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LA HISTORIA DEL CÓLERA: «En cumplimiento de mis obligaciones oficiales [...] he visitado muchos lugares en los que los excrementos se amontonaban en torno a casas, sótanos y patios, y en cantidad tal y hasta tal altura que sólo se podía avanzar con gran esfuerzo», informaba en 1841 un miembro de la Metropolitan Sewers Comission. «Encontré gente que vivía y dormía en cuartos cuyas paredes y corredores chorreaban porquería. Las consecuencias de los gases malolientes y tóxicos que emanaban de los montones de estiércol se podían apreciar en las caras descompuestas, pálidas e insanas y en los miembros flaqueantes de los habitantes que tenían que vivir en ese lodazal de suciedad y miseria" John Snow (1813-1858)

El cólera es una enfermedad intestinal causada por las bacterias Vibrio cholerae, del serogroup 01 ó el 0139. Aunque la mayoría de las casos de cólera se ven en áreas tales como Asia, África y Suramérica, algunos casos ocurren en los Estados Unidos cada año. Las personas en riesgo de contraer el cólera son gente que viaja a los países extranjeros en donde los brotes están ocurriendo y la gente que come los mariscos sin procesar ó poco cocinados de las aguas costeras calientes que se pudieron contaminar con las aguas residuales. En ambos casos, el riesgo es absolutamente pequeño.

CÓLERA, UNA ENFERMEDAD MORTAL: El cólera tiene su origen en los deltas pantanosos y densamente poblados de los ríos indios Ganges y Brahmaputra. Desde allí, hace tiempo que se extendió a Asia y África. Es una enfermedad de la mucosa intestinal y una de las peores epidemias de la humanidad; en la primavera de 2006 todavía causó varios miles de víctimas mortales en África y más exactamente en Angola y Sudán.

Después del contagio con la bacteria Vibrío cholerae, que vive en el agua, la enfermedad se suele desencadenar al cabo de dos a cinco días, pero a veces también pasadas unas horas. Se manifiesta con intensos vómitos y diarreas. La bacteria se segrega con las heces. Si no se aplican inmediatamente sueros salinos intravenosos, el cuerpo pierde agua y minerales, bajan la presión arterial y la temperatura y se produce la muerte rápidamente. Si las bacterias entran en contacto con el abastecimiento de agua, aumenta radicalmente la cifra de casos. Incluso objetos contaminados con excrementos, como por ejemplo ropa, pueden producir la infección, lo que aún hace más peligrosa la enfermedad. Sin tratamiento fallecen casi la mitad de los pacientes; entre los niños y ancianos la mortandad llega incluso al 90%.

Religión e higiene El hecho de que el cólera siga actualmente produciendo víctimas en países de Asia y África tiene que ver, entre otras cosas, con las costumbres religiosas. Los hindúes consideran sagrada el agua del Ganges, en la India, y a sus orillas se reúne anualmente una cifra incalculable de personas.

Afirman que el agua les purifica y lava sus pecados, y llevan hasta allí a muchos enfermos y moribundos. Más tarde arrojan al río sagrado sus cenizas, así como los cuerpos, a menudo sólo requemados, de los más pobres. Los peregrinos beben esa agua también contaminada por desagües sin filtrar y se la llevan a casa en botellas. Así se transmite la enfermedad hasta en los lugares más apartados.

La primera gran epidemia de cólera, 1815-1824 Desde el punto de vista histórico, la religión desempeñó durante mucho tiempo un importante papel en la propagación de la enfermedad. En el siglo XVIII, tras la conquista de Bengala (la actual Bangladesh y parte del noreste de la India) por los ingleses, se intensificó el comercio con las costas de la península Arábiga y también el contacto con los lugares de peregrinación de La Meca y Medina. Allí se reunían decenas de miles de peregrinos y las condiciones higiénicas eran miserables. En esas circunstancias la enfermedad se propagó velozmente, de ahí su nombre árabe El hawa («la tempestad») o Hawa asfar («viento amarillo»). Los peregrinos la llevaron consigo hasta Egipto y de allí se expandió por la cuenca del Mediterráneo.

Entre 1815 y 1817, en el Ganges se produjeron enormes inundaciones, malas cosechas y un brote de cólera. Mediante el comercio y los movimientos de tropas, la enfermedad se propagó velozmente hasta las Filipinas, luego desde Bombay hasta Arabia y Persia, y finalmente hasta Rusia. Entre 1823 y 1824 acabó la mortandad masiva, pero no fue, como se creyó, En 1884 se intentó desinfectar con fumigaciones tanto a los viajeros del tren como su equipaje para impediría propagación de la enfermedad. gracias al tratamiento con sangrías o irrigaciones. De hecho fueron las bajas temperaturas las que dificultaron la supervivencia de los bacilos.

1826-1836: Moscú-Varsovia-BerlínLondres-París-Nueva York La segunda epidemia sucedió en 1826. Avanzó de nuevo desde el Ganges hacia Occidente, con especial intensidad a lo largo del Volga. Como allí se seguía manteniendo la idea procedente de la Antigüedad de que la causa de la enfermedad era un miasma, es decir, aire impuro y vapores peligrosos, no se vio relación con el agua contaminada. Era imposible dar sepultura en los cementerios a los casi 200 000 muertos, sobre todo navegantes fluviales y lavanderas, por lo que fueron enterrados en fosas comunes. La enfermedad seguía avanzando en dirección oeste hasta Berlín, pasando por Polonia.

Ya hay una vacuna disponible pero proporciona solamente protección parcial de duración corta y no previene la infección asintomática. El uso de esa vacuna no es recomendado por la Organización Mundial de la Salud y se requiere únicamente para viajeros que necesitan demostrar que recibieron tienen la vacuna para entrar a un país.

Prusia luchaba contra Polonia a las órdenes del mariscal de campo Von Gneisenau (1760-183 1) y su jefe de Estado Mayor Carl Von Clausewitz (1780-1831). Se estaba preparado contra la invasión del cólera, y desde Polonia se limitaron las posibilidades de entrar legalmente a doce puestos fronterizos mediante la cuarentena. Sólo después de una estancia de diez a veinte días se podía seguir viaje; el correo y las mercancías importadas se fumigaban en cajones con tres compartimentos que se llenaban con brasas de carbón, luego con azufre, nitrato y salvado, y finalmente con las cartas. Como en el caso de la peste, los médicos se protegían con gabanes encerados. Pero todas esas medidas no sirvieron de nada: Clausewitz murió en agosto y Gneisenau en noviembre.

El cólera avanzaba hacia Berlín. Se acordonaron las zonas contaminadas. Junto al castillo de Charlottenburg, adonde se había retirado la corte, se instaló una cámara de fumigación para los visitantes. Las fumigaciones, hasta entonces prohibidas policialmente, se permitieron, pues con ellas se esperaba una limpieza del aire nocivo. Perecieron más de 1400 personas, entre ellas, en noviembre de 1831, el filósofo Georg Wilhelm Friedrich Hegel, nacido en 1770.

Las metrópolis de Europa bajo el dominio del cólera A lo largo del Havel y del Spree, el cólera se aproximó a Hamburgo. La aplicación negligente de las normas de cuarentena contribuyó al brote en el puerto, junto al Elba y los canales. Las condiciones higiénicas eran aquí peores que en Berlín, pues ni había un abastecimiento central de agua ni canalización. El transporte de materias fecales sólo se realizaba irregularmente, y de las casas situadas en el interior del lago Alster los excrementos infectados con bacterias caían directamente al agua, que se utilizaba también para beber. De los aproximadamente 145 000 habitantes murieron casi 2000. Siguió Londres, con casi 10.000 víctimas, y .n 1832, París. Heinrich Heme describió las Espantosas condiciones en las calles y en el Hotel-Bieu, hospital cercano a Notre Dame.

Gran parte de París tampoco disponía de canalización. Los colectores de excrementos líquidos sobresaturados se vaciaban en carruajes de barriles que por la noche se descargaban en los depósitos con voiries, los depósitos de materias fecales a las afueras de la ciudad. Cuando éstos rebosaban, las aguas sucias se vertían en el Sena. Enfermaron unos 230.000 franceses, de los cuales 100.000 perecieron, 19.000 de ellos sólo en París en 1832. En toda Europa murieron miles de personas, y aquel 1832 el cólera avanzó hasta Estados Unidos. Probablemente fueron emigrantes irlandeses enfermos los que introdujeron la enfermedad. Hubo muchos muertos, sobre todo entre los nativos norteamericanos

La mayoría de personas expuestas al organismo del cólera no desarrollará ninguna síntomas. El síntoma más común es diarrea líquida leve pero que puede llegar a severa, y a veces vómito. En casos severos sin tratamiento, la muerte puede ocurrir dentro de algunas horas debido a la pérdida de mucho líquido. Con el tratamiento apropiado, muy pocas personas morirán de cólera.

Sin final a la vista Continuamente se sucedieron nuevas epidemias: primero entre los años 1840 y 1861, con más de un millón de víctimas en Rusia; luego entre 1863 y 1875, así como entre 1881 y 1896, y también en 1899 y 1923. En 1936 comenzó la última pandemia, que respetó a toda Europa. Además, entre tanto se había identificado la causa y era posible tomar medidas. Ya en 1854, el médico inglés Snow (1813-1858) se había dado cuenta de la relación entre la alta incidencia de enfermos en el Soho y la utilización de una bomba de agua en la Broad Street. Hizo retirar el brazo de la bomba y la epidemia se extinguió. Sin embargo, nadie quiso publicar su disertación sobre el agua contaminada como origen de la enfermedad; se siguió creyendo en un miasma, en aire contaminado.

El cólera en Paris Heinrich Heine describió muy acertadamente el angustioso ambiente de la capital de Francia: “Un silencio de muerte domina todo París. En las caras se aprecio una gravedad pétrea. Muchas noches apenas se ve gente en los bulevares, y la que hay se apresuro con la mano o un pañuelo ante la boca. Los teatros están como muertos. Lo mayoría de extranjeros, es decir de mis compatriotas, se ha marchado».

En 1854, el catedrático muniqués de bioquímica Max Pettenkofer (1818-1901) intuyó una relación entre la contaminación del suelo a causa de las materias fecales y el cólera, y contribuyó a la construcción de la canalización. Sin embargo siguió negando el papel del agua de beber contaminada. Hasta 1883 Robert Koch (1843-1910) descubridor  del bacilo de la tuberculosis, no consiguió identificar como causante al agente patógeno Vibrio Cholerae en el agua de beber de la ciudad egipcia de Alejandría.

Durante la devastadora epidemia de cólera que en 1892 asoló Hamburgo se obligó finalmente a la población a hervir el agua de consumo. Pero ya entonces los médicos advirtieron una y otra vez que de nada servían los buenos consejos mientras innumerables personas vegetasen en sótanos húmedos, padeciesen hambre y ni siquiera tuvieran suficiente agua para lavarse. Aunque no se puede dejar de apreciar los avances en cuestión de diagnóstico y terapia, hay que reconocer que en muchas enfermedades la pobreza es un factor a tener siempre en cuenta, como actualmente ocurre, por ejemplo, en Angola.

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Fuente Consultada: Grandes Catástrofes de la Historia

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