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...las víctimas de los actos terroristas del 7 de julio son empleados,
profesionales, estudiantes, arnas de casa, niños, ancianos. Igual que enl a
estación madrileña de Atocha. Es igual que en las Torres Gemelas, de Nueva York.
Pero si de los terroristas del 11 de septiembre Susan Sontag pudo decir que se
los podía acusar de criminales, pero no de cobardes, quienes prepararon los
atentados de Madrid y de Londres son exactamente eso: cobardes. Sus víctimas son
inocentes.
¿Cómo
pueden los terroristas proclamar una razón, por válida que fuere, si el precio
es la masacre de los inocentes? Silos terroristas tuviesen una causa -cuál
será?— la causa yace en escombros, mezclada con la sangre le las víctimas.
¿Cómo
combatir al terror? Las respuestas varían, pero todas son complejas. Lo cierto
es que no se puede responder al terror con más terror, pues si el terrorismo es
la respuesta al terrorismo, cabe preguntarse cuando cesará el terror.
Por una visión de futuro
“Hay
que tener cuidado”, dijo en su momento Madeleine Albright, secretaria de Estado
de Bill Clinton; hay que tener cuidado de que la guerra contra el terrorismo no
genere más terrorismo. Y hay que cuidarse, añade Hubert Vedrine, ex canciller de
Francia, de que la alianza contra el terror sea puramente defensiva.
En
otras palabras, la lucha contra el terror debe ir acompañada de una visión de
futuro. Sin un proyecto pro positivo que atienda a los males de raíz del terror,
éste ganará, con impunidad, todas sus batallas. De allí se desprenden tres
consideraciones.
La
primera es que se combate al terrorismo con buenos servicios de Inteligencia. Si
los terroristas tienen la ventaja del sigilo, el anonimato y la oportunidad, el
propósito de la inteligencia es acotar al máximo el si gil identificar las redes
del terror el anonimato, desenmascarar a sus organizaciones y organizadores,
oportunidad, adelantarse con buena inteligencia a las acciones de los
terroristas.
Un
ejemplo. Una joven funcionaria de la CIA en Arizona y Nuevo México tenía
fichados a los kamikazes durante su entrenamiento en campos aéreo de esos
estados. Su memorando llegó hasta el gobierno federal y allí se quedó dormido
durante el largo y caliente verano del 2001.

El dolor humando frente a tanta
barbarie
Relaciones turbias
La
segunda demanda es menos difícil y consiste en poner contra la pared —política,
financiera, jurídicamente—a los gobiernos que impunemente
prestan cobijo a los
terroristas.
Varios libros se han escrito para revelar los presuntos nexos entre grupos
terroristas y gobiernos protegidos por la víctima de los terroristas, los
Estados Unidos. Turbia es la relación entre el reino Saudita y los grupos de
terror.
¿Y
dónde encuentran techo los militantes de Al-Qaeda? ¿Será acaso en el Paquistán
de Musharraf, tirano aliado de los Estados Unidos? Hay más:
¿cuánto durarían varios gobiernos de Medio Oriente sin la complicidad europea y
norteamericana? La pretensión de que, aunque sean dictaduras que protegen a
Occidente contra los terroristas es ya una probada patraña.
¿Tendrá Occidente, algún día y en bien propio, la valentía y la sabiduría de
respetar el surgimiento de la voluntad democrática en Egipto, Arabia Saudita,
Paquistán, aunque ello les cueste el poder a sus actuales aliados? Sin
democracia verdadera, esa región seguirá siendo nido de terroristas.
Pero
es a los ciudadanos de esas naciones, y no a
Condoleeza Rice, a quienes corresponde expulsar
del poder a los sátrapas actuales. Y con ellos, a los terroristas amparados por
la mezcla explosiva de despotismo, feudalismo, complicidades inconfesables y
realpolitik de conveniencia.
Pero
hay una tercera consideración. Es la más importante y la más difícil. Consiste
en expulsar al terrorismo de sus nidos mediante el desarrollo. Donde hay mejores
niveles de vida, educación y salud; donde los ciudadanos sienten que son
accionistas del progreso y de la libertad, el terrorismo no encuentra suelo
fértil.
Pero
una política global para el desarrollo no puede quedarse en palabras y buenas
intenciones. Requiere un esfuerzo coordinado entre ricos y pobres. De éstos hay
que esperar gobiernos que no devoren la cooperación con la corrupción. La
sugerencia de George Soros —crear consejos meritorios por encima de toda
sospecha entre gobiernos donantes y gobiernos recipientes— aguarda su hora de
prueba.

Catastrófica realidad
De
los ricos hay que esperar que comprendan claramente que su propia seguridad, su
propia riqueza, dependen de la ampliación de la capacidad de consumo, del nivel
de educación y de la vida democrática en los países del llamado Tercer Mundo.
Hay que escuchar; para convertirlas en realidad, las palabras de Fernando Henri
Cardoso “El terrorismo no será vencido mientras la
cooperación internacional no extinga los focos que permiten al terror
encenderse. Tarea de largo plazo que va a comprometer a varias
generaciones, peco sólo si se inicia ahora mismo”.

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