El colesterol es, de alguna manera, para muchas personas,
prácticamente el único contacto o interés, consciente, que tienen con la ciencia
(aunque seguro que, como en el personaje de Moliére —que hablaba prosa sin
saberlo— ignorándolo). A ellas va destinada esta voz, para ayudarlas a
vislumbrar todo lo que hay de ciencia detrás de esas etiquetas o informaciones,
que con tanto afán buscan, relativas a los contenidos de los alimentos; para que
comprendan la complejidad y racionalidad que puede existir detrás del dato más
nimio. Lo primero que hay que señalar es que el colesterol (que responde a la
fórmula química C27H460) no es en sí una toxina peligrosa, sino una molécula de
tamaño medio que cumple importantes funciones. Su consistencia es blanda y se
concentra en la sangre y en ciertos tejidos.
Es, por ejemplo, un componente
esencial de las células, cuya temperatura ayuda a estabilizar.
También es una parte importante de las membranas del sistema nervioso, el
cerebro, la espina dorsal y los nervios periféricos. Tiene que ver con hormonas
importantes, como las hormonas sexuales femenina y masculina, el estradiol
y la
testosterona, al igual que con la
vitamina D, que necesitamos para producir
calcio y formar nuestros huesos. Casi todos los tejidos de nuestro cuerpo son
capaces de producir colesterol, pero el hígado y los intestinos son los que lo
producen en mayor cantidad. Necesitamos colesterol para producir la bilis con la
que digerimos las grasas de nuestros alimentos. Aunque es esencial para el
organismo, demasiado colesterol produce acumulaciones en las arterias,
obstáculos que, como sabemos, tienen amargas consecuencias.
El Colesterol es una sustancia
grasosa importante para nuestro organismo. Participa a la constitución de las
membranas celulares, y tiene un rol importante en la formación de las sales
biliarias y de algunas hormonas. El colesterol malo se forma de dos maneras. O
esta producido por el organismo, o lo aportan alimentos de origen animal. Lo
importante, no es solo la colesterolhemia, pero también la proporción entre el
buen colesterol (HDL) y el malo colesterol (LDL). Un contenido equilibrado de
colesterol es de mínimo 40 mg/dl de HDL (o 50 para las mujeres) y 130 mg/dl de
LDL máximo.Cuando la suma de los dos es demasiado elevada (> 200 mg/dl), se
habla de “colesterol alto”. Una alimentación adaptada, pobre en colesterol es
recomendada para las personas que presentan colesterol alto, acompañada
eventualmente por una medicación.
(Fuente Consultada: http://fuentenatura.com/chsalud.html)
Las
causas de un índice de colesterol mayor del normal se encuentran en, por encima
de todo, factores hereditarios; después, en elementos como
la presión arterial,
el estrés, el tabaco, la obesidad o el colesterol que recibimos a través de lo
que comemos. Sobre los factores hereditarios, por el momento poco podemos hacer;
tampoco es demasiado fácil alterar las presiones que nos hacen la vida más
complicada, pero sí podemos dejar de fumar y modificar nuestros hábitos
alimentarios. Tomar otros alimentos parece ser una posibilidad más aceptable que
abandonar el tabaco, y por ello, cínica o por lo menos parcialmente, se ha
centrado en la alimentación la lucha contra el colesterol superfluo.
Pero las
cosas, el mundo orgánico y fisiológico del que somos parte y manifestación, no
son tan sencillas: solamente una parte muy pequeña del colesterol que tenemos en
nuestro cuerpo procede de los alimentos que ingerimos: producimos alrededor de
cuatro veces más colesterol del que podemos absorber a través de nuestra
alimentación, incluso aunque tomemos productos ricos en él, como los huevos.
El
colesterol es tan importante para nuestro cuerpo que, fruto de la actividad de
células, intestinos e hígado, producimos más o menos un gramo de él cada día.
¿Debemos, entonces, dejar de preocuparnos por lo que comemos? No, por supuesto;
por ejemplo, las grasas y aceites que tomamos, en sí mismos no ricos en
colesterol, tienen el efecto de estimular su producción en nuestro cuerpo. Esto
ocurre porque para digerir los alimentos, nuestro organismo produce ácidos
biliares, de los que forma parte el colesterol. Cuanto más grasas tomamos, más
bilis necesita producir el hígado, y, en consecuencia, más colesterol generamos.
Por otra parte, existen alimentos (como el ajo, el alcohol —pero no se
excedan!—, y otros como la avena y las judías, que contienen muchas fibras
solubles) que pueden reducir el nivel de colesterol en la sangre hasta en un
diez por ciento.
El
colesterol, por tanto, es un amigo peligroso. Amigo, porque lo necesitamos,
peligroso porque puede acarrearnos problemas. Es difícil saber en dónde se
encuentra la frontera. Si lo reducimos demasiado de nuestras dietas podemos
tener problemas. Un estudio realizado en 1992 en Suecia, y en el que se siguió
durante veinte años a cincuenta mil personas mayores de cuarenta y cinco años,
reveló que los hombres que tenían un nivel de colesterol bajo en la sangre no
mostraban un índice de fallecimientos mucho menor que los de niveles altos,
aunque éstos ciertamente tenían más probabilidades de morir de ataques cardiacos
(pero menos de suicidarse o fallecer prematuramente en accidentes).
Curiosamente, no se encontró estos efectos en las mujeres. Una muestra más de
que todavía queda mucho por saber.
¿Cómo disminuir el riesgo de
colesterol alto?
Estas sugerencias pueden ayudarle a disminuir
su riesgo:
* Hacerse
chequear el colesterol en sangre.
* Aprender
lo que significan sus cifras de colesterol.
* Comer
menos alimentos altos en grasas saturadas y colesterol.
* Comer más
frutas, vegetales, legumbres y granos, especialmente granos enteros.
* Caminar o
hacer otras actividades físicas la mayoría de los días de semana.
* Mantener
un peso saludable, o bajar de peso si es necesario.
* No fumar
y evitar el humo de tabaco de otros.
* No beber
demasiado alcohol (no más de un vaso de vino tinto por día)
Alimentos Sugeridos Para Bajar o
Controlar el Colesterol
Las peras: Muy ricas en fibra, además de
eliminar colesterol, pueden ayudar a reducir El EXCESO de peso que es la causa
muchas veces de la aparición de la enfermedad. Por otra parte sus azúcares
resultan muy tolerables por los diabéticos
Las manzanas: La metionina, su alto
contenido en fósforo y su riqueza en fibra soluble resultan fundamentales en el
control del colesterol.
La avena: Posee un contenido muy elevado en
fibra soluble que resulta útil para reducir el colesterol ya que dificulta su
absorción intestinal. No hay que olvidar que, además de fibra soluble, su
contenido en ácidos grasos, ayudan también a disminuir el colesterol de la
sangre
Las nueces: Las nueces destacan
fundamentalmente por su aceites vegetales poliinsaturados. Aunque, como
el aceite de oliva, contiene ácido oleico (monoinsaturado) de probado efecto en
la reducción de los niveles de colesterol en la sangre, su riqueza en acido
linoleico y alfalinoleico ( poliinsaturados) le confieren propiedades aún
mas interesantes para rebajar este componente y prevenir enfermedades del
sistema circulatorio que afectan al corazón y a las arterias.
Los Ajos: La presencia de componentes
sulfurosos, así como la aliína, y del ajoeno , la hace muy
importante en otorgar a esta planta propiedades antitrombóbitas (no
formación de coágulos en la sangre ) por lo que resulta muy adecuada para
fluidificar la circulación sanguínea y evitar o luchar contra las enfermedades
circulatorias siguientes: arteriosclerosis, hipertensión, colesterol, infarto de
miocardio, angina de pecho y otras relacionadas con una mala circulación
Las cebollas: La presencia de aliina,
aunque en menor cantidad que en el ajo, la hace muy importante en otorgar a esta
planta propiedades antitrombóbitas (no formación de coágulos en la sangre
) por lo que resulta muy adecuada para fluidificar la circulación sanguínea y
evitar o luchar contra las enfermedades circulatorias como el colesterol.
Los arándanos: Por su contenido en
antocianidinas, este alimento previene la oxidación del colesterol y
fluidica la sangre.
El
café de cafetera o el express aumenta los niveles de colesterol, en
cambio el descafeinado no influye hasta 6 tazas diarias. El alcohol en bueno en
una baja dosis, superada la misma genera aumento de peso, hipertensión.
AUMENTAR EL COLESTEROL BUENO: Las
investigaciones mas recientes es muestran que usted puede e levar las
concentraciones de “colesterol bueno”, o HDL, si consume los siguientes
alimentos.
Chocolate oscuro. En un estudio realizado
hace poco, los voluntarios que comieron 100 gramos de chocolate oscuro (con el
70 por ciento de cacao) todos los días, durante una semana, vieron elevarse su
HDL en nueve por ciento. Lo malo es que tiene unas 550 calorías, pero el coautor
del estudio, el doctor Paul A. Gurbel, del Hospital Sinai de Baltimore,
dice que comer porciones más pequeñas diariamente (por ejemplo, 14 gramos), a lo
largo de un período prolongado, también podría ayudar.
Salmón. El nivel de HDL de los adultos que
comieron dos porciones de salmón de alrededor de 115 gramos por semana durante
cuatro semanas subió cuatro por ciento, según
un estudio de la Universidad Loma Linda, en California. Otros grasos —la
caballa, el arenque y las sardinas— deberían arrojar resultados similares, dicen
los expertos.
Bayas. No tienen que ser frescas, pero sí
abundantes. El nivel de HDL de los adultos que comieron cerca de una taza de
bayas congeladas por día por ocho semanas subió cinco por ciento.
Huevos. De acuerdo con un estudio realizado
en Tailandia, los adultos sanos que comieron un huevo entero todos los días
durante 12 semanas incrementaron su HDL hasta en un 48 por ciento. Los huevos
son ricos en lecitina, que, según estudios con animales, eleva las
concentraciones de HDL.
Fuente Consultada: Wikipedia -
Fuentenarural.com y Diccionario de la Ciencia
de José M. Sánchez Ron