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Diferencia
Entre el Cuerpo Masculino y el Femenino
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El hombre no sólo
necesita los dientes para morder y masticar: hablar sin dentadura
resulta difícil. La higiene es muy importante, pues los dientes son
nuestra tarjeta de visita.
Un diente tiene muchas obligaciones que cumplir. La más importante es
tomar alimentos y masticarlos. Los incisivos y los colmillos comienzan
el trabajo, es decir, dan el mordisco. Están especialmente diseñados
para ello, pues poseen un borde afilado y cortante en forma de paleta.
Para nuestros antepasados eran todavía mucho más imprescindibles: en la
actualidad no ingerimos trozos de carne cruda y con los cuchillos
podemos cortar los alimentos mucho mejor.
Una vez en la boca, las muelas y los molares cortan los alimentos en
trozos más pequeños y se encargan de triturarlos. Mientras que los
dientes delanteros sólo tienen una punta, los molares tienen dos y las
muelas entre cuatro y cinco. De esta forma se puede desmenuzar cualquier
alimento y prepararlo para la digestión.
Las muelas son con diferencia las más
potentes. Poseen de dos a tres raíces, mientras que los demás sólo
tienen una. Las que se sitúan en los puntos más internos de la mandíbula
se denominan muelas del juicio, pero no siempre crecen del todo y más
bien causan problemas porque suelen carecer de espacio suficiente para
desarrollarse en el interior de la mandíbula.

MORDER FUERTEMENTE Cuando mordemos
una manzana, el maxilar inferior se junta con el superior para cortarla.
Luego, al masticarla, movemos la mandíbula inferior de un lado hacia el
otro y de delante hacia atrás. Durante la masticación los dientes han de
ejercer una gran fuerza: en cuestión tic segundos se alternan
movimientos de presi6n y descarga.
El mayor esfuerzo de masticación se ejerce
con los mulares. Incluso se pueden partir nueces y huesecitos con ayuda
de la musculatura de la mandíbula. Algunos artistas circenses tienen esa
musculatura tan desarrollada que consiguen una capacidad de presión en
cada diente muy superior a la media.
Como un diente tiene que soportar tanto
esfuerzo en la masticación, ha de ser muy fuerte y a la vez estar
elásticamente anclado al maxilar. De esto se encarga la raíz que sujeta
los dos últimos tercios del diente en el interior de las encías. La
estrecha hendidura de 0,25 mm entre el hueso y el diente está cubierta
de haces de fibras que se estiran y encogen como un acordeón: por eso
pueden soportar la fuerza sin romperse o afectar al lecho óseo donde se
asientan.
Un diente sano gira en movimientos horizontales, verticales y cruzados
alrededor de su propio eje. Sometido a una fuerza que dure de 2 a 3
segundos, la punta del diente se desplaza hasta 0,25 mm y vuelve a
recuperar rápidamente su posición inicial.
CADA DIENTE TIENE
SU CORONA El diente se divide en tres partes: la raíz se
asienta en el maxilar; la corona es la parte que sobresale del maxilar y
resulta visible; por último, el espacio de transición sobre los huesos
de la mandíbula, cubierto de la misma mucosa rosa clara y gelatinosa de
las encías, es el borde gingival. La masa principal o marfil de los
dientes es una sustancia que los odontólogos denominan dentina. La parte
interior de la dentina se denomina pulpa y llega hasta el interior de la
raíz.
Desde fuera no podemos apreciar el riego interior del diente, y por lo
tanto tampoco apreciamos su sensibilidad al dolor. En la pulpa se
encuentran los vasos sanguíneos y nervios que llegan al diente por un
orificio en el canal de la raíz. Muchos nervios terminan en la
dentadura, razón por la que ésta es tan sensible al dolor. Los dientes
sanos están recubiertos en su totalidad por un esmalte dental y en la
zona de la raíz por cemento dental, de tal manera que toda su superficie
es normalmente insensible al dolor.
Tanto los dientes como los huesos contienen un gran porcentaje de
componentes inorgánicos. El cemento del diente, punto de sujeción de las
fibras de la raíz al diente mismo, es algo más blando que el material
Óseo y su composición es parecida. El esmalte dental, amarillento o
azulado, proporciona a los dientes su brillo característico y es tan
fuerte y estable que se necesita un taladro de 8000 U/s para poder
abrirlo. La resistencia de este esmalte no es siempre la misma:
disminuye de la zona exterior a la interior y de arriba a abajo.
En la parte más potente, el esmalte tiene unos 4 mm. de grosor y es tan
resistente como el cristal de cuarzo, mineral con el que se puede rayar
el acero. El calcio, el fosfato y el flúor son los principales
responsables de que el diente sea impenetrable; en realidad es el hueso
más duro del esqueleto.
ACIDO ENEMIGO En realidad, el
esmalte dental es tan duro como el mármol, pero, al igual que éste, no
es resistente a los ácidos. Esto supone un gran perjuicio para los
dientes, ya que los restos de comida que quedan la superficie y el
azúcar se transforman en ácidos. En este sentido, el dicho popular que
Aconseja comer una manzana después de cada comida no es muy acertado, ya
que el azúcar que contiene la fruta acaba afectando al esmalte.
El agente principal de la caries es una placa microscópica constituida
por bacterias, partículas de alimento y saliva, que se forma en la
superficie del diente. La placa hace más daño cuando se combina con
azúcar y resulta especialmente peligrosa si no se elimina durante mucho
tiempo.
Aparte de la limpieza diaria de los dientes, se recomienda no consumir
alimentos y bebidas azucaradas todo el día, pues los niveles de ácido se
mantendrán elevados y los dientes estarán expuestos continuamente a su
ataque. La única defensa natural contra la caries es la saliva, que
limpia los dientes, diluye y neutraliza el ácido de la placa que los
desgasta.
La dentadura se desgasta con el tiempo y pierde sus cualidades. Los
dientes no sólo son necesarios para triturar la comida y masticar sino
también para hablar. Las hileras de dientes separan adecuadamente las
entradas de aire y así podemos formar y pronunciar correctamente ciertas
consonantes como la t y la f A quienes
tienen las arcadas dentales caídas les resulta mucho más difícil hablar
con claridad. Tampoco debemos olvidar el valor estético de los dientes.
Gracias a los avances en las prótesis dentales, hoy no es necesario
ocultar la ausencia de algunas piezas encajando un pañuelo en el hueco,
como hacía en sus apariciones públicas la reina Isabel I de Inglaterra
en el siglo XVI. |
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