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Cada día se forman
gases intestinales en nuestro tubo digestivo. En no pocas ocasiones, su
desagradable actividad llama ruidosamente la atención.
Tanto el gruñido de estómago como los
eructos y los flatos representan ruidos desagradables ocasionados por la
digestión, que uno siempre prefiere soportar en casa y no en público.
Pero estos ruidos son señales importantes de que nuestra digestión
funciona, tan importantes que en ocasiones el médico incluso los busca
con el estetoscopio.
GASES RUIDOSOS
Normalmente los ruidos digestivos se originan por gases intestinales en
el tubo digestivo. Su origen radica, por un lado, en el aire tragado y,
por otro, en el mismo proceso digestivo. Cada persona traga diariamente
2-3 litros de aire, que normalmente vuelve a evacuar a través de los
eructos. Pero cuando este aire no puede salir hacia arriba, llega hasta
el tubo digestivo. También la digestión de los alimentos produce gases,
sobre todo en el intestino. En el intestino delgado se forma sobre todo
dióxido de carbono: varios litres después de cada comida.
Este gas tiene
una presión bastante alta, pero se absorbe rápida y completamente por
las paredes del intestino delgado. En el intestino grueso, sin embargo,
la situación es otra. Allí se descomponen sobre todo los hidratos de
carbono con la ayuda de las bacterias y de los fermentos intestinales.
Este proceso genera varios gases, entre otros hidrógeno, nitrógeno,
dióxido de carbono, oxigeno y el maloliente metano. El intestino grueso
está situado en el abdomen en forma de U invertida y representa una
auténtica trampa para los gases.
Cuando las burbujas de gas que han
caído en esta trampa se desplazan de un lado a otro en busca de la
salida dilatan la flexible pared del intestino grueso y el intestino se
manifiesta ruidosamente. Esto ocurre sobre todo cuando ha transcurrido
algún tiempo desde la última comida, el intestino no está muy lleno y
las burbujas de gas tienen más espacio para moverse.
En este estado se
suele sentir hambre: entonces aumenta la secreción de jugo gástrico y
una reacción química convierte el ácido clorhídrico contenido en el jugo
gástrico en dióxido de carbono, el gas que gruñe ruidosamente en nuestro
estómago cuando tenemos hambre. No hay un remedio eficaz para evitar
totalmente los gases intestinales.
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