Ochenta
catedrales, varios centenares de iglesias imponentes y millares de pequeños
santuarios locales: tal es el balance de lo realizado por los constructores que
trabajaron en las canterías de la Edad Media entre los s.XI y XIV.
El templo
cristiano era el núcleo espiritual y social de la ciudad. En él se rezaba, se
enseñaba y se santificaban las fiestas. La edificación de una catedral tradujo
la voluntad de reunir a los cristianos, al mismo tiempo que la devoción, y
también cierta ansia de prestigio.
Así, la construcción estaba
reservada a especialistas altamente cualificados, reunidos en cofradías cuyas
tradiciones iniciáticas y técnicas se remontaban el Antiguo Oriente. La
existencia de las canterías y el nacimiento del «blanco manto de las
catedrales», que se extendió sobre todo el Occidente, fueron el fruto de una
estrecha asociación entre los obispos, los canónigos y los maestros de obra.
En los tajos reinaba una rigurosa
jerarquía, que iba desde el arquitecto al peón. Este último no formaba parte de
la comunidad de los constructores propiamente dicha, que no comprendía más que
oficios enseñados por maestros: talladores de piedra, escultores, diseñadores,
carpinteros y vidrieros. En las logias construidas a pie de obra aprendían el
arte y compartían la comida.
¿Por qué sabemos cómo eran los talleres?
Multitud de miniaturas, grabados y esculturas representan a los artesanos
entregados al trabajo. Algunos documentos les fueron, además, consagrados
especialmente, como el admirable cuaderno de croquis del maestro de obra
Villard de Honnecourt, en el que se revelan los principios del arte del
trazado, así como los medios técnicos utilizados, tales como los aparatos de
elevación y las máquinas hidráulicas. Finalmente, algunas cofradías, como la de
los compañeros del Tour de France, continuarán construyendo
posteriormente según las reglas de armonía que se practicaban en la Edad Media.
Única industria medieval , la
construcción constituyó un factor el desarrollo económico En efecto, estimuló la
extracción de materias primas, corno la piedra, y favoreció las invenciones
técnicas, como la carretilla, imaginada por los obreros de las catedrales para
transportar los materiales Los trabajos duraban varias decenas de años y a veces
se veían interrumpidos por la muerte del obispo o por la del arquitecto, lo que
explica las visibles disparidades de concepción. También por la falta de
crédito. En este ultimo caso, resultaba preciso limosnear, inventar milagros
presuntamente ocurridos el] el lugar elegido, o exponer las reliquias de un
santo, a fin de conseguir las sontas necesarias para terminar el edilicio.
Las cargas pesadas eran izadas a la parte alta del edificio con ayuda de una
cuerda que se enrollaba alrededor de una rueda. Dos hombres caminaban en el
interior de esta última para accionarla
¿Quién podía participar en la obra? Los
constructores eran hombres libres, y acogían en sus cofradías a individuos
procedentes de todas las clases sociales. Los miembros del clero y de la nobleza
desempeñaron un importante papel en la financiación, e incluso en la dirección,
de los trabajos. También un individuo de condición modesta podía, después de
haber pasado por los estadios de peón y de aprendiz, acceder a las más altas
responsabilidades. Hay que desechar la leyenda de un trabajo benéfico realizado
con entusiasmo por los creyentes. En sus talleres cerrados con empalizadas y de
acceso prohibido a los profanos, los maestros sólo admitían a profesionales.
¿Qué era una logia? Cada oficio tenía su logia, que
reagrupaba a todos los artesanos, y cada logia tenía su reglamento, que todos
debían respetar. Los miembros de la logia quedaban bajo la responsabilidad del
maestro de obras, del arquitecto y de un capítulo que controlaba y dirigía en
ausencia del maestro. Estaban obligados a cumplir toda una serie de normas de
conducta: asistir a misa, confesar, pagar una cantidad fija para la ayuda mutua,
no dedicarse al juego, no vivir en concubinato, etc... En el seno de la logia se
comunicaban entre sí los renombrados secretos.
Tenían los constructores algún secreto? Más bien
habría que hablar de secretos, tanto técnicos como iniciáticos. El plano de una
catedral era una combinación de figuras sencillas (círculos, cuadrados,
triángulos) anotadas con indicaciones codificadas. El conjunto constituía un
lenguaje geométrico legible solamente para los iniciados, quienes podían
levantar el edificio a partir de una representación plana. Un reglamento de los
talladores de piedra del s. XV prohíbe comunicar a cualquiera que no forme parte
del oficio «cómo deducir el alzado del plano».
El
conocimiento de los materiales, la ciencia de las proporciones armónicas y las
leyes de cada oficio, se conservaron también celosamente en secreto. Con tal
finalidad, se limitaba estrictamente el ingreso de aprendices en las logias.
Además, ritos iniciáticos, también mantenidos en secreto, debían permitir
transformarse al individuo para que fuese capaz de construir su propio templo
interior, al tiempo que participaba en la edificación de la catedral.
(ver abajo el video)
Cuáles eran sus relaciones con la Iglesia? Los
constructores formaban parte de una comunidad cristiana influida por corrientes
religiosas muy diversas. De hecho, se consideraban a sí mismos como herederos de
tradiciones llamadas «paganas», a través de las cuales recibían la influencia de
mitos antiguos y de procedimientos de construcción transmitidos por sus colegas
del Antiguo Oriente. Sin embargo, frente a la jerarquía eclesiástica, los
constructores no se presentaban en modo alguno como librepensadores, aunque
tampoco renegaban de su independencia de espíritu. Trabajando para mayor gloria
de Dios, edificaron las catedrales con el apoyo espiritual y material del clero,
alguno de cuyos miembros formaba parte también de sus cofradías. Pero los
escultores, por ejemplo, conservaron siempre una libertad real en la elección de
los temas, sacando su inspiración tanto de la Biblia como de escritos
considerados apócrifos, o del rico repertorio simbólico de la Antigüedad.
La fabricación de las campanas,
por vaciado de bronce entre los moldes hechos de una mezcla de yeso y arcilla,
se realizaba en último lugar.
Los carillones se izaban hasta la torre, y se instalaban sobre un armazón de
madera. Cuando la catedral estaba terminada, y acompañado por los canónigos, el
obispo encabezaba una procesión a través de la ciudad y celebraba una misa
solemne ante toda la población de la diócesis.
Qué perseguían? En los talleres no se practicaba el
arte por el arte, y tampoco se buscaban solamente satisfacciones estéticas.
Conforme a las directrices aplicadas por las escuelas ‘monásticas, como la de
Císter, los arquitectos intentaban manifestar los principios de la armonía
universal a través de una geometría rigurosa. Los escultores, por su parte,
pretendían difundir la historia del mundo y la del hombre, a quien además
enseñaban a venerar el trabajo cotidiano y a orientar su destino hacia Dios.
¿Eran sindicatos las cofradías? En modo alguno. Es
preciso distinguir muy bien, en la Edad Media, las cofradías, que se encargaban
de la iniciación simbólica y de la iniciación profesional a la vez, de las
corporaciones o asociaciones obreras. Los constructores tenían su propia
jerarquía, sus propias normas, y permanecían muy alejados del poder político. Su
vocación no era militante. El objetivo de cada uno de los miembros de la
cofradía era realizar una obra maestra, en la que se manifestara tanto su
capacidad técnica como su realización humana.
LA MASONERÍA
Fuente Consultada: Gran Atlas de
Historia Universal