|
Es
una de las facetas del crecimiento económico de la India. Las más importantes
industrias farmacéuticas están invirtiendo en el gigante asiático para
desarrollar nuevos productos. Además de una buena infraestructura para la
investigación y menores costos que en los países centrales, encuentran allí
abundante personal médico calificado.
Pero este éxito que se muestra a la comunidad internacional tiene una cara que
se oculta: la gran cantidad de enfermos pobres y sin educación que se utilizan
como conejillos de indias para experimentar nuevas drogas. India tiene casi
1.100 millones de habitantes —es el segundo país más poblado del mundo— y gran
parte de ellos viviendo en la pobreza. O sea, decenas de millones de conejillos
de indias.
En
busca de aumentar sus ganancias a través de pruebas con medicamentos baratos,
las multinacionales farmacéuticas recurren cada vez más a la India. La tendencia
ya había quedado clara en el informe 2005 de la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). El organismo estimó que los
laboratorios podrían reducir entre 20 y 30 por ciento los costos en materia de
investigación y desarrollo a través de la tercerización en la India.
Pero
lo que aparenta ser una gran puerta para la inversión extranjera abrió una
ventana para prácticas denunciadas ya en otras partes del Tercer Mundo. Una
seguidilla de casos de pruebas no éticas realizadas por organizaciones
contratadas para investigaciones fueron denunciadas por medios de comunicación
locales e internacionales. En abril, un informe de investigación de la cadena
británica BBC citó varios ejemplos en ese sentido, y ahora las autoridades
indias parecen despertar ante lo que puede ser una explotación a gran escala de
pacientes confiados, que necesitan desesperadamente medicación para varias
enfermedades.
Ya
está bajo investigación el caso de ‘uso equivocado” de una empresa farmacéutica
que indujo a los médicos a prescribir a más de 400 mujeres Letrozole, un
medicamento para tratar el cáncer de mama. Los resultados de las pruebas
encubiertas luego fueron usados para promover el fármaco, cuyo uso no estaba
aprobado.
En
2000, la subdirectora general del Consejo Indio de Investigación Médica,
Vasanthi Muthuswamy, controló la redacción de nuevas pautas para este tipo de
investigaciones en el país. Muthuswamy dijo a la agencia IPS que es común que
pacientes en la India tomen parte en un experimento sin tener idea de en qué se
están metiendo. “Los médicos producen formularios y les piden que firmen en la
línea punteada. Los pacientes creen que eso tiene que ver con el tratamiento y
acceden”, afirmó.
Pero
también hay casos en que los pacientes sí tienen conocimiento de la situación.
En la ciudad de Bangalore, Lakshmikanth, de 6 2
años, participó dos veces en un experimento con nueva medicación para el asma y.
como funcionó y es gratis, está esperando que lo llamen de nuevo. "La nueva
medicina funcionó realmente bien, pero desde el fin del experimento, en enero,
tuve que volver a recurrir a la antigua. Mi situación se deterioró, así que
estoy esperando un nuevo experimento. No tengo miedo de los efectos secundarios;
no tuve ninguno la última vez”, aseguró. ‘Durante el estudio, el medicamento fue
gratuito y me hicieron chequeos completos de salud cada dos semanas. Eso me da
un sentimiento de seguridad, pues no puedo costearme esas revisaciones por mí
mismo”, explicó.
La
familia de Lakshmikanth está preocupada porque tiene que correr con él al
hospital cada vez que pierde la conciencia por res, los fármacos para el asma le
resultan caros.
En el
hospital, los médicos dicen que llamarán a Lakshmikanth y a los otros pacientes
para un nuevo estudio del medicamento desarrollado por Glaxo Smith Kline, pero
no pueden tratarlo regularmente, dado que todavía hay que demostrar que esa
sustancia es segura y efectiva.
Muthuswamy encuentra que eso es impropio y siente que Lakshmikanth tenía el
derecho de continuar recibiendo esa medicina de prueba si funcionaba para él.
‘El fármaco es seguro para este paciente, y él ya fue expuesto a los posibles
riesgos”, agregó el doctor Chandra Gulhati, editor del Índice Mensual Indio de
Especialidades Médicas.
Pero
entonces, como la mayoría de los indios, Lakshmikanth no tiene seguro de salud y
no puede hacer ningún reclamo a Glaxo Smith Kline, porque no recibió ningún
documento que demuestre que participó en una prueba.
Que
las compañías farmacéuticas sean tan reacias a aceptar su responsabilidad por
los pacientes sobre los que efectúan pruebas ahora es cada vez más resistido por
algunos hospitales y por médicos serios. “El año pasado nuestro hospital rechazó
una prueba porque la empresa solamente pagaba el tratamiento si se demostraba
que su medicación causaba efectos colaterales. Pero ¿qué debería hacer un
paciente sin dinero hasta que esto fuera dilucidado?”, preguntó el médico
Sanjeev Jain, del prestigioso Instituto Nacional para la Salud Mental y las
Neurociencias ubicado en Bangalore.
“Muchos médicos con los que hablo parecen muy preocupados por sus pacientes y a
veces rechazan pruebas. Pero ¿acaso eso resuelve el asunto general? Obtenemos
alrededor de 4.000 dólares por paciente. Eso es mucho dinero en la India”, por
lo que las personas reducen sus costos, dijo Jain.
Según
Gulhati, muy a menudo las medicinas son demasiado caras para las personas en que
son probadas. Por ejemplo. “Herceptin, un fármaco del laboratorio Roche para
tratar el cáncer. Fue probado en la India y salió al mercado en 2003. Uno tiene
que tomarlo durante mucho tiempo, y el costo anual en la India es de 45.000
dólares. "Aqui nadie puede costearlo." Funcionarios de Glaxo respondieron
públicamente ante estos casos señalando que no pueden responsabilizarse por lo
que, alegan. tiene que ver con el acceso de la gente a la atención sanitaria.
La
India demanda que las pruebas clínicas sean autorizadas por el comité ético del
hospital que realizará el juicio y por la Contraloría General de Fármacos, que
es parte del Ministerio de Salud. Sin embargo, esto es solamente una revisación
de documentos, y hay incidentes donde falta una autorización adecuada. La
aprobación de la Contraloría tampoco es necesaria para probar medicinas que ya
están en el mercado.
Curiosamente, esa dependencia del ministerio no le pasa información a Muthuswamx
“No tenemos ninguna pista de lo que está ocurriendo, especialmente en hospitales
privados”, dijo. “Nosotros autorizamos anualmente alrededor de 150 pruebas
clínicas para compañías internacionales, en promedio en tres o cuatro
ubicaciones”, dijo el titular de la Contraloría, Ashwini Kumar. Pero la mayoría
de esos experimentos buscan la autorización de una medicina en Europa o Estados
Unidos y no benefician a pacientes en la India.
El
vicecontrolador, B. Ramteke, señaló que con apenas cuatro farmacéuticos, tres
bioquímicos y un puñado de administrativos, es imposible que el organismo maneje
todos los pedidos que llegan. ~‘ Somos responsables de autorizar las pruebas y
las medicinas en el mercado indio. Eso es demasiado trabajo para tan poca
gente”, explicó.
Gulhati dijo tener fuerte evidencia de que la Contraloría es corrupta. “Es una
enorme razón para preocuparse”, dijo un asociado para las pruebas clínicas de
una organización india contratada para investigaciones. Esta persona, que pidió
no ser identificada, es una de las muchas que coordina este tipo de experimentos
para firmas internacionales. “Quienes se acercan a la Contraloría son
consultantes bien pagos por la compañía. Eso asegura que todo sea aprobado”,
añadió.
A
Muthuswamy le gustaría que se racionalizaran los comités éticos en los
hospitales. “A menudo el decano de una Facultad de Medicina es el presidente del
comité, y esto es ilegal. Algunos comités aprueban entre 80 y 100
productos de investigación por reunión. Es imposible hacer eso seriamente.”
Una
cantidad de médicos me dijeron que su única formación para realizar pruebas
procede de la compañía o de organizaciones contratadas para investigaciones”,
sostuvo Muthuswamv, quien entrena a comités y a medico s con apoyo del exterior.
“Pero es muy difícil llegar a todo el país. Necesitamos más dinero.”
‘Las
grandes (firmas) farmacéuticas ofrecen viajes al exterior a los médicos. quienes
luego comienzan a realizar pruebas clínicas para esas compañías”. dijo el doctor
SP Kalantri. del Instituto Mahatma Gaiidhi en Sevagrani, un área rural en la
India central. El mismo llevó a cabo varios experimentos.
S.
Thanikanchalam. cardiólogo del hospital Sri Ramacliandra. en la sudoriental
ciudad de Chennai, aseguró haberse negado a hacer una prueba quirúrgica para una
empresa internacional porque encontró poco ético que el grupo placebo también
tuviera que ser operado. Ignora si algún otro hospital realizó ese experimento.
“Si
un hospital se niega. contactamos a otro”. dijo el asociado para las pruebas
clínicas. Las empresas más grandes aseguran que. dado que las reputaciones
dañadas cuestan más que las pruebas clínicas, los actores se mantienen dentro de
los límites éticos. “Nosotros nos hacemos chequeos rigurosamente y usamos
auditores. En la India no trabajamos a través de organizaciones contratadas para
investigaciones”, dijo Chris Hunter Ward, de Glaxo Smith Kline-Biologicals.
Para aumentar sus ganancias a
través de pruebas con medicamentos baratos, las multinacionales recurren cada
vez más a la India. Un informe de la ONU estima que los laboratorios podrían
reducir entre 20y 30 por ciento los costos en materia de investigación.
‘A
veces traducimos los documentos de consentimiento en diez idiomas. A los
pacientes les damos dos semanas para pensar y a los médicos una semana de
entrenamiento antes de cada prueba. No podemos hacer mucho más. Nunca
interrumpimos una prueba por razones éticas. La India tiene los sistemas
correctos para hacer pruebas clínicas”, opinó Hunter Ward.
No
todos están convencidos. Según Muthuswamv. es necesario un mayor control. Por
ahora, lo que ella dice no se puede oír por encima del sonido de las cajas
registradoras. La consultora McKinsev estima que, para 2010, los principales
laboratorios transnacionales habrán invertido hasta 1.500 millones de dólares en
la industria de las tercerizaciones de pruebas clínicas en la India.
El
jardinero fiel: El film
El jardinero fiel muestra con crudeza una de Las caras más oscuras de la
industria farmacéutica. Ubicado mayormente en Kenia y basado en un thriller de
John Le Carré, la película es una denuncia feroz de la complicidad de la gran
industria farmacéutica en la enfermedad y la pobreza de África. La historia gira
alrededor de la transformación de Justin Quayle, un moderado diplomático de
carrera interpretado por RaLph Fiennes. La esposa de Quayle, Tessa, interpretada
por RacheL Weisz, ha denunciado una grosera prueba experimental con pobres
aldeanos africanos dirigida por una compañía occidental de drogas. La película
no tiene, tal como en la realidad, un final feliz.
Un
artículo de The Wall Street Journal, ya en 2005 alertaba que las compañías
farmacéuticas extranjeras tenían los ojos puestos en la India, ya que veían una
nueva manera de subcontratación: realizar pruebas clínicas en su enorme reserva
de pacientes.
El
médico indio A.S. Arvind. quien dirige la compañía Clinigene —creada hace cuatro
años para pruebas clínicas—, cuenta que “no pasa un día en el que yo no reciba
un mensaje de farmacéuticas occidentales” para pedir datos sobre las capacidades
de la empresa. La India tiene un inmenso atractivo para estas firmas en la
medida en que enfrentan una presión cada vez mayor para reducir sus costos de
investigación y desarrollo. Los ensayos clínicos no sólo son más baratos, sino
que pueden ser mucho más rápidos, y esto es quizá lo más importante para una
compañía farmacéutica.
Una seguidilla de casos de pruebas
no éticas realizadas por organizaciones contratadas para investigaciones fueron
denunciadas por medios de comunicación locales e internacionales. Ahora las
autoridades indias parecen despenar ante una explotación a gran escala de
pacientes confiados, que necesitan medicación.
Reducir semanas en un proceso de prueba de una medicina puede significar
millones en ventas para un laboratorio. Por supuesto, la industria naciente
plantea muchas dificultades. Aunque la India tiene hasta 500 mil médicos, sólo
un pequeño porcentaje tiene la experiencia necesaria para supervisar ensayos
clínicos siguiendo las normativas reconocidas mundialmente, dicen los expertos
médicos.
Para
prevenir la percepción de que su población está siendo usada como animal de
laboratorio. el gobierno indio decidió no permitir a las compañías que realicen
la primera fase de los ensayos clínicos en este país si el medicamento se creó
en el extranjero. “Pero las ventajas incluyen costos más bajos, médicos y
enfermeras que hablan inglés y una gran población potencial de pacientes”.
observa Kenneth Kaitin. director del Tufts Center for the Study of Drug Development.
en Boston. El resultado es una nueva industria, pequeña pero de rápido
crecimiento, compuesta por firmas locales de investigación clínica conio
Clinigene. organizaciones de investigación internacional como Quintiles, con
sede en EE.UU., y Nee-man Medical International, y las filiales en la India de
Pfizer y Eli Lilly.
Los
datos de pruebas clínicas realizadas en la India también han contribuido a la
aprobación de medicamentos por parte de las autoridades estadounidenses y
europeas.
La
lndia está en condiciones de conseguir una buena porción del mercado de pruebas
clínicas que está globalizándose. Y los ahorros en tiempo y dinero pueden ser
extraordinarios. La experiencia en la India de la alemana Mucos Pharma, una
compañía farmacéutica que produce compuestos realizados con plantas y enzimas
animales , es uno de estos casos.
Mucos
pidió a Siro Clinpharm. una firma de ensayos clínicos con sede en Bombay que
encontrara a 650 de un total de 750 voluntarios para realizar el ensayo de un
medicamento para tratar a pacientes que sufren de cáncer de cabeza y cuello.
Clinpharm encontró a los voluntarios en 18 meses en cinco hospitales, dice el
gerente general Chetan Tamhankar. “Nunca habríamos podido lograr esto en Europa
occidental”, asevera Wilfried Schiess. director de ensavos clínicos de Mucos. De
hecho, encontrar sólo los 100 voluntarios restantes en 22 hospitales de Europa
llevó casi el doble del tiempo.

Claro
que lo que no aclaran los directivos de la compañía es si efectivamente todos
los indios que aceptaron la prueba sabían exactamente a lo que se estaban
exponiendo.
Estas
denuncias que se producen en la India llegan después de que el tema de la prueba
de medicamentos en humanos también generó denuncias dentro de Estados Unidos.
Una investigación publicada en la agencia Bloomberg afirma que “cada año,
decenas de personas en Estados Unidos se lesionan o mueren en las pruebas
clínicas”.
“Por
todo Estados Unidos, 3,7 millones de personas se han alistado en pruebas de
medicamentos patrocinadas por las mayores compañías farmacéuticas del mundo. Las
empresas han subcontratado 75 por ciento de las pruebas de medicinas
experimentales a centros como SFBC, el líder en un sector que mueve 14.000
millones de dólares al año. Al mismo tiempo, la Administración de Alimentos y
Fármacos de Estados Unidos (FDA) ha delegado gran parte de la responsabilidad de
supervisar la seguridad de estas pruebas a compañías privadas conocidas como
consejos institucionales de revisión. Estos consejos también son financiados por
los laboratorios”, dice el informe.
Es
decir, la industria paga a la mayoría de los grupos encargados de controlar esas
pruebas y a quienes se someten a ellas: “Inmigrantes pobres procedentes de
Latinoamérica” que cuentan que lo hacen por dinero.
El
trabajo alude también al conflicto de intereses que aparece cuando los
principales laboratorios mundiales son los
que subcontratan el 75% de las pruebas a compañías financiadas por ellos mismos.
Y denuncia que la FDA dejó la tarea de control a consejos institucionales de
revisión con fines de lucro. Una de estas compañías es Wirb, con sede en Olympia,
estado de Washington, con la responsabilidad de proteger a las personas en
17.000 pruebas clínicas. En los años ‘90, esa empresa supervisó pruebas por las
que fueron encarcelados médicos por mentir a la FDA. Pero no hubo medidas contra
Wirb.
El
informe de Bloomberg pone en tela de juicio a la FDA, el organismo oficial
estadounidense de control de drogas y alimentos. “El sistema de regulación es
tan poroso que ha permitido que personal clínico irresponsable —algunos de los
cuales tienen credenciales falsas— siga efectuando pruebas farmacéuticas en
humanos por años, a veces por decenas de años”, dice. En 1991, el 80% de las
pruebas farmacéuticas se hacían en universidades: ahora, el 75% se hace en
centros privados.
Según
un informe del 16 de mayo publicado en USA Today, gigantescas empresas
farmacéuticas están realizando cada vez más pruebas con drogas fuera de los
Estados Unidos y Europa. Por ejemplo, en la actualidad Merck está haciendo el
cincuenta por ciento de los experimentos fuera de Estados Unidos. Y para fines
de este año se espera que el setenta por ciento de los experimentos
farmacéuticos de Wyeth ocurran en el exterior. En toda América latina, Europa
oriental. Asia y África, los enfermos abundan, y desesperados y confiados en la
figura del médico, se tornan presa fácil del rápido proceso de reclutamiento
para someterlos a pruebas clínicas. Como lo explicara un ejecutivo de una
empresa que se especializa en efectuar pruebas con drogas en Asia, los pacientes
de los países en desarrollo están más dispuestos a ser “conejillos de indias”.
Tal
como lo demuestra la película El jardinero fiel, los cuernos sobre los
que experimenta la industria pertenecen a personas que raramente se benefician
de la investigación que con ellas se realiza. A veces, las nuevas drogas todavía
no están permitidas en estos países o
tienen precios fuera de su alcance; además, con gran frecuencia, suelen ser poco
relevantes para las necesidades médicas específicas de estas comunidades. El 90
por ciento del presupuesto de investigación médica global está destinado a
enfermedades que causan sólo el 10 por ciento de las enfermedades que aquejan al
mundo. Por lo tanto, mientras quinientos millones de casos de malaria arrasan
con los países en desarrollo, los trabajadores pobres de la India, Sudáfrica y
otros lugares se desesperan por la clase de cuidados de alta tecnología de la
cual disponen casi únicamente a través de la investigación clínica, y se ponen
en fila para recibir dosis experimentales de las últimas drogas contra la
artritis, las enfermedades cardíacas y la obesidad.
El
rechazo general a reconocer los riesgos del desarrollo de las drogas es la única
y gran razón por la cual las importantes compañías de drogas han huido de las
actualmente vacías clínicas de pruebas de Estados Unidos y Europa occidental
para instalarse en África, Asia, Europa oriental y América latina en primer
lugar.
En promedio. cada estadounidense compra por año más de diez drogas
recetadas y no obstante la mayoría es reacia a participar de las pruebas
clínicas que hacen posible el desarrollo de nuevas drogas. Cada veinte
norteamericanos, menos de uno participa de las pruebas experimentales y la mitad
del público estadounidense difama a los sujetos que se prestan a estos
experimentos tratándolos de “conejillos de indias”. según una encuesta de Harris
de junio de 2004.
El
resultado lógico de esta actitud “pura ganancia, ningún sufrimiento” hacia las
drogas modernas, es que las compañías de medicamentos trasladen la carga de la
experimentación lejos de los consumidores occidentales a los pobres del mundo,
con todos los dilemas morales, errores éticos y conocidas violaciones que son su
consecuencia inevitable. Parafraseando el conmovedor final de la película El
jardinero fiel, disfrutamos los beneficios de la civilización con tanta
facilidad porque las vidas de los habitantes del Tercer Mundo se compran por tan
poco.
Fuente Consultada: Revista Veintitres
Internacional Dossier "Conejillos de Indias" (agosto 2006)
|