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La
miseria y la explotación que sufría la clase trabajadora europea dieron origen
en Francia a un estallido revolucionario que revistió una violencia inusitada.
Sus causas inmediatas hay que buscarlas en la guerra franco-prusiana que terminó
con la derrota francesa. Así, el levantamiento obrero de París se produjo
justamente cuando los ejércitos alemanes se encontraban a las puertas de la
capital. La revolución, que comenzó el 18 de marzo de 1871, tuvo un signo
anarquista y socialista, y en ella jugaron un papel de cierta importancia
representantes de la Primera Internacional.
En
realidad, esta tentativa revolucionaria, conocida con el nombre de Comuna,
careció de preparación y fue más bien un acto desesperado y espontáneo, motivado
en gran medida por los muchos padecimientos a que París había sido sometida
durante la guerra. Como era lógico, el sector social parisino que se encontraba
en peores condiciones era la clase trabajadora, que había llegado a una
situación de penuria y hambre absolutas. Junto con ellos, la Guardia Nacional,
una milicia de ya larga tradición en Francia, se sentía humillada por la derrota
ante los alemanes y había sido ganada además por la propaganda revolucionaria.
Ignorando esta situación, el Gobierno francés suspendió 40 la paga a los
guardias nacionales, al mismo tiempo que dejaba sin efecto la moratoria que,
como consecuencia de la guerra, permitía a los habitantes de París no pagar sus
deudas, alquileres y efectos comerciales mientras durase el conflicto bélico.
El 18
de marzo estalló la insurrección: la Guardia Nacional y los obreros
se apoderaron de la capital, provocando la huida del Gobierno. Inmediatamente, y
por sufragio universal, fue elegido un Consejo General de la Comuna de París, al
que se confirió poder legislativo y ejecutivo. De él formaron parte obreros
revolucionarios y burgueses de ideas radicales.
El programa de la Comuna de París
«En el conflicto doloroso y
horrible que amenaza todavía una vez más a Paris con horrores de asedio y
bombardeos..., ¡a Comuna tiene el deber de afirmar y determinar las aspiraciones
y los deseos del pueblo de París; de precervar el
carácter del movimiento del 18 de marzo, incomprendido, desconocido y calumniado
por los políticos que ocupan un escaño en Versalles. Una vez más, Paris trabaja
y sufre por toda Francia...,Qué pide? El reconocimiento y
la consolidación de la República, única forma de gobierno compatible con los
derechos del pueblo y con el desarrollo justo y libre de la sociedad.
La autonomía absoluta de la Comuna
extendida a todas las localidades de Francia, asegurándole a cada una la
integridad de sus derechos y a todo francés el pleno ejercicio de sus facultades
y de sus aptitudes como hombre, ciudadano y trabajador.La autonomía de la Comuna
no tendrá más límite que el derecho de autonomía, igual para todas las demás
comunas adheridas al contrato, y cuya asociación debe mejorar la Unidad
francesa...« (Declaración del 18-4-1871.)
La
Comuna declaró nulos todos los actos del Gobierno, hizo un llamamiento al resto
de Francia para que se levantase en armas y adoptó la bandera roja como
estandarte. Al propio tiempo se realizaron algunas reformas democráticas y
sociales: separación de la Iglesia y el Estado, prohibición de trabajos
nocturnos, establecimiento de alquileres máximos y otras similares. Sin embargo,
su efímera existencia le impidió introducir cambios profundos de carácter
socialista.
A
pesar de que la revolución de París causó verdadero espanto en los Gobiernos
burgueses de Europa, sus días estaban contados, ya que no consiguió extenderse
al resto de las ciudades francesas. Aprovechando este aislamiento, el Gobierno
francés lanzó un ejército de cien mil hombres contra la capital. La lucha fue
sin cuartel. Los comuneros, desesperados, incendiaron varios grandes edificios y
fusilaron a los rehenes que tenían en su poder, entre ellos el arzobispo de
París. Por su parte, las tropas, una vez ocupada la ciudad después de siete días
de combate, se dedicaron a una durísima represión: fueron fusilados en el acto
alrededor de veinte mil hombres; y más tarde, los tribunales continuaron con su
labor represiva, de resultas de la cual unos diez mil insurrectos (algunas
fuentes hablan de siete mil quinientos a ocho mil) fueron deportados a Nueva
Caledonia.
Más
que una revolución, el episodio de la Comuna debe ser, pues, considerado como un
intento fallido. La sociedad burguesa era todavía joven y fuerte y no estaba
dispuesta a ceder su sitio al proletariado. Y éste había pretendido ir demasiado
aprisa.
La Comuna de París:
La antítesis directa del Imperio era la Comuna. El grito de "república social",
con que la Revolución de Febrero fue anunciada por el proletariado de París, no
expresaba más que el vago anhelo de una república que no acabase sólo con la
forma monárquica de la dominación de clase. La Comuna era la forma positiva de
esta república. París, sede central del viejo poder gubernamental y al mismo
tiempo, baluarte social de la clase obrera de Francia, se había levantado en
armas contra el intento de Thiers y los "rurales" de restaurar y perpetuar aquel
viejo poder que les había sido legado por el Imperio. Y si París pudo resistir
fue únicamente porque, a consecuencia del asedio, se había deshecho del
ejército, sustituyéndolo por una Guardia Nacional, cuyo principal contingente lo
formaban los obreros Ahora se trataba de convertir este hecho en una
institución" duradera. Por eso, el primer decreto de la Comuna fue para suprimir
el ejército permanente y sustituirlo por el pueblo armado.
La Comuna estaba formada por los
consejeros municipales elegidos por sufragio universal en los diversos distritos
de la ciudad. Eran responsables y revocables en todo momento.
MARX: Manifiesto del Consejo
General de la AIT sobre la guerra civil en Francia en 1871
Fuente Consultada: Revoluciones del Mundo
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