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El poder del papa
En
los primeros siglos del cristianismo, las iglesias de las grandes ciudades
llegaron a ejercer gran influencia en la administración de la iglesia. Así, fue
algo natural que los obispos de esas ciudades ejercieran
un considerable poder. Una de las ocurrencias de largo alcance en la historia de
la iglesia cristiana fue la confirmación de un obispo —el de Roma— como líder
reconocido de la iglesia cristiana occidental.
La
doctrina de la supremacía petrina, basada en la creencia de que los obispos de
Roma ocupaban una posición preeminente en la iglesia, fue fundamentada en las
Escrituras. De acuerdo con el Evangelio de Mateo, cuando Jesús preguntó a sus
discípulos: “Quién dicen que soy Yo?”, Simón Pedro respondió:
Tú eres el Cristo, el hijo del
Dios vivo. Jesús respondió: Bendito seas Simón, hijo de
Jonás, porque esto no lo revelaron los hombres, sino mi Padre en los cielos. Y
en verdad os digo que tú eres Pedro, o sobre esta roca construiré mi iglesia, y
las puertas del infierno no la vencerán. Te daré las llaves del reino celestial;
cualquier cosa que ates en la Tierra, será atado en el cielo; y cualquier cosa
que desates en la Tierra, será desatada en el cielo.
Según
la tradición de la iglesia, Cristo había dado las llaves del reino de los cielos
a Pedro, considerado el principal apóstol y primer obispo de Roma. Los sucesivos
obispos de Roma fueron reconocidos como sucesores de Pedro y, más tarde, como
“vicarios de Cristo” sobre la Tierra. Aunque esta extremada valoración de los
obispos de Roma no fue, realmente, aceptada por la totalidad de los primeros
cristianos, la posición de Roma como la capital tradicional del Imperio Romano
sirvió para apuntalar este reclamo.
En
las postrimerías del siglo cuarto, los obispos de Roma ya utilizaban el título
de papa o padre. León (440-461)
fue muy enérgico al enunciar de manera sistemática la doctrina de la supremacía
petrina. Se concebía como el heredero de Pedro, a quien Cristo había elegido
para ser cabeza de la iglesia cristiana. Pero las autoridades estatales también
estuvieron reclamando algo de poder sobre la iglesia.
Iglesia y
Estado
Una
vez que los emperadores se hicieron cristianos, llegaron a desempeñar un papel
importante en los asuntos de la iglesia. Los emperadores cristianos se
consideraban representantes de dios en la tierra. No construyeron únicamente
iglesias, e influyeron en la estructura de la
organización de la iglesia, sino que también se vieron involucrados en el
gobierno de la iglesia y en las controversias doctrinales.
Mientras los emperadores estaban ocupados en los asuntos de la iglesia, el vacío
espiritual y político dejado por la desintegración del estado romano permitió
que los obispos desempeñaran un papel más activo en el gobierno del imperio.
Cada vez más, actuaron como consejeros de los emperadores romanos cristianos. Es
más, conforme la autoridad imperial menguaba, los obispos desempeñaban un papel
político notablemente independiente. Ambrosio de Milán (c. 339-397) fue un
temprano ejemplo de un obispo independiente y fuerte. Mediante sus actos y sus
obras Ambrosio creó la imagen del obispo cristiano ideal. Entre otras cosas,
este obispo ideal debería defender la independencia de la iglesia contra la
tendencia de los funcionarios imperiales a supervisar la política eclesiástica:
“No os exaltéis, pero si habéis de reinar por más tiempo, entonces, someteos a
Dios. Está escrito, lo que es de Dios a Dios y lo del César, al César.
El
palacio es del emperador, las iglesias, de los obispos”. Cuando el emperador Teodosio E ordenó la masacre de muchos ciudadanos en Tesalónica porque se
negaron a obedecer sus órdenes, Ambrosio denunció ese genocidio y se negó a que
el emperador participara en las ceremonias de la iglesia. Finalmente, Teodosio
estuvo de acuerdo en hacer penitencia pública en la catedral de Milán por su vil
acción. Ambrosio resultó ser un defensor formidable de la tesis de que la
autoridad espiritual debe tener precedencia sobre el poder temporal, al menos,
en los asuntos espirituales.
La
debilidad de las autoridades políticas de la península itálica también
contribuyó a la independencia de la iglesia en esa área. En los reinos
germánicos los reyes controlaron las iglesias y a los obispos. Pero, en Italia,
continuó una tradición distinta, que se alimentó de las narraciones
semilegendarias de los hechos papales. Por ejemplo, se supone que en el año 452,
el papa León 1 intervino para que Atila y los hunos se alejaran de Roma. Aunque
la plaga, más que la persuasión papal, fue tal vez más convincente para el
retiro de Atila, el papa se llevó el crédito. Así, los papas desempeñaron
papeles políticos importantes en Italia, lo que simplemente añadieron a sus
reclamos de poder vis-à-vis las autoridades seculares. El papa Gelasio
(492-496) pudo escribir al emperador Constantino:
Existen dos poderes, augusto emperador, mediante los cuales se rige este mundo
desde el principio: la autoridad consagrada de los
obispos, y el poder real. En estos asuntos, tos sacerdotes soportan la carga más
pesada, debido a que rendirán cuentas, incluso como
gobernantes de hombres, ante el juicio divino. Además, mi más
gracioso hijo, sois consciente de esto, aunque en vuestro cargo sois el
gobernador de la raza humana; sin embargo, devotamente
inclináis vuestra cabeza ante aquellos que son los superiores en las cosas
divinas y los considerais como
medios para vuestra salvación.
De
acuerdo con Gelasio si bien existían dos poderes gobernantes —el
espiritual y el temporal-
con diferentes funciones, a fin de cuentas la iglesia era
la autoridad superior, dado que los hombres,
incluidos los emperadores deben recurrir a la iglesia “para los medios de.,
salvacion".
El papa Gregorio I,
el Grande
Aunque los cristianos occidentales llegaron a aceptar al obispo de Roma como
dirigente dc la iglesia, no hubo unanimidad en cuanto al grado de los poderes
que el papa poseía como resultado de su posi
ción.
Sin embargo, el surgimiento de un papa fuerte en el siglo VI, Gregorio I,
conocido como Gregorio el Grande, colocó al papado y a la iglesia católica
romana sobre una senda firme que le permitió desempeñar un papel cada vez más
prominente en la civilización de los germanos y en prestar ayuda al nacimiento
de una distintiva civilización europea durante los siglos VII y VIII.
Como
papa, Gregorio I (590-604) asumió la dirección de Roma y
de sus territorios aledaños, en los que la población había sufrido mucho en el
siglo VI debido a
las peleas entre los ostrogodos y los bizantinos, y a causa de la invasión de
los lombardos. Gregorio describió las condiciones prevalecientes en un sermón
dirigido al pueblo de Roma:
En qué se ha convertido Roma
misma, un tiempo considerada dueña del mundo a la que ahora vemos consumirse
debido a
muchas y atroces aflicciones, con la pérdida de ciudadanos, los asaltos de
enemigos, la frecuente caída de edificios en ruinas...? ¿Dónde está el senado?
¿Dónde está el pueblo? Los huesos se han hecho polvo y la carne se ha consumido;
toda la pompa de las
dignidades de este mundo se ha esfumado.
Gregorio tomó a su cargo Roma y su área circunvecina y las convirtió en una
unidad administrativa que con el tiempo sería conocida como los Estados Papales.
Si bien los historiadores no se ponen de acuerdo en cuanto a los motivos que
tuvo Gregorio I para establecer el poder temporal del papado, es oportuno
recordar que Gregorio tal vez sólo estaba haciendo lo que sentía que era
necesario llevar a cabo: proporcionar una defensa a Roma contra los lombardos,
establecer un gobierno para Roma y alimentar al pueblo. Gregorio permaneció fiel
al imperio y continuó reconociendo al emperador bizantino como el gobernador
legítimo de Italia.
Gregorio también llevo a cabo una política de expansión de la autoridad papal
sobre la iglesia cristiana de occidente. Intervino en los conflictos
eclesiásticos de toda Italia y mantuvo relación con los gobernantes francos,
presionándoles para que reformaran la iglesia en la Galia. Inició con éxito los
esfuerzos misioneros para convertir a Inglaterra al cristianismo y su actividad
se centró en convertir a los pueblos paganos de la Europa germánica. Su
principal instrumento fue el movimiento monástico.

El papa Gregorio I.
El papa Gregorio el Grande se convirtió en uno de los más importantes papas de
la Antigua Edad Media. Esta ilustración manuscrita del siglo IX
muestra a Gregorio escribiendo un trabajo a dos monjes.
Sobre el hombro derecho de Gregorio está una paloma blanca, símbolo del Espíritu
Santo, que le proporciona inspiración divina para lo que está dictando.
Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Volumen A
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