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Las malas
condiciones de vida en los conventillos, los aumentos en el monto de
los alquileres, la arbitrariedad con que eran tratados los
inmigrantes por parte de los encargados —los caseros— y el desamparo
judicial, fueron algunos de los factores que provocaron una inédita
huelga de inquilinos en 1907. El conflicto —organizado por una Liga
de lucha contra los altos alquileres e impuestos y apoyado por las
organizaciones obreras de tendencia anarquista y socialista—, se
inició en los barrios porteños del sur y se extendió a Avellaneda,
Lomas de Zamora y a ciudades en rápido crecimiento como Rosario y
Bahía Blanca.
HUELGA DE LOS
INQUILINOS: En 1907 se produjo un hecho inédito en la
historia de las luchas populares argentinas: la huelga de
inquilinos. Los habitantes de los conventillos de Buenos Aires,
Rosario, La Plata y Bahía Blanca decidieron no pagar sus alquileres
frente al aumento desmedido aplicado por Los propietarios. La
protesta expresó además, el descontento por las pésimas condiciones
de vida en los inquilinatos.
Los protagonistas de estas jornadas
fueron las mujeres y los niños, que organizaron multitudinarias
marchas portando escobas con las que se proponían "barrer la
injusticia".
La represión policial no se hizo
esperar y comenzaron los desalojos. En la Capital estuvieron a cargo
del jefe de Policía, coronel Ramón Lorenzo Falcón, quien desalojó a
las familias obreras en las madrugadas del crudo invierno de
1907 con la ayuda del cuerpo de bomberos. El gremio de los carreros
se puso a disposición de los desalojados para trasladar a las
familias a los campamentos organizados por los sindicatos
anarquistas.
Las demandas de los huelguistas eran
una rebaja del 30% de los alquileres, la eliminación de los tres
meses de depósito que exigían los propietarios, el mejoramiento de
las condiciones sanitarias y la flexibilidad en los vencimientos y
desalojos. Se calcula que unas 100.000 personas participaron del
movimiento, cuya principal medida fue no pagar el alquiler. Luego de
algunos meses de conflicto, en el que se produjeron desalojos con
apoyo judicial y policial, situaciones violentas y, en ocasiones,
rebajas en el precio de los alquileres, el movimiento se fue
diluyendo. A los dirigentes más combativos, algunos de ideas
anarquistas, les fue aplicada la ley de Residencia —fueron
encarcelados o deportados— y muchos huelguistas abandonaron la
lucha. La presión de los propietarios, que contó con el apoyo del
Estado, rindió sus frutos, y las mejoras otorgadas en los meses de
auge de la huelga fueron luego descartadas, por lo que las
condiciones de vida de los habitantes de los conventillos no
variaron sustancialmente, pero este movimiento
representó un llamado de atención sobre las dramáticas condiciones
de vida de la mayoría de la población.
LOS
CONVENTILLOS: Los conventillos y las casas de
inquilinato eran las viviendas populares predominantes en Buenos
Aires, Rosario y Córdoba, y estaban localizadas en su mayor parte en
las zonas céntricas y próximas al puerto. En estas viviendas
llegaron a habitar cerca de 150.000 personas, en forma precaria y en
graves condiciones de hacinamiento, a tal punto que podían
convertirse en focos de difusión de enfermedades infectocontagiosas.
Se trataba de grandes casas de varias
habitaciones y un patio central, construidas en su momento por
familias pudientes, y luego adaptadas, aunque otras fueron
construidas especialmente para dar albergue a varias familias. Los
propietarios de los conventillos alquilaban las habitaciones a
familias enteras o a grupos de individuos. Algunos conventillos
llegaron a albergar a trescientas personas.
En general, carecían de ventilación,
los escasos cuartos de baño eran compartidos y también se compartían
los picos de agua. Los altos alquileres que se pagaban subieron
durante los primeros años del siglo XX, situación que dio lugar, en
1907, a una protesta conocida como "la huelga de inquilinos", en la
que intervinieron unas 100.000 personas. Se inició en La Boca, San
Telmo y el Centro, y se extendió a otros barrios.
La vivienda familiar y, en lo posible,
propia, era el sueño y la aspiración de la mayoría de los
trabajadores, frente a la miserable vida cotidiana del conventillo.
El crecimiento del municipio y la extensión del tranvía eléctrico
posibilitaron que algunos obreros comenzaran a trasladarse lejos del
centro. Muchos de ellos pudieron, incluso, acceder a la compra de un
lote y construir su vivienda.
EL PROBLEMA
DE LOS ALQUILERES
En 1883 el alquiler promedio de una pieza de conventillo ascendía a
$ 5,80, cifra que siete años después, a favor de la voracidad
especuladora que caracteriza a la vida económica del 80, se
duplicaba con creces. Para evaluar la incidencia de los alquileres
en e! presupuesto obrero debemos tener en cuenta que hacia 1886,
sobre la base de datos confiables, el salario promedio de un obrero
calificado era de $ 2,50, en tanto que la mano de obra no
especializada —que constituía un porcentaje importante de la
población activa— llegaba excepcionalmente a salarios de $ 2.
En 1895 el primer sector alcanzaba los
$ 3,50 y el segundo había crecido apenas proporcionalmente, mientras
que los alquileres, en contraste con este parsimonioso incremento
salarial, habían sobrepasado con generosidad la barrera del 100 %.
Para una visión más ajustada de las fluctuaciones del salario hay
que tener en cuenta, como lo señalaba Adrián Patroni al referirse a
la situación de la clase obrera en 1897, que el total real de días
de labor era de 257 días, con lo cual el salario real descendía en
aproximadamente un 10%.
Teniendo en cuenta la desvalorización
de la moneda entre 1880 y 1891 (332 %) José Pa-nettieri ha
calculado, en su libro Los Trabajadores, un deterioro en pesos oro
de orden de los 0,69 centavos y, entre 1885 y 1891, un deterioro de
$ 1,14.
Tabla con las fluctuaciones de
los alquileres en el lapso 1904-12 en cuatro parroquias
representativas:
|
Parroquias
|
1904 |
1912 |
|
San
Cristóbal |
13 |
26 a 30 |
|
San Telmo |
15 |
28 a 32 |
|
Catedral
Sur |
18 |
40 |
|
Socorro
|
16 |
30 a 35 |
Hacia 1912, como podemos observar, la
especulación había llevado los precios de locación a las nubes, y
aunque se insistía en explicar este fenómeno a través de factores
como el aumento de los materiales, e! precio de la tierra y los
intermediarios parasitarios, los inquilinos de conventillos
verificaban, cada mes, que la Argentina era uno de los países con
alquileres más caros.
En 1907 se produjo un hecho insólito: la "huelga de inquilinos", que
rápidamente ganó las barriadas populares con tres consignas básicas:
reducción de alquileres en un 30 %, mejoras en las casas, garantía
contra el desalojo.
El inusual movimiento de resistencia
se inició a comienzos de setiembre en los conventillos de la calle
Ituzaingó 279-325, en los que residían aproximadamente 130 familias,
y se fue extendiendo velozmente por la ciudad. Algunos propietarios
transaron.
pero otros trataron de recurrir al
desalojo compulsivo. En el inquilinato de San Juan 677 la
intervención de la policía de Ramón Falcón dejó un muerto y varios
heridos. El 28 de octubre los inquilinos realizaron un mitin en
plaza San Martín, y a su término marcharon en manifestación hacia la
avenida de Mayo. El escuadrón de seguridad intervino y se produjo un
tiroteo con saldo favorable para los huelguistas: cuatro vigilantes
heridos.
En Hechos y comentarios (1911) E. G.
Gilimón describió así la famosa huelga:
"Buenos Aires es una ciudad que crece desmesuradamente. El
aumento de la población es extraordinario por preferir la mayor
parte de los inmigrantes quedarse en ella a ir a vivir al interior
del país, cuya fama es desastrosa.
"Las pésimas policías de campaña; la
verdadera inseguridad que existe en el campo argentino, del que so
señores absolutos los caciques electorales, influyen en el ánimo de
los europeos, aun sabiendo que hay posibilidades de alcanzar una
posición económica desahogada con mucha mayor facilidad que en la
capital, a quedarse en ésta, en la que de todas maneras hay más
seguridad, mayor tranquilidad para el espíritu.
"La edificación no progresa lo
suficiente para cubrir las necesidades de la avalancha inmigratoria,
y esto hace que los alquileres sean cada día más elevados, y que
para alquilar la más mísera vivienda sean necesarios una infinidad
de requisitos. "Si a un matrimonio solo le es difícil hallar
habitación, al que tiene hijos le es poco menos que imposible, y más
imposible cuantos mas hijos tiene.
"De ahí que las más inmundas covachas
encuentren con facilidad inquilinos, ya que Buenos Aires no es una
población en la que sea dado andar eligiendo...
"Desde muchos años atrás, esta
formidable y casi insolucionable cuestión de las viviendas, había
sido tema de batalla para los oradores de mitin.
"Socialistas, anarquistas y hasta
algunos políticos sin contingente electoral, habían en todo tiempo
clamado
contra la suba constante ce ios E¡-quileres, excitando al pueblo,
ora a la acción directa, ora a la electoral, según que el orador era
un anarquista o tenía tendencias políticas.
"Un buen día se supo que los vecinos
de un conventillo habían resuelto no pagar el alquiler de sus
viviendas en tanto que el propietario no les hiciese una rebaja. La
resolución de esos inquilinos fue tomada a risa y a chacota por
media población. "Pronto cesaron las bromas. De conventillo a
conventillo se extendió rápidamente la idea de no pagar, y en pocos
días la población proletaria en masa se adhirió a la huelga.
"Las grandes casas de inquilinato se
convirtieron en clubes. Los oradores populares surgían por todas
partes arengando a los inquilinos y excitándolos a no pagar los
alquileres y resistirse a los desalojos tenazmente. "Se verificaban
manifestaciones callejeras en todos los barrios sin que la policía
pudiese impedirlas, y de pronto, con un espíritu de organización
admirable, se constituyeron comités y subcomités en todas !as
secciones de la capital." |