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La Restauración y la lucha entre
liberales y monarquistas
Entre 1814 y 1815, los
representantes de las potencias europeas que habían vencido a Napoleón,
pretendieron terminar con la situación creada por la Revolución francesa y el
Imperio napoleónico, mediante la Restauración de los principios monárquicos del
Antiguo Régimen, es decir, del absolutismo.

Reunión del
Congreso de Viena donde los representantes de las potencia europeas que
vencieron a Napoleón decidieron como ordenar el continente europeo
Estos principios que trataron de
implantar por la fuerza y con dificultades, no lograron erradicar los ideales de
la Revolución francesa ni frenar los cambios ocasionados por la Revolución
Industrial, ya que habían impregnado profundamente la mente y forma de vida de
gran parte de la población europea. Principalmente la burguesía no aceptó la
vuelta al Antiguo Régimen y en muchos países seguían manteniendo sus
reivindicaciones liberales, basadas en el constitucionalismo y la soberanía
nacional, en la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, y en la división
del Estado en tres poderes independientes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
Así, el enfrentamiento de estas
dos posturas, la monarquista y la liberal, aunado a la arbitraria división
geopolítica de los Estados europeos y la imposición de gobernantes sobre
distintos pueblos, ocasionó el resurgimiento de movimientos nacionalistas con
tendencias independentistas o unificadoras que, junto con el auge del
liberalismo con sus diferentes tendencias moderada y democrática, llevó a Europa
a una nueva etapa revolucionaria, la cual comenzó en 1820 y fue adquiriendo más
fuerza en los movimientos de 1830 y 1848.
La Restauración
Después de la derrota definitiva
de Napoleón, los monarcas absolutos del continente europeo buscaron regresar a
la etapa anterior a la Revolución francesa, lo que significó la supresión de las
medidas sociales, políticas y económicas dictadas por los ideales
revolucionarios del siglo XVIII, principalmente las referentes a las
constituciones y al postulado de la soberanía nacional, para dar paso otra vez
al poder ilimitado de los reyes, devolver a la nobleza y al clero sus
privilegios, reconstruir el mapa de Europa que había sido desfigurado por las
conquistas y anexiones ocasionadas por la guerra, y replantear la vida
internacional con base en un sistema de seguridad conjunta y equilibrada que no
permitiera más revoluciones ni intentos de cualquier país por lograr la
hegemonía continental.
El conjunto de estas medidas
conocido con el nombre de Restauración, fue un ideario que afectó a la mayoría
de los países europeos durante más de 20 años y cuyos principios fueron
aprobados en el Congreso de Viena.
El Congreso de Viena
Después de todos los trastornos
causados por las guerras napoleónicas, los principales monarcas de Europa se
reunieron en Viena bajo la dirección de las potencias vencedoras: Austria, Gran
Bretaña, Prusia y Rusia, donde se celebró un Congreso para liquidar los
innumerables
problemas internacionales.
Estuvieron en el Congreso soberanos reinantes y representantes plenipotenciarios
de príncipes o Estados desposeídos que reclamaban la restitución de sus
dominios.
El Congreso se inauguró en octubre
de 1814, y entre fiestas y recepciones duró hasta el 8 de junio de 1815, cuando
se firmó el acta final. Además del zar Alejandro I de Rusia, los personajes más
importantes fueron el canciller austriaco Metternich y el ministro de Asuntos
Exteriores francés Talleyrand.
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Metternich |
Talleyrand |
Alejandro I |
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Durante las reuniones del Congreso, hubo largas discusiones sobre diferentes
temas, entre ellos dos aspectos fueron los más relevantes:
•
Establecer los principios teóricos que rigieron el periodo de la Restauración.
•
Reorganizar el mapa de Europa.
Principios teóricos de La
Restauración
Las grandes potencias definieron
en el ámbito de la teoría política los principios para definir el verdadero
orden que debía prevalecer en Europa frente a los excesos y desviaciones
producidas por la etapa revolucionaria de finales del siglo XVIII y principios
del XIX. Estos principios fueron:
Legitimidad:
Sólo tenían derecho a estar en el poder aquellos a los que Dios había elegido
por su herencia real, por lo que no importaba si eL gobernante no fuera de La
misma nacionalidad que sus súbditos. Esta legitimidad monárquica llevó de
regreso al trono a las dinastías reinantes antes de 1789 especialmente a tos
Borbones en Francia.
Absolutismo:
Al obtener el. monarca su poder de Dios, no debía ser frenado por ninguna
Constitución ni el principio de soberanía nacional.
Equilibrio:
Fue un principio de inspiración
británica que impedía la expansión de una potencia a costa de otros Estados, con
la finalidad de evitar conflictos en Europa.
Intervensionismo:
Las potencias se comprometían a intervenir en aquellos territorios que,
perteneciendo a otra potencia, surgieran movimientos populares que pusieran en
peligro los otros principios señalados. Esto condujo a un sistema de alianzas y
la realización de congresos.
Congresos:
Fueron foros donde se discutieron las formas de resolver los conflictos
internacionales y evitar que se empleara el recurso de la guerra para resolver
disputas entre naciones. Éste fue un principio que tuvo una enorme repercusión
en la diplomacia internacional.
Asistieron al Congreso
quince miembros de las familias reales, doscientos príncipes y doscientos
dieciséis representantes de misiones oficiales. Durante su celebración se
realizaron numerosos festejos, recepciones, bailes, conciertos y banquetes,
creando un ambiente frívolo en el que se desarrollaron intrigas políticas y de
espionaje.
Los representantes de las pequeñas
potencias solo conocieron esta faceta del Congreso, porque las decisiones
importantes eran tomadas por exclusivamente por Gran Bretaña, Austria, Rusia y
Prusia. Francia pudo influir gracias a la habilidad política de su representante
Talleyrand.
El nuevo mapa de Europa
En el aspecto geográfico, las
potencias centraron su atención en conformar Estados nacionales más fuertes, con
un territorio más extenso y de mayor volumen demográfico, para prevenir
cualquier intento expansionista como el que habían experimentado con Francia,
que tratara de dominar otra vez Europa.
El mapa continental europeo fue
reconstruido como un gran rompecabezas que benefició particularmente a los
países antinapoleónicos:
Austria y Rusia se configuraron
como las grandes potencias continentales, al lado de Gran Bretaña que consolidó
su expansión oceánica, y Prusia que, aun con su territorio dividido, aumentó su
poder en la zona del mar Báltico y dentro de la Confederación Germánica recién
formada.
Otros aspectos relevantes del mapa
geopolítico de 1815 fueron la formación de una barrera para mantener el control
de Francia y la creación de naciones artificiales mediante la unión de pueblos
diferentes, como por ejemplo los belgas con Holanda, lo cual terminó
drásticamente con sus expectativas nacionalistas.
Gran Bretaña
Fue la primera beneficiaria, ya
que se le reconoció su rango de primera potencia marítima al asegurar su
hegemonía sobre el mar Mediterráneo, mediante el dominio de las posiciones de
Malta, las islas Jónicas y Gibraltar, así como de otras bases fuera de Europa,
como El Cabo y Ceilán para controlar la ruta de la India y el refuerzo de sus
posesiones en las Antillas, para favorecer el comercio americano.
Austria
Logró concentrar su poder en el
norte de La Península Itálica al obtener el reino Lombardo-Veneto e imponer
príncipes austriacos en los tronos de los ducados de Parma, Módena y Toscana;
también consiguió una salida al mar Mediterráneo al iricorporarsé las provincias
llíricas. Con las posesiones en Alemania garantizó la intervención de su
emperador en tos asuntos de la recién creada Confederación Germánica.
Prusia
Quedó dividida y formó parte de la
Confederación Germánica. Recuperó la orilla izquierda del Rin con la anexión de
Renania, una zona fronteriza con Francia.
Confederación Germánica
Quedó formada por 39 Estados, de
los cuales Prusia y Austria fueron los más poderosos
Rusia
Obtuvo Finlandia antigua posesión
sueca, Besarabia y una gran parte de Polonia
Suecia
Perdió Finlandia, pero fue
compensada con Noruega. Lo anterior para evitar que Dinamarca controlara tos
accesos al mar Báltico.
Francia
Redujeron su territorio y se
estableció una barrera con Estados tapón en torno a ella: aL norte el Reino
Unido de Los Países Bajos con la incorporación de Bélgica a Holanda; al este con
la anexión de Renania a Prusia y la Confederación Suiza, y al sur el reino
Piamonte-Cadeña.
Península Itálica
Quedó dividida en siete Estados:
al norte los reinos de Piamonte ~ Lombardía-Veneto; al centro tos ducados de
Parma, Módena y Toscana, y Los Estados Pontificios; al sur, el reino de Dos
Sicilias que devolvieron a los Borbones de Francia.}
Este trabajo de reorganización
geopolítica provocó una serie de problemas que mantuvieron un clima de fuerte
tensión en la vida de los europeos durante la mayor parte del siglo XIX, entre
ellos:
Rivalidades cada vez más
acentuadas entre las potencias.
Sometimiento de algunos pueblos
como: Irlanda a Inglaterra, Bélgica a
Holanda, Noruega a Suecia, y
Polonia a Austria, Prusia y en su mayor parte
a Rusia, sin tomar en cuenta sus
intereses y características étnicas y culturales. Esta situación impulsó el
desarrollo del sentimiento nacionalista.
Conformación plurinacional de dos
imperios:
- Austriaco, donde convivían
alemanes, italianos, checos, croatas, eslovenos, y húngaros, entre otros.
- Otomano, integrado por turcos,
griegos, búlgaros, servios y albaneses, entre otros.
• División política de los
territorios de los pueblos italiano y alemán, los cuales serían las semillas de
los futuros movimientos nacionalistas con carácter de unificación.
El acta definitiva del Congreso
fue acompañada de otros decretos como los que garantizaban la neutralidad de
Suiza y la libre navegación de los ríos de Europa. Los aliados, satisfechos de
su labor en los aspectos político y geográfico, establecieron el compromiso de
reunirse periódicamente para decidir las medidas necesarias para mantener la paz
europea, en caso de que las corrientes revolucionarias volvieran a alterar a
Francia y amenazaran la paz de los demás Estados.
En conclusión, el Congreso de
Viena fue la primera conferencia de paz moderna; un intento no sólo de resolver
todas las cuestiones pendientes en el continente europeo, sino también de
preservar la paz sobre una base permanente. Sus procedimientos fijaron la pauta
de las futuras conferencias internacionales, que todavía en la actualidad se
conservan como medio para establecer acuerdos entre las naciones.
La Santa Alianza
Las reuniones del Congreso de
Viena fueron interrumpidas por el regreso de Napoleón a Francia y su Imperio de
los Cien Días, y se reanudaron hasta la derrota definitiva de éste en Waterloo.
Fue entonces, en el contexto de la Segunda Paz de París, en noviembre de 1815, y
antes de que se disolviese el Congreso de Viena, que el zar Alejandro 1 realizó
una propuesta particular, crear una Santa Alianza para prevenirse de otra
amenaza revolucionaria. Ésta fue pensada como una fuerza solidaria de
intervención integrada por tropas de Austria, Prusia y Rusia, con el compromiso
de:
• Mantener el orden absolutista en
Europa.
• Defender de los principios
cristianos.
•
Reprimir por medio de la intervención armada, los movimientos liberales y
revolucionarios que en cualquier país podían alterar la situación política de la
Restauración.
La Santa Alianza fue un acuerdo
que principalmente llevó a la práctica el ministro austriaco Metternich.
Otro pacto fue la Cuádruple
Alianza, que firmaron Austria, Prusia, Rusia e Inglaterra para vigilar a
Francia, durante veinte años, y sostener en el poder al rey francés de la casa
de los Borbones, Luis XVIII.
Con estas alianzas, se concretó un
sistema de relaciones internacionales que resultó eficaz, al basarse en la
llamada “práctica de los Congresos”, mismos que llevaron a cabo periódicamente
para vigilar que se respetaran los intereses comunes de la Europa de la
Restauración. Durante los Congresos que se desarrollaron entre 1818 y 1822, las
discusiones giraron en torno a las medidas a emprender ante las inquietudes y
desórdenes de tipo liberal o nacionalista que surgieron y fueron extendiéndose
rápidamente.
De esta forma se ensayó por
primera vez un sistema de ordenación internacional, con base en el acuerdo de
las potencias, el cual, modificado, ha llegado hasta nuestros días. Un sistema
basado en el principio de que los problemas que afecten mundialmente serían
analizados y las soluciones decididas en forma colectiva por los países más
poderosos.
Las potencias de la Restauración
El nuevo orden fue definido por
cinco potencias, cuatro de ellas vencedoras de
Napoleón: Gran Bretaña, Rusia,
Austria y Prusia, y la misma Francia integrada
en esta alianza internacional por
las acciones diplomáticas de su ministro de Asuntos Exteriores, Telleyrand.
Entre las potencias persistieron
profundas diferencias en cuanto a los modelos políticos que representaban y a
los proyectos internacionales que tenían. Entre ellos se distinguieron tres:
• Parlamentario inglés: El monarca
estaba limitado por una cámara representativa.
• Absolutista ruso y austriaco: El
monarca no tenía ninguna limitación.
• Carta Otorgada francés: El
monarca se auto limitó voluntariamente en el ejercicio de sus funciones, sin
abdicar a la plenitud de su soberanía divina. Fue un régimen que pretendió
combinar los dos modelos anteriores al mantener el poder real sin debilitarlo y
aceptar la consulta a la nación, mediante convocatorias electorales restringidas
a los ciudadanos que pudieran pagar las rentas establecidas para ser
considerados como candidatos a las Cámaras o como votantes.
En suma la Restauración no fue
integral ya que algunos soberanos se vieron obligados a conceder Constituciones,
que aunque confirmaban la soberanía real, ésta quedaba limitada a la ley. Además
por su eficiencia se mantuvo la administración napoleónica y tampoco fue posible
suprimir algunas transformaciones jurídicas, y sociales como la igualdad
ante la ley y los impuestos universales con lo que no permitió el regreso de los
privilegios de los nobles.
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