceló a los miembros de estas asociaciones.

Sin embargo, las demandas de democracia de los trabajadores y de algunos sectores de la burguesía lograron que se sancionara la Reforma electoral de 1832. Ésta permitió que aumentara el número de votantes, aunque los obreros siguieron marginados del sistema político.

Simultáneamente con esta reforma electoral se sancionó la Factory Act (ley fabril), en 1833. Esta ley permitía el empleo en las fábricas de niños mayores de 9 años y el cumplimiento de un horario máximo de 48 horas semanales. Así se legalizaban las condiciones de explotación laboral de los menores de edad.

El movimiento obrero inglés comenzó a organizarse en 1838, con el surgimiento del movimiento cartista. Su nombre se debió a que los obreros ingleses, junto con grupos de la baja burguesía radicalizada, produjeron varias olas de agitación en defensa de la Carta del Pueblo. La Carta era un petitorio dirigido al Parlamento y avalado por miles de firmas. Era la primera vez que un movimiento de trabajadores planteaba demandas propias y reclamaba ante una institución como el Parlamento, integrada por representantes de la burguesía.

La agitación cartista se prolongó hasta 1848. En esos años de lucha se fueron definiendo dos tendencias dentro del movimiento. Una de ellas, la denominada Fuerza Moral, pensaba que era preferible una alianza con la burguesía, y confiaba en que muchos políticos burgueses los apoyarían ante la justicia de sus reclamos. Los trabajadores de esta tendencia vivían en su mayoría en el sur de Inglaterra, donde predominaba el trabajo artesanal.

La otra tendencia, a la que se llamaba Fuerza Física, apoyada por los obreros de las regiones más industrializadas del norte (en tomo a Manchester), propiciaba una acción más decidida contra la burguesía. Para que sus reclamos fueran más efectivos los obreros impulsaron huelgas prolongadas, de un mes de duración, a las que llamaban Gran fiesta nacional o Vacaciones. Esto los llevó a una confrontación total con la burguesía. Por no contar con la organización y el apoyo suficientes fueron derrotados. El fracaso de estas huelgas hizo que el movimiento obrero inglés se inclinara por los métodos de acción más conciliadores con la burguesía, luego conocidos con el nombre de reformismo.

EL MOVIMIENTO OBRERO EN FRANCIA

Durante la primera mitad del siglo XIX, en Francia, el avance de la industrialización originó el crecimiento del número de obreros industriales.

Los primeros pasos del movimiento obrero francés se dieron en 1831, en Lyon, ciudad que era el centro de la industria textil francesa. La llegada al poder del rey liberal Luis Felipe había sido apoyada por muchos trabajadores que rechazaban el absolutismo de Carlos X. Sin embargo, la situación económica de los obreros había empeorado durante los primeros meses del reinado de Luis Felipe. El salario de los obreros textiles se había reducido a la cuarta parte de su valor. Esto motivó que los tejedores de Lyon exigieran mejores pagas por su trabajo. El gobierno rechazó el pedido y estalló una insurrección. La huida de las autoridades dejó a la ciudad en manos de los obreros. Sin que éstos lo hubiesen planificado, se apoderaron de la ciudad durante diez días. La reacción del gobierno central de París fue la violenta represión de los insurrectos.

A pesar de las derrotas sufridas, el movimiento obrero siguió organizándose. Al estallar la revolución de febrero de 1848, nuevamente se movilizaron en masa. Después de la experiencia de muchos años de luchas, los obreros tenían ya sus propias agrupaciones e ideales. Las ideas socialistas eran las más populares entre los trabajadores y sus exigencias los enfrentaron con los burgueses republicanos. Algunos dirigentes como Luis Blanc pensaban que “la revolución social puede lograrse, y quizás con mayor felicidad, por el camino de la colaboración entre los obreros y la burguesía”. Sin embargo, el enfrentamiento social fue cada vez más duro, y estas propuestas reformistas fracasaron.

 

 

 

 

Augusto Blanqui

 

 

 

LAS PRIMERAS IDEAS SOCIALISTAS: LOS UTOPISTAS

Junto con las primeras formas de organización de los trabajadores se fueron difundiendo en Europa nuevas ideas que criticaban las injusticias de la sociedad industrial. Saint-Simon, Charles Fourier y Augusto Blanqui, en Francia, y Robert Owen, en Inglaterra, fueron algunos de los pensadores que denunciaron las pésimas condiciones de vida de los trabajadores y que propusieron distintas formas de solución. Sus propuestas de cambio, si bien difíciles de llevar exitosamente a la práctica, sirvieron para que comenzara a desarrollarse una nueva corriente de ideas, cuyo principal objetivo era construir una sociedad donde reinaran la justicia y la igualdad. A partir de 1820, la palabra socialismo fue la que designó a estas ideas.

Estos pensadores confiaban en que la puesta en marcha de sus proyectos serviría de ejemplo para que los demás hombres los imitaran. De este modo, sin fuertes conflictos, la sociedad industrial sería cada vez más justa. Esta forma de pensar en los cambios sociales fue considerada por otros pensadores como utópica (una utopía es un plan optimista que aparece como irrealizable). Por eso se los denomina socialistas utópicos.

El francés Fourie uno de los partidarios de eliminar las injusticias derivadas del desarrollo industrial, propuso construir falansterios. Se trataba de un conjunto de edificios fabriles y de granjas, habitados por una comunidad que se autoabastecía, en la que todos sus miembros compartían las herramientas de trabajo y se distribuían equitativamente las tareas y los frutos de éstas. Algunos intentaron poner en marcha esta sociedad ideal de Fourier en Es’tados Unidos, pero la experiencia fracasó.

LA NUEVA VISIÓN BURGUESA DE LA REALIDAD

En el siglo XIX, el triunfo de la burguesía en el plano económico fue acompañado por la difusión en la sociedad europea de los valores burgueses. Estos valores tuvieron más importancia en Inglaterra y en Francia.

La doble revolución —la Revolución Industrial y la Revolución Francesa— provocó la ruptura de la sociedad feudal tradicional. La idea de una sociedad inmutable y jerarquizada creada por Dios, fue reemplazada por la convicción burguesa de que los hombres eran los únicos responsables de su destino. Esta nueva visión del mundo estaba basada en un fuerte optimismo, en una poderosa fe en el progreso material que prometía la industrialización. Los burgueses de este siglo tenían la seguridad de que la iniciativa y la ambición individuales eran las únicas garantías para lograr el bienestar económico y social. Creían que con el fin de la sociedad feudal y con el triunfo de la burguesía en las revoluciones de 1830 y de 1848 se habían abierto las posibilidades para que los hombres progresaran socialmente.

LOS CAMINOS DE ASCENSO SOCIAL

¿Qué era para un burgués del siglo XIX el ascenso social? Significaba llegar a ser alguien que valía, que había alcanzado un cierto bienestar eco­nómico que le permitía vivir sin penurias a él y a su familia. Significaba que la sociedad lo reconocería por lo que había alcanzado; que sería alguien respetable ante los demás.

Con las revoluciones burguesas el estudio dejò de ser exclusividad de los grupos aristocràticos y fue accesible a un mayor numero de individuos.Por ello se convirtiò en uno de los medios de ascenso social.

El mundo burgués ofrecía tres caminos para ascender socialmente: los negocios, la educación y el ejército. Los negocios se presentaron al burgués de esta época como la mejor oportunidad para lograr el progreso individual. En una economía que crecía con tanta rapidez como la capitalista, los negocios (industrias, bancos, comercio) eran cada vez mayores. La educación era otra alternativa para ser alguien en esta nueva socie­dad. Era un medio para llegar a tener una profesión o para obtener un cargo en la administración del Estado. Tener en la familia un abogado, un profe­sor o un médico era honroso para el burgués. Significaba también el triunfo del esfuerzo individual y la victoria sobre la importancia del apellido y el parentesco aristocrático.

También la carrera militar fue muy importante, sobre todo en la Francia revolucionaria y napoleónica. El modelo a imitar fue, sin duda, Napoleón Bonaparte, un burgués que a través de una brillante carrera en el ejército logró la fama y el prestigio social. Que un hijo fuera militar también era un orgullo para un padre burgués.

Pero ni los negocios ni los estudios ni la carrera militar eran caminos abiertos para todos los hombres del siglo XIX. Existían límites para el ascenso social. Sin poseer algún recurso económico resultaba casi imposible emprender alguno de esos caminos. Y ésa era la realidad de la mayor parte de la sociedad de esta época. Los trabajadores asalariados que vivían pobremente en las ciudades y en los campos eran la otra cara del progreso capitalista.

Una familia burguesa inglesa. La familia ocupó un lugar muy importante en la vida del hombre del siglo XIX? Fue una institución patriarcal, la figura principal era el padre. Debajo de élse organizaba toda una jerarquía de inferiores (mujeres, niños y criados). Todos los integrantes de la familia debían obediencia a/padre. E/papel de la mujer era secundario, su actitud tenía que ser débil y pasiva, y su obligación era ocuparse de los niños y de las cosas de la casa. La familia burguesa debía ser ejemplo de vida armoniosa y respetuosa de las jerarquías. Para el burgués, la familia representaba el contraste con la realidad externa difícil y competitiva.

EL MANIFIESTO COMUNISTA

En un Congreso celebrado en Londres en 1847 la Liga de los Comunistas, una asociaciòn internacional que se proponìa la defensa de los intereses de los obreros, encargò a dos de sus miembros, la redacciòn de un programa detallado de la Liga. Los alemanes Carlos Marx y Federico Engels, escribieron el Manifiesto Comunista, que fue impreso en Londres unas semanas antes del estallido de la revoluciòn en Francia de febrero 1848.

LAS NUEVAS IDEAS DE CAMBIO: MARXISMO Y ANARQUISMO

El maquinismo y el aumento productivo no mejoraron las condiciones de vida de los trabajadores, como algunos esperaban. El trabajo infantil y las largas y pesadas jornadas de Labor en talleres inhóspitos generaron condiciones para una lectura crítica del “progreso”: el hombre, con la Revolución Industrial, había realizado su aprendizaje productivo; pero aún le faltaba su aprendizaje distributivo. En esa etapa incipiente del capitalismo, se escucharon las voces críticas de una serie de figuras denominadas, luego, socialistas “utópicos”, quienes criticaron las condiciones de explotación a los obreros.

En Londres, durante el verano de 1848, se reunieron diversas corrientes del pensamiento del proletariado, con el, fin de originar a una entidad que las agrupara y elaborar un documento en el cual quedaran expresadas sus demandas. Surgió así la Liga Comunista, que al año siguiente le encargó a Karl Marx la redacción de una proclama que sirviera de orientación para las acciones de la nueva agrupación. Marx, en colaboración con otro destacado pensador de la época, Frederich Engels, escribieron ese texto que pasó a conocerse, rápidamente, en todo el mundo como El manifiesto comunista.

Tanto Marx como Engels plantearon en el citado documento que, hasta ese momento, los filósofos se habían encargado de describir e interpretar al mundo; pero que, dada la enorme injusticia que en él reinaba, ellos se proponían transformarlo. Para ello, la teoría debía ir acompañada de la acción transformadora del hombre quien —a juicio de estos autores— es plenamente capaz de cambiar la realidad que lo rodea.

Marx y Engels sostenían que la sociedad capitalista —basada en la propiedad privada— era esencialmente una sociedad desigual e injusta, ya que los trabajadores debían vender su propia fuerza de trabajo a los capitalistas a cambio de un salario. En dicho intercambio de trabajo por dinero, el obrero recibía de manos del capitalista un salario que tan sólo equivalía a lo que necesitaba un obrero para mantenerse a sí mismo y a su familia; algo que se alcanzaba con sólo seis horas de su trabajo. Pero la jornada laboral era, por aquel entonces, de más de doce horas; de manera que el capitalista se quedaba con lo producido durante las seis horas restantes. Esa diferencia —que Marx llamó plusvalía— constituye el origen de la situación de explotación del obrero que define a la sociedad capitalista, por lo que ésta debía ser eliminada y reemplazada por otra.

Otra de las ideas del pensamiento marxista era la de la lucha de clases. En ella planteaba Marx que la plusvalía indicaba la existencia en la sociedad capitalista de una contradicción fundamental entre los intereses de la burguesía y de los obreros (lucha de clases). Esa contradicción sería cada vez más injusta para los proletarios. Pero en algún momento, estos últimos deberían tomar plena conciencia de esa situación y plantear, por medio de un movimiento revolucionario, un cambio radical del sistema capitalista por una nueva sociedad: la sociedad comunista. En ella —luego de eliminar la propiedad privada y la burguesía como clase dominante— no existirían las clases sociales, y los hombres serían todos libres e iguales sin distinción de nacionalidad.

ANARQUISTAS: El pensamiento anarquista parte de una aceptación general del planteo marxista acerca de la explotación que caracteriza al sistema capitalista; pero los anarquistas están en contra de la opresión que para ellos encama el Estado, administrado por el Gobierno. Señalan, además, que cualquier poder corrompe y es fuente de corrupción. Quien llega a él, inevitablemente se corromperá y será un opresor, pues ejercerá el principio de autoridad. Los anarquistas decían que si existía uno que mandaba, significaba que existía otro que era mandado: si existían amos era porque había esclavos. Sostenían que una de las instituciones representativas del poder y de la autoridad que educa en la sumisión y contribuye a mantener el orden como se encuentra establecido, es la Iglesia. Pues toda creencia en un ser superior implica limitar la libertad humana y trae aparejada la idea de sometimiento y esclavitud. Para cambiar este estado de cosas, el anarquismo propone la rebelión permanente contra cualquier poder, como camino hacia la revolución social.

Fuente Consultada:Historia Europa Moderna y Historia Polimodal A-Z
Alonso/Elisalde/Vazquez/Pigna/Mora/Bulacio/Cao

Revolución Agrícola I Revolución Agrícola II Revolución Algodonera Revolución Metalúrgica

Formación de la AIT

Biografía de Karl Marx      

Día Internacional del Trabajo

Democracia Liberal


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