GRANDES CONQUISTADORES DE LA HISTORIA

 

 

 

 

 
Historia sobre los conquistadores Historia sobre los conquistadores Historia sobre los conquistadores Historia sobre los conquistadores Historia sobre los conquistadores
(Macedonia, 356 - 323 a. C.)  Hijo de Filipo II, rey de Macedonia, desde temprana edad fue destinado por sus padres a la misión de unificar los Estados griegos bajo la jefatura de Macedonia y a conquistar después los territorios adyacentes. Con veinte años de edad accede al trono.

Integrante del primer triunvirato para el gobierno romano, junto a Cayo Craso y Pompeyo. Dictador perpetuo , en el 48 a de C. al vencer a su compatriota Pompeyo en la batalla de Farsalia. Ultimo conductor político y militar de Roma, durante la república. Murió asesinado por una conspiración en el 44 a. de C.

Conquistador español. Nació en Medellín en 1485 y murió en Castilla en 1547.Estudió leyes en Salamanca pero no logró graduarse. En 1504 se embarcó hacia la isla La Española, y allí logró forjarse un sólido prestigio. Por esto Diego Velázquez, en carácter de gobernador de Cuba, pensó en él para dirigir una expedición a México. Conquistador del Perú. Pizarro es el apellido de una familia de conquistadores en la cual Francisco es el más representativo. Hijo ilegítimo del hidalgo Gonzalo Pizarro el Largo y Francisca González. Se dice que en su infancia se dedicaba a guardar cerdos. Marchó a Italia, donde fue soldado del Gran Capitán de 1498 a 1501. Nació el 15 de agosto de 1769, en Ajaccio, Córcega, en el seno de una familia de escaso patrimonio que pretendía descender de la nobleza italiana. En 1784 ingresó en la escuela militar de París. Un año después, a los dieciséis años, ya era teniente de artillería. Ese año murió su padre y tuvo que ocuparse del mantenimiento de su numerosa familia.

Después del descubrimiento de América por Colón, Portugal y España se disputan la posesión del Nuevo Mundo. Con la mediación del papa Alejandro VI, y mediante el Tratado de Tordesillas (1494), se establece una línea demarcatoria que divide entre las dos coronas las tierras recién descubiertas. Los españoles se apresuran por establecer dominio efectivo sobre el área que les corresponde, por medio de expediciones que tienen como punto de partida la isla Española, primer centro administrativo del continente.

Entre esas misiones de conquista y cristianización está la comandada por Hernán Cortés, que se extiende de 1519 a 1521 y acaba destruyendo el reino azteca. Entre 1531 y 1534, Francisco Pizarra consigue dominar el imperio inca y funda Lima en 1535 (en 1541, manda asesinar a Diego de Almagro, su rival, quien descubriera las tierras de la actual Solivia en 1538).

Cabe a Jiménez de Quesada conquistar lo que en la actualidad abarca Colombia (1535/1538), mientras corresponde a Pedro de Valdivia la dominación de lo que sería Chile (1540/1554). En 1544, Francisco Orellana recorre los ríos Marañón y Amazonas, en la primera travesía completa de dicho río. Ante la rebeldía de los nativos y los sucesivos conflictos armados con los españoles en toda la región, la corona envía misiones religiosas, con la finalidad de promover la catequización.

Se instalan así las "reducciones", donde los religiosos reúnen a los indígenas en comunidades; alcanzan mayor importancia las del Paraguay, las de Chiquitos y Moxos, y las de California.

    LA LLEGADA DE HERNÁN CORTÉS A AMÉRICA  

AVENTURAS Y RIQUEZA: EL SUEÑO DE ESTOS JÓVENES DEL VIEJO MUNDO
A partir de 1516, la península ibérica, excepto Portugal, es gobernada por Carlos I, que tres años más tárele, con el nombre de Carlos V, llegó a ser soberano absoluto de un enorme imperio que tenía como centro a Austria y comprendía a casi toda Europa, desde Roma a los Países Bajos y desde Alemania a España. Ya se había hecho evidente que América no era una simple isla que debía ser contorneada en la ruta a Oriente. Era preciso decidir entre dos tácticas: abandonar o explorar el nuevo continente.

El oro no estaba desparramado por el suelo como se imaginaba, mas las islas antillanas eran fértiles y ricas. Los españoles resuelven cultivarlas comenzando por las primeras islas descubiertas: Cuba y Haití, a la que llamaron Española. De allí se podría partir para nuevas conquistas en tierra firme, en busca de metales preciosos.

La generación de jóvenes que madura en estos primeros años del siglo XVI vive en un verdadero ambiente de sueños. Todos los días se oía hablar de nuevas tierras descubiertas, de formidables riquezas que se encontraban esperando a los audaces. El oro y las especias comenzaban a afluir al Viejo Continente, enriqueciendo a la nueva clase de burgueses y mercaderes, estimulando los descubrimientos científicos y dando impulso a las artes.

Era el Renacimiento económico, científico y cultural de Occidente. Y no había muchacho de quince años que no soñase con partir en busca de aventuras y riqueza a los nuevos mundos.

El joven Hernán era uno de ellos. Hijo de Martín Cortés y Catalina Pizarro, nació en 1485 en Medellín, Extremadura, España. La familia, de origen noble, había empobrecido, porque la suerte últimamente sonreía a los mercaderes y no a los aristócratas. Los padres deseaban un futuro mejor para su hijo único, Hernán. Enviaron al jovencito a Salamanca, donde esperaban que cursase estudios de Derecho en la universidad. Allí haría amigos entre las familias influyentes, condición necesaria para triunfar en la vida. Mas la experiencia escolar no dura más de dos años.

"'¿Cómo puedo perder tiempo con libros, cuando existe un nuevo mundo y yo nunca puse los pies fuera de España?", dice Hernán a sus compañeros. Había riquezas que esperaban ser descubiertas y aventuras extraordinarias por vivir. Y Hernán, de apenas diecisiete años, se contrata como marinero en una expedición a las Indias, comandada por el fraile Ovando.

En la víspera de su embarque, el futuro navegante sale de casa orgulloso, para ir a despedirse de su amada. Pero sucedía que su elegida era una mujer casada. El joven Cortés escalaba habitualmente un viejo muro en ruinas para verla. Esa noche el muro no soportó su peso: las piedras cayeron, y con ellas el conquistador de corazones. El episodio le costó varios meses de cama. Y podría haberle costado la vida, pues el marido engañado presenció la escena; no intervino porque juzgó que el destino había actuado sabiamente en su lugar.

Hernán perdió esa oportunidad de partir, pero luego vendrían otras. Mientras espera, intenta inútilmente conseguir fortuna en Italia y vive de expedientes, ya como escribiente, ya como auxiliar de un escribano. El poco latín que había aprendido le sirve al menos para manejar el lenguaje jurídico de la burocracia. Su padre no quería

sostenerlo, decepcionado con el joven que había abandonado los estudios. En 1504, por fin, Cortés oye hablar de una flota que partiría para la isla Española, recién descubierta por los españoles. Cinco barcos saldrían vacíos ;le España, con la esperanza de volver con las bodegas abarrotadas de riquezas. El joven se contrata nuevamente como marinero y, desde entonces, sus aventuras serían realmente marítimas.

EN LA ESPAÑOLA, SOLO RELACIONES


Para atravesar el océano, no basta la sed de aventuras. Las dificultades y privaciones son de tal orden que, sin coraje y resistencia física, ninguno puede estar seguro de llegar vivó a destino.

Durante semanas de viaje, la embarcación de Cortés navega con rumbo errado, pues faltan instrumentos seguros de orientación. Durante una tempestad, el mástil se parte. Después vienen las calmas, que parecen hacer interminable el viaje.
Finalmente, al llegar a Santo Domingo, en la isla Española, Hernán encuentra lo opuesto a lo que esperaba. No hay oro o riquezas disponibles, apenas algunas tierras cultivables, algunos indios y aldeas miserables. En los dos o tres caserones principales se instalan los funcionarios de la corona.

Para sobrevivir, Cortés se ve forzado a trabajar en la administración colonial. Son cantidades de relaciones y papeles para copiar, para sellar. No entiende cómo es posible escribir tanto sobre nada, pues nada sucede en la Española.

Pasa algunos años en esa monótona vida de funcionario. En 1511, Diego Velázquez, colono español de gran prestigio, recibe la misión de colonizar otra isla: Cuba. Llevará trescientos hombres destinados a asentarse en la nueva tierra y cultivarla. Velázquez busca un consejero, alguien que pueda secundarlo en caso de necesidad. Había oído hablar de Cortés que, además de tener fama de valiente, era conocido como hábil e inteligente. Cortés no lo piensa dos veces al recibir la invitación: era el momento que tanto esperaba para abandonar Santo Domingo. Pero no tenía ninguna intención de establecerse en Cuba o en cualquier isla de las cercanías, ya que su objetivo era otro: el continente.

"Allí estarán seguramente las riquezas que todos buscan", piensa. Y no esconde el deseo cíe continuar navegando en dirección a Occidente. Mas Velázquez se opone, argumentando: "Es en la isla de Cuba donde necesito de vos, de vuestras cualidades notables como administrador y diplomático. Recibiréis un repartimento y seréis el señor de él".

Cortés obedece porque, desde luego, no quiere que un conflicto lo malquiste con su superior.

UN DESAFÍO AL JEFE: IGUAL NOS VAMOS
En 1517, Velázquez envía una expedición hacia el oeste, bajo el mando de Francisco Hernández de Córdoba. Amargado, Cortés ve partir aquellos barcos, a bordo de los cuales tanto le habría gustado estar. Hernández regresa en poco tiempo y relata su aventura: "Llevados por fuertes vientos, fuimos a dar a una costa desconocida. Al preguntar a los indios el nombre de esa tierra, ellos respondieron Yucatán [en lengua indígena: no entiendo]. Dimos entonces este nombre a la tierra"... Y continúa la relación:
"Hay en esa costa riquezas increíbles en oro y piedras preciosas. Mas la población nativa se protege con corazas y nos recibió con flechas envenenadas".

Cortés escucha en silencio. Sus conjeturas eran correctas. ¡Era preciso ir, a cualquier precio, a la nueva tierra! Pero será una vez más contrariado. La segunda expedición a Yucatán es con Eiada por Velázquez a su sobrino Grijalva. "Esto ya colma la medida", dice Cortés a sus amigos. Sentía que era excluido deliberadamente del viaje. Cortés ya era un personaje importante en la isla, conocido por su audacia y capacidad de mando. Velázquez dudaba en confiar tarea de tal responsabilidad a hombre tan ambicioso; temía que el nombre de Cortés rivalizase con el suyo, pareciendo más importante a los ojos del soberano español.

Poco después de iniciada, la expedición resulta un fracaso. Cortés aparece entonces como el único indicado para llevar a cabo la misión. Sólo Velázquez no está convencido; mas ahora nada impedirá a Hernán que ejecute su proyecto. Usando su influencia como señor de tierras y secretario del gobernador de Cuba, Cortés reúne una tripulación de cien marineros y quinientos soldados armados de fusiles, arcabuces y hasta arcos y flechas, y carga los barcos con provisiones y pólvora en cantidad. Lleva además dieciséis caballos. Es un desafío a Velázquez, mas éste nada puede hacer, pues no dispone de fuerzas para enfrentar a su subordinado.

En febrero de 1519, la flota abandona Cuba y poco después ya se encuentra bordeando la costa mexicana. Con gran espanto de los marineros, la primera persona que encuentran había correctamente el español: es un castellano de nombre Jerónimo de Aguilar Vivía entre los indígenas mexicano desde hacía mucho tiempo y en si largo cautiverio había aprendido  lengua de los indios. No podía haber mejor intérprete que él. (ver la historia de la conquista)

Para aterrorizar a los rebeldes de su expedición y forzarlos a la sumisión total, Cortés  ordena que sean amputadas las manos de los mejores guerreros (Museo de América, Madrid). También descargó todas las armas y alimentos de los barcos y tomó la decisión de quemar los barcos para que nadie pueda regresar.
 

Después de atravesar los canales Protectores, Cortés llega a la fabulosa metrópoli azteca.
Moctezuma no opone resistencia: ve en el español la imagen del dios Quetzlcoatl. (Museo de América, Madrid.)

Fuente Consultada: Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo III Vida de Hernán Cortés

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Sonico Meneame

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