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LOS MONJES IRLANDESES COMO
MISIONEROS
Irlanda
continuaba siendo un mundo celta fuera de las fronteras del Imperio Romano y del
ámbito de las invasiones germanas. Sin duda. san Patricio (c. 390-461)
fue el más famoso de los misioneros cristianos en Irlanda del siglo
V. Hijo de un cristiano romano-bretón,
Patricio fue raptado cuando era un adolescente por unos bandidos irlandeses que
lo retuvieron como esclavo en Irlanda. Después de escaparse a Galia, se hizo
monje y decidió regresar a Irlanda para convertir a los irlandeses al
cristianismo. La tradición irlandesa confiere a Patricio
el título de “fundador del cristianismo irlandés”, como testimonio de su obvio
éxito.
Dado
que Irlanda no había sido parte del mundo romano y estaba por completo aislada
del continente europeo, la cristiandad irlandesa tendió a desarrollarse, después
de su conversión, de acuerdo con unos lineamientos un tanto diferentes de los de
la cristiandad romana. Si bien la estructura eclesiástica católica había seguido
los modelos de gobierno romanos, la ausencia de tales formas en Irlanda hizo
posible un patrón diferente para la organización de la iglesia. Los monasterios
constituyeron las unidades fundamentales de la organización eclesiástica en
lugar de los arzobispados— y las abadías, cabezas de los monasterios, ejercían
un mayor control sobre la iglesia irlandesa que los obispos.
Alrededor del siglo VI, el monasticismo irlandés era una
institución floreciente con sus propias y asombrosas características. Era
poderosamente ascético. Los monjes se sometían a severos ayunos, oraban y
meditaban con frecuencia bajo extremas privaciones, y confesaban sus pecados a
los superiores en forma regular. De hecho, el monasticismo irlandés dio origen
al uso de penitenciales, o sea, manuales que
brindaban una guía para examinar la propia vida, con objeto de escrutar los
pecados u ofensas cometidos en contra de la
voluntad divina Un gran amor por aprender también caracterizo al
monasticismo irlandés. Los irlandeses aprendían con ansia lo relacionado con la
cultura griega y la latina y promovieron la educación como parte principal de la
vida monástica.
Su
énfasis en el ascetismo empujó a muchos monjes irlandeses a exiliarse de manera
voluntaria. Sin embargo, este “exilio por el amor a Dios” no se expresó mediante
el aislamiento, sino por la actividad misionera. Los monjes irlandeses se
convirtieron en fervientes misioneros. San Columbo (521-597) dejó Irlanda en el
año 565 en calidad de “peregrino de Cristo” y fundó una comunidad monástica muy
influyente fuera de la costa de Escocia en la isla de lona. Desde allí, los
misioneros irlandeses se trasladaron al norte de Inglaterra para comenzar el
proceso de conversión de los anglos y los sajones. Mientras tanto, otros monjes
irlandeses viajaron al continente europeo. Los nuevos monasterios fundados por
los irlandeses se convirtieron en centros de aprendizaje dondequiera que
estuvieran localizados.

El
libro de Kells. El énfasis
que el monasticismo irlandés daba a la educación alentó la producción de
manuscritos elaboradamente ilustrados.
Aquí se muestra la figura de Cristo del Libro de Kells, un
texto que se cree fue hecho por los monjes de lona.
El monasticismo irlandes se hizo famoso por sus prácticas
ascéticas. Se ponía mucho énfasis en escrupulosos exámenes de conciencia, para
dilucidar si se había cometido un pecado contra Dios. Con objeto de facilitar
este examen, se desarrollaron los penitenciales (manuales de confesión) que
describían los posibles pecados y sus apropiadas
penitencias. Éstas a menudo consistían en ayunar un determinado número de días
cada semana, a pan y agua. Aunque, a la larga, estas penitencias se aplicaron en
todo el mundo cristiano, fueron particularmente significativas para el
cristianismo irlandés. Este fragmento, tomado del Penitencial de Cummean, un
abad irlandés, se escribió alrededor del año 650 y muestra una característica
distintiva de los penitenciales: su obsesiva preocupación por los pecados
sexuales.
Penitencial de Cummean
Al
obispo que corneta fornicación deberá degradársele y hará penitencia durante
doce años. Un presbítero, o diácono, que corneta
fornicación natural, habiendo ya emitido los votos de monje, hará penitencia por
siete años. Pedirá perdón cada hora; llevará a cabo un ayuno especial durante
todas las semanas, excepto en los días intermedios entre la Pascua y
Pentecostés.
Aquel
que deshonre a su madre, hará penitencia durante tres años, y llevará a cabo un
peregrinaje perpetuo.
Así,
aquellos que cometan sodomía, harán penitencia cada siete años.
Aquel
que sólo desee en su mente cometer fornicación, pero sea incapaz de realizarla,
hará penitencia durante un año, sobre todo, en tres periodos de cuarenta días.
Aquel
que voluntariamente polucione durante el sueño, se levantará y cantará nueve
salmos en orden, de rodillas. Al siguiente día, se mantendrá de pan y agua.
El
clérigo que fornique en alguna ocasión, hará penitencia durante un año, a pan y
agua; si engendra un hijo, hará penitencia por siete años en el exilio; lo mismo
hará quien haya sido virgen.
Quien
ame a cualquier mujer, pero sin realizar maldad alguna, más allá de unas cuantas
conversaciones, hará penitencia durante cuarenta días.
El
casado deberá ser continente durante tres periodos de cuarenta días, los sábados
y los domingos —día y noche—, así como los dos días a la semana señalados
[ miércoles y viernes], y después de la concepción, y
durante todo el periodo menstrual.
Después de un parto, el hombre deberá abstenerse, si es un hijo, durante treinta
y tres días; si es una hija, durante sesenta y seis días.
A los
muchachos que estén hablando solos y transgredan las regulaciones de los mayores
[del monasterio], se les corregirá mediante tres ayunos
especiales.
A los
niños que imiten el acto de fornicación, veinte días; silo hacen con frecuencia,
entonces, cuarenta días.
Pero
los muchachos de veinte años que practiquen la masturbación juntos y lo
confiesen [harán penitencia por] veinte o cuarenta días,
antes de recibir la comunión.
Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Volumen A
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