¿Es grande la fuerza de la atracción?
"Si la caída de los cuerpos no fuera una cosa que
vemos a cada instante, sería para nosotros el fenómeno más asombroso", escribía
el célebre astrónomo francés Arago. La costumbre hace que el hecho de que la
Tierra atraiga a todos los cuerpos nos parezca un fenómeno natural y ordinario.
Pero cuando se nos dice que los cuerpos también se atraen entre sí nos
resistimos a creerlo, porque en las condiciones normales de nuestra vida no
vemos nada semejante.
Efectivamente, ¿por qué en torno nuestro no se manifiesta constantemente, en las
circunstancias normales, la ley de la atracción universal? ¿Por qué no vemos
cómo se atraen entre sí las mesas, las sandías, las personas? Porque cuando los
objetos son pequeños la fuerza de atracción que ejercen es muy pequeña. Citaré
un ejemplo ilustrativo. Dos personas que se encuentren a dos metros de distancia
entre sí se atraen mutuamente, pero la fuerza de esta atracción es
insignificante. Suponiendo que estas dos personas tienen un peso medio, la
atracción será de 1/100 de miligramo. Esto quiere decir que estas dos personas
se atraen mutuamente con la misma fuerza con que una pesita de 1/100.000 de
gramo presiona sobre el platillo de una balanza. Solamente las balanzas de
extraordinaria sensibilidad de los laboratorios de investigación pueden apreciar
un peso tan insignificante.

La atracción del Sol hace que se
curve la trayectoria de la Tierra E. La inercia hace que el planeta tienda a
seguir la línea tangente ER
Claro está que esta fuerza no puede hacer que nos movamos
del sitio, puesto que lo impide el rozamiento entre las suelas de nuestros
zapatos y el suelo. Para que nos movamos, estando sobre un suelo de madera, por
ejemplo (la fuerza de rozamiento entre las suelas de los zapatos y el suelo será
en este caso igual al 30% del peso de nuestro cuerpo) hace falta que sobre
nosotros actúe una fuerza mínima de 20 kg. Resulta cómico comparar esta fuerza
con la de una centésima de miligramo, que es la que ejerce la atracción. Un
miligramo es la milésima parte de un gramo, y un gramo es la milésima parte de
un kilogramo; por lo tanto, 0,01 mg será... ¡la mitad de la mil millonésima
parte de la fuerza necesaria para hacer que nos movamos del sitio! Siendo
así, ¿qué tiene de particular que, en condiciones normales, no nos demos ni la
más leve cuenta de la atracción entre los cuerpos terrestres?
Si no existiera el rozamiento sería otra cosa; entonces nada impediría que hasta
la más leve atracción provocara la aproximación de los cuerpos entre sí. Pero en
este caso la aproximación mutua de dos personas producida por una fuerza de
atracción de 0,01 mg sería también muy lenta, es decir, se realizaría con una
velocidad insignificante. Por medio de cálculos se puede demostrar que, si
no existiera rozamiento, dos personas situadas a 2 m de distancia se
aproximarían entre sí (por influjo de la atracción mutua) 3 cm durante la
primera hora, 9 cm durante la segunda y 15 cm durante la tercera. El movimiento
de aproximación se iría acelerando, pero las dos personas no llegarían a
juntarse antes de cinco horas.
La atracción entre los cuerpos terrestres se puede notar en aquellos casos en
que la fuerza de rozamiento no es un obstáculo, es decir, cuando los cuerpos no
se mueven. Un peso colgado de un hilo se halla sometido a la atracción de la
Tierra (por eso el hilo está dirigido verticalmente), pero si cerca de este peso
se encuentra un cuerpo cuya masa sea grande, aquél será atraído por éste y el
hilo se desviará ligeramente de su posición vertical y tomará la dirección de la
resultante entre la atracción de la Tierra y la del cuerpo, que será
relativamente muy pequeña. La desviación de una plomada en las proximidades de
una gran montaña fue observada por vez primera en el año 1775 en Escocia, por
Maskelyne, quien comparó la dirección de dicha plomada con la del polo celeste,
por los dos lados de una misma montaña. Posteriormente se realizaron otros
experimentos más perfectos, utilizando balanzas especiales, que permitieron
determinar exactamente la fuerza de la atracción.
Como hemos visto, la fuerza de la atracción entre masas pequeñas es
insignificante. A medida que aumenten las masas crece la atracción
proporcionalmente al producto de éstas. Pero hay algunas personas propensas a
exagerar esta fuerza. Hasta un científico, aunque no físico, sino zoólogo,
intentó demostrarme en una ocasión que la atracción que suele observarse entre
los barcos se debe a la atracción universal. Por medio de cálculos no es difícil
demostrar que la atracción universal no tiene nada que ver con esto. Dos navíos
de línea de 25.000 t cada uno que se encuentren a 100 m de distancia entre sí se
atraerán mutuamente con una fuerza total de... ¡400 g! Lógicamente esta fuerza
es incapaz de producir el más mínimo acercamiento entre dichos barcos. La causa
verdadera de la misteriosa atracción que existe entre los barcos es otra, que
explicaremos en el capítulo dedicado a las propiedades de los líquidos.
Pero la fuerza de atracción, que es tan insignificante entre masas pequeñas, se
hace muy sensible cuando se trata de masas tan colosales como las de los cuerpos
celestes. Baste decir que incluso un planeta tan alejado de nosotros como
Neptuno, que gira casi en el límite del sistema solar, nos manda su "saludo"
atrayendo a la Tierra con una fuerza de... ¡18 millones de toneladas! A pesar de
la enorme distancia que nos separa del Sol, la Tierra se mantiene en su órbita
gracias a su atracción. Si la atracción que ejerce el Sol desapareciera por
cualquier causa, la Tierra, siguiendo una dirección tangencial a su órbita
actual, se lanzaría a recorrer eternamente la profundidad insondable del espacio
cósmico.
Fuente Yakov
Perelman
Física Recreativa
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