 INTRODUCCIÓN
(Ver
los Viajes de Colon con Audio e Imágenes)
Colón, Cristóbal (c. 1451-1506), navegante y descubridor, tal vez de origen
genovés, al servicio de España, hombre polémico y misterioso, autodidacta y gran
observador, descubrió el Nuevo Mundo el 12 de octubre de 1492, fue el primer
almirante, virrey y gobernador de las Indias, y enseñó a los hombres de mar de
su tiempo el camino a seguir para ir y volver de América.
(ver: historia del segundo viaje de Colon)
Día de la Raza es el nombre
que reciben en la mayoría de los países hispanoamericanos las fiestas del 12 de
octubre en conmemoración del avistamiento de tierra por el marinero Rodrigo de
Triana en 1492, luego de haber navegado más de dos meses al mando de Cristóbal
Colón a lo que posteriormente se denominaría América. En España también se
celebra la Fiesta del Pilar, patrona de España, y el Día de la Hispanidad.
Cristóbal Colón nació el año 1451 en Génova. Algunos autores, sin embargo,
defienden que era catalán, mallorquín, judío, gallego, castellano, extremeño,
corso, francés, inglés, griego y hasta suizo. Siguiendo la tesis genovesa, sus
padres fueron Doménico Colombo, maestro tejedor, lanero o tabernero, y Susana
Fontanarrosa. De los cinco hijos del matrimonio, dos, Cristóbal y Bartolomé,
tuvieron pronto vocación marinera; el tercero fue Giacomo (Diego Colón), que
aprendió el oficio de tejedor; y de los dos restantes, Giovanni murió pronto, y
la única mujer no dejó rastro. Recordando estos primeros años, Cristóbal
escribía en 1501: "De muy pequeña edad entré en la mar navegando, e lo he
continuado fasta hoy... Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo
lo que fasta hoy se
navega, todo lo he andado".
Si bien lo aceptado es que
Cristóbal Colón nació en Génova, algunas opiniones difieren en cuanto a su
origen (catalán, castellano, francés, griego, etc). Por otro lado, la fecha de
su nacimiento oscila entre el 26 de agosto y el 31 de octubre de 1451. Era hijo
de un matrimonio de humildes tejedores: Diego, Doménico o Domingo Colombo y
Susana Fontanarrosa fueron sus padres.
El
aprendizaje colombino se debió hacer en galeras genovesas primero, como grumete;
como marinero, desde los 15 años, y con mando en barco desde los 20 o 22 años.
Entre 1470 y 1476 recorrió todas las rutas comerciales importantes del
Mediterráneo, desde Quíos, en el Egeo, hasta la península Ibérica, al servicio
de las más importantes firmas genovesas. También participó en empresas bélicas,
como el enfrentamiento entre Renato de Anjou y el rey de Aragón, Juan II, por la
sucesión a la Corona de Nápoles. Se afirma que, al amparo de tantas guerras y
conflictos como entonces había, ejerció de corsario, actividad muy lucrativa y
reconocida hasta en los tratados internacionales de la época.
2.
COLÓN Y PORTUGAL
Según cronistas contemporáneos, Colón llegó a las costas
del sur de Portugal (Lagos), cerca de Sagres, tras un durísimo combate naval
acaecido cerca del cabo de San Vicente, el 13 de agosto de 1476. Incendiado su
barco, Colón salvó su vida agarrándose a un remo y nadando hasta la costa.
Empezaba la estancia colombina en Portugal, que duró casi diez años, tan
importantes y decisivos como misteriosos. Fue en el pequeño reino ibérico, y de
la mano de portugueses, donde aprendió a conocer el océano, a frecuentar las
rutas comerciales que iban desde Islandia a Madeira, a tomar contacto con la
navegación de altura, con los vientos y corrientes atlánticos y a navegar hasta
Guinea. Dicen los cronistas que Colón, una vez repuesto, marchó de Lagos a
Lisboa, donde se dedicó al comercio. En 1477 viajó hasta Inglaterra e Islandia,
y en 1478 se movía entre Lisboa y el archipiélago de Madeira con cargamentos de
azúcar. Hacia 1480, parece que se casó con Felipa Moñiz, quien le ayudó a
acreditarse y restaurarse y a moverse como vecino y cuasi natural de Portugal.
De este matrimonio, nació hacia 1482 en la isla de Porto Santo, del archipiélago
de Madeira, su sucesor Diego Colón.
3.
¿CONOCÍA COLÓN ANTES DE
1492 LAS TIERRAS DE AMÉRICA?
Hay grandes indicios y alguna prueba razonable,
como el preámbulo de las Capitulaciones, de que Colón, cuando elaboró su plan
descubridor, sabía más de lo que decía. Tal convencimiento, que se extendió ya
desde el principio entre los primeros pobladores y cronistas, se corresponde con
el llamado "Predescubrimiento de América". Parece que, entre los años 1477 y
1482, en que Colón no dejó de realizar frecuentes viajes a las islas Madeira,
Azores y Canarias, algo trascendental, que él califica de "milagro
evidentísimo", le sucedió, si hacemos caso a sus palabras: "Me abrió Nuestro
Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aquí a
las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecución de ello. Y con este fuego
vine a Vuestras Altezas".
Los defensores del
predescubrimiento de América sostienen que ese algo trascendental, repentino y
milagroso que le sucede a Colón en cualquier momento de estos años fue que
alguien, con conocimiento de lo que decía, le informó de la existencia de unas
tierras al otro lado del océano. Tal información aportaba detalles bastante
ajustados sobre algunas islas y sus naturales, sobre ciertos parajes y,
especialmente, acerca de las distancias. Ese alguien fue, según unos, un piloto
portugués o castellano (la conocida como "leyenda del piloto anónimo") que al
regresar de Guinea se vio impulsado por alguna tormenta hasta las Antillas. Tras
un tiempo allí, regresó, se encontró con Colón, le informó y murió. Según otra
teoría, la información colombina procedería, no de un europeo, sino de algún
grupo indígena que en un desplazamiento por las Antillas se vio obligado a
desviarse océano adentro hasta encontrarse con Colón. Ambas teorías coinciden en
señalar que tal encuentro debió producirse a bastantes leguas al Oeste de las
Canarias, Azores o Madeira, en una zona que por aquel entonces frecuentaba.
Cristóbal Colón se sintió elegido por la Providencia para descubrir aquellas
tierras, y, a partir de ahí, comenzó a elaborar su proyecto, sabiendo que la
mayor dificultad que iba a tener era cómo articularlo teóricamente para
defenderlo ante los mayores expertos del momento: portugueses y castellanos.
4.
EL PROYECTO DESCUBRIDOR COLOMBINO
Por los años 1480-1482, Cristóbal Colón era un buen
navegante, un hombre práctico y autodidacta, pero carecía de ciencias y saberes
teóricos: "En la marinería me hizo abundoso; de astrología me dio lo que
abastaba, y ansí de geometría y aritmética". Para elaborar su plan descubridor,
Colón, que era más medieval que moderno, y se sentía instrumento de la
Providencia, utilizó varias fuentes informativas: la Historia rerum ubique
gestarum del papa Pío II; la Imago Mundi del cardenal francés Pierre
d'Ailly; y la Correspondencia y Mapa que, en 1474, el sabio florentino
Paolo del Pozzo Toscanelli había hecho llegar al rey de Portugal a través de su
amigo, el canónigo lisboeta Fernando Martins.
De
las dos primeras obras, que eran como enciclopedias del saber del momento y que
estudió muy detenidamente, como demuestran las casi 1.800 apostillas o
anotaciones al margen, extrajo referencias muy concretas sobre parajes bíblicos,
situados en el fin del Oriente, como el Paraíso Terrenal, los Jardines del Edén,
Tarsis y Ofir, el reino de Saba, los montes de Sophora, la isla de las Amazonas,
que pronto situaría en distintas zonas de las Indias, porque para él allí estaba
el extremo de Asia. De Toscanelli, que seguía a Marco Polo, recogió Colón todo
lo relativo al gran kan, a la tierra firme asiática (Catay, Mangi y Ciamba) y
sobre todo al Cipango, isla distante 1.500 millas del Continente y famosa por su
riqueza. Sin embargo, hay un punto en el que Colón discrepaba del sabio
florentino: las distancias entre ambos extremos del Océano. Toscanelli asignaba
al mismo 120 grados de la esfera terrestre (casi el doble de la que en realidad
tiene), y, aunque situaba algunas islas en el camino, la empresa resultaba muy
arriesgada. Por esta razón, los portugueses, tras estudiar el plan, lo
rechazaron y archivaron. Colón, sin embargo, sabía que, en el capítulo de las
distancias, Toscanelli estaba equivocado: al empezar el viaje descubridor,
anunció que las primeras tierras se encontrarían a 800 leguas de las islas
Canarias.
Para defender su proyecto ante
los expertos, tenía que entrar en mediciones sobre el grado y la esfera
terrestres. Coincide con Alfragano: 1 grado = 56 millas y 2/3 (milla árabe de
casi 2.000 metros); por tanto, la circunferencia del ecuador era igual a 20.400
millas. Esto daría 40.000 kilómetros para la circunferencia del ecuador
(prácticamente la medida real). Sin embargo, Colón achica la esfera terrestre y
da al ecuador una medida de unos 30.000 kilómetros, es decir una cuarta parte
menos, porque está manejando la milla itálica, de unos 1500 metros. Hacia 1483 o
1484 defendió este proyecto ante los portugueses, que lo rechazaron. De
mediciones, cálculos y Toscanelli, ellos sabían más que Colón. No les aportaba
nada nuevo y además exigía mucho.
5.
COLÓN EN CASTILLA
A finales de 1484 o principios de 1485 dejó
Portugal lo más secretamente que pudo y entró en Castilla: "Siete años estuve yo
en su real corte, que a cuantos se habló de esta empresa todos a una dijeron que
era burla", recordaría después. Tras arribar con su hijo Diego a algún puerto
del golfo de Cádiz, quizá Palos de la Frontera, visitó el monasterio franciscano
de Santa María de La Rábida, en donde siempre halló Colón ayuda material, amigos
y conversación.
El 20 de enero de 1486, los Reyes
Católicos recibieron por primera vez a Colón en Alcalá de Henares (Madrid), y a
continuación nombraron una junta de expertos para valorar el proyecto colombino.
La voz de la ciencia, al igual que en Portugal, le fue contraria.
A pesar de que muchos no daban crédito
a lo que prometía, nunca faltaron protectores a Colón. Algunos de los más
constantes fueron frailes con influencia ante los Reyes, como el incondicional,
buen astrólogo y entendido en navegación, fray Antonio de Marchena. Otro
religioso influyente, maestro del príncipe don Juan, y siempre favorable a Colón
fue fray Diego de Deza. Es posible que el futuro descubridor revelase a ambos
sus conocimientos en secreto de confesión. Un tercer religioso, decisivo en 1491
y 1492, fue el fraile de La Rábida, Juan Pérez. En la última fase de la
negociación, además de hombres de religión, el genovés contó con el apoyo de
algunos cortesanos distinguidos, como fue el caso de Luis de Santángel, Juan
Cabrero o Gabriel Sánchez.
Entre los años de 1487 y 1488, mientras
esperaba en Córdoba la decisión de los Monarcas, conoció a Beatriz Enríquez de
Arana, una joven de humilde procedencia, que el 15 de agosto de 1488 le dio un
hijo: Hernando Colón. Para hacer frente a sus necesidades, trabajó con sus manos
pintando mapas de marear o portulanos que vendía después a los navegantes, e
hizo de mercader de libros de estampa. En 1488, invitado sorprendentemente por
el rey portugués Juan II, parece que hizo un viaje rápido a Portugal. Poco
después, se movía por Andalucía y visitaba a los duques de Medinasidonia y a los
de Medinaceli, mientras llegaba a su fin la guerra de Granada, que tenía
ocupados a los Reyes Católicos.
6.
LAS CAPITULACIONES DE SANTA FE
Después de muchas tentativas de que intercediera favorablemente de nuevo el
monasterio de La Rábida y fray Juan Pérez, los Reyes Católicos, en un acto
personal, no científico, decidieron respaldar el plan colombino. El 17 de abril
de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe o documento-contrato, que
estipulaba las condiciones en que Cristóbal Colón haría el viaje descubridor. El
documento tiene dos partes, un preámbulo sorprendente que dice así: "Vuestras
Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de la que ha
descubierto en las Mares Océanas y del viaje que agora, con el ayuda de Dios ha
de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen". Ese
"ha descubierto" es, para los partidarios de la teoría del Predescubrimiento, la
prueba documental decisiva, ya que Colón se atribuye, antes de 1492,
descubrimientos en el océano que ahora transfiere a los Reyes Católicos, en
virtud de lo cual estos le corresponden dándole una serie de privilegios, que
forman la segunda parte del documento:
1º) El oficio de almirante de la Mar
Océana, vitalicio y hereditario, en todo lo que descubra o gane, y según el
modelo del almirante mayor de Castilla.
2º) Los oficios de virrey y gobernador
en todo lo que él descubra o gane. No se habla de hereditariedad. Para cubrir
los cargos en las Indias, puede proponer terna a los reyes para que estos
escojan.
3º) La décima parte de todas las
ganancias que se obtengan en su almirantazgo.
4º) Que todos los pleitos relacionados
con las nuevas tierras los pueda resolver él o sus justicias. Este punto nunca
se cumplió porque estaba condicionado a los precedentes castellanos.
5º) El derecho a participar con la
octava parte de los gastos de cualquier armada, recibiendo a cambio la octava
parte de los beneficios.
Con este documento capital y otras
mercedes, se dirigió a la villa de Palos a preparar la flota descubridora.
Tres embarcaciones, Pinta, Niña y Santa María;
un presupuesto de unos dos millones de maravedises; y alrededor de 90 hombres,
reclutados con la ayuda inestimable de los hermanos Martín Alonso y Vicente
Yáñez Pinzón, formaron la flota descubridora más trascendental de la historia.
El 2 de agosto de 1492, Cristóbal Colón mandó embarcar a toda su gente, y al día
siguiente, antes de salir el sol, dejaba el puerto de Palos.
La
primera escala fueron las Canarias, donde tuvieron que arreglar el timón de la
Pinta. El 6 de septiembre con el alisio ventando a favor, Colón marcó
rumbo al oeste. Comenzaba la gran travesía. Su objetivo era el Cipango (la
actual India), y advirtió a la tripulación que nadie se inquietase hasta haber
navegado 700 leguas. A partir de esa distancia, no habría que navegar por la
noche. Por si fallaba algo, sin embargo, decidió llevar dos cuentas sobre las
distancias recorridas: una secreta o verdadera (sólo para él), y otra pública o
falsa, en la que contaría de menos. El día 13 de septiembre, descubrió la
declinación magnética de la tierra; y el 16 llegaron al mar de los Sargazos. A
partir del 1 de octubre se da cuenta de que algo falla. El 6, ya han sobrepasado
las 800 leguas y no hay indicios de tierra. Durante la noche del 6 al 7 de
octubre, se produjo el primer motín entre los marineros de la Santa María.
Los hermanos Pinzón apoyaron a Colón y lo sofocaron. Sin embargo, en la noche
del 9 al 10 de octubre el malestar se extendió a todos, incluidos los propios
Pinzón. Acordaron navegar tres días más y al cabo de ese tiempo si no
encontraban tierra regresarían. No hizo falta: en la noche del 11 al 12 de
octubre el marinero Rodrigo de Triana lanzó el grito esperado: "¡tierra!".
Al
día siguiente desembarcaron en la isla de Guanahaní (que ellos bautizaron como
San Salvador), actual isla de Watling, en el archipiélago de las Bahamas, y
tomaron posesión de la nueva tierra en nombre de los Reyes Católicos. El 28 de
octubre, arribaron a Cuba, y el 21 de noviembre se apartó de la flota Martín
Alonso Pinzón. El 6 de diciembre llegaron a la isla de La Española; y el 24
encalló la Santa María, con cuyos restos y la ayuda del cacique de la
zona, Guacanagarí, construyeron el fuerte de la Navidad. Tras dejar a 39
españoles ahí, siguieron la costa, encontraron a Martín Alonso Pinzón (6 de
enero), y navegaron hasta la costa de Samaná. Desde esta zona, el 16 de enero de
1493, el almirante dio la orden de regresar a España. El viaje fue tranquilo
hasta llegar a las Azores, donde sobrevino una fuerte tormenta (12-15 de
febrero) que forzó a la Pinta a separarse del almirante y arribar a
Bayona (Pontevedra). Otra tempestad, cerca de Lisboa (4 de marzo) obligó al
descubridor a desembarcar en Portugal. El 15 de marzo, don Cristóbal, al mando
de la Niña, entraba triunfal en Palos. Martín Alonso lo hacía con la
carabela Pinta pocas horas después. Llegaba muy enfermo, y a los pocos
días murió. Tras el éxito descubridor, don Cristóbal informó a los Reyes, que
estaban en Barcelona, se dirigió a su encuentro y fue recibido por ellos con
todos los honores. Para anunciar el acontecimiento a toda la Cristiandad,
escribió la famosa Carta de Colón.
EN DONDE
DESEMBARCO REALMENTE COLON:
Hasta la década de 1 980 se creía que era la isla Watling de las Bahamas, en la
que tres monumentos señalan el suceso. Un grupo de expertos comenzó entonces a
reexaminar las pruebas: con ayuda De computadoras que tenían en cuenta factores
como la velocidad del viento y las corrientes, trazaron la probable ruta seguida
por Colón. Concluyeron que Guanahaní sólo pudo haber sido o la isla Watlíng o
Cayo Samana, situado a 100 Km.
al suroeste. Afirman que el paisaje de éste y sus alrededores concuerdan mejor
con la descripción de Colón que el de la isla Watling, pero la controversia
continúa.
El 25 de septiembre de 1493, el almirante zarpó de Cádiz
al mando de 17 navíos y unos 1.200 hombres, portando las primeras simientes y
ganados. Al salir de las Canarias, Colón puso rumbo más al sur que en el primer
viaje para llegar al paraje que denominó la entrada de las Indias, en las
pequeñas Antillas. Después de descubrir la isla de Puerto Rico, llegó hasta el
fuerte de la Navidad y comprobó que había sido destruido y los españoles
muertos. Fundó la primera ciudad de América, la Isabela. Recorrió la costa sur
de Cuba, llegó a Jamaica, y a finales de 1494 descubría América del Sur
(Cumaná), aunque lo ocultó hasta el tercer viaje. Comenzaba el poblamiento de La
Española, las diferencias entre españoles y los levantamientos de los indios. A
partir de 1495 empezaba el desprestigio del Nuevo Mundo, siendo el grito más
escuchado entre españoles: "Así Dios me lleve a Castilla". El 11 de junio de
1496 arribó a Cádiz con la intención de contrarrestar la mala propaganda de las
Indias. Llegaba vestido con un sayal de fraile franciscano.
9.
EL TERCER VIAJE
Costó mucho organizar la tercera flota colombina. Las Indias ya no atraían tanto
y faltaban tripulantes. Incluso se dio poder a Colón para que embarcara a
delincuentes. Ocho navíos y 226 tripulantes componían la flota, que dejó
Sanlúcar de Barrameda entre febrero y el 30 de mayo de 1498. Desde Canarias,
siguió a Cabo Verde y una latitud más al sur que las anteriores navegaciones, lo
que le hizo sufrir una zona de calmas. Descubrió la isla de Trinidad; recorrió
la costa de Paria, donde situó solemnemente el entorno del Paraíso Terrenal.
Camino de La Española divisó la isla Margarita, donde se pescaban las perlas,
para llegar el 20 de agosto a la nueva capital de las Indias, Santo Domingo.
La situación en que encontró a
la colonia era grave: la mayoría de los españoles, encabezados por Francisco
Roldán, se había rebelado contra la autoridad de los Colón. La llegada del
virrey no resolvió el problema. Las quejas contra la familia Colón, agravadas
con algún que otro proceder dudoso del Almirante, como ocultar el criadero de
perlas de Margarita y Cubagua, llegaron a la corte y los reyes decidieron
destituirlo. El 23 de agosto de 1500, Francisco de Bobadilla entraba en el
puerto de Santo Domingo para sustituir al virrey y gobernador. Hubo cierta
resistencia por parte de los Colón, lo que explica algo la dureza de Bobadilla.
A primeros de octubre de 1500, Cristóbal, Bartolomé y Diego Colón regresaban a
España cargados de cadenas.
10.
CUARTO VIAJE
Los monarcas sintieron el mal trato dado a su almirante,
algo lo desagraviaron, pero no lo repusieron en sus oficios perdidos.
Prometieron que lo harían, mientras le encargaban el cuarto viaje. Con cuatro
navíos y 150 hombres partió de Cádiz el 11 de mayo de 1502. El objetivo era
encontrar un paso que permitiera llegar a la Especiería ya que Colón seguía
creyendo que la zona antillana era la antesala de Asia. Para atravesar el
Océano, siguió una ruta parecida al segundo viaje. Llevaba orden de no detenerse
en Santo Domingo. Atravesó el Caribe hasta el cabo de Honduras; siguió hasta el
de Gracias a Dios y recorrió la costa de Panamá. No encontró lo que buscaba: ni
paso, ni oro, ni especias, pero en cambio sí tuvo muchas penalidades y sufrió la
pérdida de dos barcos. El 1 de mayo de 1503 ponía rumbo a La Española, pero se
vio obligado a recalar en Jamaica, en la bahía de Santa Ana, donde tuvo que
encallar los dos barcos y esperar. La hazaña de Diego Méndez y Bartolomé Fiesco
logrando llegar en dos canoas desde Jamaica a La Española logró salvarlos. El 28
de junio de 1504, dejaban Jamaica y el 12 de septiembre, en dos navíos, se
dirigían a España. Después de arribar a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre
de 1504, fracasado y enfermo, siguió hasta la corte y reclamó infructuosamente
sus derechos. Murió el 20 de mayo de 1506 en Valladolid.
CRONOLOGÍA DE
CRISTÓBAL COLON
1451 Nace en Génova,
probablemente.
1470-1476 Recorre todo el
Mediterráneo, al servicio de comerciantes genoveses.
1476 Comienza su estancia en
Portugal.
1477-1482 Navega habitualmente
entre las islas atlánticas de Madeira, Azores y Canarias.
1480 Contrae matrimonio con Felipa Moñiz y, dos años más tarde, nace su hijo Diego.
1483-1484 En busca de ayuda,
defiende en Portugal, sin éxito, su proyecto de navegación hacia Oriente a
través del océano Atlántico.
1485 Abandona Portugal,
llega a la Corona de Castilla e inicia sus decisivos contactos con los
franciscanos del monasterio onubense de La Rábida.
1486
Los Reyes Católicos le conceden audiencia por vez primera.
1488 Beatriz Enríquez de Arana
da a luz el segundo hijo de Colón: Hernando.
1492
Abril: firma con los Reyes Católicos las Capitulaciones de Santa Fe, que
estipulaban las condiciones en que realizaría el viaje a los territorios
orientales. Agosto: las tres naves expedicionarias zarpan del puerto de Palos de
la Frontera (Huelva). Octubre: arriba a una serie de islas antillanas. Tiene
lugar el descubrimiento colombino del territorio que habría de llamarse América.
1493
Marzo: regresa a la
península Ibérica. Septiembre: Inicio del segundo viaje.
1496 Retorna de nuevo tras
fundar, tres años antes, la primera ciudad hispana en el Nuevo Mundo (Isabela,
en la isla antillana de La Española).
1498 Comienzo del tercer viaje
colombino.
1500 Regresa encadenado, junto
a sus hermanos Diego y Bartolomé, por orden del nuevo gobernador de las Indias,
Francisco de Bobadilla.
1502 Inicia su cuarto y último
viaje al Nuevo Mundo, buscando sin éxito el paso definitivo al rico Oriente.
1504 Enfermo, retorna
definitivamente a Castilla y reclama, infructuosamente, la reposición de sus
privilegios perdidos.
1506
Fallece el 20 de mayo, en Valladolid.
Información Obtenida de
ENCICLOPEDIA ENCARTA
Cristóbal Colón - La Carta de
Colón anunciando el descubrimiento
Señor, porque sé que habréis
placer de la gran victoria que Nuestro Señor me ha dado en mi viaje, vos escribo
ésta, por la cual sabréis como en 33 días pasé de las islas de Canaria a las
Indias con la armada que los ilustrísimos rey y reina nuestros señores me
dieron, donde yo hallé muy muchas islas pobladas con gente sin número; y de
ellas todas he tomado posesión por Sus Altezas con pregón y bandera real
extendida, y no me fue contradicho. A la primera que yo hallé puse nombre San
Salvador [isla Watling] a comemoración de Su Alta Majestad, el cual
maravillosamente todo esto ha dado; los Indios la llaman Guanahaní; a la segunda
puse nombre la isla de Santa María de Concepción [Cayo Rum]; a la tercera
Fernandina [Isla Long]; a la cuarta la Isabela [Isla Crooked]; a la quinta la
isla Juana [Cuba], y así a cada una nombre nuevo. Cuando yo llegué a la Juana,
seguí yo la costa de ella al poniente, y la hallé tan grande que pensé que sería
tierra firme, la provincia de Catayo.
Y como no hallé así villas y lugares en la
costa de la mar, salvo pequeñas poblaciones, con la gente de las cuales no podía
haber habla, porque luego huían todos, andaba yo adelante por el dicho camino,
pensando de no errar grandes ciudades o villas; y, al cabo de muchas leguas,
visto que no había innovación, y que la costa me llevaba al setentrión, de
adonde mi voluntad era contraria, porque el invierno era ya encarnado, y yo
tenía propósito de hacer de él al austro, y también el viento me dio adelante,
determiné de no aguardar otro tiempo, y volví atrás hasta un señalado puerto, de
adonde envié dos hombres por la tierra, para saber si había rey o grandes
ciudades. Anduvieron tres jornadas, y hallaron infinitas poblaciones pequeñas y
gente sin número, mas no cosa de regimiento; por lo cual se volvieron. Yo
entendía harto de otros Indios, que ya tenía tomados, como continuamente esta
tierra era isla, y así seguí la costa de ella al oriente ciento y siete leguas
hasta donde hacía fin. Del cual cabo vi otra isla al oriente, distante de esta
diez y ocho leguas, a la cual luego puse nombre la Española y fui allí, y seguí
la parte del setentrión, así como de la Juana al oriente, 188 grandes leguas por
línea recta; la cual y todas las otras son fertilísimas en demasiado grado, y
ésta en extremo. En ella hay muchos puertos en la costa de la mar, sin
comparación de otros que yo sepa en cristianos, y hartos ríos y buenos y
grandes, que es maravilla.
Las tierras de ella son altas, y en ella muy muchas
sierras y montañas altísimas, sin comparación de la isla de Tenerife; todas
hermosísimas, de mil fechuras, y todas andables, y llenas de árboles de mil
maneras y altas, y parece que llegan al cielo; y tengo por dicho que jamás
pierden la hoja, según lo puedo comprehender, que los ví tan verdes y tan
hermosos como son por mayo en España, y de ellos estaban floridos, de ellos con
fruto, y de ellos en otro término, según es su calidad; y cantaba el ruiseñor y
otros pajaricos de mil maneras en el mes de noviembre por allí donde yo andaba.
Hay palmas de seis o ocho maneras, que es admiración verlas, por la deformidad
hermosa de ellas, mas así como los otros árboles y frutos e hierbas. En ella hay
pinares a maravilla y hay campiñas grandísimas, y hay miel, y de muchas maneras
de aves, y frutas muy diversas.
En las tierras hay muchas minas de metales, y
hay gente en estimable número. La Española es maravilla; las sierras y las
montañas y las vegas y las campiñas, y las tierras tan hermosas y gruesas para
plantar y sembrar, para criar ganados de todas suertes, para edificios de villas
y lugares. Los puertos de la mar aquí no habría creencia sin vista, y de los
ríos muchos y grandes, y buenas aguas, los más de los cuales traen oro. En los
árboles y frutos e hierbas hay grandes diferencias de aquellas de la Juana. En
ésta hay muchas especierías, y grandes minas de oro y do otros metales. La gente
de esta isla y de todas las otras que he hallado y he habido noticia, andan
todos desnudos, hombres y mujeres, así como sus madres los paren, aunque algunas
mujeres se cobijan un solo lugar con una hoja de hierba o una cofia de algodón
que para ellos hacen.
Ellos no tienen hierro, ni acero, ni armas, ni son para
ello, no porque no sea gente bien dispuesta y de hermosa estatura, salvo que son
muy temeroso a maravilla. No tienen otras armas salvo las armas de las cañas,
cuando están con la simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo; y no
osan usar de aquellas; que muchas veces me ha acaecido enviar a tierra dos o
tres hombres a alguna villa, para haber habla, y salir a ellos de ellos sin
número; y después que los veían llegar huían, a no aguardar padre a hijo; y esto
no porque a ninguno se haya hecho mal, antes, a todo cabo adonde yo haya estado
y podido haber fabla, les he dado de todo lo que tenía, así paño como otras
cosas muchas, sin recibir por ello cosa alguna; mas son así temerosos sin
remedio. Verdad es que, después que se aseguran y pierden este miedo, ellos son
tanto sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo creería sino el que
lo viese. Ellos de cosa que tengan, pidiéndosela, jamás dicen de no; antes,
convidan la persona con ello, y muestran tanto amor que darían los corazones, y,
quieren sea cosa de valor, quien sea de poco precio, luego por cualquiera cosica,
de cualquiera manera que sea que se le dé, por ello se van contentos.
Yo defendí
que no se les diesen cosas tan civiles como pedazos de escudillas rotas, y
pedazos de vidrio roto, y cabos de agujetas aunque, cuando ellos esto podían
llegar, les parecía haber la mejor joya del mundo; que se acertó haber un
marinero, por una agujeta, de oro peso de dos castellanos y medio; y otros, de
otras cosas que muy menos valían, mucho más; ya por blancas nuevas daban por
ellas todo cuanto tenían, aunque fuesen dos ni tres castellanos de oro, o una
arroba o dos de algodón filado. Hasta los pedazos de los arcos rotos, de las
pipas tomaban, y daban lo que tenían como bestias; así que me pareció mal, y yo
lo defendí, y daba yo graciosas mil cosas buenas, que yo llevaba, porque tomen
amor, y allende de esto se hagan cristianos, y se inclinen al amor y servicio de
Sus Altezas y de toda la nación castellana, y procuren de ayuntar y nos dar de
las cosas que tienen en abundancia, que nos son necesarias.
Y no conocían
ninguna seta ni idolatría salvo que todos creen que las fuerzas y el bien es en
el cielo, y creían muy firme que yo con estos navíos y gente venía del cielo, y
en tal catamiento me recibían en todo cabo, después de haber perdido el miedo. Y
esto no procede porque sean ignorantes, y salvo de muy sutil ingenio y hombres
que navegan todas aquellas mares, que es maravilla la buena cuenta que ellos dan
que de todo; salvo porque nunca vieron gente vestida ni semejantes navíos. Y
luego que llegué a Indias, en la primera isla que hallé tomé por fuerza algunos
de ellos, para que deprendiesen y me diesen noticia de lo que había en aquellas
partes, así fue que luego entendieron, y nos a ellos, cuando por lengua o señas;
y estos han aprovechado mucho. Hoy en día los traigo que siempre están de
propósito que vengo del cielo, por mucha conversación que hayan habido conmigo;
y éstos eran los primeros a pronunciarlo adonde yo llegaba, y los otros andaban
corriendo de casa en casa y a las villas cercanas con voces altas: venid, venid
a ver la gente del cielo; así, todos, hombres como mujeres, después de haber el
corazón seguro de nos, venían que no quedaban grande ni pequeño, y todos traían
algo de comer y de beber, que daban con un amor maravilloso.
Ellos tienen en
todas las islas muy muchas canoas, a manera de fustas de remo, de ellas mayores,
de ellas menores; y algunas son mayores que una fusta de diez y ocho bancos. No
son tan anchas, porque son de un solo madero; mas una fusta no terná con ellas
al remo, porque van que no es cosa de creer. Y con éstas navegan todas aquellas
islas que son innumerables, y tratan sus mercaderías. Alguna de estas canoas he
visto con 70 y 80 hombres en ella, y cada uno con su remo.
En todas estas islas
no vi mucha diversidad de la hechura de la gente, ni en las costumbres ni en la
lengua; salvo que todos se entienden, que es cosa muy singular para lo que
espero que determinaran Sus Altezas para la conversión de ellos a nuestra santa
fe, a la cual son muy dispuestos. Ya dije como yo había andado 107 leguas por la
costa de la mar por la derecha línea de occidente a oriente por la isla de
Juana, según el cual camino puedo decir que esta isla es mayor que Inglaterra y
Escocia juntas; porque, allende de estas 107 leguas, me quedan de la parte de
poniente dos provincias que yo no he andado, la una de las cuales llaman Avan,
adonde nace la gente con cola; las cuales provincias no pueden tener en longura
menos de 50 o 60 leguas, según pude entender de estos Indios que yo tengo, los
cuales saben todas las islas. Esta otra Española en cierco tiene más que la
España toda, desde Colibre, por costa de mar, hasta Fuenterrabía en Viscaya,
pues en una cuadra anduve 188 grandes leguas por recta línea de occidente a
oriente.
Esta es para desear, y vista, para nunca dejar; en la cual, puesto que
de todas tenga tomada posesión por Sus Altezas, y todas sean más abastadas de lo
que yo sé y puedo decir, y todas las tengo por de Sus Altezas, cual de ellas
pueden disponer como y tan cumplidamente como de los reinos de Castilla, en esta
Española, en el lugar más convenible y mejor comarca para las minas del oro y de
todo trato así de la tierra firme de aquí como de aquella de allá del Gran Can,
adonde habrá gran trato y ganancia, he tomado posesión de una villa grande, a la
cual puse nombre la villa de Navidad; y en ella he hecho fuerza y fortaleza, que
ya a estas horas estará del todo acabada, y he dejado en ella gente que abasta
para semejante hecho, con armas y artellarías y vituallas por más de un ano, y
fusta, y maestro de la mar en todas artes para hacer otras, y grande amistad con
el rey de aquella tierra, en tanto grado, que se preciaba de me llamar y tener
por hermano, y, aunque le mudase la voluntad a ofender esta gente, él ni los
suyos no saben que sean armas, y andan desnudos, como ya he dicho, y son los más
temerosos que hay en el mundo; así que solamente la gente que allá queda es para
destruir toda aquella tierra; y es isla sin peligros de sus personas, sabiéndose
regir.
En todas estas islas me parece que todos los hombres sean contentos con
una mujer, y a su mayoral o rey dan hasta veinte. Las mujeres me parece que
trabajan más que los hombres. Ni he podido entender si tienen bienes propios;
que me pareció ver que aquello que uno tenía todos hacían parte, en especial de
las cosas comederas. En estas islas hasta aquí no he hallado hombres mostrudos,
como muchos pensaban, mas antes es toda gente de muy lindo acatamiento, ni son
negros como en Guinea, salvo con sus cabellos correndíos, y no se crían adonde
hay ímpeto demasiado de los rayos solares; es verdad que el sol tiene allí gran
fuerza, puesto que es distante de la línea equinoccial veinte y seis grados. En
estas islas, adonde hay montañas grandes, allí tenía fuerza el frío este
invierno; mas ellos lo sufren por la costumbre, y con la ayuda de las viandas
que comen con especias muchas y muy calientes en demasía. Así que mostruos no he
hallado, ni noticia, salvo de una isla Quaris, la segunda a la entrada de las
Indias, que es poblada de una gente que tienen en todas las islas por muy
feroces, los cuales comen carne humana.
Estos tienen muchas canoas, con las
cuales corren todas las islas de India, y roban y toman cuanto pueden; ellos no
son más disformes que los otros, salvo que tienen costumbre de traer los
cabellos largos como mujeres, y usan arcos y flechas de las mismas armas de
cañas, con un palillo al cabo, por defecto de hierro que no tienen. Son feroces
entre estos otros pueblos que son en demasiado grado cobardes, mas yo no los
tengo en nada más que a los otros. Estos son aquéllos que tratan con las mujeres
de Matinino, que es la primera isla, partiendo de España para las Indias, que se
halla en la cual no hay hombre ninguno. Ellas no usan ejercicio femenil, salvo
arcos y flechas, como los sobredichos, de cañas, y se arman y cobijan con launes
de arambre, de que tienen mucho. Otra isla hay, me aseguran mayor que la
Española, en que las personas no tienen ningún cabello. En ésta hay oro sin
cuento, y de ésta y de las otras traigo conmigo Indios para testimonio.
En
conclusión, a hablar de esto solamente que se ha hecho este viaje, que fue así
de corrida, pueden ver Sus Altezas que yo les daré oro cuanto hubieren menester,
con muy poquita ayuda que Sus Altezas me darán; ahora, especiería y algodón
cuanto Sus Altezas mandarán, y almástiga cuanta mandarán cargar, y de la cual
hasta hoy no se ha hallado salvo en Grecia en la isla de Xío, y el Señorío la
vende como quiere, y ligunáloe cuanto mandarán cargar, y esclavos cuantos
mandarán cargar, y serán de los idólatras; y creo haber hallado ruibarbo y
canela, y otras mil cosas de sustancia hallaré, que habrán hallado la gente que
yo allá dejo; porque yo no me he detenido ningún cabo, en cuanto el viento me
haya dado lugar de navegar; solamente en la villa de Navidad, en cuanto dejé
asegurado y bien asentado. Y a la verdad, mucho más hiciera, si los navíos me
sirvieran como razón demandaba. Esto es harto y eterno Dios Nuestro Señor, el
cual da a todos aquellos que andan su camino victoria de cosas que parecen
imposibles; y ésta señaladamente fue la una; porque, aunque de estas tierras
hayan hablado o escrito, todo va por conjectura sin allegar de vista, salvo
comprendiendo a tanto, los oyentes los más escuchaban y juzgaban más por habla
que por poca cosa de ello.
Así que, pues Nuestro Redentor dio esta victoria a
nuestros ilustrísimos rey e reina y a sus reinos famosos de tan alta cosa,
adonde toda la cristiandad debe tomar alegría y hacer grandes fiestas, y dar
gracias solemnes a la Santa Trinidad con muchas oraciones solemnes por el tanto
ensalzamiento que habrán, en tornándose tantos pueblos a nuestra santa fe, y
después por los bienes temporales; que no solamente la España, mas todos los
cristianos tenían aquí refrigerio y ganancia. Esto, según el hecho, así en
breve. Fecha en la carabela, sobre las islas de Canaria, a 15 de febrero, año
1493. Hará lo que mandaréis El almirante. Después de ésta escrita, y estando en
mar de Castilla, salió tanto viento conmigo sur y sueste, que me ha hecho
descargar los navíos.
Pero corrí aquí en este puerto de
Lisboa hoy, que fue la mayor maravilla del mundo, adonde acordé escribir a Sus
Altezas. En todas las Indias he siempre hallado los temporales como en mayo;
adonde yo fui en 33 días, y volví en 28, salvo que estas tormentas me han
detenido 13 días corriendo por este mar. Dicen acá todos los hombres de la mar
que jamás hubo tan mal invierno ni tantas pérdidas de naves. Fecha a 4 días de
marzo. El original de esta carta de Colón ha desaparecido. Se conservan varias
versiones en español, italiano y latín.

|