La literatura: los grandes cambios en el pensamiento: Los escritores de la “generación del 80” tuvieron menos preeminencia pública que aquéllos que les precedieron: no obstante, también ocuparon importantes cargos políticos o descollaron en el periodismo. Algunos de ellos incursionaron en la novela; muchos lo hicieron en el ensayo; otros, relataron sus viajes y exaltaron las novedades deslumbrantes de las grandes ciudades europeas; la mayoría, en fin experimentó una profunda nostalgia por la Argentina que quedaba atrás. La hora de la épica había pasado.
Los historiadores nacionales de este período, se distinguieron por su espíritu múltiple; escribieron páginas legítimas sobre el pasado argentino. Entre ellos, José Manuel Estrada (1842- 1894) (imagen) —jefe espiritual de la corriente católica—, escribió un Ensayo histórico sobre la revolución de los comuneros en el Paraguay en el siglo XVII, las Lecciones sobre la Historia de la República Argentina, y La política liberal balo la tiranía de Rosas. Adolfo Saldías (1850-1914) se desempeñó como periodista y político. Historiador distinguido, entre sus principales obras se cuentan: Ensayos sobre la Historia de la Constitución argentina y la Historia de la Confederación Argentina. Pero la obra de investigación histórica profunda se debió, sin embargo, a un francés: Paul Groussac (1848-1892). Radicado en el país desde los dieciocho años fue, en 1885, director de la Biblioteca Nacional; desde ese cargo se dedicó a la investigación y a la difusión de sus conocimientos. Fue autor de los once volumenes de Los Anales de la Biblioteca, en cuyas páginas publicó una documentada y patriótica defensa de las Islas Malvinas. Su seriedad intelectual se patentizó en sus Estudios de historia argentina, en Mendoza y Garay; las dos fundaciones de Buenos Aires, 1536-1580, y en su drama histórico La divisa punzó.
El ciclo literario se cierra con José S. Alvarez (1858-1903), cuyo seudónimo de Fray Mocho (popularizó a este autor de relatos vernáculos y costumbristas, tales como En el mar Austral o Viaje al país de los matreros. Los escasos poetas de esta generación carecieron de la fuerza expresiva o de la melancolía serena que caracterizaron a los del período anterior. No obstante, Rafael Obligado (1851-1920), a quien podría considerarse como un continuador de la línea de los “gauchescos”, no usó, como ellos, los modismos peculiares de los hombres de campo; por el contrario, en su famoso poema Santos Vega utilizó un lenguaje lírico y preciso. La época —de grandes cambios— definió en cierta medida la anécdota incluida en sus versos: valiéndose de material literario y folclórico, Obligado recreó la historia de un payador real cuya destreza para la improvisación y el manejo de la guitarra, vivía en las supersticiones de la campaña. Santos Vega fue, así, el símbolo de la tradición criolla que moría —vencido en una payada por el diablo: Juan sin Ropa— frente al forastero, expresión del progreso y la inmigración "gringa"
Fuente Consultada:
HISTORIA Argentina y El Mundo Contemporáneo |
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