|
Cristianismo y vida intelectual
Muchos de los primeros cristianos expresaron considerable hostilidad hacia la
cultura pagana del mundo clásico. Tertuliano (160-225),
escritor cristiano de Cartago, proclamó: “Qué tiene
que hacer Jerusalén con Atenas, la iglesia con la academia, el cristiano con el
hereje?... Después de Jesucristo, no necesitarnos la especulación; después del
Evangelio, no necesitamos la investigación”.
Para
muchos de los primeros cristianos, la Biblia contenía todo el conocimiento que
cualquiera podría necesitar. Sin embargo, otros pensaban que no era posible
separar el pensamiento teológico cristiano de las
tradiciones y de la educación clásicas, v alentaban a los
cristianos a que absorbieran la herencia clásica. Conforme se difundía por el
mundo romano oriental, el cristianismo adoptó el griego como su lengua. El Nuevo
Testamento se escribió en esa lengua. Asimismo, los
cristianos acudieron por ayuda al pensamiento griego,
para expresar los complejos conceptos teológicos. El
neoplatonismo fue una influencia muy importante, el cual fue un resurgimiento
del pensamiento platónico que alcanzó su más alto punto en el siglo
III de nuestra era. Los neoplatónicos creían que uno
podía valerse de la razón para percibir el vinculo intimo entre el rondo
invisible espiritual y el mundo visible material. El alma humana, sin la
asistencia divina, podía lograr la unión con Dios, el Perfecto. Los teólogos
cristianos utilizaron conceptos neoplatónicos para explicar las doctrinas de
Jesús, sobre todo, la distinción entre sus naturalezas humana y divina. Así , el
cristianismo sirvió de diversas maneras para conservar la cultura greco-romana.
EL TRABAJO DE SAN AGUSTÍN
El
trabajo de San Agustín (334-430) proporciona unos (le los
mejores ejemplos de cómo los teólogos cristianos utilizaron la cultura pagana
para servir al cristianismo. Agustín nació en el norte de África; su madre, Lina
ardiente cristiana, lo crió. A la larga, Agustín se convirtió en maestro de
retórica en Milán en el año 384. Pero, dos años más tarde, después de
experimentar una profunda y conmovedora experiencia religiosa, Agustín renunció
a su cargo de maestro y regresó al norte de África, donde se desempeño
como obispo de Hipona desde el 396 hasta su muerte,
acaecida en el -año 430.
Sus
dos obras más famosas son las Confesiones y La Ciudad
de Dios. Escritas en el año 397, las Confesiones
constituyeron un autorretrato, pero no de las actividades
mundanas de Agustín, sino de “la historia de un corazón”, un relato de sus
experiencias personales escritas con el propósito cíe ayudar a otros en su
búsqueda: Agustín describe la forma en que batalló en sus primeros años de vida
para encontrar a Dios, hasta que experimenté una conversión milagrosa, cuando
tenía treinta y dos años.
La
ciudad de Dios, la otra obra máxima de Agustín, fue una profunda expresión de la
filosofía cristiana sobre el gobierno y la historia. Se escribió como respuesta
a una línea de argumentación que surgió poco después del saqueo de Roma, en el
año 410. Algunos filósofos paganos afirmaron que las dificultades de Roma se
derivaban del reconocimiento oficial del cristianismo por parte del estado
romano, y a causa del abandono de los antiguos y tradicionales dioses. Agustín
argumenté que los problemas de Roma comenzaron mucho antes de que el
cristianismo surgiera en el imperio. En La ciudad de Dios, Agustín teorizó sobre
las relaciones ideales entre dos tipos de sociedades que han existido a través
del tiempo: la Ciudad de Dios y la Ciudad del mundo.
Para quienes amen a Dios,
la principal lealtad debería ser para con la Ciudad de Dios, cuya ubicación
final está en el reino celestial. La sociedad terrenal siempre será insegura y
sujeta a cambios, debido a la naturaleza degradada del ser humano y su
inclinación al pecado. Sin embargo, la Ciudad del mundo aún era necesaria, dado
que era obligación de los gobernantes frenar los instintos depravados de los
humanos pecadores, así como mantener la paz, la cual los cristianos necesitaban
para vivir en el mundo. Por lo tanto, Agustín dio por sentado que el gobierno y
la autoridad secular eran necesarios para la búsqueda de la verdadera vida
cristiana sobre la Tierra; al plantear esto, proveyó una justificación para la
autoridad política secular, la cual desempeñaría un importante papel en el
pensamiento medieval.
Agustín fue también decisivo para establecer los puntos de vista de la iglesia
cristiana respecto al deseo sexual. Gran parte de los primeros cristianos
concebía el celibato o la absoluta abstinencia de toda actividad sexual como el
camino más seguro a la santidad. Agustín también pensaba que los
cristianos deberían repudiar el sexo; pero mantenía que muchos cristianos eran
incapaces de hacerlo. Para ellos, el matrimonio era una adecuada alternativa,
pero bajo el supuesto de que el sexo entre un hombre y una mujer, incluso dentro
del matrimonio, debía servir a un propósito: la procreaciòn
de hijos. Se reservaba a la clerecía la defensa del ideal supremo del celibato.
Las Confesiones de San Agustín
La
autobiografía espiritual e ¡ntelectual de Agustín es un autorretrato revelador
de las luchas internas de uno de los gigantes intelectuales de los primeros
tiempos del cristianismo. El primer fragmento está tomado del Libro VIII, en el
que Agustín describe cómo escuchó una voz del cielo y abandonó sus viejos
hábitos. En el segundo fragmento, tomado del Libro IX, Agustín expresa alegría y
gratitud por su conversión.
San Agustín, Confesiones
Estaba, pues, hablando y llorando
con el más amargo de los arrepentimientos de mi corazón, cuando, ¡ay!, escuché
proveniente de la casa vecina una voz que parecía de un niño o una niña, no sé
bien, cantando y repitiendo a menudo: «Toma y lee, toma y lee”.
De inmediato, alterado mi
semblante, comencé a pensar con mayor intensidad si acaso los niños
acostumbraban jugar a esta clase de juegos, cantando esas palabras; tampoco
acerté a recordar haber escuchado algo semejante. Así, conteniendo el torrente
de mis lágrimas, me levanté; interpretando que esto no podía ser más
que un mandato de Dios para que abriera el libro y leyera
el primer capítulo que encontrara.
Pues ya había oído de Antonio, que
al venir a la lectura del Evangelio, recibió un aviso,
como silo que se había leído hubiera sido dicho a él: ve,
vende todo lo que tengas y dalo a los pobres, así tendrás un tesoro en el
cielo; ven y sígueme. Y, mediante este oráculo, él se convirtió sin
dilación a Ti.
Ansioso, pues, regresé al
lugar donde estaba sentado Alipio, pues allí había dejado el volumen del apóstol
cuando me levanté. Lo tomé, lo abrí y leí en silencio la sección donde se
posaron primero mis ojos: No te entregues a los excesos ni a la embriaguez,
tampoco a la lascivia ni a la perversidad, ni a la competencia, ni a la envidia,
sino al Señor Jesucristo, y no te preocupes por la carne Ya no leí más, no lo
necesitaba, porque, de inmediato, al final de esa oración, una luz como de
serenidad se instaló en mi corazón, y toda la oscuridad de la duda se
desvaneció...
¡Oh Señor!, soy tu sirviente, soy
tu sirviente y el hijo de tu sirviente: has partido mis huesos. Te ofrezco el
sacrificio de mi oración. Que mi lengua y mi corazón te alaben; sí, que todos
mis huesos digan ¡oh, Señor!, ¿Quién es como Tú? Que digan, y que Tú me
respondas, y digas a mi alma: Soy tu salvación. ¿Quién soy, y qué soy? ¿No han
sido perversos mis actos, y si no mis actos, si mis palabras, y si no mis
palabras, sí mi voluntad? Pero Tú ,Oh Señor!, eres bueno
y misericordioso, y tu mano derecha ha honrado la profundidad de mi muerte, y
desde el fondo de mi corazón vaciaste ese abismo de corrupción.
JERÓNIMO Y LA BIBLIA
Se
llegó a considerar a Agustín como uno de los primeros padres latinos de la
iglesia católica, intelectuales que escribieron en latín que ejercieron una
profunda influencia en el desarrollo del pensamiento cristiano occidental. Otro
padre latino fue Jerónimo (345-420), quien cursé estudios literarios en Roma y
llegó a ser maestro de prosa latina. Jerónimo abrigó sentimientos
contradictorios respecto a su amor por los estudios liberales; sin embargo, al
igual que Agustín, experimenté una conversión espiritual, después de la cual
trató de dedicarse con mayor ahínco a Cristo. Tuvo un sueño en el que Cristo
aparecía como su juez:
Al
preguntárseme quién y qué era, respondí:
"soy un cristiano"
Pero
El que presidía el juicio dijo: ‘Mientes, eres un
seguidor de Cicerón, no de Cristo. Ya que donde está tu tesoro, allí está tu
corazón. Instantáneamente, quede mudo ..
Consecuentemente, hice un juramento e invoqué Su nombre, diciendo:
"Señor, si alguna vez de nuevo poseo libros terrenales
[obras de los clásicos] o, si en alguna ocasión, los
vuelvo a leer, te habré negado”
Después de ese sueño, Jerónimo tomó la decisión de "leer
los libros de Dios con un fervor mayor que aquel con el que se dedicaba antes a
los libros de los hombres".
Con
el tiempo, Jerónimo llegó a un compromiso, purificando la literatura del mundo
pagano y valiéndose de ella para fomentar la fe cristiana más adelante. Jerónimo
fue el académico más notable de los padres latinos, y su amplio conocimiento del
hebreo y el griego le permitió traducir el Antiguo y el Nuevo Testamento al
latín. En ese proceso, produjo la Vulgata, versión al latín, o texto común, de
la Biblia, que se convirtió en la edición normativa de la iglesia católica en la
Edad Media.
CASIODORO Y BEDA
Aunque la iglesia cristiana llegó a aceptar la cultura clásica, esto no fue tan
fácil en los nuevo reinos germanos. No obstante, algunos académicos cristianos
se las arreglaron para seguir manteniendo vivo el aprendizaje. El más
sobresaliente fue Casiodoro (490-585), quien provenía de
una familiar romana aristócrata y se desempeñó como funcionario del rey
ostrogodo Teodorico. Los conflictos que surgieron después de la muerte de
Teodorico obligaron a Casiodoro a renunciar a la vida pública y retirarse a sus
propiedades en el sur de Italia, donde escribió su trabajo final, Lecturas
divinas y leoninas, un compendio literario de antigüedad cristiana y pagana.
Casiodoro aceptó el consejo de los primeros intelectuales cristianos de hacer
uso de los trabajos clásicos en tanto atesoraba, ante todo, las sagradas
escrituras.
Casiodoro continuó la tradición de la antigüedad tardía de clasificar el
conocimiento de acuerdo con ciertos temas. Al integrar su compendio de autores
se guió por los trabajos de antiguos autores tardíos que colocaban el
conocimiento secular en las categorías del as siete artes
liberales, las cuales estaban divididas en cuatro grupos importantes: el
trivium
que comprendía gramática, retórica y dialéctica o lógica, y el
quadriviurn, que
consistía en aritmética, geometría, astronomía y música. Las siete artes
liberales serían la piedra angular de la educación occidental durante
aproximadamente 1200 anos.
Beda
el venerable (672-735) fue un erudito y producto de la Inglaterra cristiana
anglo-sajona. Ingresó al monasterio en Jarrow desde pequeño y permaneció allí la
mayor parte de su vida. Muchos historiadores consideran a Beda el primer
historiador importante de la Edad Media. Su Historia eclesiástica del pueblo
inglés, completada en 731, fue producto del notable florecimiento de la cultura
eclesiástica y monástica inglesa en el siglo VIII. Su
historia de Inglaterra comienza con el advenimiento del cristianismo en Bretaña.
Aunque Beda compartía la credulidad de su época en cuanto alas historias de
milagros, poseía un sentido notable de la historia.
Utilizó sus fuentes de manera tan juiciosa que aún son la fuente
principal de información acerca de la antigua Inglaterra anglosajona. Su trabajo fue una notable realización para un monje
de una pequeña aldea de Inglaterra refleja el alto grado del logro intelectual
en Inglaterra en el siglo VIII
Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Volumen A
|