Si
los franceses inventaron la guillotina, los españoles inventaron el garrote vil.
Mientras la guillotina causaba la muerte del reo seccionando su cuello, nuestro
invento mandaba al otro barrio al condenado, rompiéndolo: una vez introducido el
cuello en un collar de hierro, este se apretaba con un tornillo que tenía una
bola al final, la cual, seccionaba la columna vertebral.
En la foto pueden ver el momento
en que se ajusticia a un
reo en Filipinas a principios del Siglo XX.
Es un método de ejecución
extremadamente cruel, en uso principalmente en España y sus colonias y en
algunas partes de las colonias francesas, hasta su abolición hace unos 30 o 40
años.
Consiste en un aro de hierro que
se coloca en el cuello del condenado, que está atado, sentado, a un banco o
taburete. El aro está solidamente unido a lo que sería el respaldar de ese
taburete. El aro, por su parte trasera, tiene una "tuerca" de paso grueso, donde
se introduce una punta de metal engastada en un tornillo que encaja en dicha
tuerca.
El verdugo hace girar el tornillo, y éste avanza hacia la nuca del
condenado que primero se ve asfixiado, luego la punta del tornillo rompe el
cuello del reo y a su médula espinal la corta por cizallamiento, dejando
paralizada la parte inferior del cuerpo, y produciendo la muerte de forma
horrible. Se llama garrote "vil" porque esencialmente, era destinado a personas
del vulgo.
Los reos de la nobleza eran
igualmente muertos, pero estos gozaban de una puesta en escena mucho mas pomposa
y con solemnidad debido a su condición de noble con el garrote "ordinario"
Dejó de utilizarse porque el
artículo 15 de la Constitución Española de 1978 abolió la pena de muerte....y
dado que el garrote vil era un artilugio cuyo destino era la ejecución de los
condenados a la pena capital,(que por cierto solo se utilizaba en España) dejó
de tener sentido y razón su uso.
A
título de ejemplo el informe médico de la ejecución del famoso Jarabo en 1958.
(foto izq.)
El informe observaba que la muerte no se había producido de forma instantánea,
sino con "excesiva lentitud", el fallecimiento se produjo a los quince minutos,
después de una verdadera tortura.
Jarabo tenía un cuello poderoso y su verdugo,
Antonio López Sierra era bastante débil físicamente. Se han producido casos aún
peores en los que el reo ha muerto después de hasta media hora de espantosa
agonía entre aullidos y contorsiones.