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El
cuarzo es un mineral duro, muy abundante en la naturaleza y que presenta
numerosas variedades. Una de ellas, el sílex, al comienzo de la historia del
hombre, conformado groseramente a base de golpearlo contra otras piedras, se usó
como utensilio y como arma durante más de medio millón de años.
Más
tarde el pulimento, a base de frotar entre sí dos piedras, mejoró el acabado de
las piezas y, si bien se unieron al sílex otros tipos de piedras, aquél siguió
siendo el más empleado. Utensilios, armas, cuentas de collares, sellos grabados,
estatuillas, amuletos, copas, medallones, camafeos, bajorrelieves de todas las
épocas y estilos, fabricados en todas las variedades de cuarzo, llenan
innumerables vitrinas en todos los museos del mundo.
Las
variedades de cuarzo utilizadas en la Antigüedad no estaban cristalizadas y
pasaron muchos años antes de que llegaran a manos del hombre las primeras
variedades cristalizadas, procedentes de los Alpes. Plinio intentó explicar el
origen de esos cristales totalmente transparentes, diciendo que era agua
cristalizada a la baja temperatura que reinaba en las altas cumbres siempre
nevadas. Esta agua ya no podía volver a adquirir su primitivo estado líquido, y
la denominó cristal de roca.
La
variedad más apreciada como gema es la amatista, que presenta coloración
violácea con una tonalidad ligeramente rojiza. La amatista transparente y de
color uniforme se emplea en joyería y alcanza notable valor. Entre los
ejemplares más conocidos destacan las tres grandes amatistas (una de 343 qt)
conservada en el Museo Británico. Abunda en Brasil y México.
El
cuarzo ahumado es de color pardo y se encuentra en grandes cristales, como el
existente en el museo de Berna, que pesa 100 Kg. y fue hallado en los Alpes
suizos; los ejemplares transparentes y de color uniforme se tallan en brillante
y constituyen gemas muy apreciadas. El cristal de roca, variedad incolora y
transparente, tiene poco valor, excepto cuando lleva inclusiones que le producen
iridiscencia; así la denominada “cabellera de Venus”, con finas agujas de rutilo
de color amarillo reunidas en penacho.
La
carneola, variedad criptocristalina, de color rojo intenso uniforme,
suele tallarse de diversas formas para su empleo en joyería. Más apreciadas son
las coloraciones anaranjadas de la sardónica, o la coloración verde oscura del
heliotropo con manchas rojas. La crisoprasa se halla en forma de concreciones de
color verde claro con puntos blanquecinos.
El efecto piezoeléctrico del cuarzo queda de manifiesto tallando una lámina
perpendicular al eje ternario del cristal. Si se recubren sus caras con una
sustancia conductora y se unen a un voltímetro muy sensible, se observará que,
al ejercer una fuerza, aparece una corriente eléctrica.
Desde
siempre, la variedad más apreciada es el ágata, de estructura zonada en capas de
diverso color y espesor, en que suelen alternar capas grises con otras de
diversos colores. El ónice presenta capas de colores claros y oscuros, a veces
grises y negros. Los caldeos y babilonios tallaban copas, vasos, sellos y
camafeos; actualmente se fabrican con él ceniceros, joyeros y sobre todo gemas
de fantasía, pues se la considera una piedra semipreciosa.
También la industria se beneficia de las extraordinarias propiedades físicas del
cuarzo. Por su resistencia a los ácidos se emplea para preparar instalaciones,
cápsulas, serpentines y objetos diversos de laboratorio e industriales. Fundido
a 1.700 ºC y luego sobre enfriado, se transforma en un producto denominado
vidrio de sílice, que se emplea en óptica y electrónica, así como en lámparas de
arco.
Pero
son principalmente sus propiedades piezoeléctricas las que le han dado un mayor
campo de aplicación en la técnica moderna.
El
cuarzo, sometido a presiones, desarrolla cargas eléctricas, que pueden ser
recogidas y son el fundamento del pick-up, donde recoge presiones que transforma
en corriente eléctrica.
También se utiliza como resonador en toda técnica que requiere oscilaciones
determinadas, precisas y constantes. Recuérdense los relojes de cuarzo de
reciente introducción en el mercado. La necesidad de cuarzo sin defectos de
cristalización y sin maclas ha llevado a un grado de gran perfección la
obtención, en hornos especiales, de cuarzo artificial, que es el que actualmente
se emplea en la industria. |