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El desembarco en Bahía Cochinos fue una tentativa frustrada de derrocar al
gobierno del presidente cubano Fidel Castro en 1961 por parte de Estados Unidos,
con el respaldo del autoproclamado gobierno cubano en el exilio presidido por
José Miró Cardona. Los crecientes roces entre Estados Unidos y el régimen
castrista impuesto en la isla tras la Revolución Cubana, llevaron al presidente
Dwight D. Eisenhower a romper las relaciones diplomáticas con Cuba en enero de
1961.
Sin embargo, ya con anterioridad la CIA había estado adiestrando a
exiliados cubanos antirrevolucionarios con miras a una posible invasión de la
isla. Este plan fue aprobado por el sucesor de Eisenhower, John F. Kennedy.
El
17 de abril, unos 1.500 exiliados, con armamento estadounidense, desembarcaron
en la bahía de Cochinos, situada al sur de Cuba. Con la esperanza de poder
contar con el apoyo de la población local, trataron de cruzar la isla hasta La
Habana, pero fueron interceptados por el Ejército cubano. Cuando el 19 de abril
acabó la lucha, cerca de 100 de ellos habían muerto y el resto habían sido
hechos prisioneros. El fracaso de la invasión perjudicó gravemente al gobierno
de Kennedy, al que algunos culparon de su fracaso por no haber proporcionado el
apoyo necesario y otros por permitir que se llevara a cabo. Posteriormente, los
exiliados capturados fueron rescatados, previo pago, por grupos privados de
Estados Unidos.
| 1962
- CRISIS DE
LOS MISILES
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Fue la más importante confrontación de la Guerra fría entre Estados Unidos y la
Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) por las instalaciones de
misiles proporcionadas por los soviéticos a Cuba. En mayo de 1960 el primer
ministro soviético Nikita S. Jruschov prometió que la Unión Soviética defendería
el recién creado gobierno revolucionario de Fidel Castro y en seguida inició
proyectos para suministrar a Cuba misiles balísticos de medio e intermedio
alcance, los cuales situaban al este de Estados Unidos dentro del alcance de un
ataque de misiles cubanos. Kruschov (foto, junto a Castro) creyó que este país no adoptaría ninguna
acción. Hacia el verano de 1962, Estados Unidos supo que la Unión Soviética
había comenzado los envíos de misiles; aviones espía que sobrevolaron Cuba
habían fotografiado los trabajos de construcción dirigidos por los soviéticos
hacia el 29 de agosto y el primer misil balístico fue descubierto el 14 de
octubre.
Después de una semana de
consultas secretas con sus asesores, durante las que se barajaron las opciones
de invasión, ataques aéreos, bloqueo y diplomacia, el 22 de octubre el
presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy anunció su intención de
realizar el bloqueo naval de Cuba para evitar la llegada de más misiles. Kennedy
requirió que la Unión Soviética desmantelara y se llevara las armas, declarando
que las fuerzas navales estadounidenses interceptarían e inspeccionarían los
barcos con rumbo a Cuba para determinar si llevaban misiles. Estados Unidos fue
apoyado por otros miembros de la Organización de Estados Americanos.
Las naves soviéticas con rumbo
hacia Cuba regresaron para evitar la zona controlada, mientras que el diálogo
entre Jruschov y Kennedy se abrió a través de canales diplomáticos. Tras varios
días de negociación, durante los cuales muchos temieron la posibilidad de una
guerra nuclear, Jruschov acordó, el 28 de octubre, desmantelar el emplazamiento
de los misiles y llevar las armas de nuevo a la Unión Soviética, ofreciendo a
Estados Unidos realizar la inspección del emplazamiento como garantía para que
no invadiera Cuba. Kennedy proporcionó las garantías, levantó el bloqueo y
también prometió en secreto retirar los misiles estadounidenses recientemente
situados en el territorio de su socio en la Organización del Tratado del
Atlántico Norte (OTAN), Turquía. Cuba se negó a permitir la prometida
inspección, pero el reconocimiento aéreo estadounidense reveló que las bases se
estaban desmontando; la actitud de rechazo de Castro por la retirada soviética
fue infructuosa. La aparente capitulación de la Unión Soviética en la suspensión
del proyecto fue fundamental para la destitución de Jruschov en 1964
Algunos aspectos relacionan la guerra del Vietnam y la guerra de Afganistán. Las
dos tienen lugar en el Sur del continente asiático; en ambas intervienen las
superpotencias para consolidar sus respectivas áreas de dominio; sobre todo, en
los dos episodios se comprueba la vulnerabilidad de las dos superpotencias.
Porque si en Vietnam Estados Unidos sufrió la primera derrota militar de la
Guerra Fría, en Afganistán sería el ejército soviético el derrotado. (foto:
mujeres en afganistan)
Así se deducirá la lección de que el mundo no puede ser gobernado desde
Washington y Moscú, convicción que en definitiva pondrá fin a la Guerra Fría.
Veamos los acontecimientos. En abril de 1978 los comunistas derrocaron al
presidente Daud. País de credo musulmán, gobernado socialmente por
terratenientes, Afganistán presentó desde el primer momento resistencia armada a
la implantación del régimen comunista. Los norteamericanos presionaron por medio
del vecino Pakistán, que armaba a las guerrillas musulmanas.
La situación llegó a ser tan grave que el Politburó decidió la
intervención armada. Izvestia, órgano del ejército soviético, escribió:
“O enviábamos tropas o dejábamos que la revolución afgana fuese derrotada y que
el país se convirtiese en una especie de Irán en tiempos del sha”. Se trató de
un error de óptica similar al padecido por Estados Unidos en Vietnam. Porque el
ejército de más de cien mil soldados rusos obtuvo nulos resultados militares,
hasta que se retiró en marzo de 1989.
Las consecuencias sociales fueron profundas en la Unión Soviética. Si Estados
Unidos había padecido el “síndrome de Vietnam”, en su potencia rival se padecerá
el “síndrome de Afganistán”. Más que el empate del terror fue la impotencia del
superpoder lo que puso fin a la Guerra Fría, la división teórica del mundo en
dos áreas reservadas para los grandes.(Ver
Fracasos de la Guerra Fría)
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