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Diferencia
Entre el Cuerpo Masculino y el Femenino
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Por su ancha pelvis se reconoce a la
mujer; por sus poderosos músculos al hombre; ambos rasgos se han
convertido en diferenciador los sexos.
Se ha afirmado siempre que todas las personas son iguales. Si con ello
nos referimos a la constitución de un cuerpo con una cabeza, dos piernas
y dos brazos, es completamente cierto. Sin embargo advierte a primera
vista que existen dos tipos distintos de personas: hombres y mujeres.
Entre ellos existen claras diferencias. Las más obvias son las
relacionadas con los órganos reproductores pero, aún así, nos
encontramos con otras que no sirven directamente para la perpetuación de
la especie pero sí constituyen pequeños rasgos diferenciales.
ESQUELETO
MACIZO Lo que a primera vista diferencia a hombres y mujeres
es el sistema muscular y la constitución ósea. El hombre posee una mayor
masa muscular,
Que representa respecto a la totalidad del peso corporal el doble que en
la mujer. Tal cantidad de músculo afecta naturalmente a la apariencia
exterior. Como esta fuerte musculatura necesita inserciones óseas más
potentes, el esqueleto masculino resulta algo más macizo. Esta sólida
constitución corporal también obedece a la evolución histórica de la
especie.
Nuestros antepasados varones necesitaban manos grandes y hombros anchos
para acometer con más eficacia y rapidez las tareas propias de su sexo,
como manejar armas y herramientas. Unos pectorales más fuertes en
comparación con los de las mujeres, unos pulmones más grandes, un
corazón más potente y unas piernas más largas, les permitan efectuar
recorridos mayores que eran especialmente importantes para la caza. Unos
cráneos y mandíbulas más pesados eran menos sensibles a las heridas que
podían sufrir durante estas actividades.
Algún beneficio debía suponer para el hombre estar dotado de un vello
más profuso y tenaz, y el hecho es que la mayoría de los hombres tienen
más pelo que las mujeres en todo el cuerpo y especialmente en la cara.
Lo mismo ocurre con el motivo por el que los hombres poseen una voz más
grave: sobre sus ventajas podemos únicamente especular que era necesaria
para hacerse entender mejor a largas distancias o simplemente para poder
imponerse al otro sexo.
SILUETA
REDONDEADA El cuerpo femenino debe, por el contrario, estar
diseñado
para
parir y hacer posible el desarrollo del feto. Por eso, la pelvis
femenina es más baja y ancha que la de los hombres. El hueso sacro es
más amplio y en dirección al canal del parto algo desplazado hacia
delante. Del mismo modo, la totalidad de la pelvis está ligeramente
retrasada, por lo que las nalgas caen un poco hacia atrás.
El estrecho talle, las caderas más anchas y la distribución de tejido
adiposo más abundante dan lugar a una silueta femenina más suave y
redondeada. Los muslos se insertan en la pelvis más distanciados entre
sí, de forma que se encuentran en ángulo respecto al centro del cuerpo.
Como los brazos se sitúan más cerca del tronco, los hombros son
estrechos. Las mujeres tienen antebrazos más cortos, así como manos y
dedos más finos para poder manejar seres tan delicados como los bebés.
En la industria encontramos ciertas tareas que son desempeñadas
preferiblemente por mujeres al exigir una mayor precisión motora.
Un atributo característicamente femenino son los senos. Su función
primaria es alimentar al recién nacido durante sus primeros meses de
vida. El grosor del tejido adiposo de su interior determina el volumen
de los mismos. Los senos no sólo hacen posible la lactancia; sus formas
redondeadas emiten también un reclamo sexual. Indican al potencial
compañero que la mujer posee los requisitos corporales necesarios para
convertirse en madre y poder alimentar a los hijos.
MARCHA OSCILANTE
Esta anatomía tan funcional, que so ha ido imponiendo desde tiempos
remotos, se refleja también en las formas del movimiento femenino. Los
muslos ligeramente doblados hacia dentro, las caderas más anchas, los
brazos pendulantes, los senos y los diversos cúmulos adiposos dan corno
resultado un paso más oscilante, en el que casi la totalidad del cuerpo
se balancea. En claro contraste se encuentra el paso del hombre, más
derecho, erguido y rígido. |
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