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La gaseosa: El químico flamenco Jean
Baptista van Helmont (1577-1644) fue el primero que empleó el término gas para
referirse a las aguas naturales con dióxido de carbono. Un francés llamado
Gabriel Venel (1723-1775) denominé al líquido burbujeante “agua aireada”, y otro
científico definió su contenido como “aire fijado”.
Durante
el siglo XVIII, numerosos investigadores invirtieron parte de su tiempo
en el estudio del origen de las efervescencias. Entre ellos cabe
mencionar a Henry
Cavendish, Brad Pyrmont y Joseph Priestley, el descubridor
del oxígeno. Pero fue el químico francés
Antonie Lavoisier quien halló que el
denominado aire fijado era una combinación de oxígeno y carbón. A esta
mezcla la llamó gas de ácido carbónico.
En 1741, al inglés William Browning se le ocurrió inyectar ácido
carbónico en un recipiente con agua mineral. Su sorpresa fue mayúscula
al observar que el líquido burbujeaba y, ni corto ni perezoso, decidió
embotellar el nuevo producto. De este modo, acababa de nacer la gaseosa.
Pero fue un fracaso comercial, hasta que la bebida empezó a ser
prescrita por los médicos como agua medicinal.
En 1807, el cirujano estadounidense Philip
Syng encargó a un químico amigo suyo que preparase un agua carbónica
para tratar a los pacientes aquejados de dolencias estomacales. El
químico, para mejorar su sabor, tuvo el ingenio de disolver un
edulcorante en el preparado. Su sabor gustó mucho al público.
En 1823, John Mathew ideó un sistema para saturar el agua con gas
carbónico que abarató notablemente el costo de la producción de las
bebidas con burbujas. Pero no fue hasta principios del siglo XIX cuando
la gaseosa dejó de ser una bebida medicinal para convertirse en un
popular refresco para calmar la sed. Así, surgieron o empezaron a
popularizarse las bebidas con gas. En 1886, apareció la Coca-Cola; en
1898, la Pepsi-Cola; en 1904, el Canada Diy Ginger Ale, y en 1933. la
7-Up.
El chocolate con leche
Como revela la palabra, de origen azteca, el chocolate es de procedencia
americana. El término castellano, chocolate, proviene de chocolatl que
traducida significa “cacao y agua”. En América se tomaba sin azúcar ni miel, y
era la bebida preferida del emperador
Moctezuma. Entonces los granos de cacao se
tostaban, se trituraban sobre una piedra y se mezclaban con harina de maíz y
agua.
Esta
mezcla era calentada y batida hasta la obtención de una espuma. Esta bebida era
sumamente preciada, lo mismo que los granos de cacao que se utilizaron como
medio de pago y como tributo del pueblo. El chocolate llegó a Europa con los
españoles. Fue en 1512, cuando Hernán Cortés reconoció su gran valor y llevó los
granos de cacao como oro negro” hasta España. Desde allí se extendió a todos los
rincones del mundo y mejoró su forma de preparación.
Hasta
fines del siglo XIX, éste se consumía al natural, con azúcar, o bien en forma de
bebida a la que se agregaba un poco de leche, para suavizar su sabor Esta
costumbre sirvió de inspiración para que el suizo Daniel Peter, yerno del famoso
chocolatero F. L. Caíllier, ideara el chocolate con leche sólido. La primera
tableta se comercializó en 1875.
El café
Existen
numerosas leyendas que explican el origen del café, pero la más verosímil
proviene de un suceso que ocurrió hacia el año 850 a. de C., en Etiopía. El
autor del hallazgo fue, según la leyenda, un pastor musulmán llamado Kaldi. Este
se sentía muy preocupado porque sus cabras no lograban conciliar el sueño y
siempre se mostraban nerviosas e inquietas.
Un día, el pastor, que estaba
pendiente del comportamiento de los animales, se percaté de que éstos
mordisqueaban los frutos del cafeto, un árbol de la familia de las rubiáceas,
originario de Etiopía (algunos autores piensan que la planta procede de África).
El relato de Kaldi fue escuchado por cierto penitente que, como tenía problemas
para permanecer despierto el tiempo que consideraba necesario para completar sus
rezos y mortificaciones, probó a beberlo en infusión. De esta forma, descubrió
las virtudes tónicas y excitantes del café.
Si
nos remitimos a hechos históricamente comprobados, el café, palabra que procede
del vocablo árabe qáhwa, ya se bebía en Turquía y Siria en el primer
tercio del siglo XV. En Europa no hubo noticia de su existencia hasta 1591, año
en el que un botánico italiano describió el cafeto en un jardín privado de El
Cairo. Algunos autores afirman que fueron los venecianos quienes llevaron el
café a Europa, en 1615, aunque hay que decir a este respecto que cinco años
antes el viajero español Pedro Teixeira, de regreso en Turquía, comentaba que
los lugareños tomaban “una bebida que llaman allá el kaoah, de simiente hendida,
tostada y negra como la pez”. Indudablemente, se trataba del café.
El café instantáneo
En 1933, por sugerencia de la firma suiza Nestlé, el Instituto Brasileño del
Café emprendió una serie de investigaciones orientadas a obtener un café
deshidratado en polvo que, al ser disuelto en agua caliente, diera como
resultado café de forma instantánea. Los expertos cafeteros se encontraron con
dos desafíos: por un lado, conseguir que el polvo de café fuera soluble y no se
depositara en el fondo de la taza y, por otro, que conservara el aroma original.
Ocho años tardaron en obtener un producto satisfactorio. En 1938 nació el
Nescafé.
Las tapas
Las pequeñas cantidades de comida que se sirven en los bares españoles para
acompañar a la bebida y que son el equivalente a la tradicional
picada
argentina, se conocen popularmente como tapas.
El
uso de este vocablo como sinónimo de aperitivo tiene un origen incierto. Hay
quienes aseguran que surgió a raíz de una anécdota protagonizada por Alfonso
XIII en su visita a Cádiz. Antes de regresar a palacio, el monarca se detuvo en
el Ventorrillo del Chato, venta que aún existe en la playa que lleva su nombre,
entre Cádiz y San Femando.
Alfonso XIII pidió una copa de vino de Jerez, pero no se percaté de que un
remolino de viento que se coló en el local amenazaba con llenar de arena el
catavinos real. Para evitarlo, un atento camarero se precipitó a cubrirlo con
una feta de jamón. Cuando el rey fue a beber un sorbo, preguntó con sorpresa:
¿Qué es esto? El mozo le contestó: “Perdone mi atrevimiento, Majestad, le he
puesto una tapa para que no entre arena en la copa”. Alfonso XIII se comió la
feta de jamón y requirió que se le sirviera otro vino, pero “con otra tapa
igual”.
Todos los presentes festejaron el ingenio real y emularon al rey pidiendo lo
mismo.
La hamburguesa
Es
probable que los antiguos egipcios ya comieran hamburguesas o un plato muy
parecido. A principios del siglo XX, los arqueólogos descubrieron junto a la
momia de un alto dignatario de 4.000 años de antigüedad lo que podrían ser dos
tortas de pan con un pastel de carne horneado.
Con
mayor seguridad, se puede afirmar sin miedo que las hamburguesas ya figuran en
la gastronomía de los tártaros. Estas tribus guerreras picaban la carne del
ganado y reservaban la de más baja calidad para elaborar los famosos filetes
tártaros, también llamados en la actualidad filetes rusos.
La hamburguesa tal y
como la conocemos hoy nació en Alemania hacia el siglo XIV Era una comida para
gente de pocos recursos que se elaboraba con carne de muy baja calidad y
condimentos baratos. El nombre de esta receta provino de la ciudad de Hamburgo,
donde se empezó a conocer como filete hamburgués.
La
hamburguesa no se popularizó hasta que en el siglo XIX el afamado doctor J. II.
Salisbury experto en dietética, empezó a recomendar su ingesta, porque, según
él, la carne triturada facilitaba notablemente la digestión al tener que hacer
trabajar menos al estómago. Es por esta razón por lo que la hamburguesa empezó a
ser conocida en Inglaterra bajo el nombre de Salisbury steak.
Las empanadas
Después
del asado, las empanadas son el plato típico argentino. Sin embargo, su origen
se ubicaría hacia el siglo V antes de Cristo en Atenas, en uno de los ambientes
más cultivados de la Historia Antigua. A alguien una vez se le ocurrió rellenar
un molde de masa con carne o pescado, y así nació la empanada. Esta se
introducía en el horno sobre un lecho de hojas de laurel y se servía caliente.
Los churros
Los churros empezaron a consumirse en Cataluña a principios del siglo XIX, pero
se desconoce quién fue su inventor Su origen es probablemente árabe y se pierde
en el tiempo. La masa de los churros se hace con agua caliente para que la
levadura se queme.
La tortilla
El vocablo tortilla proviene del latín tortilla, es decir pequeña torta de pan,
que a su vez procede del término griego toitidion, que significa
panecillo.
Contrariamente
a la opinión popular, la tortilla no se descubrió por azar, sino que fue fruto
de las investigaciones culinarias llevadas a cabo por uno de los llamados Siete
Cocineros más importantes del mundo antiguo. Su invención es atribuida al
Cigofilo, también conocido como el Maestro de los Huevos, según cuenta el
gramático griego Ateneo en su obra El banquete de los sabios, del siglo III.
Cigofilo no sólo ideó la tortilla, sino también el huevo duro y el huevo pasado
por agua.
Sin
duda alguna, la tortilla, sobre todo la de sangre de liebre, fue uno de los
alimentos más célebres de la Antigüedad, aunque su consumo suscité una polémica
teológica. La Iglesia sostenía que la tortilla rompía el ayuno cuaresmal y el de
los viernes de vigilia, puesto que el huevo era considerado parte del animal, es
decir, carne. En este sentido se pronunció el Concilio de Aquisgrán, en 917,
hasta que el papa Julio III declaró en 1553 que la tortilla era un ahmento
válido para los días de vigilia. Como anécdota, cabe decir que este Papa era un
adicto a las de cebolla.
En
cuanto a la tortilla de papa, son numerosas las provincias españolas que se
disputan su invento. No obstante, algunos expertos creen que es obra del general
carlista Tomás de Zumalacárregui (1788-1835). El militar aseguró que la inventó
un día que mezcló un plato de papas fritas sobrantes con unos huevos batidos que
luego echó a la sartén. Es probable que esto no sea cierto, ya que existen
referencias de que en las tabernas madrileñas de mediados del siglo XVIII se
servía una especie de tortilla compuesta de diversos ingredientes entre los que
formaba parte la papa.
El turrón
Su
origen no está claro. Según se señala en el libro del español Pepe Rodríguez
Mitos y ritos de la Navidad, está documentado, por ejemplo, que en el año 662 a.
de C., durante la primera Olimpíada, alrededor del templo de Zeus se vendía una
especie de turrón elaborado con almendras. También el pueblo judío podría ser la
cuna del dulce navideño; Turquía, con su famosa “miel turca”, o bien los árabes
con su alajú, compuesto por almendras, nueces, miel y pan rallado, el cual
podría, al menos, ser un antecedente inmediato.
Para algunos, el nacimiento de
este dulce navideño se produjo en el asedio dc Barcelona, durante el reinado de
Felipe IV Las autoridades de la capital catalana organizaron un concurso público
para encontrar un alimento que no se echara a perder rápidamente. El premio se
lo llevó un confitero llamado Turrons, que presentó unas obleas hechas
con almendras y miel. Otros autores, sin embargo, sitúan su origen en un
concurso similar celebrado también en Barcelona, pero a raíz de una epidemia en
tiempos de Felipe V.
Los fideos
Aunque
la palabra fideo proviene del latín fides, vocablo que significa cuerda
de lira, resulta muy improbable que en la antigua Roma conocieran este producto.
La pasta es una invención de los chinos, que ya la preparaban hace 3.000 años
con harina de arroz y habas.
Según la tradición, la receta para su elaboración
fue introducida en Occidente por los hermanos Maleo y Nicolás Polo y su sobrino
Marco a su regreso de China en el siglo XIII. Los fideos, por lo tanto, llegaron
primero a Italia, donde fueron denominados suaghetti, palabra que
significa cordoncillos.
La rosca de Reyes
La costumbre de celebrar el 6 de enero, día de la Epifanía, con la rosca de
Reyes tiene su origen en una fiesta cristiana del siglo XI conocida como el rey
del haba. Esta consistía en elegir a uno entre los niños más pobres de un pueblo
para
coronario rey de la Epifanía y agasajarlo con regalos, vestidos y manjares.
Este festejo popular también se celebraba a nivel familiar: ese mismo día, en
los hogares se hacía una gran rosca en la que se introducía una sorpresa: una
moneda o un &‘ejeto pequeño. Al que le tocaba se lo coronaba rey y presidía la
mesa ese día.
La salsa golf
La salsa golf es bien argentina. Tanto que nació de la inspiración del
doctor Luis Federico Leloir,
en la década del veinte, cuando en el Golf Club de Mar del Plata se le ocurrió
mezclar ketchup y mayonesa. La salsa se popularizó allí, por eso el nombre de
“Golf’ y Leloir como no la patentó no cobró ni un peso.
El pochoclo
Tiene
su origen en la América precolombina. Cuando los españoles llegaron a América,
fueron recibidos por nativos que les ofrecían collares confeccionados con ellos.
Por ejemplo, en 1510, Hernán Cortés y sus hombres se quedaron sorprendidos por
unos extraños amuletos que los sacerdotes aztecas portaban en las ceremonias.
Los adornos estaban hechos con sartas de palomitas de maíz.
Esta
gramínea se conoce en el Nuevo Mundo desde hace unos 6.000 años. Los amerindios
habían observado que sólo estallaban en la sartén los granos que contenían una
cierta cantidad de agua. Hoy sabemos que el maíz debe tener un 14 por ciento de
agua para que por acción del calor se evapore y rompa la cáscara del grano. El
resultado es una masa blanca y esponjosa que son las flores de maíz conocidas
también como palomitas de maíz o pororó, palabra que deriva del guaraní y que
significa estruendo, ruido violentó.
Los
indígenas los preparaban de tres formas diferentes: insertaban una mazorca en un
palo y la tostaban al fuego; luego recogían los granos que estallaban. Otra
técnica consistía en separar los granos y arrojarlos directamente al fuego. La
tercera manera de hacer pochoclo era poniendo al fuego una vasija con granos
gordos de arena en su interior que, al calentarse, hacían estallar el maíz.
Las primeras máquinas especialmente concebidas para la fabricación de pochoclo
aparecieron en 1880.
Las salchichas
Hace
casi 4.000 años, los babilonios rellenaban las tripas de un animal, generalmente
del cerdo, con carnes especiadas. Esta es la referencia más antigua que se
conoce acerca del origen de las salchichas. En la Grecia clásica también era un
alimento muy apreciado, aunque los helenos las elaboraban de manera algo
distinta que en Babilonia. Precisamente, un embutido similar, la morcilla, fue
inventado por un griego, Atómates de Corinto.
Las
salchichas también figuraban entre los platos ensalzados en la antigua Roma. En
las fiestas en honor a Lupercus, dios de los pastores, que se celebraban a
partir del 15 de febrero, los adolescentes eran introducidos en la vida adulta
mediante un rito en el que la salchicha jugaba un papel muy importante que nada
tenía que ver con el arte culinario. Precisamente fue su simbolismo erótico lo
que hizo que la Iglesia desaconsejara su consumo y que el emperador Constantino
prohibiera por decreto su fabricación. Pese a esta incomprensible animadversión,
las salchichas siguieron siendo, aunque en la clandestinidad, un alimento básico
en la dieta romana. De hecho, la palabra salchicha deriva del término latino
salsus.
Pasaron los siglos y en 1852 el gremio de carniceros de la ciudad germana de
Frankfurt presentó una salchicha especial ahumada y embutida en una tripa
delgada y casi transparente. De este modo, nació la salchicha de Frankfurt, que
se exporté al mundo entero. Otro carnicero alemán tuvo la ocurrencia de servir
una salchicha caliente en un pedazo de pan, combinado que bautizó con el nombre
de la raza de su perro, un dachshund. El invento, que en la Argentina se
conoce como pancho, llegó a Estados Unidos con el nombre de hot dog -en
castellano, perro caliente—. Esta sencilla comida se hizo muy popular a
partir de 1906 gracias a Harry Steven, un vendedor ambulante de comidas y
bebidas que consiguió una concesión de venta en los estadios durante los
partidos de béisbol.
El dulce de leche
Según
se relata en El Gran Libro de ha Cocina Argentina, una improbable anécdota
acuñada en la localidad de Cañuelas habla de un histórico origen, un 24 de junio
de 1829. Se habían juntado allí los generales Lavalle y Rosas en campos de este
último. Lavalle, fatigado, se echó a dormir en el catre de Rosas, que aún no
había llegado, para horror de la mulata que oficiaba de ama de llaves.
Tanta
inquietud le produjo semejante situación que se olvidó de la lechada que con
azúcar hervía para el mate de Rosas. De ese escandalizado descuido habría nacido
el dulce de leche, que degustaron en paz el federal y el unitario.
Fundada por Vicente Casares en el año 1889, La Martona fue la primera industria
láctea argentina. Funcionaba en la estancia San Martín, en el partido de
Cañuelas. También fue la primera industria en fabricar dulce de leche.
Fuente Consultada: El Libro de los Orígenes
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