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Hernán Cortés fue un noble español de
clase modesta que vino al Nuevo Mundo en 1504 a buscar fortuna.
Desobediente a las órdenes de sus superiores, Cortés emprendió una
campaña independiente de conquista, y venció al Imperio Azteca
(1519-1521); escribió una serie de cinco "Cartas de relación" al
emperador Carlos V para justificar su acción.
El segundo informe
contiene una descripción de
Tenochtitlan, la capital del Imperio. Al
conquistador español y a sus hombres les impresionó esta ciudad,
imponente en su arquitectura, pese a haber sido construida por un
pueblo carente de la tecnología europea, que no contaba con
vehículos de ruedas ni con instrumentos de metal duro.
Descripción
que Cortés hizo de Tenochtitlán:
"La gran ciudad de
Tenochtitlan
está construida en medio de este lago salado, y hay dos leguas del
corazón de la ciudad a cualquier punto de tierra firme. Cuatro
calzadas conducen a ella, todas hechas a mano y algunas de doce pies
de ancho. La ciudad misma es tan grande como Sevilla o Córdoba; las
calles principales son muy anchas v recta; están apisonada; pero
unas cuantas, y por lo menos la mitad de las vías públicas más
pequeñas, son canales por los cuales van en sus canoas.
Más aún,
incluso las calles principales tienen aberturas a distancias
regulares para que el agua pueda pasar libremente de una a otra, y
sobre estas aberturas que son muy anchas cruzan grandes puentes de
enormes vigas, muy firmemente puestos, tan firmes que sobre muchos
de ellos pueden pasar diez hombres a caballo a la vez.
Viendo que si
los nativos intentaban cualquier treta contra nosotros tenían todas
las oportunidades para ello por la forma en que está construida la
ciudad, porque quitando los puentes de las entradas y salidas
podrían dejarnos morir de hambre sin posibilidad de llegar a tierra
firme, inmediatamente me puse a trabajar en cuanto entré en la
ciudad en la construcción de cuatro bergantines, y en breve tiempo
los tuvimos terminados, de modo que podía embarcar trescientos
hombres y los caballos para pasar a tierra firme cuando lo deseara.
La ciudad tiene muchas plazas abiertas en las que se reúnen
continuamente los mercados y se hace el negocio general de comprar
y vender productos. Una plaza en particular es el doble de tamaño de
la de Salamanca, y está completamente rodeada de arcadas, donde
diariamente hay más de sesenta mil personas comprando y vendiendo.
Toda clase de mercancías como puedan encontrarse en la Tierra están
en venta aquí, sean de alimentos y vituallas, o de adornos de oro y
plata, o plomo, latón, cobre, hojalata, piedras preciosas, huesos,
conchas, caracoles y plumas; la piedra caliza para construir se
vende igualmente allí, piedra tosca y pulida, ladrillo cocido y sin
cocer, madera de todas clases en toda etapa de preparación...
Hay
una calle de vendedores de hierbas, donde hay toda suerte de raíces
y plantas medicinales que se encuentran en la Tierra. Hay casas como
boticas, donde venden medicinas hechas de estas hierbas, para beber
y para usar como ungüentos y bálsamos. Hay barberías donde puede
hacerse cortar y lavar el cabello. Hay otras tiendas donde se pueden
adquirir alimentos y bebidas... Por último, para evitar prolijidad
en decir todas las... maravillas de esta ciudad, diré simplemente
que la manera de vivir entre la gente es muy semejante a la de
España, y considerando que ésta es una nación bárbara, apartada del
conocimiento del verdadero Dios o de la comunicación con las
naciones iluminadas, uno bien puede maravillarse del orden y buen
gobierno que donde quiera se mantiene.
El servicio de Moctezuma y
esas cosas que despiertan admiración por su grandeza y estado
tomaría tanto describirlas que le aseguro, majestad, que no sé donde
empezar con esperanza alguna de terminar. Pues, como ya he dicho,
qué podría ser más asombroso que el que un monarca bárbaro como él
tenga reproducciones hechas de oro, plata, piedras preciosas y
plumas de todas clases de todas las cosas que haya en su tierra, y
tan perfectamente reproducidas que no hay platero u artesano del oro
en el mundo que pudiera mejorarlas, ni se puede entender qué instrumentó podrían haber usado para dar forma a las joyas; y del trabajo de las plumas, su igual no ha de verse, ya sea en cera o en
bordado; tan maravillosamente delicado es."
Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo "B" Jackson Spielvogel |