16 de
julio de 1969; en cabo Cañaveral bulle la actividad y la tensión aumenta
progresivamente: la misión de la “Apolo 11” va a comenzar. Dos meses antes —18 a
26 de mayo— los astronautas Stafford, Cernan y Young habían ensayado maniobras
de desembarco en orbita lunar a sólo 15 kilómetros de la superficie. Ahora iba
el intento final y los elegidos eran Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael
Collins.
La
nave, con un total de 45.753 kilogramos estaba impulsada por un-cohete impulsor
del tipo Saturno 5 de tres etapas y estaba dotada de un “módulo lunar” —con el
cual se realizaría la operación de alunizaje— denominado “Eagle”. Al
módulo de mando que tenía la misión de hacer el viaje de ida y vuelta se le
llamó “Columbia”.
La llamada era espacial” comenz6 en 1957 y tuvo su apogeo en la década de los
‘60, cuando tanto rusos como norteamericanos enviaron al espacio innumerables
satélites y naves más sofisticadas. El lanzamiento no presentó dificultades y al
cabo de cuatro días —el 20 de julio— se realizó la hazaña. Armstrong y Aldrin
hicieron descender el módulo lunar Eagle en el “Mar de la Tranquilidad”, donde
recogieron muestras del suelo y rocas —unos 23 kilogramos—, colocaron
instrumentos, enviaron imágenes por televisión y tomaron numerosas fotografías.
Neil
Armstrong, que le tocó en suerte bajar primero dijo en tal trascendental
oportunidad: “Que estos tres primeros pasos constituyan un gran salto en el
progreso de la humanidad”. Michael Collins, el otro tripulante de la misión
permaneció en órbita en el módulo de mando y completando un total de 31 órbitas
lunares al momento del regreso. El tiempo de estadía de Armstrong y Aldrin en la
superficie lunar había sido de 21 horas y 22 minutos.
Luego del momento más crucial y enervante del proyecto —el despegue desde la
Luna—, el viaje de regreso se hizo fácilmente, amarando en el lugar previsto del
Océano Pacífico. Luego de las prevenciones del caso los héroes fueron recibidos
en triunfo por el pueblo norteamericano y aclamados, sin reparos, por el mundo
entero.