| |
Uno
de los llamados Padres de la Iglesia, Hipólito en sus comentarios sobre el
Cantar de los Cantares, sí que parece mencionar a María, si bien de una forma un
tanto indirecta:
Por
si acaso las mujeres apóstoles dudaban de los ángeles, Cristo mismo fue a ellas
para que fueran apóstoles de Cristo y, mediante su obediencia, rectificaran el
pecado de la antigua Eva.
Después, pasa a relatar cómo Cristo se mostró ante los apóstoles varones y dijo:
«Soy Yo quien se apareció a esas mujeres y Yo quien quiso enviároslas como
apóstoles».
En
el Evangelio de Felipe (63: 33-6), uno de los llamados Evangelios Gnósticos
encontrados con el tesoro de Nag Hammadi en Egipto, se utiliza un lenguaje más
confuso para describir una posible relación íntima entre Jesús y María
Magdalena. En este texto se dice que Jesús solía «amarla más que a todos los
discípulos» y que solía «besarla a menudo en la boca», actitud por la cual los
discípulos varones se ofendían. Aunque no hay en ello indicio alguno de
auténtico matrimonio o de convivencia, en el lenguaje copto en que están
escritos los textos se utiliza para describir a María la palabra koinonos, que
ha sido traducida por Susan Haskins (en su libro María Magdalena, mito y
metáfora, de 1993) como «consorte» o «compañera».
Uno
de los textos de Nag Hammadi es conocido como el Evangelio de María. En él
encontramos una referencia al hecho de que ella era la destinataria de la
revelación, para gran disgusto de los apóstoles varones. En dicho Evangelio
(17:10-18), encontramos que Andrés duda de que María viera realmente a Cristo
resucitado y que Pedro pregunta: «Ha hablado el Salvador con una mujer sin
nuestro conocimiento y a escondidas?». Y continúa: «La prefiere a nosotros?».
Más adelante, en el mismo texto, Levi reprende a Pedro, diciéndole: «Si el
Salvador la ha hecho digna, ¿quién eres tú para rechazarla? Seguro que el
Salvador la conoce muy bien. Por eso la amaba más que a nosotros».
Lo
que nos muestran estos textos es que las figuras de las mujeres seguidoras de
Jesús bien podrían haber tenido un estatus más alto de lo que se nos quiere
hacer creer, aunque no aclaran la cuestión principal de sí Jesús y María eran
marido y mujer. En lugar de ello, nos ofrecen sugerentes atisbos y posibilidades
y dan pie a líneas de pensamiento y teorías basadas en tal suposición. Debemos
recordar que los textos antes citados son solo unos pocos de los cientos de
textos relativos a este periodo.
Una
teoría de los autores de El enigma sagrado intrigante y que incita a la
reflexión es que la historia recogida en el Nuevo Testamento sobre las Bodas de
Caná, en la que Jesús realiza el milagro de convertir el agua en vino, podría
ser, en realidad, un relato distorsionado de la propia boda de Jesús. Esta
teoría tiene mucho a su favor y bien puede ser una de las pistas principales
para zanjar esta polémica. Esto y el hecho de que en aquel tiempo se habría
esperado que Jesús, como judío que era, se hubiera casado, son caminos que
merecen ser seguidos por el investigador en ciernes.
Nos
quedamos, pues, con las siguientes conclusiones:
• El personaje de María Magdalena en el Nuevo
Testamento bien podría haber tenido una relación más íntima con Jesús de lo que
se pensó en principio.
• María estaba con Jesús en momentos clave de la
historia, particularmente en Su muerte, entierro y resurrección.
• No hay pruebas directas en los textos que hoy
por hoy conocemos, ni tampoco en los Evangelios,
que
corroboren la hipótesis de que Jesús y María estuvieran casados. Ni siquiera los
Evangelios hallados en Nag Hammadi (en 1945) se pronuncian con pruebas (o
carecen de ellas) respecto a este tema, salvo una referencia de Felipe a una
posible consorte. ¿Qué le ocurrió a María después de la muerte de Cristo? Según
la tradición católica, María Magdalena murió en Éfeso, donde vivió junto con
María, Madre de Jesús, y Juan, el supuesto autor del cuarto Evangelio. Sin
embargo, esta tradición cuestiona una leyenda del siglo vi, mencionada por
Gregorio de Tours, que establece que un documento aún más antiguo ofrece la
versión de que María Magdalena viajó a Aix-en-Provence, en Francia, con el
séquito de San Maximino. Esta historia parece ser la catalizadora de las teorías
de la Sang Real («sangre real» o linaje de sangre real de Cristo) de nuestro
tiempo. En los círculos gnósticos también se conoce a María Magdalena como la
«amada», con lo que, de nuevo, se la relaciona con la hipótesis de una unión con
Jesús. Si se quiere averiguar más acerca de las ideas sobre las que se basa
esto, merece la pena leer La mujer de la vasija de alabastro, de Margaret
Starbird. Esta misma autora, en su libro de 1993 La diosa en los Evangelios,
afirma que, según el antiguo sistema hebreo de la guematría, o simbolismo
numérico, el nombre «María Magdalena» y su correspondiente cifra en este sistema
«153» indican que, en este contexto, María era la «diosa». Starbird también cree
que María pasó mucho tiempo en la floreciente y pujante ciudad cosmopolita de
Alejandría. De nuevo, esto explicaría los muchos mitos y leyendas que han
surgido en torno a este personaje, como podemos ver por los numerosos cultos a
la Magdalena que surgieron por todo el Mediterráneo en los primeros siglos de
nuestra era.
Como
se puede ver, la teoría de un linaje de Cristo no es muy innovadora en sí misma,
pero la de que fue María Magdalena la que le dio un hijo parece ser ciertamente
muy moderna (véase la entrada Enigma sagrado, El para obtener más información
sobre esto). Ha surgido también toda una industria en torno a la Magdalena vista
como encarnación de la Divinidad Femenina, que representa, en cierto modo, el
espíritu de la Madre Diosa. Este es un acercamiento totalmente diferente a la
teoría de la línea de sangre, en la medida en que está basado más en la metáfora
y en el simbolismo que en la auténtica realidad material. Parecería lógico que
el papel de María Magdalena fuera o bien el de consorte de Jesús o el de
personificación de la Divinidad Femenina. Sería difícil cumplir con ambos
papeles, a no ser que sean atributos muy posteriores, como parece ser el caso.
La
historia de María Magdalena está envuelta en mitos, leyendas y simbolismos. Ella
ha llegado a representar y sostener el papel del mismísimo espíritu de la
antigua diosa venerada por todo Oriente Medio y Europa hace miles de años. Que
estuviera casada con Jesús o que le diera un hijo son cuestiones que,
simplemente, no se pueden probar por lo que sabemos a día de hoy. Estas
historias permanecen envueltas en mitos, pero están llamadas a ganar fuerza con
el paso del tiempo. Los dos mil años de represión de lo femenino velarán porque
así sea. 
|
|