El Cordobazo, un hecho casi
mítico en la historia contemporánea, echó por tierra el sueño de Onganía de
perpetuarse por diez años. Fue el primer paso en la descomposición del régimen
militar que aspiraba a quedarse. El gobierno de Onganía reprimió con violencia a
todas aquellas manifestaciones de la sociedad a las que consideraba
"subversivas". Se allanaron sedes sindicales, se detuvo a dirigentes y
militantes políticos, se clausuraron periódicos; se atacó a quienes reclamaban o
protestaban.
El 29 de julio de 1966, Onganía
intervino las universidades. En la Facultad de Ciencias Exactas de la
Universidad de Buenos Aires se reprimió a los golpes a estudiantes y profesores,
episodio que luego se conocería como "la noche de os bastones largos". Muchos
profesores marcharon al exilio, lo que condenó a las universidades a una larga
decadencia.
El gobierno de Onganía sigue
jactándose de sus logros económicos: aumento del 7 por ciento en el PBI y una
inflación menor al 8 por ciento anual. Pero persiste el malestar y este año se
caracterizará por hechos de violencia política que suman no menos de 350. El más
grave, el Cordobazo, se inicia en Comentes cuando un estudiante
cae muerto por la represión policial el 5 de mayo. Hay protestas estudiantiles
en todo el país y son particularmente graves en Rosario, que es ocupada
militarmente.
El 29 de mayo, la ciudad de
Córdoba es invadida por manifestaciones de obreros que en pocas horas se
convierten en una ocupación agresiva de empresas extranjeras. El Ejército
interviene en horas de la tarde y practica una severa represión que provoca 14
muertos. El gobierno clausura la Universidad de Córdoba y queda muy debilitado
con este alzamiento.
Como consecuencia de estos hechos,
renuncia el ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena, y el
presidente Onganía anuncia que abrirá el «tiempo social», aunque este anticipo
no es seguido por hechos concretos.
ANTECEDENTES: Los hechos mundiales de 1968
trascendían las fronteras. Las movilizaciones juveniles contra la guerra de
Vietnam, los asesinatos de Martín Luther King y Robert Kennedy, la Primavera de
Praga y el Mayo Francés, eran todos síntomas de un mundo en ebullición. Este
encontró eco en la Argentina, en la naciente agitación estudiantil contra los
cierres y encarecimiento de comedores universitarios, y en una serie de
conflictos gremiales en aumento.
La
tendencia de Onganía a gobernar solo y desoír incluso los reclamos de las
Fuerzas Armadas, su real sostén, lo llevó a disponer el relevo de los
comandantes Alsogaray, Varela y Álvarez, el 26 de agosto de 1968.
En el Ejército
asumió el general Alejandro Lanusse, el almirante Pedro Gnavi quedó al frente de
la Armada y el brigadier Jorge Martínez Zuviría, en la Fuerza Aérea. Cuando en
enero de 1969, el Presidente anunció que el “tiempo político aún está lejos”, el
malestar tomó cuerpo en toda la sociedad, incluidos muchos que habían apoyado el
golpe de 1966, como Alsogaray, Frondizi y Aramburu.
El 15 de mayo se producen
protestas estudiantiles en Corrientes por el aumento de precios en el comedor
estudiantil, el Ministro Borda juzgó que era una medida razonable del rector y
la movilización fue reprimida con dureza.
La policía reprime y mata a un
joven de 22 años, y otro en Rosario en manifestaciones solidarias. “Era la
chispa que faltaba para que comenzara a incendiarse el país”, reflexionará
Lanusse. Se sumaron a esta ola de protestas artistas y intelectuales de todo el
país, se pintaron murales y se leian manifiestos.
El 17, la represión cobró dos
nuevas vidas, esta vez en Rosario. El 21 se realizó un paro estudiantil en casi
todo el país y la ola continuó en expansión. El intento de implantar las “quitas
zonales” —reducción de salarios a los trabajadores del interior—y de obligar a
trabajar ocho horas los sábados provoca una verdadera insurrección popular. El
paro convocado para el 29 por los gremios cordobeses se convierte en
enfrentamiento con la policía, que es rechazada por los manifestantes.
El paro con movilización previsto
para el 29 de mayo en Córdoba derivó en una lucha callejera de tres días, en la
que por primera vez se hizo
realidad el anhelo revolucionario de unidad obrero-estudiantil. A la
movilización se sumaron militantes radicales, peronistas y de las agrupaciones
de izquierda. Pero no hubo un plan de insurrección popular elaborado
previamente.
Los incendios y saqueos de
comercios, los tiroteos y barricadas, la implantación del toque de queda y la
intervención del Segundo Cuerpo del Ejército para restablecer el orden se
proyectaron por la televisión nacional a todo el país. El hecho se conoció como
“el Mayo argentino”, llamado así en recuerdo de la rebelión de la juventud
parisina en mayo del 68. Pero en Francia no se lamentaron muertos, mientras que
en Córdoba murieron treinta personas y centenares fueron detenidas por los
consejos de guerra.
Para Onganía, el “Cordobazo” era
obra de los “extremistas”; para Lanusse, en cambio, si bien “los elementos
subversivos actuaron y, en algún modo, marcaron el ritmo”, fue “la población de
Córdoba, en forma activa y pasiva, la que demostró que estaba en contra del
gobierno nacional en general y del gobierno provincial en particular”. El
Presidente se quedó con la impresión de que Lanusse había demorado la represión
para desgastar su gobierno.
Fuentes:
Argentina Siglo XX Luis Alberto Romero
La Argentina Historia del País y de su Gente María Saenz Quesada
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy