Lanzamiento del Sputnik:
Después de la Segunda Guerra Mundial se ha desarrolla do con extraordinario
impulso la conquista del espacio tanto en su aspecto interior como en el
exterior, exploran do o alcanzando los lugares más difíciles, o que parecía
inaccesibles, de la superficie terrestre, o lanzándose de lleno en el mundo
cósmico, con el propósito firme de asentar e pie en otros astros, hazaña que en
siglos anteriores hubiera sido considerada locura o simple fantasía.
Para
lograrlo el hombre ha aplicado, y sigue aplicando, todo el acervo de sus
conocimientos y recursos que le han proporcionado los últimos inventos y
descubrimientos científicos, con una voluntad férrea y tenaz, además de su
capacidad, bravura personal, heroísmo y emulación.
Dejando al margen hechos aislados, como la expedición británica al Himalaya
(1953), en que por vez primera Hillary
(imagen) y Tensing alcanzaron la cima del Everest, en la pasada década
se centró el interés científico en la conquista técnica de los casquetes
polares. En 1951, los argentinos establecían bases permanentes en la
Antártida.
En 1957-1958
se celebró el Año Geofísico Internacional, con expediciones organizadas por
diversos países a la Antártida, que fue atravesada por tierra, por vez primera,
empresa llevada a cabo por el inglés Vivian Fuchs. Al mismo tiempo, en 1958, el
submarino atómico norteamericano "Nautilus" atravesaba, también por primera vez,
la capa de hielos que recubre el Polo Norte. Al año siguiente una expedición
soviética llegaba al llamado “Polo de la Inaccesibilidad Antártica”, meta que se
consideraba poco menos que imposible de alcanzar.
Más
que en otros períodos históricos, el hombre parece que persigue sistemáticamente
un objetivo: el propósito de convertirse en verdadero dueño y rey de la
creación, poniendo en juego su inteligencia. Sin detenerse a pensar que, como el
aprendiz de brujo, el poder de la técnica pueda un día escapársele de sus manos
y aniquilarle, se lanza a las más audaces aventuras, de las cuales la
cosmonáutica, los viajes interplanetarios no son precisamente las menos
ambiciosas. El dominio del aire, más efectivo desde 1937, en que el inglés Frank
Whittle aplicó a la aviación el sistema de propulsión a chorro, ha cedido paso
en sus avances espectaculares a las astronaves, tripuladas o no, con las que el
ser humano se propone visitar otros mundos del espacio exterior.
Forzosamente, esta nueva proyección de la actividad humana ha promovido nuevos y
mejores estudios acerca del universo que nos rodea y un interés creciente por la
Astronomía. Entre otros aspectos. la ciencia astronómica se beneficia de la
construcción e montaje de observatorios muy perfeccionados, cuino los de Monte
Palomar (1948) y Monte Hamilton (1959), en California; el que se halla
actualmente a punto de terminarse en la Unión Soviética, con un espejo
telescópico de seis metros de diámetro --el mayor del mundo— con instrumental
del género de los telescopios electrónicos inventados en 1954 por el francés
Lallemand. Recientes descubrimientos abren horizontes aún más vastos: el estudio
más detenido de las galaxias, el registro de radio-ondas procedentes de
universos lejanísimos y el descubrimiento, en 1965, de los “quasars”, masas
densas de luz ultravioleta a miles de millones de anos-luz de la Tierra. Y todo
ello, en lugar de anonadar al hombre moderno, le sirve de estímulo y acicate.
La
llamada “era espacial” puede considerarse iniciada en octubre de 1957, cuando
los soviéticos lanzaron el “Sputnik I”, el primer satélite artificial de la
Historia . Antes de medio año, en febrero de 1958. los norteamericanos lanzaban
su “Explorer I” que descubrió el cinturón interior de radiaciones de Van Hallen.
El año 1959 fue el de los triunfos soviéticos de la exploración lunar o de los “Lunik”:
el primero, lanzado en enero, como tentativa inicial; el segundo. en septiembre
logro el primer impacto terrestre en la Luna, el Lunik III, en octubre, captó
por vez primero a fotografías de la cara oculta del satélite y las transmitió
por televisión a la Tierra. Medio ano después, en marzo de 1960. los
norteamericanos lanzaban el “Pioner V” primera sonda espacial de los Estados
Unidos. Imagen: Lunik II
En
continua emulación con escasa diferencia a veces en sus éxitos, Soviéticos y
norteamericanos enviaron nuevas astronaves al espacio, alternando a partir de
1961 los lanzamientos de naves no
tripuladas con otras que llevaban ya seres humanos a bordo. Entre las
primeras cabe citar como más destacadas, por orden cronológico, el “Telstar I”
norteamericano, que logró la transmisión directa de televisión entre Europa y
América, en julio de 1962; el “Marte I”, Soviético, lanzado en noviembre de
1962, que alcanzó las cercanías de Marte en junio de 1963; el “Mariner IV”,
norteamericano, que tomó fotografías de Marte, que no muestran apariencias de
vida en dicho planeta; el “Venus III”, soviético, lanzado en noviembre de 1965 y
que logró el primer impacto terrestre en el planeta venusino en marzo de 1966;
dos meses antes, en enero de este mismo año, los soviéticos conseguían el primer
alunizaje suave en suelo de nuestro satélite, con el Lunik IX”, y un mes
después, en febrero de 1966, el "Cosmos 110” llevaba a bordo dos perros, que
fueron los primeros seres vivos que atravesaron los cinturones de radiación de
Van Hallen. Siguieron los triunfos científicos en años sucesivos, como el del
norteamericano “Lunar Orbiter III”, que consiguió en febrero de 1967 medir la
distancia exacta entre la Tierra y la Luna con un error mínimo, inferior a
quince metros.
Más
emoción han despertado los vuelos de astronaves tripuladas. El primer vuelo
cosmonáutico de la Historia lo llevó a cabo el soviético Yuri
Gagarin
(imagen), en abril
de 1961, que llevó a término una órbita en torno a la Tierra en la nave “Vostok
I’; en agosto del mismo año, otro ruso, Germán Titov, efectuaba algo más de
diecisiete órbitas con la “Vostok II”. Hasta febrero de 1962 no se produjo el
primer vuelo orbital de un norteamericano, Glenn, con el “Friendship VII" En agosto del
mismo año, los soviéticos lanzaron las astronaves “Vostok III” y “IV”, que se
acercaron a sólo 5 Km. de distancia una de otra , consiguiendo, por vez primera,
que dos naves cósmicas tripuladas recorrieran simultáneamente el espacio
exterior. En mayo de 1963, el norteamericano Gordon Cooper, después de haber
recorrido veintidós órbitas, pudo realizar por sí mismo la maniobra de regreso a
la Tierra, amarando en el lugar previsto. Al mes siguiente, en junio de 1963,
los soviéticos lanzaban el “Vostok VI”, tripulado por Valentina Terechkova, la
primera mujer cosmonauta de la Historia.
En
marzo de 1965, los rusos lanzaban el "Vosjok II", tripulado por Balyaiev y
Leonov: también éste fue el primer hombre-satélite” de la Historia, pues logró
salir de la cápsula y flotar unos diez minutos libres en el cosmos; tres meses
después, el norteamericano White, en el “Géminis IV”. conseguía asimismo
pasearse por el espacio, unido a la cápsula por un cable de ocho metros, y antes
de transcurrir medio año, en diciembre de 1965, los norteamericanos se apuntaban
otro triunfo con la primera cita espacial de las astronaves “Géminis VI” y “VII”;
además, en noviembre de 1966 pudieron demostrar en la “Géminis XII” que el ser
humano es capaz de trabajar perfectamente en el cosmos, en estado de ingravidez.
En 1967, y basándose en datos facilitados por el “Lunik XIII”, los sabios
soviéticos han expuesto la teoría de que la Luna no es un astro totalmente
muerto. Por su parte, el objetivo inmediato del esfuerzo norteamericano es el de
colocar un hombre en la Luna antes de 1970, como previó en 1961 el presidente
Kennedy.
Los
programas astronáuticos espaciales de los Estados Unidos confirmaron este
propósito: llegar con una nave a la Luna y regresar con la tripulación viva a la
Tierra. Tal es la evolución de sus fases sucesivas, los proyectos “Mercury”, “Gemini”,
“Apolo” ,“Saturno”. Superado favorablemente el penúltimo de ellos en octubre de
1968, se esperé con el súper proyectil “Saturno” llegar a nuestro satélite en un
acercamiento y asalto final, lo que ocurrió felizmente para gloria de la ciencia
el 20 de julio de 1969, correspondiendo a
Neil Armstrong (imagen) el honor de ser el primer humano
que pisó nuestro satélite natural.
Por
lo que se refiere a los soviéticos, después de cumplidos con creces los primeros
programas “Vostok” (Oriente) y “Vosjod” (Aurora), resulta difícil prever cuál
será su futura orientación con respecto al espacio exterior. Sin perder de vista
su interés hacia una probable conquista de la Luna —han llevado a cabo once
pruebas de alunizaje—, parecen consagrarse al lanzamiento de plataformas
espaciales (programa “Protón”) para desde ellas poder emprender más ambiciosos
vuelos espaciales, el primero de los cuales también tendrá verosímilmente, como
objetivo la Luna.
LANZAMIENTO DEL SPUTNIK
“Que estos tres primeros pasos...”
16 de
julio de 1969; en cabo Cañaveral bulle la actividad y la tensión aumenta
progresivamente: la misión de la “Apolo 11” va a comenzar. Dos meses antes —18 a
26 de mayo— los astronautas Stafford, Cernan y Young habían ensayado maniobras
de desembarco en orbita lunar a sólo 15 kilómetros de la superficie. Ahora iba
el intento final y los elegidos eran Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael
Collins.
La
nave, con un total de 45.753 kilogramos estaba impulsada por un-cohete impulsor
del tipo Saturno 5 de tres etapas y estaba dotada de un “módulo lunar” —con el
cual se realizaría la operación de alunizaje— denominado “Eagle”. Al
módulo de mando que tenía la misión de hacer el viaje de ida y vuelta se le
llamó “Columbia”.
La llamada
"era espacial” comenzó en 1957 y tuvo su apogeo en la década de los
‘60, cuando tanto rusos como norteamericanos enviaron al espacio innumerables
satélites y naves más sofisticadas. El lanzamiento no presentó dificultades y al
cabo de cuatro días —el 20 de julio— se realizó la hazaña. Armstrong y Aldrin
hicieron descender el módulo lunar Eagle en el “Mar de la Tranquilidad”, donde
recogieron muestras del suelo y rocas —unos 23 kilogramos—, colocaron
instrumentos, enviaron imágenes por televisión y tomaron numerosas fotografías.
Neil
Armstrong, que le tocó en suerte bajar primero dijo en tal trascendental
oportunidad: “Que estos tres primeros pasos constituyan un gran salto en el
progreso de la humanidad”. Michael Collins, el otro tripulante de la misión
permaneció en órbita en el módulo de mando y completando un total de 31 órbitas
lunares al momento del regreso. El tiempo de estadía de Armstrong y Aldrin en la
superficie lunar había sido de 21 horas y 22 minutos.
Luego del momento más crucial y enervante del proyecto —el despegue desde la
Luna—, el viaje de regreso se hizo fácilmente, amarando en el lugar previsto del
Océano Pacífico. Luego de las prevenciones del caso los héroes fueron recibidos
en triunfo por el pueblo norteamericano y aclamados, sin reparos, por el mundo
entero.